Rodrigo Soto Moreno
Andrés quería continuar pero tuvo que detenerse y recuperar su respiración, mientras veía que sus compañeros continuaban la caminata a lo largo de la playa. No era el Sol ni la temperatura, pensó, porque sentía un clima agradable y fresco. Esto no era normal, siempre había sido muy deportista y se había cuidado durante toda su vida de no aumentar su riesgo potencial a un infarto, así como evitar caer en la temida diabetes.
Teniendo más de 65 años, Andrés se hacía chequeos médicos periódicos y se tomaba muestras de sangre para que la analizasen y detectarán cualquier anomalía antes de que fuera demasiado tarde. Pero nunca había tenido problemas de bajar el ritmo de su paso al caminar y se sentía un poco avergonzado de no poder estar a la par de sus compañeros de la misma edad.
Se sentó sobre una roca y aspiró grandes bocanadas de aire de la playa, se sentía un poco mejor. Meditó un poco y llegó a la conclusión de que a pesar de que todos sus análisis médicos marcaban parámetros dentro de lo normal, era necesario checarse de nuevo con su doctor. Pensando así, siguió contemplando la inmensidad del mar y las caricias que el viento le daba a su pelo y a su rostro. Le entró la conocida inquietud, que desde hace algunos años se cuestionaba, pero sonrió y pensó que si era su momento, lo tomaría con agrado, pero estaba seguro de que algo se podría hacer al respecto…y volvió a sonreír.
Desde que nacemos estamos destinados a morir, es por ello que durante el proceso de nuestra vida buscamos señales médicas que nos puedan ofrecer una perspectiva clara de cuándo llegará ese día, así como buscar retrasarlo lo más posible.
En la actualidad nuevos estudios médicos señalan que un novedoso indicador de la salud de una persona puede ser precisamente su velocidad al caminar. Es decir es muy común que cuando se vaya al médico, se consideren factores de riesgo y propensión a enfermedades que ocasionen la muerte como las conocidas enfermedades cardiovasculares, ligadas a la presión arterial, el índice de masa y peso corporal, el fumar, el ingerir alcohol en cantidades abundantes, entre otras.
Sin embargo para Stephanie Studenski, de la Universidad de Pittsburgh, la velocidad al caminar es un indicador clave de la vitalidad de una persona. Es así, que nos dice Katherine Hamon, en su escrito de Scientific American titulado “Walking Speed Predicts Life Expectancy of Older Adults”, donde señala que la gerontología está tomando especial atención en el paso al caminar de los adultos mayores para determinar su estado de salud.
Dentro del mismo artículo el doctor Matteo Cesari, de la Universidad de Roma, señala que con los seres humanos viviendo más años, resulta complejo diferenciar dos factores cruciales que son las personas que son de edad adulta (debido a su edad cronológica), de las que están geriátricas (aquellas envejecidas biológicamente). Esto resulta básico, porque según Cesari, cuando se tiene un paciente con cáncer, es mucho más fácil determinar que si se encuentra en edad adulta, sea candidato a tratamiento más agresivo para eliminar el cáncer, que si tenemos a un paciente geriátrico.
Otro punto que soporta este punto es un análisis publicado en el Journal de la Asociación Médica Americana, en donde se devela que la velocidad al caminar resultó ser una buena forma de predecir consistentemente el índice de supervivencia cruzando variables como raza, edad, altura, peso y sexo.
Este trabajo de la investigadora Studenski, estudió a más de 34,000 adultos mayores de 65 o más años, en donde aquellos que con una esperanza de vida dentro de la normal, caminaban aproximadamente a una velocidad de 0.8 metros por segundo, sin embargo para aquellos que aumentaron su velocidad en un metro por segundo o más, su esperanza de vida aumentó que lo esperado de acuerdo a su edad y sexo.
Consideremos que un ser humano en promedio camina a una velocidad de 5 kilómetros por hora, de acuerdo a Wikipedia, lo cual equivale a 5,000 metros cada 60 minutos, que sería lo mismo que cada minuto avanzamos 83.3333 metros y cada segundo avanzamos 1.38 metros. Comparando los datos de los adultos mayores, tenemos que caminan en promedio 0.8 metros cada segundo, que equivale a que cada minuto recorren 48 metros y a la hora tenemos que avanzan 2,880 metros.
De tener más estudios que soporten esta nueva variable, estaremos hablando de que un médico puede, aparte de los análisis que pide, solicitar a sus pacientes a que caminen cierta distancia a su andar tradicional y medir la velocidad en su caminata durante el paso del tiempo para determinar anomalías.
Además como señala Studenski, el caminar parece ser una simple forma de locomoción, pero cada persona tiene su propio paso al caminar y está ligado a un sistema biológico de trabajo conjunto entre el sistema respiratorio, esquelético, muscular y nervioso. Si alguno de estos falla, entonces tenemos dificultad a mantener nuestro paso y se puede entonces tratar de detectar la anomalía.
Por último Studenski nos dice que no es necesario que las personas adultas salgan a aumentar la velocidad en su caminar, pero lo que sí es cierto es que caminar de forma regular contribuye a mantener un peso adecuado, disminuir la presión sanguínea y mejorar el ánimo de las personas. También se ha ligado a que las caminatas al aire libre están ligadas con la prevención de deterioro de la memoria y reduce el riesgo de cáncer.
No es extraño entonces ver a personas que son adultos mayores que cuentan con un paso al caminar que envidiaría cualquier joven y que ciertamente son sinónimo de su vitalidad, yo conozco a varios de ellos…

