Los buenos se van…¿los malos nos quedamos?

Rodrigo Soto Moreno

Yo tenía alrededor de 6 años y hoy a mis 42, aún resuenan las palabras de mi bisabuela Ena, cuando en alguna ocasión me comentó que parecía que las personas buenas se iban primero y las malas se quedaban. Lo anterior en alusión a la pérdida de familiares y seres queridos, específicamente cuando perdió a sus hijas y a mi bisabuelo.

Sirva esta remembranza para recordar la pérdida de un gran divulgador científico e investigador, me refiero a Stephen Hawking, quien con sus diversas ideas, nos hizo acercarnos todavía más a la comprensión de este universo y del porqué estamos aquí.

Entre muchas de sus ideas brillantes, una de las más recientes fue precisamente la de explicar que antes del Big Bang no había nada y dentro del programa StarTalk Radio, quién ante la pregunta de Neil de Grasse Tyson: “¿qué había antes del Big Bang”, la respuesta del profesor Stephen Hawking fue: “de acuerdo a la Teoría General de la Relatividad de Albert Einstein, el espacio y el tiempo juntos formaban un continuo espacio-tiempo, que no era plano sino curvo por la materia y la energía contenida ahí”.

Parafraseando la explicación de Hawking, habla de una superficie cerrada sin fin, como la superficie de nuestro planeta, y entonces preguntar ¿qué había antes del Big Bang?, sería cómo preguntar ¿qué hay más allá del sur del polo sur de la Tierra? La respuesta es que no hay nada más allá del sur del polo sur, entonces no había nada antes del Big Bang.

Claro, ante esto, podemos recordar lo que hemos dicho en otras colaboraciones, tomando las investigaciones de Lawrence Krauss, cuando la nada resulta ser un brebaje de partículas de partículas que aparecen y desaparecen, y que si esperamos el tiempo suficiente surgirá un universo, así como las iteraciones e interacciones relacionadas a las múltiples posibilidades y por ende no solo la posibilidad del surgimiento de vida y posteriormente la posibilidad de vida inteligente, sino también la posibilidad de encontrar universos paralelos.

Es decir, desde la perspectiva de la mecánica cuántica, existen las múltiples posibilidades y todo puede suceder o como lo he dicho en otras ocasiones, busquemos las 1001 opciones, para que exista una elección válida, refiriéndonos aquí a la aniquilación de partículas y antipartículas en números pares y a la existencia de cada uno de nosotros ligada a números impares de partículas sobre antipartículas, sinónimo de creación.

Y de nueva cuenta con los postulados de la mecánica cuántica, es posible que en algún otro universo paralelo, el maestro Stephen Hawking no murió o tal vez pudo subir sus disparos neuronales, esto gracias a un mapeo cerebral, y le permitió no solo guardar su cerebro, sino el poder descargarlo a un nuevo cuerpo o receptáculo, para seguir sorprendiéndonos y fascinándonos con sus ideas.

Continuando con estas ideas, siempre resulta extremadamente interesante realizar una retrospectiva y viajar hacia atrás, de forma virtual, en el tiempo, con el fin de analizar no solo la cantidad de ancestros que son responsables de nuestra carga genética y memética y por ende de nuestra existencia. Sino también comprender que todos provenimos de endosimbiosis celular y de las múltiples divisiones celulares para brincar de organismos simples a complejos.

Sigamos así e imaginemos también entonces la cantidad de seres humanos que existen en el planeta, alrededor de unos 7,600 millones y ¿cuántos de esos cuentan con el genio y brillantez intelectual de Hawking? Seguro una cantidad ínfima. De ahí que se nos venga a la mente, la canción de Mecano de Eugenio Salvador Dalí, y parafraseando la misma cuando se nos dice que sería mejor que el maestro Dalí no muriera y reencarnara en el mismo, pues andamos justos de genios.

Desde el punto de vista genético y atómico, todos provenimos del mismo lugar, todos tuvimos el mismo inicio, todos somos iguales y no debe existir la discriminación, pero dentro de nuestros disparos neuronales ligados a la presión social, todos somos diferentes y algunas veces convergemos en ciertas ideas, por lo que formamos grupos y de ahí que algunos resintamos la pérdida de Hawking, por la inmensidad de viajes imaginarios, al estimular nuestras neuronas, versus otros seres humanos quienes resienten más la pérdida de un músico, de un artista, un político, un empresario, un deportista, etcétera.

Por lo tanto, hablar sobre la evolución humana es referirnos también a aquella ligada a las iteraciones e interacciones entre los individuos, pues desde una perspectiva social, en donde muchas veces, desde la niñez, se nos inculcan creencias religiosas, ideologías políticas y hasta equipo de fútbol, como diría Arjona. Sin embargo, en la selección de nuestro círculo cercano de amigos, de nuestra lectura diaria, de nuestra capacidad para discernir la información valiosa y nutritiva versus la que es basura o chatarra; vamos encontrando nuestro camino amarillo, para ver lo que hay debajo del telón en el escenario del Mago de Oz.

Dentro de esa sociabilidad humana, un nuevo estudio, de Carolyn Parkinson, Adam M. Kleinbaum, Thalia Wheatley, titulado: “Similar neural responses predict friendship”, se nos explica en Agencia SINC, que los seres humanos establecemos relaciones de amistad no solamente con individuos que presentan características o rasgos físicos similares a los propios, sino que también establecemos esos lazos amistosos hacia personas que interpretan el mundo de forma similar a la nuestra o simplemente entablamos amistad con aquellos que piensan como nosotros.

Es así que los seres humanos vamos iterando e interactuando con nuestros símiles y disímiles, influidos siempre por el ambiente social en donde nos desempeños, tanto el familiar, el de los amigos, el de la pareja y el profesional, y así ir tejiendo nuestras redes sociales con personas afines al perfil de cada uno de nosotros.

Sin embargo, cabe señalar, que la pérdida de divulgadores científicos y “estrellas de rock” de la ciencia, como resulta el caso de Stephen Hawking, debilita aquellas redes sociales en donde algunos de nosotros tejíamos alimentamos y compartimos nuestras ideas creativas relacionadas a la ciencia y a la tecnología; mecanismos ligados directamente al progreso evolutivo de nosotros como especie.

Es decir me refiero a que ante la inmensa cantidad de noticias falsas, que comparten los propios seres humanos y no los “bots” como se creía, de acuerdo al artículo titulado: “En Twitter la información falsa corre más deprisa que la verdad” y publicado en Agencia SINC; la falta de líderes científicos que apasionen a las masas, se vuelve una prioridad y más aún en estos tiempos donde requerimos de las investigaciones científicas y tecnológicas para salvar nuestro planeta, colonizar otros, explorar el universo, esparcir nuestra semilla por el Cosmos y así salvarnos a nosotros mismos como Sapiens.

Todo esto sin olvidar que somos seres con muy poco tiempo de existencia, comparados con la edad del universo y también recordando, como lo dijo Stephen Hawking, que aún contamos con aquellos genes de agresividad y egoísmo que fueron muy útiles, en el pasado, para nuestra supervivencia; pero que ahora parecieran estorbarnos para cooperar, ser altruistas y trabajar en equipo, en miras de un objetivo mayor, como hemos dicho, el de cuidar el planeta Tierra, que como dijo Carl Sagan, es el único hogar que tenemos por el momento; aunado a la recomendación de Hawking, en la imperiosa necesidad de explorar otros mundos, no solo de nuestro sistema solar, sino fuera del mismo, para esparcir nuestra código genético de seres humanos, de Sapiens.

Marcel Proust, como nos lo recordó recientemente Academia Play, nos dijo: “El tiempo que tenemos a nuestra disposición todos los días es elástico; las pasiones que sentimos lo expanden y las que inspiramos lo contraen; y el hábito llena lo que queda”. La cuestión es saber balancear las pasiones que sentimos, las que inspiramos y evitar caer demasiado tiempo en la rutina o el hábito, así como balancear el tiempo que dedicamos al aspecto lúdico, tan necesario para salir de la rutina, y aquel tiempo que dedicamos a trascender como individuos y como especie.

Para ir cerrando esta colaboración y como también hemos remarcado en otras, son “raras avis” las que pueden mover el mundo con una idea, como alguna vez dijo Arquímedes: “Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”; sin embargo, a pesar de que exista esa idea, se requiere la adopción de esa idea por parte de la sociedad, de todos nosotros, para hacerla no solo realidad sino vibrar en su aplicación. Derivado de esto, no por nada Stephen Hawking dijo: “cada generación recae sobre los hombros de aquellos que los han precedido, tal como lo hice cuando era un joven estudiante de doctorado en Cambridge, inspirado en el trabajo de Isaac Newton, James Clerk Maxwell y Albert Einstein”; esto en alusión a la frase de Bernard of Chartres e Isaac Newton, cuando se refirieron a “estar parados sobre los hombros de gigantes”.

Por ello la imperiosa necesidad de trabajar en la creación, como lo ha descrito Nick Bostrom, dentro de su libro “Superintelligence”, de una superinteligencia colectiva, referida por el propio Bostrom como: “un sistema compuesto por un gran número de intelectuales más pequeños de modo que el rendimiento general de los sistemas en muchos dominios muy generales supere con creces el de cualquier sistema cognitivo actual”. De ahí la importancia de tener mentes como la de Hawking, que inicie la semilla de ideas de ese sistema y todos nosotros fortaleciendo y construyendo sobre la misma, de igual forma que una célula se divide hasta formar un superorganismo, aquí la interacción a iteración de diversos intelectos formarían esta inteligencia colectiva.

A pesar de que, como decía mi bisabuela, parece que los buenos se van primero y los malos se quedan; en verdad existimos muchos buenos o que aspiramos a ser buenos, aunque en verdad existan muchos malos, como sucede con diversos líderes privados y públicos, hablando del caso de muchos en la clase política; y que quede claro que me refiero a los buenos, no solo aquellos que hacen el bien, sino aquellos que generan ideas revolucionarias y creativas, que leen, que escriben, que emprenden un negocio, que se levantan a trabajar, que recogen la basura aunque no sea la de ellos, que le cierran a la llave del agua para que no se desperdicie, que no aceptan sobornos, que no dan “mordidas”, que ayudan al necesitado, que apoyan a sus amigos, familiares, colaboradores, compañeros, vecinos, en miras de construir una mejor sociedad, que dan los buenos días, buenas tardes, buenas noches, que dan gracias y piden las cosas por favor, entre muchas otras cosas, versus aquellos que solo buscan el poder desmedido, el dinero, la fama a toda costa, que se llenan de frivolidades, que prefieren llenar su ropero en lugar de su librero, que tristemente valoran más el tener que el saber…pero aún así, somos más los buenos, aunque algunos se nos hayan adelantado.

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