Sufrimos de obesidad…ahora en tecnología

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Rodrigo Soto Moreno

Sintió la familiar emoción de placer con el simple conocido sonido de encendido de su MacBook pro, seguido por el encendido, también conocido, de su computadora de escritorio con Windows 7. Empezaba un día de trabajo, que a pesar de tener ciertas características de rutina, siempre era gustoso estar ligado a la tecnología, le proveía la sonrisa necesaria todos los días.

Teniendo abiertos diez sitios de internet, una presentación en Power Point, un documento de Word, un documento de Excel, mientras escuchaba música de Tchaikovski, Miguel se dio cuenta de que su Blackberry parpadeaba de forma intermitente, motivo por el cual le dio clic a su “trackpad”, para acceder a leer un correo electrónico y también darse cuenta que el día estaba a punto de terminar; posteriormente sonó su iPhone y vio que era su amigo Toño, por lo que deslizó la pantalla para contestar la llamada.

Toño quería saber los horarios del cine para que ambos fueran a ver una película, por lo que Miguel tomó su iPad para verificar la guía del cine y determinar los lugares y horarios que mejor se les acomodaran. Habiendo decido la función, se quedaron de comunicar por whatsapp cuando llegaran al cine.

Miguel tomó su iPod nano, su iPad, su iPhone, su Blackberry y salió de su oficina, no sin antes suspender su laptop y verificar en su computadora de escritorio si ya había bajado el archivo que necesitaba; faltaban dos horas, justo el tiempo necesario para salir y volver. Abrió la puerta para salir a la calle y caminando hacia su auto apretó un botón para encenderlo, de forma remota, y tenerlo listo para cuando se subiera.

Entrando al auto definió la ruta por medio de su GPS y su teléfono se conectó al sistema de navegación del mismo auto, a través de su bluetooth. Manejando hacia las salas de cine, Miguel envió un tweet en relación a la película que iba a disfrutar.

Es muy común encontrar casos como el de Miguel, pues en la era de la globalización y de la red de redes, el internet, hemos adoptado un nuevo comportamiento que según algunos expertos en el tema, puede ser catalogado como “obesidad tecnológica”.

Es decir, no solamente tenemos obesidad en la alimentación que ingerimos, sino que contamos con una serie de dispositivos (gadgets) que no explotamos al 100% y buscamos el siguiente dispositivo que venga a sustituir al que poseemos. Por ejemplo, muchos de nosotros (me incluyo), estamos esperando nuevos envíos de iPad 2 para poder adquirirla, esto a pesar de contar con un iPad de primera generación y que haciendo un análisis minucioso, en verdad no le sacamos todo el provecho a ese iPad y pudiéramos estar bien “servidos” con la misma, sin necesidad de requerir el nuevo modelo.

Ahora, los medios hacen su trabajo en promocionar esos y otros dispositivos, haciéndonos creer que poseyendo estos tendremos resuelta nuestra vida laboral, personal y claro la lúdica o de diversión.

También nuestros amigos, de forma directa o inconsciente, nos presumen su última adquisición tecnológica cuando vamos a comer y ponen sobre la mesa su nuevo teléfono celular o su nueva computadora portátil o dispositivo tablet (como la mencionada iPad).

Para el psiquiatra Gary Small, de UCLA, cuando pensamos en adicción se nos viene a la mente el alcoholismo, las drogas, o el cigarro. Pero en la actualidad con el fácil acceso a la red y a las computadoras, aunado al anonimato, tanto el chateo, los correos electrónicos, los mensajes por SMS, las redes sociales (como Facebook y Twitter) han creado una nueva forma de comportamiento compulsivo y dependiente en los seres humanos, a lo que Small llama “techno addicts”.

Por poner un ejemplo, menciona el profesor Small, cuando vemos la televisión, jugamos un videojuego o buscamos alguna información en la web, nuestro cerebro y otros órganos del cuerpo reaccionan al monitor, que tenemos enfrente, logrando que nuestro ritmo cardiaco se desacelere, los vasos sanguíneos del cerebro se dilatan y la sangre fluye hacia afuera de los músculos principales. Nuestra estimulación varía, dependiendo de la información que vayamos recibiendo a través de cualquiera de los dispositivos mencionados. Sin embargo, después de una larga exposición a estos aparatos tecnológicos, la estimulación mental se traduce en fatiga, según Small. Pero, continúa Gary, es muy difícil resistirse a las computadoras, a la televisión, a los celulares y al internet, sobre todo para las mentes más jóvenes.

Similar al caso de Miguel, existen reportes de tecno – adictos, donde con el simple hecho de escuchar el encendido de una computadora de escritorio o de una laptop, se libera una descarga de neurotransmisores en el cerebro, particularmente dopamina, aumentándose la misma, cuando el sujeto en cuestión accede a su sitio favorito o el sitio deseado.

Esto es parecido a lo una persona adicta a las compras experimenta cuando sabe que tiene acceso a una tarjeta de crédito con amplio límite, o mejor aún, a una que no tiene límite de gastos y el simple hecho de ver cómo suena cada accesorio, prenda, objeto de la compra al pasar por el escáner de la cajera, le da su dosis de dopamina a ese ser humano adicto a comprar.

Nuestras acciones tecno – adictivas, no solamente cuentan con un precio alto a nuestros bolsillos, pues nunca estamos satisfechos con la tecnología que contamos y como sabemos que la Ley de Moore (donde se estipula que cada 18 meses se duplica el número de transistores en un circuito integrado, según Wikipedia), nos habla de que la tecnología, sobre todo computacional, que existe hoy día será superada y se abaratara, dando paso a nueva tecnología más sofisticada y a otro precio, según claro, oferta y demanda.

Pero el precio no solamente impacta nuestros presupuesto, sino que también la misma tecno – adicción y nuestra demanda por calidad y precios bajos obliga a que las empresas tecnológicas busquen que sus manufacturas sean cada vez más bajas y de ahí lesionando a otros individuos con bajos salarios y precarias condiciones de trabajo para manufacturar determinado dispositivo tecnológico, maximizando las utilidades del productor y minimizando las utilidades del empleado manufacturero.

Joel Johnson, en su artículo “1 million workers. 90 million phones. 17 suicides. Who´s to blame?” publicado en la revista WIRED, se nos expone el caso de parques maquiladores chinos donde han ocurrido suicidios por las extenuantes horas de trabajo, la rutina tediosa y desgastante, la poca paga y la falta de protección hacia el trabajador. Incluso se han instalado redes, en la planta de Shenzhen para disminuir los suicidios, pues los trabajadores se lanzaban desde lo alto de algún edificio buscando así eliminar el estrés y conseguir que su seguro laboral le proveyera recursos económicos a la familia que dejaba y disminuir un poco su sufrimiento.

Al escribir estas líneas no pretendo cambiar los hábitos de consumo de un individuo, ni tampoco curar a un tecno – adicto, pues es muy probable que nos comportemos como perros de Pavlov cuando tocan una campana y salivemos, inconscientemente por un nuevo producto tecnológico, ni tampoco me erijo como alguien exento a esta adicción, pues lo más probable es que la posea. Sino solamente me parece interesante el tema y digno de análisis y reflexión.

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