Los encuentros con Morfeo

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Existen muchos placeres recurrentes en el andar evolutivo de los seres humanos, desde la sensación en nuestras papilas gustativas con la ingesta de nuestro postre favorito, hasta el mareo laberíntico proveniente del deleite en la descarga de tensión sexual controlada por el sistema nervioso involuntario o autónomo o la conocida excitación mediante la incorporación a nuestro organismo de cierta droga.

De igual forma, pienso que contamos con placeres alcanzables e inalcanzables y sin entrar en la explicación de todos ellos, uno de los muy necesarios y accesibles para todo ser vivo es hacerle visitas nocturnas, y a veces diarias, a Morfeo; estoy hablando de la delicia de dormir y de las implicaciones positivas al “ponerle aparente pausa” a la cerebro.

Anteriormente se pensaba que el cerebro, al dormir, se encontraba en un estado de inactividad, pero se ha demostrado que en el proceso del sueño suceden diversas cosas en nuestro organismo y si nos privamos del mismo, por varios días, seguramente sufriremos de alucinaciones, confusión y sobre todo disminución de nuestra capacidad cognitiva, como lo comenta la química farmacobióloga Gertrudis Uruchurtu, en su escrito “Dormir: por qué y para qué”. En este último punto, la investigadora descrita, se refiere al caso de un ser humano, quien después de tres o cuatro días, presentó los padecimientos mencionados. Cabe mencionar, de acuerdo a la profesora Uruchurtu, que son 11 días lo máximo que un ser humano ha estado despierto.

Para el caso de los animales, Uruchurtu nos habla de los experimentos realizados por los psiquiatras Carol A. Everson y Bernard M. Bergman, de la Universidad de Chicago, quienes mantuvieron a ratas de laboratorio sin dormir, pero dándoles de comer de forma tradicional. Al paso de noches sin sueño, estos estudiosos reportaron que los roedores presentaron lesiones en cola y patas, además de un aumento en sus glóbulos blancos como si tuviesen una infección o herida infectada. Todo esto era el reflejo de un deterioro importante en la salud de esas ratas y al cabo de 21 días, todas ellas habían perecido. Para la química Gertrudis está claro que, a pesar de no conocer el proceso específico, el dormir contribuye positivamente hacia el reforzamiento del sistema inmune en los seres vivos.

Ofreciendo otros ejemplos en animales, dentro del mismo escrito de Uruchurtu, están los casos de las vacas que duermen periodos cortos, acumulando 4 horas al día; los murciélagos unas 20 horas al día; los caballos con cortas siestas para llegar a 3 horas en el día; las moscas de la fruta con algunos períodos de inactividad; así como los seres humanos requiriendo de entre 7 u 8 horas diarias. Otro caso interesante de sueño en los delfines y otros mamíferos marinos, es que para hacerlo alternan un hemisferio y otro, es decir duermen con un lado del cerebro mientras otro permanece despierto y viceversa.

Por otro lado, nuevas investigaciones de los psiquiatras de la Universidad de Wisconsin, Giulio Tononi y Chiara Cirelli, en su escrito “Perchance to Prune”, nos dicen que el sueño debe servir como función vital porque todos los animales recurren al mismo. Además la evidencia de ellos, les señala que el dormir debilita las conexiones entre las células nerviosas, de forma muy sorprendente, pues se sabe que estas conexiones se fortalecen cuando estamos despiertos, ya que contribuyen al aprendizaje y a la memoria. Para estos dos psiquiatras, el debilitamiento de las sinpasis en el sueño, puede evitar que las células cerebrales se sobresaturen de información, de lo captado diariamente, así como disminuir el consumo de energía.

La propuesta, según lo constatan los estudiosos Tononi y Cirelli, es que las neuronas deben debilitarse y fortalecerse para el buen funcionamiento de nuestro cerebro. En este tenor es claro que las sinapsis fortalecidas consumen más energía que las débiles y también se sabe que el aprendizaje ocurre principalmente con la potenciación de las conexiones sinápticas, pero estos autores argumentan que dudan en cuanto a que el fortalecimiento neuronal siga ocurriendo durante el sueño; esto bajo el precepto de que el cerebro no cuenta con energía infinita, aunado a que la construcción y reforzamiento de las sinapsis es una conocida fuente de estrés celular.

Por tanto, Tononi y Cirelli, centran su argumento en la hipótesis de homeostasis sináptica, la cual explica que el principal objetivo del sueño, para todos los organismos, es restaurar al cerebro a un estado en donde puede aprender y adaptarse para cuando este de nueva cuenta despierto. Explicando que durante un día normal, cada uno de nosotros se encuentra absorbiendo información, misma que va dejando una huella neural en el cerebro; de ahí que la tarea de dormir es distinguir entre el “ruido” o datos irrelevantes y las “señales” importantes o acontecimientos significantes.

Es decir, tratamos de guardar o potenciar los bits y bytes relevantes, dentro de la memoria, mientras desechamos la “paja” sin valor informático sobresaliente. Además de ir almacenando y catalogando el conocimiento valioso junto con otros viejos recuerdos similares o relacionados, pues así podemos acceder a ellos cuando estemos trabajando en la solución de cierto problema u obstáculo en el camino evolutivo.

Cierro esta colaboración con lo descrito textualmente por Tononi y Cirelli: “La profunda desconexión en el sueño, libera a nuestro cerebro de la tiranía del presente, creando una circunstancia ideal para la integración y consolidación de memorias”.

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