Di vuelta a la página y me encontré una en blanco

Rodrigo Soto Moreno

Hace un par de días, navegando por YouTube, buscaba videos relacionados a ciencia y tecnología y me topé con uno del gran Stephen Hawking, relacionado a una miniserie titulada: “Into the Universe with Stephen Hawking”, y en el inicio él se encontraba en su silla de ruedas, con su computadora y sintetizador de voz, dando la bienvenida al programa de la siguiente manera: “Hola. Mi nombre es Stephen Hawking, físico, cosmólogo…y un poco soñador. A pesar de que no me puedo mover…y tengo que hablar por medio de una computadora…en mi mente, estoy libre. Libre para explorar el universo y hacer las grandes preguntas…como ¿existen los extraterrestres? Si es así, ¿dónde los podemos encontrar? ¿cómo son? ¿de qué están hechos? ¿son inteligentes? Y si los llegamos a conocer, ¿qué significaría eso para la especie humana?”.

A pesar de que tengo un desenfrenado interés en que podamos encontrar vida inteligente en algún lugar de la galaxia o del universo, la aseveración de Stephen Hawking no solo es brillante por tratar de estimular nuestra imaginación con la posibilidad de que encontrar extraterrestres inteligentes, sino también por el afirmar que aunque podamos pensar que este gran científico está confinado a una silla de ruedas, la realidad es que en su mente, él puede ser libre y puede viajar a diferentes confines del cosmos.

Lo anterior es relevante no solo desde el punto de vista motivacional o del tradicional “coaching de vida”, sino más bien analizar que en la sociedad actual, donde parece imperar la belleza sobre la inteligencia, el tener sobre el saber, lo que tenemos en el ropero sobre lo que tenemos en el librero, es decir estamos no solo dentro de una epidemia de sobrepeso, obesidad, diabetes y corrupción, sino que también contamos con una de analfabetismo funcional; aun así existe el refugio de ciertos clase medieros, sin belleza estética, como su servidor, al utilizar los disparos neuronales creativos para darle vuelo a la imaginación y estimular nuestras ideas cuando se nos presenta una hoja en blanco, ya sea virtual o de papel, para encontrar esos efímeros momentos “eureka”.

Ya nos lo dijo Henry David Thoreau: “el mundo no es más que un lienzo de nuestra imaginación”. Cada uno de nosotros percibe una realidad, dentro de la posición en la que estemos y dentro del espectro del espacio – tiempo al que estamos sujetos todos y en donde luchamos contra el decaimiento celular, la oxidación, la muerte celular programada y la entropía. Aunado a que sabemos que, como lo explica la Teoría del Caos, en donde pequeños cambios o variaciones se traducen en grandes impactos a nivel global y por eso el aletear de una mariposa en Monterrey, puede producir un tornado en Texas.

Podríamos decir que un universo inicia, similar a lo que sucede con un lienzo blanco para el pintor o una hoja en blanco, virtual o en papel, para el escritor, o en el “overvoid” del universo DC, donde se da rienda suelta a la mente creativa del que estimula sus disparos neuronales y comparte sus creaciones. Iniciamos entonces en la nada y vamos pintando, escribiendo o dibujando nuestra historia; pero para el caso del universo, con la salvedad, como lo ha comentado en muchas ocasiones Stephen Hawking, en relación a que no necesitamos a un creador para explicar el funcionamiento del cosmos, pues la ciencia se hace cargo de ello.

Relacionado a esto último, un concepto muy interesante, es el de la nada, pues algo que parece estar vacío, sin partículas, sin fuerzas elementales, resulta no ser así y en palabras de Lawrence Krauss tenemos lo siguiente: “Bueno, ese tipo de nada resultan estar lleno de cosas de una manera o al menos mucho más complicadas de lo que hubieras imaginado, porque debido a las leyes de la mecánica cuántica y la relatividad, ahora sabemos que el espacio vacío es un brebaje hirviente de partículas virtuales que aparecen y desaparecen en todo momento”.

Agradezcamos entonces a la mecánica cuántica, pues podemos comprender que esa disciplina de la física es quien utiliza la hoja blanca de una aparente nada y construye el todo que conocemos, desde la primera singularidad, denominada Big Bang, hasta el llegar a este punto que nos permite interactuar, a mí tratando de esbozar líneas compresibles con mi mensaje de disparos neuronales creativos y a usted leyendo y enarbolando sus propias conclusiones al respecto, en el maravilloso proceso de absorber, procesar y transmitir información.

De lo anterior, podemos extrapolar dos ideas esenciales, la primera es recordar cuando César Hidalgo, dentro de su libro “Why information grows?”, nos dice: “Los sistemas fuera de equilibrio y altamente interactivos, ya sean árboles reaccionando al cambio de las estaciones o sistemas químicos que procesan información en relación a estímulos o entradas que recibe, nos enseña que la materia puede computar. Estos sistemas nos dicen que la computación precede a los orígenes de la vida tanto como la información”.

La segunda, es que cuando sabemos que la nada contiene partículas que existen por breves períodos y que todo esto computa, entonces bajo las condiciones adecuadas, la línea de iteraciones e interacciones tendrá primero el surgimiento de la física, luego la química, posteriormente la biología, misma que generará redes neuronales, inteligencia, conciencia y auto referencia en ciertos seres vivos evolucionados como nosotros los Sapiens.

Todos partimos del mismo punto de la inteligencia, es decir, contamos con un antepasado en común donde se hicieron diferentes bifurcaciones para llegar al ser humano que vemos todas las mañanas en espejo y con seguridad podemos afirmar: “¡eso soy yo!”. Por ejemplo, la premio Nobel, Rita Levi-Montalcini, dentro de su libro “Elogio de la imperfección”, nos menciona que alrededor de 300 ó 400 millones de años surgió el cerebro del primer vertebrado.

Sin embargo, la propia Rita Levi-Montalcini también nos dice que curiosamente un cerebro que no sufrió presión selectiva, contrario al de los seres humanos, fue en sus palabras: “el sólido y perfecto de los invertebrados que se extendieron por las tierras sumergidas y emergidas del planeta, sobre todo el de los insectos”.

Lo anterior, de acuerdo a las investigaciones de Andrew B. Barron, y Colin Klein con su trabajo titulado: “What insects can tell us about the origins of consciousness” y publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, en donde se afirma que después de analizar en los vertebrados la capacidad para elaborar pensamientos subjetivos y el estímulo neuronal correspondiente, siendo esto el principio básico de la conciencia; sorprendentemente se asemeja a funciones análogas que realiza el cerebro de los insectos; entonces se trazaría, en retroceso, la línea de la inteligencia hasta el período cámbrico, es decir hace 500 millones de años.

Reforzando esto tenemos lo que nos dice Greg Miller en su artículo titulado: “On the Origin of The Nervous System” y publicado en Science, en donde señala que los bloques moleculares básicos para la creación de las neuronas son predecesores a los primeros organismos multicelulares y las investigaciones señalan que esto se remonta a aproximadamente unos 600 millones de años atrás.

Pero también podríamos hablar de lo que nos dice David Robson, en su artículo titulado: “A brief history of the brain” y publicado en New Scientist, donde remarca que los componentes necesarios para transmitir pulsos eléctricos y señalas químicas se encuentran en organismos unicelulares como los coanoflagelados (protistas, protozoarios); es decir estos primeros seres de una célula eran capaces de enviar y detectar información eléctrica y química, remontando ahora la línea de la inteligencia o de los impulsos eléctricos y químicos de información hace aproximadamente unos 850 millones de años.

Por medio de diversas investigaciones científicas, conocemos los caminos específicos en relación a cómo surgimos desde esos primigenios disparos neuronales, hasta llegar a nosotros quienes somos capaces de construir una sinfonía musical que nos provoque “orgasmos en la piel”, pues bien sabemos que las cosas simples tiendan a organizarse para formar sistemas complejos, pero siempre partiendo de ese lienzo u hoja en blanco para ser llenado con trazos creativos de realidad aparente y por ello existe divergencia en nuestra inteligencia.

Ya hemos hablado de esto en otras colaboraciones, cuando explicamos el fenómeno de emergencia, refiriéndonos al mismo como unidades o componentes simples que pueden conglomerarse y trabajar en equipo para construir y desarrollar niveles superiores de inteligencia. Sin embargo, otra explicación interesante es la que ofrece Kurzgesagt – In a Nutshell, en su video: “Emergence – How Stupid Things Become Smart Together”, cuando nos dice que la emergencia se refiere al describir como pequeñas cosas forman grandes cosas, que tienen diferentes propiedades que la suma de sus partes. Para In a Nutshell, la emergencia es la complejidad surgiendo de la simplicidad, y esto se encuentra en todos lados.

Continuando con este video de In a Nutshell, se nos recuerda que los átomos forman las moléculas; las moléculas forman proteínas; las proteínas hacen a las células; las células hacen a los órganos; los órganos forman individuos; los individuos forman sociedades. Todo desde el delicado balance del algoritmo de la vida que produce orden a partir del caos.

Apuntalando lo anterior, tenemos a Douglas R. Hofstadter quien nos dice, en su libro: “I am Strange Loop”, lo siguiente: “Nosotros los seres humanos somos estructuras macroscópicas en un universo cuyas leyes residen en un nivel microscópico. Como seres que buscan la supervivencia, nos vemos obligados a buscar explicaciones eficientes que hagan referencia solo a las entidades de nuestro propio nivel. Por lo tanto, dibujamos límites conceptuales alrededor de las entidades que percibimos fácilmente, y al hacerlo, forjamos lo que nos parece ser la realidad”.

Es decir, uno de los grandes logros del ser humano es reconocerse en ese espejo, hacer autorreferencia, comprender el “pienso, luego existo” de Descartes; identificar que estamos confinados en un cuerpo y en una mente, atrapados en un planeta, dentro de una galaxia con miles de millones de planetas, dentro de un universo con miles de millones de galaxias; además de contar, como lo dijera el profesor Michio Kaku, con el objeto más complicado en el universo conocido sobre nuestros hombros, pues nuestro cerebro cuenta con 100 mil millones de neuronas y cada una de ellas conectada a otras 10,000 neuronas.

Gracias a estas afirmaciones, algunos seres humanos, sabemos que podemos dar vuelta a la página y encontrar una en blanco, lista para ser utilizada por nuestros disparos neuronales creativos, para poblarla de ideas nuevas, buscando resolver la incógnita del ¿porqué estamos aquí? ¿existe vida inteligente en este universo? Pero sobretodo responder si estamos dentro de un universo simulado o no, logrando romper la cuarta pared de esta realidad y salir hacia otra donde podamos volver a utilizar la razón para comprender nuestra existencia.

 

 

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