Rodrigo Soto Moreno
El reloj marcaba las 11:55 am y sentado en su mesa-banco, Jorge sentía una grata emoción de que sonara la “chicharra” de la escuela y que ese sonido determinara el fin de la clase de español para que iniciara la siguiente, que era la de computación.
El reloj marcaba las 11:55 am y sentado en su mesa-banco, Jorge sentía una grata emoción de que sonara la “chicharra” de la escuela y que ese sonido determinara el fin de la clase de español para que iniciara la siguiente, que era la de computación.
Su agitación radicaba en que dentro del salón de cómputo se encontraba una pieza de hardware y software sensacional, era una computadora y él se había aprendido su nombre, se llamaba “Commodore 64”.
Ese ingenioso aparato tenía un software denominado “Karel el Robot”, del cual Jorge disfrutaba ampliamente al utilizarlo y decirle al Robot, por medio de instrucciones precisas en un lenguaje que Karel entendiera, el camino a seguir en un laberinto para encontrar la salida del mismo.
Al igual que Nick Bilton, en su artículo en New York Times titulado “The New Commodore 64, Updated with its old exterior”, siente nostalgia al recordar el pasado, también Jorge se remonta a sus viejas épocas de primaria en la escuela “Las Hayas”, en la ciudad de Coatepec, Veracruz.
Incluso Bilton recuerda las características básicas de esa computadora y nos dice que salió con un precio de 595 dólares y con casi irrisoria memoria de 64 kilobytes. La commodore también contaba con sonido y gráficas, que la destacaban de otras computadoras en ese entonces. Hablamos, como lo dice Bilton, del verano de 1982.
Para corroborar el éxito de esta computadora, Nick Bilton, nos recuerda que fue una de las computadoras personales en casa más exitosas, vendiendo más de millones al año y dando un total estimado de ventas totales que van de los 15 a los 30 millones de equipos.
Sin embargo, de acuerdo al escrito de Bilton, la empresa tuvo poca estadía de vida debido a ciertas decisiones de negocios, así como la competencia feroz de Apple e IBM. Pero su actual presidente, Barry Altman, la ha traído de vuelta, pero ahora con un procesador dual de 1.8 gigahertz, un reproductor Blu-ray opcional, Ethernet y puertos HDMI, corriendo bajo el sistema operativo de Linux, pero con la opción de instalarle Windows, si el usuario desea. Todo con el mismo exterior que la que originalmente salió al mercado, tal como lo señala el título del artículo del New York Times.
La idea de Altman es que, como a Jorge, a otros usuarios les cause nostalgia tener en sus manos esa computadora, porque fue de las primeras que usaron y que por lo tanto quieran adquirirla de nuevo, con un precio que oscila entre los 250 a los 900 dólares, según Bilton. Aunque también Altman apuesta por nuevos usuarios que quieran tener una computadora “retro” entre sus pertenencias.
Lo cierto es que para muchos, como Jorge, la Commodore 64 fue un instrumento que motivó a que se interesara en las computadoras y que aunque no es un usuario experto, fue muy gratificante tener contacto con ese dispositivo pues le abrió las puertas a un mar de conocimiento de los bits y bytes.

