¿Cómo conectar los puntos?

TheDigitalArtist

Rodrigo Soto Moreno

Según la mecánica cuántica, si algo puede suceder, entonces sucederá; claro siempre y cuando tengamos el tiempo suficiente para esperar y corroborarlo. Esto es precisamente un punto esencial dentro del libro de Brian Cox y Jeff Forshaw, titulado: “The Quantum Universe”, específicamente cuando en la portada postulan lo siguiente: “everything that can happen does happen”; similar a lo que dijimos en líneas superiores y en otras colaboraciones.

Tradicionalmente, nos comenta Cox y Forshaw, bajo la física de Newton, si colocamos una partícula en cierto lugar y no hacemos nada, entonces no irá a ningún lado. Sin embargo, Cox y Forshaw, nos dice que esto es equivocado, pues la respuesta correcta sería: “the particle can be anywhere else in the Universe at the later time”. Esto quiere decir que las múltiples posibilidades hacen su entrada y derivado del Principio de Incertidumbre de Heisenberg, sabemos que simultáneamente no podemos saber la posición exacta, ni la velocidad exacta de un objeto; podemos saber una u otra, pero no ambas.

Pareciera que todo inicia como si fuese un lienzo blanco para un artista, una hoja blanca para un escritor, u hoja computacional para el divulgador científico moderno, donde la pinceladas, letras y creatividad científica van dando forma a la aparente nada; sin embargo para el caso del Cosmos, y especialmente para la vida, tenemos que fue primero la física, luego la química, posteriormente la biología, seguidas de la neurología, las redes neuronales, quienes fueron trazando las primeras “pinceladas” o “escribiendo” los códigos y algoritmos necesarios para formar diversos seres orgánicos (basados en carbono), quienes bajo el esquema de errar, iterar y aprender, formaron una sinfonía armónica y simbiótica entre diversos organismos unicelulares y pluricelulares, para tejer ese delicado balance y equilibrio sutil que muestra la vida y en algunos casos también la muerte.

Entonces, hemos aprendido, que aquello que pareciera estático, fijo y establecido, resulta que no lo es y por ello surge con mayor fuerza la idea del libre albedrío, la selección de múltiples alternativas y de que puede haber otros universos donde existamos con otra historia muy diferente a la actual, o donde simplemente no estemos, no existamos. Hablamos de tener las 1001 posibilidades y caminos diferentes, por así decirlo, y pensando en un símil de cómo se mantuvieron las partículas versus las antipartículas; simplemente fue porque hubo más partículas gracias a que existieron como un número impar, evitando su aniquilación con su contraparte: las antipartículas; es decir 3 partículas versus 2 antipartículas, dieron como origen la aniquilación de 2 partículas y 2 antipartículas, pero la existencia de 1 partícula; y por esto, es que somos y existimos, y es así que yo escribo estas líneas y usted me lee.

Derivado de nuestra evolución biológica, hemos comprendido que somos seres curiosos por naturaleza, incluso hemos dicho que esa misma curiosidad fue la que nos hizo salir del agua, para conocer la tierra firme, y seguramente también fue la que nos incitó a erguirnos y liberar nuestras manos y utilizar nuestros dedos prensiles, no solo para crear utensilios y herramientas para la supervivencia, sino también para sacar ideas de nuestra mente, pues nos dimos cuenta que no todo cabe en nuestra cabeza; por ello iniciamos nuestro camino artístico al pintar en las cavernas; empezamos a manipular el fuego, no solo para protegernos de los ataques de depredadores y calentarnos, sino también para la cocción de nuestros alimentos y un mejor aprovechamiento de la proteína para expandir nuestro cerebro. También desarrollamos el lenguaje hablado y el escrito, porque nos dimos cuenta que debíamos guardar la sabiduría para las futuras generaciones.

Continuamos así e iniciamos las primeras agrupaciones, dejamos de ser nómadas para volvernos sedentarios, abrimos paso a la agricultura y parafraseando a Yuval Noah Harari, en su libro Sapiens, nos hicimos esclavos de nuestros cultivos, aunado a que también iniciamos la extinción de muchas especies de plantas y animales. Es innegable que en nuestra historia, la simbiosis con otros seres vivos y con el planeta, ha venido peleando directamente con esa ansía frívola y sin sentido de acumular poder y riqueza a costa de lo que sea y de quien sea; aunque eso implique agotar los recursos naturales.

Remarco lo anterior, derivado de una lectura de un artículo en The Guardian, titulado: “Human race just 0.01% of all life but has eradicated most other living things”, en donde en síntesis se nos dice que los 7 mil 600 millones de seres humanos, solo representamos el 0.01% de los organismos vivos, sin embargo, desde el surgimiento de la civilización humana, hemos sido responsables de la extinción del 83% de los mamíferos salvajes y de la mitad de las plantas. Esa es nuestra huella biológica dentro del Antropoceno.

Recordemos que el propio Stephen Hawking, nos advirtió de la imperiosa necesidad de explorar otros mundos, y no solo eso, pues también dijo que teníamos alrededor de 100 años para encontrar otro planeta habitable para expandir la raza humana hacia allá; esto si queremos sobrevivir como especie. Derivado de esto, algunas mentes brillantes como Elon Musk, con su compañía SpaceX, se han dado a la tarea, en colaboración con la NASA, para establecer colonias en Marte y así iniciar la terraformación de otros mundos.

Con lo anterior, nos damos cuenta que no todas las manzanas de la canasta están podridas, es decir, no todos los seres humanos se caracterizan por pensar de forma individualista y egoísta como pareciera el común denominador; somos muchos que todavía somos curiosos y nos maravillamos por una noche estrellada, recordando a Van Gogh, y soñamos con escapar del planeta, para visitar otros y buscar una respuesta a la pregunta: ¿Hay alguien allá afuera?, obviamente desde el punto de vista de vida inteligente, o más inteligente que nosotros. Algunos seres que hayan comprendido que el hogar se debe procurar, en simbiosis con los demás seres vivos, y por encima de cualquier interés de poder, de riqueza o personal.

El problema, he pensado, es que nos hemos dejado llevar o guiar por líderes públicos o privados ineptos y repletos de analfabetismo funcional, de esos que aparentemente llevan los ojos abiertos, pero de mente obtusa, cuadrada y cerrada, de esos que se les olvido soñar y crear, regando el beneficio social, y que solo piensan en llenar sus bolsillos. Es decir, en nuestro iteración e interacción como sociedad, hemos confundido el tener como prioridad versus el saber (preferimos procurar el ropero versus el librero) y se nos ha olvidado que solo la educación ligada a la ciencia y a la tecnología es la que puede salvar al planeta Tierra y a muchos seres vivos, y no solo eso, sino también salvarnos a nosotros como especie.

Hemos construido una sociedad, que parafraseando a Carl Sagan, depende fuertemente de la ciencia y la tecnología, pero que difícilmente comprende lo que es la ciencia y la tecnología, aunado a que las decisiones en materia de esas áreas del conocimiento, las dejamos a gran parte de legisladores que difícilmente saben lo que es una regla de tres y aun así legislan. Por ello la imperiosa necesidad de que las mentes brillantes se junten y trabajen al unísono, para que con sus momentos Eureka, puedan desarrollar patentes y empresas cimentadas conocimiento científico y tecnológico, y así ir conectando los puntos.

El colectivo del conocimiento humano, se ha topado con el oscurantismo en el pasado, y nos ha costado retrasar nuestro progreso al desaprender, para volver a aprender lo que ya sabíamos, como lo dijo Friedrich Nietzsche: “El elemento esencial en el negro arte del oscurantismo no es que quiera oscurecer la comprensión individual, sino que quiere ennegrecer nuestra imagen del mundo, y oscurecer nuestra idea de la existencia”; y hoy pareciera que se nos está secuestrando la razón por la sinrazón, por la frivolidad y por el poder desmedido. Es por ello, que es hora, tomando lo dicho por Nick Bostrom, de que desarrollemos un crecimiento en inteligencia colectiva, pero que se sustente en un esquema organizacional y económico ligado a la población que está educada en materia digital, conectada e integrada en la cultura intelectual y de conocimiento comprobable y verificable, es decir sustentado a la prueba del método científico.

Aunado a esto, y siguiendo con las ideas de Bostrom, el internet se erige como una nueva frontera de innovación y experimentación, por ello, como dice Bostrom, debemos desarrollar una web inteligente, evitando toda aquella información que no tiene sustento comprobable o verificable, apoyándonos en el método científico y así buscar una gran contribución de la humanidad hacia la humanidad, como una verdadera inteligencia colectiva global o como una sustentada por las mentes con mejores disparos neuronales creativos.

Recordemos que estamos dominados por código y algoritmos; todo lo que hacemos en nuestra vida diaria, se rige por una serie de instrucciones que debemos seguir para conseguir un resultado, desde cepillarnos los dientes, hasta escribir elaboradas líneas para un ensayo; y así también se mueve el algoritmo biológico que acciona el “reloj” de la vida en nuestro cuerpo.

Ahora nosotros hemos aprendido gracias al algoritmo básico:

  1. Absorber información
  2. Procesar información
  3. Transmitir información

Pero también hemos elaborado grandes códigos y por ende algoritmos. El primer gran código fue el lenguaje y posteriormente la escritura (lenguaje hablado y escrito), para de ahí desarrollar el algoritmo que nos permite comunicarnos y guardar información y conocimiento. El segundo gran código fue el computacional y por consiguiente elaboramos algoritmos que trabajan con ese código, para potenciar nuestros disparos neuronales, expandiendo nuestro cerebro. El tercer gran código, fue comprender el ADN y de ahí mapear el mismo, creando algoritmos que puedan editar ese código y prevenir y corregir fallas en el código genético. El cuarto gran código, que seguimos explorando de forma muy entusiasta, es el de la Inteligencia Artificial, en donde desarrollamos algoritmos para que robots puedan sortear la prueba de Turing y tener la capacidad de comprender el “pienso, luego existo” de Descartes. En la actualidad soñamos con un quinto gran código, aquel que ligue el código computacional, con el código del ADN y creemos los algoritmos necesarios para obtener un nuevo lenguaje, que nos permita cargar nuestro cerebro a la nube y posteriormente descargarlo a un nuevo receptáculo, cuando el nuestro vaya a expirar.

Sin embargo, ahora es el momento de volver realidad lo que nos dijo Marshall McLuhan, cuando se refirió: “Any new technology is an evolutionary mutation opening the doors of perception and new spheres of action to mankind”, así como también: “…first we build the tools, then they build us”. Con esto queremos decir, que en un inicio fuimos creados por el delicado tejido de la interacción e iteración de la física, la química, la biología, la neurología con las redes neuronales de organismos simples, hacia organismos complejos y hoy es momento de tomar todo lo que hemos aprendido para crear una expansión de nuestros cerebros, trabajando al unísono, de forma cooperativa, como lo hace un superorganismo, ejemplificado en termitas, hormigas y abejas, para que nosotros tejamos el futuro del Homo Sapiens y así acercarnos al Homo Deus que planteó Yuval Noah Harari; esto cuando logremos fusionarnos con las máquinas.

Nos referimos, como lo dijimos, a conectar los puntos; primero al comprender que como seres humanos recibimos programación del código del ADN (genes) y de los algoritmos que trabajan en mi cuerpo, como la herencia de ese material genético que recibí, así como derivado de mi estilo de vida, principalmente cuidar que las calorías que consumo, para que no sean más que las calorías que gasto; segundo, la otra parte de la información, que recibimos bombardeándonos diariamente, aquella de la que nos habló Richard Dawkins, con los memes y cómo ese caldo cultural denominado sociedad, nos influencía cada segundo y nos hace evolucionar también.

De ahí que debamos recurrir a Pedro Domingos y su explicación del “Master Algorithm”, quien nos señala la importancia de comprender lo que es el aprendizaje automático o aprendizaje de máquinas (machine learning) y para ello nos dice que en un inicio nosotros programábamos a las computadoras, para hacer diferentes tareas, desde jugar ajedrez, hasta hacer películas animadas, pero siempre bajo instrucciones precisas de nosotros los seres humanos, siendo un proceso lento, costoso y que limitaba el progreso y la creatividad.

Pero ahora las computadoras se están programando así mismas al analizar la información, y eso es el aprendizaje de máquinas, según Pedro Domingos. Por ejemplo el propio Domingos nos dice que Google funciona analizando los clics que hemos dado en el pasado y luego piensa los que vamos a hacer clic en el futuro. Otro ejemplo interesante, de Pedro Domingos, es en relación a nuestro celular, pues es una computadora que utiliza el “machine learning”, para aprender sobre nosotros, ver lo que buscamos, nuestras preferencias, corregir errores de escritura y predecir lo que vamos a buscar en el futuro, presentándonos sugerencias, incluso sabe nuestra actividad física, al conocer cuántos pasos damos al día.

Estamos inundados de información, pues hemos creado un mundo de aproximadamente 300 exabytes (300,000,000,000,000,000,000 piezas) de información humana, y solo gracias a la capacidad computacional y el aprendizaje de máquinas, es que podemos organizar los datos y convertirlos en herramientas útiles para la toma de nuestras decisiones; aunque en muchos casos pareciera que la decisión es más de la máquina que tenemos enfrente o en nuestro bolsillo, que una decisión libre de nosotros los Sapiens.

La gran tarea en la actualidad, es generar una nueva herramienta computacional, basada en la nube, con aprendizaje de máquinas e inteligencia artificial, que pueda conectar los puntos de información, que tenemos tan dispersos, para acercarnos a una teoría unificada del futuro de nuestra especie, ligando la evolución biológica, de forma gradual y con sus mutaciones, sumada a la evolución de código computacional, de forma veloz y anticipando las 1001 posibilidades cuánticas de los escenarios en el futuro.

Nuestra única opción para saber si hay alguien allá afuera y lo que hay allá afuera; es comprender el código y el algoritmo del Cosmos, es con esa conexión de puntos, derivado del nuevo lenguaje del ADN con el binario de los 0 y 1, para alcanzar una especie de inmortalidad biológica y una potenciación de nuestros disparos neuronales. Todavía tenemos mucho que aprender, si queremos seguir recorriendo el vasto camino de este universo, debemos crear esas herramientas tecnológicas que nos ayuden a caminar en el sendero de este Universo, en este Cosmos, explorar lo que hay más allá y por ende conectar los puntos.

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