Rodrigo Soto Moreno
Heredero de las glorias de su padre Filipo II, Rey de Macedonia, Alejandro Magno se preparaba para una batalla más en contra de Darío III, Rey de Persia. Montado en su caballo, Bucéfalo, no estaba completamente seguro de la estrategia de la batalla.
Mientras se sumergía en sus pensamientos bélicos, un viento fresco le acarició el rostro y fue ahí que tuvo un momento Eureka. Estaba todo claro, era necesario crear una formación de 128 hombres en una falange (fila de soldados que combaten muy juntos entre sí).
La razón era que en su mente se había proyectado la idea de que esa cantidad era óptima para el funcionamiento de la falange, pues no solamente eran más compactas y se requerían menor cantidad de órdenes para moverse en la batalla, sino que sus hombres tenían más probabilidad de conocerse o hacerse compañeros o amigos de batalla y ser así más fieros a la hora de atacar por protegerse unos a otros. Posteriormente consultó con sus más allegados generales.
Terminando ese razonamiento matemático bélico, jaló las riendas de Bucéfalo y al grito de guerra incitó a sus tropas a seguirlo para vencer a Darío III. Al final, como sabemos, fue victorioso y es así que Alejandro Magno es recordado como un gran estratega militar macedonio, gracias también a los sabios consejos de su padre Filipo II.
De acuerdo a algunos estudios, existe evidencia que la composición de algunas falanges de los ejércitos macedonios de Alejandro, constaban precisamente de 128 hombres con sus sarissas, que eran una especie de lanza o vara de entre 3 y 7 metros de largo, con un peso de 5 kilogramos y que eran esenciales para mantener la distancia entre el enemigo y así poder abatirlo en batalla y triunfar.
Lo interesante de las anteriores estrategias militares, radica en el número de guerreros agrupados, pues en la actualidad diversos antropólogos se han dado a la tarea de analizar esos tamaños de grupos de individuos y las interacciones sociales entre ellos para formar cohesión.
Uno de estos estudiosos es precisamente Robin Dunbar, de quien se acuña el nombre de número de Dunbar, que equivale a 150 individuos que logran desarrollarse plenamente en un sistema determinado, pero Dunbar va más allá, pues considera que esa cantidad está relacionada con neocórtex cerebral y su tasa de procesamiento neuronal.
Lo anterior, a partir de estudios en primates en donde se ha hecho hincapié en su naturaleza social y contacto personal con otros de su misma especie, donde según datos de Dunbar, la cantidad de individuos con quien se puede tener ese contacto personal equivale a la neocorteza cerebral. Aquí la revista The Economist señala que para los primates es necesario recordar quién es amigo y quién es hostil, y de eso dependerá la relación social que se establecerá. De igual, The Economist, remarca que para Dunbar, el tamaño cerebral de una especie determina entonces la cantidad de individuos en su red social, obteniendo que para la especie humana sea de 148, pero se redondea a 150.
Este número de 150 individuos lo encontró también Dunbar, en la distribución de tribus en la antigüedad, por ejemplo en la cantidad de granjeros de poblados neolíticos, así como en las unidades de guerra romanas (manípulos de 160 hombres) y también como lo mencionamos, en algunas unidades de guerra macedonias. Esto debido a que siendo 150 individuos en promedio, se tiene mejor comunicación, se elimina la burocracia, existe un alto porcentaje de probabilidad en que las personas o individuos que interactúan se conozcan y se tiene eficiencia en el manejo del grupo y la consecución de objetivos y metas deseadas.
Extrapolando este número a las tecnologías información, la revista The Economist, a través del Dr. Marlow, hicieron un estudio dentro de Facebook, encontrando que el usuario promedio cuenta con 120 amigos, similar a lo investigado por Dunbar, siendo las mujeres las que más amigos tienen y también señala que en algunos casos, existen personas que cuentan con 500 amigos o más.
Sin embargo, Marlow encontró que un hombre en promedio con 120 amigos, solamente tiene relación directa dejando mensajes en el muro de Facebook, en el estatus del perfil, o en una foto en particular, respondiendo o interactuando directamente con 7 personas o amigos. Para el caso de la mujer se observó que es más sociable y responde a 10 individuos o amigos. Marlow también señala que para el caso de emails y chats, la mujer responde en promedio a 6 amigos y el hombre a 4 amigos. Cuando se analiza a las personas que tienen 500 amigos o más, los hombres dejan mensajes a 17 personas, las mujeres a 26, así como los hombres se comunican con 10 amigos y las mujeres con 16.
Todo esto resulta interesante de analizar, pero se observa que a pesar de que los seres humanos interactuamos con una “amplia” cantidad de personas, solamente manejamos un reducido grupo de “amigos” para tratar ciertos temas de relativa importancia. Esto es precisamente lo que describe Peter Marsden de Harvard, que dice que particularmente los norteamericanos, a pesar de que socializan con un amplio número de personas, tienden a mantener un pequeño círculo de personas de confianza, con las cuales se tratan los temas de importancia.
Es así que desde la historia de la estrategia bélica de Alejandro Magno y ahora en nuestra estrategia social y política dentro y fuera de las redes sociales, no será extraño determinar que podemos interactuar y socializar con grupos de 150 individuos en promedio, o más en algunos casos, pero a la hora de tomar decisiones importantes, siempre vamos a tener nuestro círculo de confianza, mismo que en un consenso democrático, nos dicta el camino a seguir.

