Rodrigo Soto Moreno
Toño contestó la última pregunta del examen y se levantó a entregarlo al profesor, mientras pasaba al lado de sus compañeros, llevaba una pícara sonrisa de su éxito, pues además de haber terminado la prueba, era el primero en hacerlo. Antes de salir del salón de clases, Toño buscó la mirada de Juan con el fin de comprobarle que era mucho más veloz que él para razonar y contestar, había una cierta competencia indirecta entre ellos.
En otro asiento, Juan trató de calmarse después de ver salir a Toño y mirando su reloj de bolsillo, se dio cuenta que faltaba media hora para que terminara el examen. Debía concentrarse en las preguntas y tomarse su tiempo para dar la respuesta adecuada. Juan a veces se sentía extraño en el salón de clases, no solamente porque sus compañeros rondaban en los 30 años de edad, sino porque él era el único adulto mayor en clase de maestría.
Desde el primer momento en que entró al salón de clases, sintió la burla silenciosa de los allí presentes, como si pensarán que estaba en el lugar equivocado. Las mismas burlas crecieron cuando Juan preguntaba siempre en clase, cosas que parecían ridículas a sus compañeros, además de que siempre tardaba más en comprender lo enseñado por el profesor.
Sin embargo, este era el momento de la verdad, pensó Juan. Continuó leyendo cada una de las preguntas y respondiendo las mismas. Miró de nueva cuenta su reloj y se dio cuenta que faltaban pocos minutos, era casi imposible que terminara todas las preguntas, así que se centró en contestar las que consideró más sencillas y rápidas de responder y entregó su examen.
Al otro día, llegaron todos al salón de clase y el maestro dio la bienvenida. Posteriormente sacó un manojo de hojas, que eran los exámenes de ayer y dijo que quería felicitar a la persona con mejor calificación obtenida. Toño se volvió a reír de forma irónica, seguro de que sería el elegido, pero esa risa se fue deformando a una mueca de sorpresa y enojo cuando el profesor caminó hacia Juan y le entregó un examen con 90 de calificación.
Esto no era posible pensó Toño, mientras el profesor le dio su examen con un 88 de calificación. Ahora fue Juan quien buscó la mirada de Toño para aseverarle que a pesar de su edad, tenía una buena tasa de procesamiento neuronal y que aunque no podía ser tan rápido como los demás en aprender nuevo conocimiento, sí era capaz de cometer menos errores a la hora de contestar.
Resulta común que alguna persona joven menosprecie a un adulto mayor, pues lo considere lento para adquirir nuevo conocimiento y poco versátil en su desempeño. En artículo de Marion Sonnenmoser, titulado Experience versus Speed de Scientific American, se nos dice que es cierto que algunas funciones cerebrales, en los adultos mayores, como la percepción y el tiempo de reacción son más lentas, eso no significa que se ha perdido agudeza mental. Incluso ahí mismo se señala que las personas de edad avanzada están mentalmente aptos al igual que los jóvenes, debido a que sus cerebros compensan su procesamiento lento, con mucha creatividad basados en su experiencia, elemento que los jóvenes carecen.
Sonnenmoser habla de que con el paso de los años, nuestro cerebro va teniendo dificultades para incorporar nueva información, así como se dificulta el obtener datos de nuestra memoria. Pero esto se ve compensando gracias a una extensa base de datos de información, que se ve traducido en la experiencia que tienen los adultos mayores. Lo anterior se valida cuando estudios de imagenología de científicos en la Universidad de Michigan, han demostrado que un adulto mayor utiliza ambos hemisferios del cerebro cuando quiere reconocer algo o memorizar un dato, caso contrario en mujeres y jóvenes más jóvenes.
Siguiendo dentro del artículo de Sonnenmoser, otros experimentos de Michael Falkenstein de la Universidad de Dortmund, señalan que los adultos mayores, al tener que realizar ejercicios en la computadora, efectivamente pausan más y les toma más tiempo para completar una tarea, pero tienen en promedio un 50% menor cantidad de errores gracias a esas pausas para razonar el conocimiento y llegar a la respuesta correcta.
En resumidas cuentas hablamos de que los jóvenes, en su premura por responder, son propensos a cometer muchos errores, a pesar de que su velocidad de aprendizaje y procesamiento neuronal sea superior que la de un adulto mayor, quienes se toman mucho más tiempo para razonar el conocimiento, utilizando ambos hemisferios del cerebro, para garantizar tener una respuesta correcta y no ser propensos a que en el despotricar para contestar conlleve a un error seguro, en ciertos casos.
Por otro lado, estudios de resonancia magnética del Centro de Neurología Cognitiva y del Alzheimer en la Universidad de Northwestern, señalan que en un estudio de 50 personas que tenían un rango de edad entre 23 y 78 años, a quienes se les explicó que vieran una lista de palabras y que juntaran aquellas que fueran similares en significado y en la forma en que se pronunciaban.
Los resultados arrojaron que los adultos mayores tuvieron mayor actividad cerebral en regiones responsables de la atención, como lo es el cortex singular posterior y los adultos mayores fueron igualmente capaces en contestar correctamente el examen en cuestión, como los jóvenes participantes.
Esta capacidad de adaptación del cerebro, muestra que es necesario cambiar la visión tradicional que podemos tener sobre los adultos mayores, en cuanto a creer que sus capacidades de procesamiento neuronal no están a la par de una persona joven. Además de que gracias al razonamiento pausado y el acceso a una vasta red de bits de información cerebral, acumulados con la experiencia, nos dan como resultado que los adultos mayores sean menos propensos a cometer errores, como su contraparte de menor edad.
A su vez, se dice que el cerebro busca mantenerse ágil, gracias a que es capaz de presentar plasticidad y moldearse para adaptarse. Por ejemplo algunas células nerviosas pueden suplir la función de otra vecina que esta dañada.
En el mismo escrito de Scientific American, se recomienda que para evitar el declive de la memoria asociada con la edad, es recomendable que hagamos algo de ejercicio aeróbico para impedir el deterioro neuronal.

