No soy un psicópata…Tengo una lesión en mi amígdala y en mi córtex cerebral

Revista número 99, del 30 de octubre al 2 de noviembre de 2009, páginas 20 a 23.

Soy el guardián entre el centeno

Mark se encontraba en su habitación del hotel. Estaba acomodando ciertos objetos frente al mueble del espejo: una carta de recomendación por sus trabajo con los niños vietnamitas, su pasaporte, un par de fotografías de sus viajes por el mundo, la Biblia, una fotografía de la película del Mago de Oz, entre otros artículos.

Se dijo a sí mismo: “Todo está listo para que, cuando alguien llegue: la policía o quien sea, quienquiera que desee saber quién y cómo era yo, lo sepa, y sepa también en qué me había convertido. Si me encuentran incapaz de hablar, esto les hablará por mí”.

Poniéndose su gabardina negra, para soportar el frío neoyorquino, abrió el paquete que tenía escondido y envuelto en una toalla. Allí estaba su arma: un revólver 38, que introdujo en el bolsillo de su gabardina, para posteriormente practicar en repetidas ocasiones el desenfundarla lo más rápido posible, y amagar un disparo. Terminada esta acción, Mark se miró fijamente al espejo y dijo: “Yo soy Holden”.

Mark creía realmente en Holden Caulfield, personaje del libro El Guardián entre el Centeno (The Catcher in the Rye), y lo que profesaba el mismo. Sobre todo, pensaba que la gente era falsa, y más que eso, pues sentía que él era el personaje Holden Caulfield en la vida real.

Después pensó: “Me voy ahora… para convertirme en algo nuevo” y salió con rumbo a West 72 Street y Central Park, en la Ciudad de Nueva York. Hizo una parada en una librería y compró su libro favorito.

Con su volumen de El Guardián entre el Centeno, y el álbum en “long play” de Double Fantasy, sintió que todo estaba listo y completo. Pero faltaba algo. Abrió el libro, y escribió en la página del título: “Para Holden Caulfield… De Holden Caulfield… Ésta es mi declaración”.

Ahora pensaba en lo que, en su momento, le había dicho a su madre: “Yo sabía que iba a hacer algo grande; solamente que no sabía si iba a ser bueno o malo”.

EL ASESINATO DE JOHN LENNON

Aquel 8 de diciembre de 1980, mientras volvía a su edificio llamado Dakota, Mark David Chapman disparó en cinco ocasiones contra John Lennon. Una leyenda de la música moría a manos de un fanático psicópata, que, según declararía años más tarde, mató a Lennon con el fin de robarle su fama mundial.

Lo descrito anteriormente está consignado en la película Chapter 27, protagonizada por Jared Leto. El nombre de la cinta proviene de lo que, figurativamente, podría ser el siguiente capítulo de El Guardián entre el Centeno, pues el mismo termina en el capítulo 26, y este libro, según dijo Chapman, fue su inspiración para cometer el crimen.

Aparte de una magnífica actuación de Leto, Chapter 27 nos muestra la lucha interna de Chapman consigo mismo, pues escucha voces que le dicen que no asesine a Lennon, aunque las mismas voces le decía en otras ocasiones que lo hiciera.

El Guardián entre el Centeno muestra a Holden Caulfield, descrito por Wikipedia como un antihéroe que simboliza la rebelión adolescente. En un análisis más profundo, Caulfield tiene formas antisociales y una agresividad latente que invita a romper las reglas y paradigmas sociales establecidos.

Lo más interesante del libro es cuando se explica por qué es Holden el guardián entre el centeno. La explicación ha sido tomada de Wikipedia: “lo único que a Caulfield le gustaría hacer en la vida es: estar en un campo de centeno, al borde de un precipicio. En el campo hay miles de niños jugando, y él evita que ellos caigan en el abismo. Él seria el guardián entre el centeno”.

COMPORTAMIENTOS ADOLESCENTES ANTISOCIALES

Volveremos a esta explicación; pero ahora centrémonos en que la mención de la novela anterior tiene un objetivo, y es el de identificar comportamientos adolescentes antisociales, agresivos, faltos de empatía humana, carentes de emociones normales de un adolescente, entre otros, pues de esa forma podremos, tal vez, identificar a futuros psicópatas.

En el artículo de “The Violent Brain”, de Daniel Struebber y Monika Lueck, así como en nota de Reuters del 7 de agosto de 2009, por Kate Kelland, titulado “Psychopaths have faulty brain connections, scientist find”, se nos habla primero de cómo en un estudio de mil personas nacidas en Nueva Zelanda, a las que se les ha dado seguimiento durante 34 años, los investigadores Terrie E. Moffit y Avshalom Caspi, ambos del King´s College of London, de la Wisconsin – Madison University, han examinado comportamiento antisocial ligado a violencia física.

Sus resultados son que los individuos que muestran comportamiento antisocial tienen edades de 13 a 15 años, y su nivel antisocial y de delincuencia decrece tan rápido como surge. Sin embargo, un reducido porcentaje muestra comportamientos antisociales desde los cinco años de edad, y éstos se siguen manifestando hasta la edad adulta.

Es interesante señalar, como lo dice el estudio de Moffit y Avshalom, que el último grupo minoritario, que continúa desde los cinco años hasta la edad adulta con conductas antisociales, son hombres en su mayoría.

EL VARÓN, DETONANTE DE VIOLENCIA

Incluso las estadísticas mostradas por Struebber y Lueck señalan que el sexo masculino es un detonante importante para la violencia física, mientras que la mujer muchas veces muestra violencia de otro tipo: agresión indirecta y encubierta. Siguiendo las cifras, tenemos que, de acuerdo con el FBI (Federal Bureau of Investigation) el 90.1 por ciento de los arrestos por asesinato en el año 2004 fueron hombres, y el sexo masculino obtuvo también el 82.1 por ciento del total de crímenes violentos perpetrados.

La violencia ligada a comportamientos antisociales que se traducen en psicópatas asesinos, ha abierto en fecha reciente una nueva puerta, como lo comenta Kelland, ya que investigaciones del doctor Michael Craig, del Institute of Psychiatry, del London´s King´s College Hospital, muestran que los psicópatas que asesinan y violan tienen conexiones defectuosas en el cerebro, conexiones que normalmente están ligadas a las emociones y que manejan nuestra parte impulsiva y de toma de decisiones.

Científicos ingleses como Craig dicen que sus investigaciones han encontrado que psicópatas autores de asesinatos, de matanzas, de múltiples violaciones, y estrangulamientos, entre otras barbaridades, tienen “baches” o “lesiones” en regiones críticas del cerebro. Es decir, la amígdala, que procesa las emociones, y el córtex orbitofrontal, que maneja las emociones y los impulsos, son estructuralmente y funcionalmente diferentes en los psicópatas.

AUSENCIA DE REMORDIMIENTO

Podemos inferir que las lesiones en estas áreas son causa de que los perpetradores de estos hechos de violencia física, que terminan con la muerte de otro ser humano, no muestren remordimiento alguno por sus actos, pues la parte emotiva y racional de comportamiento no se encuentra activada en su cerebro.

Es muy complicado identificar a un psicópata, y es por ello que diversos científicos están a favor de que se permita el uso de resonancias más potentes y precisas, como es el caso de la Imagen por Resonancia Magnética con Tensor de Difusión (DT-MRI), mencionada por Craig, y que ayudaría a detectar ciertas conductas psicópatas a tiempo, para poder prevenir que estos individuos antisociales y agresivos caminen entre nosotros sin que nos demos cuenta.

La propuesta de Craig es sencilla: cuando se detecte un comportamiento antisocial agresivo en la edad temprana de un ser humano, se le debe someter a pruebas de DT-MRI, para escudriñar en su cerebro y poder, de manera estadística, predecir si el individuo analizado tiene tendencias de psicopatía, y prevenir que sus acciones terminen con la vida o vidas de otros seres humanos.

Otros estudios llevados a cabo por Abigail Marsh, del National Institute of Mental Health, comentados por Bering, en su artículo “The problem with psychopaths. A fearful face doesn´t deter them”, han determinado que los psicópatas son catalogados como “crueles y sin sentimientos”.

Marsh comenta que éstos padecen un déficit cognitivo muy importante: “tradicionalmente ellos tienen problemas para reconocer, procesar y responder normalmente a la expresión facial de miedo en otra persona”. La respuesta normal, de acuerdo con Marsh, sería ofrecer ayuda a la persona con miedo y calmarla.

¿QUÉ ES EL MIEDO?

Incluso, consigna también el escrito de Bering, la psicóloga Marsh platica una anécdota con una colega, Essi Viding. Ella analizaba las reacciones de una asesina psicópata, a la que le mostraba rostros con diferentes emociones. Pero, cuando a la asesina le fue presentada la foto de una persona con miedo, la rayó y dijo: “no entiendo cómo se llama esa expresión, pero sé que es así como se ven las personas justo antes de que las acuchille”.

Por increíble que parezca, las personas con daños en la parte de la amígdala y el córtex, donde procesamos emociones y toma de decisiones, parecen diferir en demasía respecto del sentimiento de solidaridad humana y compasión hacia nuestros semejantes que un individuo normal presentaría.

Siguiendo con la psicóloga Abigail Marsh y el artículo de Bering , tenemos que en un afán de determinar el porqué para algunos individuos es complicado detectar una expresión de miedo y demostrar que es un problema neurológico, se llevó a cabo un estudio, publicado en el American Journal of Psychiatry.

En él, Marsh y sus colegas analizaron a 36 niños de entre 7 y 10 años de edad. Se les fueron proyectando imágenes catalogadas como neutrales, expresiones de miedo y expresiones de agresividad, mientras que los niños estaban conectados a una imagen por resonancia magnética, para medir sus reacciones. Usando diferentes métodos de estudio, como el “Psychopathy Checklist” y el “Antisocial Screening Device”, los resultados que se obtuvieron fueron que 12 de los niños fueron catalogados como “crueles y sin sentimientos”, mientras que otros 12 fueron catalogados con el déficit de atención por desorden de hiperactividad (Attention Deficit Hyperactivity Disorder ADHD). Los niños  restantes niños fueron catalogados como sanos o dentro de los estándares normales.

Otro punto interesante del escrito de Bering es cuando comenta que un grupo de psiquiatras alemanes analizaron las respuestas emocionales de 25 prisioneros psicópatas, y encontraron que muchos de ellos carecían de miedo; es decir, no reaccionaban con desagrado, ni se inmutaban en algunos casos, cuando se les presentaba un estímulo desagradable.

ASESINO FRÍO, CALCULADOR

Es probable que por ello las películas siempre nos muestren a asesinos seriales, como lo ejemplifica Kelland, al estilo de Hannibal Lecter en el Silencio de los Inocentes, cuyo patrón de comportamiento es frío, calculador, inmutable a veces, retador, sin miedo, nada amigable, con aparente carencia de empatía humana y remordimiento por sus acciones.

Estudios como el anterior deben utilizarse con mayor frecuencia para captar a individuos con comportamientos o patrones antisociales que puedan derivar en un futuro en psicópatas violentos. De nueva cuenta vemos que el mapeo cerebral, apoyado por la imagenología de la resonancia magnética, es una herramienta científica que nos permite conocer en específico el funcionamiento de nuestro cerebro.

Volviendo al libro de El Guardián en el Centeno, que ha sido asociado a otros actos violentos, como el intento de asesinato contra el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, es común que una novela pueda ser un detonante de inspiración para cometer crímenes. Al final del día, estamos hablando de personas cuya realidad es otra y cuyas conexiones neuronales les mandan diferente información de lo que perciben a su alrededor.

Creo que Bertrand Russell tiene razón al decir que el ser humano busca trascender a toda costa, Para el caso de los psicópatas, es más importante ser el Guardián en el Centeno, que aprieta el gatillo, como fue el caso de Chapman, que el trascender en la vida por obras de beneficio a la humanidad.

IGNORAN QUE ESTÁN MAL

Si analizamos todo lo descrito, nos daremos cuenta de que los psicópatas tal vez no entiendan que están mal. Sus lesiones cerebrales les hacen vernos como peones en un juego de ajedrez, sin algún valor especial y sin las herramientas psiquiátricas y psicológicas que nos ayuden. Como lo han comentado otros colaboradores de esta revista, podemos pensar que podemos haber convivido con un psicópata, ya sea en una tienda, en el ambiente de trabajo, en la escuela, con algún amigo.

No lo sabemos, e incluso nosotros mismos podemos tener tendencias o predisposición a la psicopatía. Tal vez sólo nos falta encontrar nuestro Guardián en el Centeno. ¿No lo creen?

 

Referencias:

The Catcher in the Rye,

 http://en.wikipedia.org/wiki/The_Catcher_in_the_Rye

Chapter 27, http://es.wikipedia.org/wiki/Chapter_27

Kelland, Kate. Psyhopats have faulty brain connections, scientists find, Reuters, 7 Agosto, 2009.

Original Sinners?, Psychopathy, The Economist, May 26th 2009.

Bering, Jesse. The Problem with psychopaths: a fearful face doesn´t deter them, Scientific American, September 30th 2009.

Struebber, Daniel. Lueck, Monika. The Violent Brain, Scientific American Mind, December 2006 / January 2007.

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