Divergencia en nuestra inteligencia

Rodrigo Soto Moreno

Desde que surgió esta singularidad, denominada Big Bang, misma que es responsable del punto de origen del Cosmos y por ende de la existencia de usted, mía y la de todos nosotros, nos hemos dado cuenta que el tiempo avanza hacia delante y que difícilmente podremos ir hacia el pasado, y si ya se hubiera podido, parafraseando al gran Stephen Hawking, entonces ¿dónde están los visitantes del futuro?

Sin embargo para efectos de investigación, la ciencia puede viajar al pasado y también hacer pronósticos hacia el futuro. Derivado de esto, haremos entonces un breve paseo en retroceso, hacia los maravillosos vestigios que la ciencia nos ha develado con sus estudios acerca de la inteligencia, para posteriormente vislumbrar una ramificación de las múltiples posibilidades que el futuro nos depara, con esta fundamental herramienta evolutiva del ser humano.

Al igual que el Cosmos tuvo un inicio, con la creación de diferentes multiversos y realidades alternas, nuestra inteligencia también puede rastrearse hacia un punto de inicio, así como a un punto de inflexión y también hacia diferentes puntos de divergencia. En cierta ocasión habíamos comentado que la premio Nobel, Rita Levi-Montalcini, dentro de su libro “Elogio de la imperfección”, nos menciona que alrededor de 300 ó 400 millones de años surgió el cerebro del primer vertebrado.

Sin embargo la propia Rita Levi-Montalcini también nos dice que curiosamente un cerebro que no sufrió presión selectiva, contrario al de los seres humanos, fue en sus palabras: “el sólido y perfecto de los invertebrados que se extendieron por las tierras sumergidas y emergidas del planeta, sobre todo el de los insectos”.

Lo anterior cuenta con un sólido punto, luego del resultado de investigaciones de Andrew B. Barrona, y Colin Kleinb con su trabajo titulado: “What insects can tell us about the origins of consciousness” y publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, en donde se afirma que después de analizar en los vertebrados la capacidad para elaborar pensamientos subjetivos y el estímulo neuronal correspondiente, siendo esto el principio básico de la conciencia; sorprendentemente se asemeja a funciones análogas que realiza el cerebro de los insectos y siendo así se trazaría, en retroceso, la línea de la inteligencia hasta el período cámbrico, es decir hace 500 millones de años.

Imaginemos entonces hasta donde hemos llegado para concebir los inicios de la inteligencia, pues aunque nosotros pensemos que somos la cúspide de la creación, como lo dijera Stephen Jay Gould, solo somos una rama más del arbusto evolutivo de la naturaleza; por ello difícilmente podremos sentirnos en la parte superior. Aunado a esto sabemos que toda la inteligencia que poseemos parte de un punto primario, del primer inicio de transmisión de impulsos eléctricos y químicos para enviar información en una estructura o red de datos neurálgicos.

Reforzando esto tenemos lo que nos dice Greg Miller en su artículo titulado: “On the Origin of The Nervous System” y publicado en Science, en donde señala que los bloques moleculares básicos para la creación de las neuronas son predecesores a los primeros organismos multicelulares y las investigaciones señalan que esto se remonta a aproximadamente unos 600 millones de años atrás.

Pero también podríamos hablar de lo que nos dice David Robson, en su artículo titulado: “A brief history of the brain” y publicado en New Scientist, donde remarca que los componentes necesarios para transmitir pulsos eléctricos y señalas químicas se encuentran en organismos unicelulares como los coanoflagelados (protistas, protozoarios); es decir estos primeros seres de una célula eran capaces de enviar y detectar información eléctrica y química, remontando ahora la línea de la inteligencia o de los impulsos eléctricos y químicos de información hace aproximadamente unos 850 millones de años.

Solo para darnos una idea del camino evolutivo y ponernos en perspectiva, reforzándonos con Wikipedia, la separación del linaje del ser humano y los grandes simios fue hace unos 4 a 8 millones de años y la línea de los primeros homínidos que se bifurcaron en el árbol de la evolución para derivar al Homo Sapiens se remonta a 200,000 años, teniendo que el surgimiento del comportamiento moderno con funciones cognitivas superiores para distinguirnos de otros homínidos y primates fue hace unos 50,000 años atrás.

Ahora imaginemos por un momento, como seguramente lo hemos hecho, la línea ininterrumpida en el camino evolutivo de cada uno de nosotros, avanzando hacia atrás con nuestros antepasados, no solo con los que compartimos apellido, sino también con los primeros Sapiens que nos transfirieron su carga genética y memética para convertirnos en el ser humano que vemos diariamente en el espejo.

Continuemos viajando hacia atrás y tratemos de vislumbrar a los primeros organismos unicelulares que poblaron el planeta y que por medio de impulsos eléctricos y químicos, absorbieron información, la procesaron y luego transmitieron otra información resultante, dando muestras de inteligencia ligada a su supervivencia evolutiva. Esto, como dijimos, hace más de 600 millones de años o tal vez mucho más atrás, con los coanoflagelados, alrededor de 850 millones de años antes.

Hablamos de un camino evolutivo de aproximadamente 850 millones de años, en donde los primeros organismos unicelulares utilizaron los primeros indicios de los bloques moleculares básicos para el surgimiento de las neuronas y por ende de la inteligencia. Recordemos entonces, como nos dijo Ray Kurzweil, que primero surgió la física, luego la química, posteriormente la biología y después la neurología, sumando aquí la red neuronal, los disparos neuronales y por ende las ideas creativas y los momentos eureka.

Pero ahora pensemos que todo ese esfuerzo evolutivo, todo ese avance físico, químico, biológico y neurálgico, ha venido distorsionándose y creando divergencias en nuestra inteligencia. Me refiero a que estamos renunciando a la razón y dando rienda suelta a la emoción a fiesta dionisiaca desbordada, sin medida ni límite y también olvidando la gran capacidad evolutiva que tenemos al absorber, procesar y transmitir información para ceder el control evolutivo a pseudo Sapiens, aquellos no brillantes sino más bien zopencos, aquellos que no hubieran sobrevivido si hubiesen tenido que resolver sus problemas con sus manos y no obligar a otros a que les hicieran la tarea.

Estamos envueltos dentro de la economía del “me gusta” (like) y los “retweets”, del número de seguidores que tenemos, de la cantidad de individuos que vieron mi video, de quienes se suman a mi página como seguidores, del cómo me veo sobrecargado con ropa de alta alcurnia y automóviles de lujo y del año en curso, es decir, como lo hemos dicho en muchas ocasiones, le estamos dando más importancia al tener versus el saber.

La frivolidad y la superstición se ha apoderado de la sociedad, dándolo mucho mayor fuerza al mito sobre la razón científica, en donde los jóvenes han dejado de leer, por convertirse en zombis de los dispositivos móviles, específicamente de sus celulares y dejando olvidados a los libros, que tomando lo descrito por el Licenciado Jorge Pedraza en su artículo titulado: “Pequeñas grandes historias de Hualahuises”, nos recuerda lo dicho por Borges en relación a la importancia de los libros, que a continuación transcribimos textualmente: “De los diversos instrumentos del hombre –ha dicho Jorge Luis Borges–, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de su voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”.

Pero no, hoy no es importante leer, pensar, escribir, investigar, patentar, emprender; pues irónicamente es mejor buscarse un puesto político y apostar a que en 3 años, o en el peor de los escenarios, en 6 años podamos convertirnos en millonarios, al trabajar corruptamente determinando diariamente cómo hacer que el dinero público se vuelva privado y después se incorpore a mis bolsillos. Todo esto con la estrategia gubernamental de mantener a la gran mayoría de la población en pobreza e ignorancia y quienes al estar preocupados por ver qué comer, no tienen la fortaleza ni el tiempo para despertar de ese letargo y círculo vicioso.

Sin embargo, la clase media tiene papel preponderante en el progreso evolutivo como Sapiens, quienes se podrían unir, cooperar y trabajar en conjunto como agentes de cambio para contrarrestar todo este letargo político corrupto, pero desde mi perspectiva, toda esta falta de interés en el progreso evolutivo del ser humano, al distanciarnos del conocimiento, especialmente del científico y tecnológico, nos acerca más a lo propuesto por el director Mike Judge, en su película Idiocracy (Idiocracia), que como su nombre se infiere, nos cuenta la historia del soldado Joe Bauers, un ser humano de inteligencia promedio, quien después de ser congelado y olvidado en un programa militar, despierta años después para darse cuenta que él es el ser Sapiens más inteligente del planeta, pues aquellos seres humanos por abajo del promedio intelectual se han reproducido sin control y ahora pululan como población promedio de esos seres humanos del futuro, haciéndonos ver como una especie tonta y con pocas posibilidades de supervivencia. Aunque es comedia, es recomendable ver esta película, para hacer una reflexión sobre el peligro de que la ignorancia se impregne en la sociedad y en nuestros gobernantes.

Para cerrar recordemos lo que nos dijo Carl Sagan en su libro “The Demon Haunted World”, donde textualmente es lo siguiente: “La lección simple es que el estudiar y aprender, no solamente de ciencia, sino de cualquier cosa, es mejor evitarlas y se convierten en tareas indeseables; hemos organizado a una civilización global en donde los elementos más cruciales de la transportación, la comunicación, y muchas otras industrias como la agricultura, medicina, educación, entretenimiento, proteger el medio ambiente, al igual que la importante institución democrática para votar, dependen de la ciencia y la tecnología; pero también hemos organizado las cosas para que casi nadie entienda la ciencia y la tecnología, y esto se convierte en una receta para el desastre; podemos evitarla por algún tiempo, pero tarde o temprano esta mezcla combustible de ignorancia y poder nos va a explotar en nuestra cara”.

 

 

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