El alimento neuronal del ser humano: el conocimiento

Revista número 100, 11 de diciembre de 2009, páginas 50 a 53.

“Sapere aude” (atrévete a saber) 

Reinaban el silencio y la oscuridad. No existía prácticamente nada. De pronto, un haz de luz que se manifestaba en un punto singular, se excitó tanto, que dio origen a una explosión, y lo que en su momento era tan ínfimo como un grano de arena, comenzó a expandirse velozmente.

Esa expansión cargada de partículas fue llevando el diseño precargado de todo lo que es, fue y será; construyendo así lo que conocemos como energía oscura, la materia oscura, los gases y, por último, las estrellas y los planetas.

Dentro de todo el arreglo de lo que supone infinito, de estrellas y planetas, resultó curioso que un sistema compuesto por un Sol colocado a una distancia idónea y sumando materia orgánica con intercambios químicos de energía, haya dado origen a una composición de vida, sin ningún diseño inteligente, que se abrió paso como ella misma sabe, y peleando con organismos rivales, para que los genes ganadores fueran los destinados a la siguiente generación.

EL CAMINO DE LA EVOLUCIÓN

De la vida entramos a lo que conocemos como evolución, como lo relata Carl Sagan en Cosmos, en donde puede rastrearse el camino evolutivo de la vida a las primeras moléculas de los mares primitivos, que crearon la primera bacteria, así como las primeras plantas, en una serie de atracciones y repulsiones biológicas y químicas, así como pasando de los primeros organismos celulares para llegar a los multicelulares.

En el agua fue donde prosperó la vida en el inicio. Allí surgieron los ancestros de los peces, que fueron al principio como larvas que se transformaron en nadadores libres ayudados por una clase de columna vertebral que terminaba en algo similar a una cola o aleta.

Nuestros antepasados, como lo describe Carl Sagan, eran entonces peces que filtraban el alimento, parecidos a las lampreas actuales. Esos peces evolucionaron lentamente. Aumentó el tamaño de sus cerebros, y su alimento cambió, pues ahora los peces comían otros peces, y, entonces, el nadar más rápido significaba vivir más.

La falta de agua -siguiendo con Sagan-, hacia que los peces buscaran arrastrarse de un pantano a otro en busca de la misma, y no solamente eso, sino que pudieran respirar fuera del agua, pues antes tomaban el oxígeno dentro del agua. Así también fue como se dispuso el poner los huevos en un cascarón en tierra firme, para protegerlos de los depredadores acuíferos.

Después de todo lo anterior, se produjeron los anfibios, como los reptiles y las tortugas, entre otros. Aquí aparecen en escena los dinosaurios, que fueron eliminados misteriosamente hace aproximadamente 65 millones de años, y nos quedarnos con los pájaros.

SURGIMIENTO DE LOS MAMÍFEROS

Mientras tanto, al desaparecer del planeta los dinosaurios, otros animales se apoderaron de éste, con la diferencia de que no ponían huevos, sino que las hembras cargaban dentro de sus vientres a su descendencia, que, al nacer, resultaba muy inexperta y tenía que ser enseñada a abrirse camino entre las diferentes rutas de la naturaleza para poder subsistir.

Fueron y son los mamíferos, los cuales nos van acercando a nuestro antepasado común o al primer pilar de la especie humana. Los monos y el hombre tienen este antepasado en común. Carl Sagan dice que hueso por hueso, músculo por músculo, molécula por molécula, no existen diferencias importantes entre los monos y los humanos.

A diferencia de los chimpancés -continuamos con Sagan-, nuestros ancestros caminaron erguidos, y tenían libres sus manos para experimentar. Se hicieron más inteligentes, empezaron a hablar, y, gracias a su mano prensil, su cerebro y su capacidad extrasomática, guardaron el conocimiento para transmitirlo a las futuras generaciones, lo que les hizo destacar entre otros homínidos y no perecer como ellos.

Pareciera repetitivo y sin sentido describir sintéticamente todo el proceso de la evolución del universo, y particularmente y con énfasis, el de nuestro planeta. Sin embargo resulta necesario, pues nos permite detectar que, entre todas las especies de organismos, nosotros dimos grandes saltos para controlar el planeta y ser la especie “dominante”, si es que así le podemos llamar.

SALTOS EVOLUTIVOS

La capacidad inquisitiva que tiene el ser humano le permitió hacerse de las herramientas necesarias para dar esos “saltos evolutivos”. Es decir, aprendimos a aprender, o, en resumidas cuentas, nuestra curiosidad nos hizo acercarnos a tener contacto con la naturaleza y entender el porqué de las cosas, para que la base de ese conocimiento se aplicara en innovaciones y desarrollos científicos, casi siempre destinados al bien común, que nos permiten llevar una mejor y más digna vida como seres humanos.

Nuestra carrera evolutiva parte desde la materia orgánica que dio origen a la vida unicelular, hasta lo que podemos ver en el espejo todas las mañanas antes de salir al trabajo diario. Esas combinaciones de trillones de átomos, como lo dice Bill Bryson, dieron lugar a cada uno de nosotros, y ha sido nuestra capacidad de adaptación con conocimiento obtenido de nuestros antecesores lo que aseguró el que yo este escribiendo este artículo y usted leyéndolo.

De cierta forma, cada uno de nosotros tiene que agradecer a toda la línea de antepasados de la creación, pues cada conocimiento adquirido por cada uno de ellos hizo que fueran más rápidos, más creativos, más atractivos, más inteligentes, más precisos, más ágiles, más fuertes, más poderosos, más cuidadosos, entre otras cosas, para garantizar su descendencia y así sucesivamente hasta llegar a nosotros.

Parece ser que desde el primer disparo de excitación de partículas que dio origen al Big Bang, con la “preorganización” y el “prediseño”, veníamos nosotros capacitados para absorber, guardar y transmitir conocimiento, el cual nos hizo la especie que hoy somos. El conocimiento humano ha sido trabajando en forma acumulativa y exponencial, con todo lo que se guardaba y pasaba a la siguiente generación.

Nuestros logros van desde ser una forma de vida inteligente dominante en el planeta, que jugó con el fuego hasta comprenderlo y usarlo, para sobrevivir hasta nuestros días, en que nos encontramos jugando con partículas básicas, como los hadrones, para colisionarlos en lugares como el laboratorio CERN y conocer, si es que se puede, el origen de todo.

PROGRESO DEL CONOCIMIENTO

Para darnos una idea de nuestro progreso en materia de conocimiento, particularmente del científico, es importante mencionar lo que dice el libro de Vida, Naturaleza y Ciencia, de Ganten, Deichmann y Spahl, que se divide en cinco grandes apartados.

El primer apartado habla del desarrollo de la vida en el universo y en el planeta Tierra, donde hemos visto aparecer y desaparecer diferentes formas de vida, dándonos cuenta de que la supervivencia del más apto va ligada con la supervivencia del más atractivo. Hemos comprendido al ADN y aprendido a utilizarlo para crear especies, pero tratando de respetar a la Madre naturaleza.

En el segundo capítulo hablan del ser humano; explican cómo surgió el planeta Tierra y cómo se volverá polvo cósmico de nueva cuenta, al final de los días. Remarcan también que el conocimiento de la exploración y aprovechamiento de lo que nos ofrecen los recursos naturales ha transformado la forma en que vivimos. Se hace énfasis en la civilización humana, que, gracias a la ciencia, se basa en el procesamiento de materias como el hierro y el petróleo entre otros. Nos regimos por los diferentes productos y energías que obtenemos de la naturaleza.

Para la tercera sección, se habla de la vida en el universo, y de sus leyes, conocimientos científicos básicos; de Newton, con la gravedad, y de Einstein, con la relatividad general. La ciencia busca aclarar los misterios del cosmos, el porqué estamos aquí y hacia dónde nos dirigimos como especie; busca comprender la energía oscura, la materia oscura y los agujeros negros, pero sobre todo, que con todo nuestro acervo de conocimiento científico astronómico, podamos hacer contacto con seres inteligentes de otro planeta.

DESARROLLO DEL LENGUAJE

En el cuarto bloque los autores describen cómo el camino evolutivo que el hombre eligió, a diferencia de otros homínidos o parientes cercanos a nosotros, pero extintos, fue el desarrollo del lenguaje y su capacidad cultural, atributos que le han conferido ser la rama del árbol evolutivo del planeta más influyente y poderosa. Además de aplaudir el avance en la medicina, es esto lo que nos ha dado mayor esperanza de vida y poder prevenir y luchar mejor contra las enfermedades que nos aquejan.

En la quinta y última parte del libro, se explica cómo el conocimiento de la mente humana, del cerebro en sí, ha apasionado a la gran mayoría de los científicos y que para adentrarse a dar una respuesta completa de lo que es la caja de procesamiento neuronal del ser humano, es necesario incorporar a biólogos, antropólogos, neurólogos, psicólogos, diseñadores de robots, genetistas, informáticos, matemáticos, físicos, químicos y filósofos.

Para ello, las neurociencias nos pueden dar las respuestas para comprender el intelecto, el lenguaje, la conciencia, la libre voluntad, la percepción, la inteligencia y los sentimientos.

Para concluir, Ganten, Deichmann y Spahl reflexionan sobre el conocimiento, y lo escribo textualmente: “En una breve exposición nos preguntamos cuál es la lección que debemos extraer de todo el saber acumulado durante siglos sobre la naturaleza, la vida y el cosmos, y proponemos como respuesta una expresión de ánimo. La lección es que la vida sigue. Y sigue cambiando. Mantengamos pues una visión abierta en cuanto a las posibilidades, y confiemos en que la ciencia nos ayude a reconocerlas y a utilizarlas”.

Hemos leído, en las primeras líneas de este escrito, que todo inició con una expansión de partículas, fenómeno conocido como el Big Bang. Éste fue el inicio para nosotros, pero nuestro conocimiento actual de la física nos hace especular que pudo ser el fin de otro universo; ciertamente, es probable que todo inicie de nueva cuenta y surjan nuevas excitaciones de partículas o choques de multiversos para crear universos, y tengamos el eterno retorno pero no de lo idéntico; es decir, es muy probable que vengan nuevos universos, con vida inteligente, pero no tenemos la certeza de que nosotros volvamos a ser. Hay que aprovechar lo maravilloso que es pensar.

La anterior situación, que nos hace especular en que es ahora cuando debemos atrevernos a pensar, a adquirir conocimiento, a ser inquisidores, a investigar, a conocer el funcionamiento de las cosas, sobre todo de la vida misma y no dejar pasar el tiempo, así como no gastar espacio neuronal en cosas frívolas y triviales, sino aprovechar cada bit de información que podamos almacenar; aquello que sabremos le servirá a nuestra descendencia, y así garantizaremos su éxito en un mercado dominado por las ideas y la aplicación de las mismas.

ATREVERSE A SABER

Hablo de utilizar a Kant, con su expresión latina “sapere aude”, que según Wikipedia, significa: “atrévete a saber”, o que, según la misma enciclopedia, puede traducirse también como: “ten el valor de usar tu propia razón”. Ése es el fin del conocimiento, sobre todo del científico: el de no perderse y quedarse en un solo hombre, sino expandirse y renovarse y fortalecerse, pues lo que hoy es puede cambiar mañana con un nuevo descubrimiento con bases sólidas de experimentación y métodos comprobables. 

Para cerrar, aprovecho este espacio para felicitar a la revista Conocimiento por haber llegado a su edición número 100; felicitar y agradecer al grupo de edición y diseño, que dirige el maestro Félix Ramos, así como el trabajo de organización y coordinación de escritores, del licenciado Juan Roberto Zavala, y, por supuesto, la dirección general y rumbo científico de la revista con el doctor Luis Eugenio Todd, quien es un reconocido representante de la ciencia del Estado y del país.

 

 

Referencias:

Carl Sagan on Evolution

http://www.youtube.com/watch?v=gl89HIJ6HDo

Sapere Aude. http://es.wikipedia.org/wiki/Sapere_aude

Ganten, Detlev. Deichmann, Thomas. Spahl Thilo. Vida, Naturaleza y Ciencia. Todo lo que hay que saber. Santilla Ediciones Generales, México 2004.

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