No necesitamos un mando central

Rodrigo Soto Moreno

La naturaleza no cuenta con un jefe, ya sea director, dictador, gobernador, presidente, guía, líder, cabecilla, dirigente, que le diga qué hacer y hacia donde encaminar sus esfuerzos y muchos menos tiene alguien a quien rendirle tributo, pleitesía, además de pagarle un impuesto que no le reditué.

Curiosamente nosotros, ahogados en la procrastinación y en la desidia, seguimos deslumbrándonos y comprando la bisutería brillante pero carente de valor económico, que muchos líderes públicos, especialmente políticos, nos venden constantemente.

Pareciera que estamos envueltos en un problema de adicción al analfabetismo funcional, inmersos en el fondo de un círculo vicioso, similar a los que nos sucede cuando consumimos grandes cantidades de alimentos con grasa y azúcar, que solo aletargan nuestro cuerpo y cerebro; pero aunque nos podamos dar cuenta de ello, resulta muy complejo alejarnos de estos.

Imaginemos el diseño ingenieril, arquitectónico y biológico de un árbol, quien con resiliencia plantae, tiene que estar recibiendo información del internet de sus raíces para definir hacia dónde dirigirse para obtener nutrientes y agua, así como la cantidad de hojas y ramas que debe desplegar para adquirir energía del Sol y transformarla en procesos químicos y biológicos que le dan vida; pero otro lado imaginemos el hacha de leñador, del talador, quien con embates sólidos de su herramienta puede derribar y destruir en minutos, lo que a la naturaleza le tomó años.

Ahora llevemos el ejemplo anterior al campo laboral tradicional ligado al gran número de pobres que existen en el país, en donde dentro del modelo económico propuesto por el gobierno resulta muy difícil ganarse el dinero diariamente y sino pregúntenselo a un albañil o a un maestro dando clases en el aula, o a la señora que prepara desde la madrugada sus tacos al vapor para vender en la mañana; pero ahora vayamos al mundo fantástico de la política donde, mucho de ellos, pueden disponer a “diestra y siniestra” de recursos públicos para transformarlos en privados, para luego introducirlos a sus bolsillos pletóricos.

Todo lo anterior viene a mi mente, en esos breves momentos reflexivos y filosóficos que tengo, en donde cierta noticia despierta mi curiosidad ingénita, como fue el caso de cierta nota donde se nos dice que el presupuesto para los partidos políticos será de 6,700 millones de pesos aproximadamente. Derivado de esto, pienso que dos preguntas obvias podrían ser: ¿realmente se necesita tanto dinero para que operen los partidos políticos? ¿salen tan caras las elecciones?

Con los números anteriores estamos, sin lugar a dudas, dándole demasiada importancia a la inteligencia maquiavélica de muchos políticos y muy poca o casi nada a la ciencia y a la tecnología; por ello en lugar de estar “en hombros de gigantes” parafraseando a Newton, en materia científica y tecnológica, para avanzar en nuestro progreso evolutivo; ahora estamos “limpiando los zapatos de enanos mentales”, quienes nos llevan a un retroceso evolutivo inminente, empezando por el estancamiento económico y posteriormente con lesiones cancerígenas hacia la sociedad.

Como se nos dice en el libro “The Social Organism”, escrito por Oliver Luckett y Michael J. Casey, no toda la evolución significa progreso, dependemos de la capacidad computacional de los seres inteligentes para absorber, procesar y transmitir información y por ende de las iteraciones e interacciones genéticas y meméticas entre ellos.

Construyendo con lo dicho antes, pareciera que como sociedad seguimos aletargados, dormidos, procrastinando, perdiendo el tiempo con frivolidades, atolondrados con los medios masivos de comunicación, especialmente con ciertos programas televisivos sosos, mientras que se nos es arrebatado el país, para ser dirigido por pseudo Sapiens entrenados para mentir, para robar, corromper, desinformar y destruir el tejido social, así como su núcleo básico que es la familia. Pero lo increíble es que la gran mayoría de la población no se da cuenta de ello.

Esto mismo sucede en nuestro cuerpo, pues recordemos también lo que dice Luckett y Casey, cuando afirman que los cánceres más mortíferos son aquellos que se disfrazan y engañan a nuestro sistema inmune, quien no los puede reconocer como agentes patógenos y dañinos para atacarlos y expulsarlos, y entonces la mutación y crecimiento celular descontrolado tiene cabida e inicia su camino de muerte.

Ante esto la respuesta es modificar nuestro algoritmo social evolutivo que hemos estado utilizado, me refiero a la imperiosa necesidad de alimentarnos de otro de tipo de bits y bytes de datos, especialmente aquellos nutridos con educación en ciencia y tecnología, para contrarrestar el oscurantismo y la mediocridad de muchos políticos.

Por ejemplo, volviendo con Luckett y Casey, en su gran libro “The Social Organism” nos dicen que el ARN dentro del virus del VIH muta a una velocidad nunca antes vista en otro organismo, que se traduce en que su algoritmo evolutivo es mucho más veloz que los centros de investigación y desarrollo de las universidades o compañías farmacéuticas para descubrir una cura.

La ruta, desde mi perspectiva, es abrazar la idea en crear una estructura holónica, refiriéndonos al holón de Arthur Koestler, donde algo es una parte y un todo al mismo tiempo. Un ejemplo claro de esto son los fractales, quienes se comportan como una parte y un todo, también podríamos tomar los ejemplos de abejas, hormigas y termitas quienes son una parte y al ser un todo son un superorganismo.

Hablamos de lo que nos dijo, de nueva cuenta Oliver Luckett y Michael J. Casey, en su libro “The Social Organism”, cuando nos invitan a crear una nueva estructura social, en donde exista menor opresión, donde exista la igualdad y mucho más enfocada y capaz de sacar lo mejor de cada uno de sus componentes, es decir de su capital intelectual y humano.

Una estructura holónica, como nos lo explican Luckett y Casey, no solamente la podemos encontrar en el orden existente en el diseño, ingenieril y arquitectónico, de la naturaleza, sino que también se encuentra en el orden natural orgánico que surge en todo el Cosmos, aquél carente de mando central. Está idea, continúan Luckett y Casey, es la antítesis del mando central vertical y obviamente del control sistemático llevado a cabo por el capitalismo tradicional y donde existe un miedo infundado a que la falta de un líder autoritario es sinónimo de caos.

Quienes dicen esto seguramente se olvidan de que en los inicios de la vida, los organismos unicelulares cooperaron para crear una rama evolutiva hacia organismos multicelulares, en un proceso no aleatorio, sin mando central, quien se alimentó al principio de la genética y posteriormente de los memes descritos por Richard Dawkins. Esta usted leyendo esto, gracias a la escritura genética y memética en cada uno de nosotros, ligada a la presión evolutiva, al escape del decaimiento celular y el estrés oxidativo en una línea ininterrumpida de antecesores, sin que hubiésemos requerido de un diseñador inteligente.

Esa estructura holónica, continuando con Luckett y Casey, es aquella que reconoce que el mundo está diseñado como una estructura de jerarquías y sub jerarquías interdependientes denominadas holones, y como lo dijimos cada holón es autónomo en su operación y diseño, pero también forma parte de un todo más amplio, repitiéndose ese arreglo con otro holón a un nivel superior. En forma sintética, la explicación de Luckett y Casey, es que la configuración de los holones puede verse similar a las muñecas rusas matrioshka, pero siempre crecientes, pero recordando que no existe un mando central en esa configuración.

Esto también lo podemos observar cuando observamos un fractal, el cual de acuerdo a Wikipedia, cuenta con una simetría extendida y evolutiva, que se replica en diferentes escalas exhibiendo patrones de comportamiento símiles, cuando hacemos un acercamiento a cualquiera de sus partes. El más común es el conocido como set de Mandelbrot.

Antes de continuar cabe señalar que la propuesta descrita en “The Social Organism” de Oliver Luckett y Michael J. Casey, con su estructura holónica, se refiere para el manejo libre de las redes sociales, pero bien puede utilizarse para la configuración y estructuración de nuestra sociedad y nuestra economía; remarcando la necesidad de eliminar el mando central, como sucede con el relojero ciego de Dawkins que trabaja sin ver para construir un reloj.

La vida tiende a autoorganizarse partiendo de lo simple a lo complejo, siempre construyendo de lo que ya tiene y obteniendo retroalimentación del su entorno genético y social, así como de la presión evolutiva, del estrés y de la entropía, para tomar esa información en consideración para el diseño de nuevos organismo futuros.

Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en las bacterias, pues a pesar de que podemos verlas como entes aislados, burdos y sin inteligencia, son capaces de organizarse en comunidades, trabajar en sociedad, cooperar, negociar con otras comunidades bacterianas y escoger las mejores rutas de supervivencia para su conglomerado, de nuevo sin la necesidad de un mando central que las guie. Esto de acuerdo al artículo de Gabriel Popkin, titulado: “Bacteria Use Brainlike Bursts of Electricity to Communicate” y publicado en Scientific American, donde se habla de los biofilms (biopelículas) y las investigaciones de Gürol Süel de la Universidad de California en San Diego.

En palabras de Süel tenemos: “Lo que es interesante aquí es que estas bacterias simples y unicelulares parecen criaturas solitarias, pero cuando forman parte de una comunidad muestran comportamientos muy dinámicos y complejos normalmente atribuidos a organismos más sofisticados o incluso a redes sociales”.

Durante miles de millones de años la vida, en el planeta Tierra, se ha abierto paso sin requerir de un mando central, de un diseñador inteligente, sino por la simple interacción e iteración de las primeras células unicelulares que deambulaban solitarias, hasta que una engulló a otra para crear una endosimbiosis o como lo describe Nick Lane: “El secreto de la vida compleja radica en la naturaleza quimérica de la célula eucariota, un monstruo esperanzador nacido en una fusión improbable hace 2000 millones de años”.

Emanado de todo esto, ¿porqué aferrarnos a depositar nuestro progreso económico y político en una sola persona? ¿o en grupo de personas? Que como en la mayoría de los casos sucede, no cuentan con la capacidad intelectual, ni con la honestidad, ni con la ética para conducir a una nación. ¿porqué no voltear hacia la naturaleza y analizar la forma en que operan sus superoorganismos? ¿porqué no trabajar en la suma de los disparos neuronales creativos de cada ser humano y así construir una nueva sociedad? ¿porqué no confiar más en los geeks y en los nerds en lugar de depositar la confianza en los políticos?

El progreso de nosotros los seres humanos, en el futuro inmediato, estará sustentado en el poder de computación de una red neurológica global de cerebros humanos, apoyados por la inteligencia artificial, donde sepamos absorber, procesar y transmitir información como un uno y como un todo, escribiendo con el código genético y computacional, dándonos a la tarea de resolver problemas sociales con ciencia y tecnología y siempre con la prioridad de la igualdad, la fraternidad, la justicia no solo de todos nosotros los Sapiens, sino también lo apliquemos a todas las formas de vida en el planeta y en otros confines del Cosmos.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *