Ciencia versus pseudociencia…¿En quién confiar?

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Rodrigo Soto Moreno

Sentía como su ritmo cardíaco se aceleraba, imaginó que estaría cerca de los 100 latidos por minuto, pero no era por una taquicardia, siempre había sido deportista de alto desempeño y con frecuentes consultas médicos. Sabía lo que causaba el acelere en su corazón, era por lo que había escuchado hace unos momentos.

Tomó el control remoto de su automóvil y apretó el botón de abrir, jaló la puerta del conductor y se sentó cómodamente, mientras tomaba aire y se trataba de relajar. Solamente una pregunta rondaba en su mente y era: ¿Cómo habría podido adivinar todo lo que preguntó?

Fernando se sentía satisfecho y pensaba que su suerte iba a cambiar, pues la “mujer adivina” le había profesado que tendría una oferta de negocio muy productiva, que se enfrascaría en una relación de noviazgo con una hermosa mujer, siendo la envidia de muchos, además que iba a anotar un gol muy importante en el próximo juego de fútbol y darle la victoria a su equipo.

Fue así que Fernando estaba embelesado y cautivado, al estilo de los ratones del flautista de Hamelín, pues era una bendición haber platicado con la adivina y había sido provechoso todo el dinero que había invertido en leer sus “cartas” para conocer su futuro.

Lo curioso es que Fernando nunca pensó que la adivina era una experta en detectar las emociones de las personas y en medirlos con ciertas preguntas, con el objetivo de decirles lo que querían escuchar. Tan experta que inmediatamente se percató que Fernando era jugador profesional de fútbol y su posición de delantero, que venía cabizbajo y meditabundo, además de que sabía que su equipo de fútbol tenía buenas opciones de ganar y anotar diversos goles, situación que favorecía a Fernando pues contaba con una sequía importante en cuanto a “perforar las redes con el balón” en la portería contraria.

Pero no, para Fernando eran poderes sobrenaturales, mismos que la adivina tenía acceso y por ende el precio pactado para que con esa “luz” de sabiduría y predicción, pudiera conocer algo de su futuro y sentirse así más tranquilo y seguro de sí mismo.

Fernando arrancó su auto y rechinando llantas se aferró al volante y se encaminó hacia el entrenamiento con su equipo de fútbol. La vida, en el futuro, pintaba de lo mejor…

Como la situación anterior, existe un sinnúmero de relatos similares, además de todas aquellas personas que después de leer su carta astrológica o analizar su signo zodiacal en alguna publicación, siente que la vida les sonríe y que en verdad el universo se alinea y le rinde pleitesía cuando caminan.

Además no me sorprende que los seres humanos tengan la ávida necesidad de tratar de vislumbrar o clarificar el futuro, pero me resulta irrisorio que crean que con adivinos, cartas astrales, horóscopos, signos zodiacales, todos interpretados por gárrulos que se sienten tocados por poderes extraterrenales y que les permiten ser oráculos modernos.

A raíz de todo lo descrito quiero sacar a colación lo que salió publicado en el periódico El Universal, titulado “Mexicanos consideran peligrosos a científicos” escrito por Nurit Martínez, en donde se señala que la percepción general sobre la ciencia y la tecnología es que para los mexicanos está primero la fe y al final la ciencia.

Por ejemplo, señala Martínez, la encuesta realizada por el CONACYT y el INEGI revela que el 83.6 % de la población mexicana dice que confía más en la fe que en la ciencia. Además, en otros datos realizados por CONACYT, se observa que el 57.5 % de los mexicanos piensa que los científicos son peligrosos debido a sus conocimientos, el 38% piensa que los OVNIS son tripulados por seres inteligentes de otro planeta, el 50% dice que el desarrollo tecnológico logra una forma de vivir artificial y sin humanismo y el 83.6% está en contra de la clonación de animales.

Pero ahora veamos lo que sucede en los Estados Unidos en el mismo tema sobre la confianza de la población hacia los científicos. De acuerdo al artículo “Trust Me, I´m a Scientist” de Daniel T. Willingham, publicado en Scientific American, nos dice que un amigo de él siempre ha sostenido que una vacuna que su hijo recibió cuando era pequeño, fue la causa de su autismo. Sin embargo, existen estudios científicos que descartan cualquier relación en cuanto a la aplicación de vacunas y que debido a ellas se genere autismo, pero Willingham argumenta que casi la mitad de los norteamericanos piensa o no está seguro de que las vacunas sean responsables del autismo, esto sin tener evidencia científica al respecto.

El dato de arriba contraste con el que la mayoría de la población norteamericana le tenga mayor confianza a líderes científicos que a líderes en cualquier otra institución, sin considerar a los militares, a los cuales les tienen en alta estima, similar a nuestra percepción positiva de nuestras fuerzas armadas.

Resulta triste leer que para nosotros los mexicanos la ciencia está muy por detrás de la fe y no estoy diciendo que tener fe es malo, pues la parte espiritual es importante para la relajación cerebral y la meditación, pero debemos darle el correcto valor a la ciencia en la pirámide de nuestras prioridades y debemos de dejar de los símbolos astrológicos y adivinos rijan nuestras vidas. También me resulta triste saber que las revistas que más se leen en el país sean Tv Notas y Tv Novelas.

El darle prioridad a la ciencia en el país, en donde se tiene que invertir más del 0.4% del PIB, debe traducirse en mejorar la educación de nuestros niños y jóvenes, similar al trabajo que han comprendido y están realizando países como China, India, Finlandia, Corea del Sur, Singapur, Japón, entre muchos otros, y que gracias a ello han progresado económicamente. De lograr esto, hablaríamos de una mejora sustancial en la economía mexicana y también así combatiríamos la violencia que se vive en el país.

Solamente a través del choque del ser humano con la naturaleza, su capacidad de observación, inducción, hipótesis, experimentación, demostración o refutación y tesis o teoría científica, es así que hemos logrado prolongar nuestro andar evolutivo en el planeta y no ha sido simplemente por corazonadas o por tirar los dados, aunque a veces así parezca. Simplemente los avances médicos, en la actualidad, nos han permitido más y mejor calidad de vida.

Vuelvo a remarcar que no estoy en contra de la fe y de la religión, las considero muy importantes para llenar el aspecto espiritual del ser humano, pero la mística que no puede ser reproducible dista mucho de ser una verdad que pueda ser sometida a pruebas matemáticas y ofrezca datos duros que no puedan ser debatibles.

La ciencia, por su lado, es un camino que busca la verdad y comprender el cosmos de una forma holística y definir así nuestra razón de ser. Además la ciencia siempre está sometida al duro escrutinio de nuevas leyes y descubrimientos de nuevos momentos eurekas de diversos científicos que también quieren pasar a la historia y es así que se replantean las teorías, se mejoran y en algunos casos se desechan.

Comparto parte de la posición de Daniel T. Willingham cuando concluye en su artículo que la ciencia no puede ser el único camino para organizar y entender nuestra experiencia en la vida, pero en cuanto a certeza y verdad es mucho mejor que la religión, la política y el arte.

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