En busca de la sensibilidad consciente de las computadoras…

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Rodrigo Soto Moreno

Zeus miraba con asombro desde su palacio y se regocijaba al observar a una de sus creaciones favoritas: los seres humanos, mientras deambulaban en el planeta, preguntándose ¿hasta donde podrían llegar ellos? Pues les había ofrecido la capacidad de tener conciencia de sí mismos y poder cuestionarse el objetivo de su existencia y por ende el hacia dónde se deben dirigir. Para Zeus era increíble que esas criaturas pensantes, hubieran sido tan exitosas y se sintieran tan poderosas que osaban compararse, en ocasiones, con los mismos dioses.

Al igual que Zeus, nosotros los seres humanos, aquí en la Tierra, nos preguntamos si podremos tener una computadora pensante, de tal forma que pueda tener consciencia de su propia existencia y además combine la sensibilidad que al parecer un ser humano tiene por default en su código genético.

Recuerdo hace tiempo que leí un artículo de Christof Koch, con el fin de escribir un artículo en el número 19 de la revista Ciencia, Conocimiento, Tecnología, mismo que fue titulado: “Crick y Koch, en busca de la última frontera de la realidad: La Conciencia”. En donde describía que los seres humanos somos criaturas que dependemos de la información que recibimos de nuestros sentidos y que, al procesarse, en el cerebro, nos da una imagen de la “realidad”. Pero además, gracias a un bagaje de información que vamos acumulando en la mente, podemos recurrir a este en segundos para obtener cierto dato que estemos buscando y al comprarlo con lo que vemos, podemos identificar si esa visión es real o ficticia.

Precisamente hoy me encuentro con un nuevo artículo de Koch, acompañado en el escrito por Giulio Tononi, titulado: “A test for Consciousness” publicado en Scientific American; mismo escrito que trata de darnos la respuesta en relación a si efectivamente una computadora tiene conciencia y la misma es sensible a la información que recibe del exterior, como los seres humanos.

La estrategia de Koch y Tononi es simple, pues descansa en el conocimiento que solamente una máquina consciente puede demostrar un conocimiento subjetivo en relación a una escena determinada, mostrada en una fotografía, es correcta o incorrecta. Ellos ponen de ejemplo que sería tan simple como decir que un elefante arriba de la Torre Eiffel es una imagen incorrecta. Pero para un set de computadoras, les es muy complicado determinar lo que tiene sentido en cierta escena o fotografía. Esa tarea puede ser llevada a cabo con éxito, según los investigadores, con la experiencia mental de un niño de 6 años.

Para tener éxito se requiere, de acuerdo a Koch y Tononi, ser una entidad integrada con una amplia base de datos de información.  Es por ello que el cerebro con toda su conectividad y comunicación neuronal y sináptica, lo hacen ser un sistema integrado de vasta información. Pero, cometan Koch y Tononi, con suficientes conexiones complejas entre los transistores, elementos de memoria, chips, entre otros, similar a la arquitectura cerebral, entonces tendríamos una computadora con altos niveles de integración de información.

Sin embargo una vez más la diferencia, entre seres humanos y máquinas, radica en la experiencia y en la información que vamos absorbiendo en nuestro camino evolutivo. Pues tanto Koch como Tononi comentan que la evolución de nuestro sistema visual, así como nuestra evolución neurológica durante la infancia y a través de toda nuestra existencia, nos ofrece una amplia gama de experiencia que nos permite identificar instantáneamente si los componentes encajan correctamente en determinada situación. De ahí la sensibilidad de nuestros cerebros, que tendría que replicarse en las conexiones eléctricas de los circuitos integrados de las computadoras.

Otra clave es que se tiene que insertar en la máquina, la capacidad de relacionar cada una de las partes que se le presentan en determinada situación o fotografía. La grandeza del cerebro humano es que en cuestión de segundos podemos inferir rápidamente una escena en especial y ofrecer una explicación lógica para cada una de las partes que intervienen, así como desechar aquella información que es basura o que simplemente no relaciona con el contexto general del mensaje.

Hablamos de que integramos información a partir de diferentes piezas que se nos exponen, por decir algo, somos buenos en armas rompecabezas, pero no solamente por identificar las piezas que embonan entre sí, sino que cada una de esas piezas sea parte del mensaje general que se está proyectando.

Los seres humanos llevamos avanzado un mayor trecho en el camino evolutivo, pero las computadoras tratan de alcanzarnos, claro impulsadas por nosotros, pero siempre preguntándonos si llegará el día en que ellas solas traten de definir su propio camino evolutivo. Todavía no, primero tendrán que pasar la prueba y ofrecer clara evidencia que sus impulsos eléctricos pueden analizar un todo en partes para integrarlo y definir si la escena en cuestión es falsa o cierta en su totalidad o en determinado porcentaje.

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