La vida surge

TheDigitalArtist

Rodrigo Soto Moreno

He imaginado que si pudiésemos observar la finísima tela en donde trabaja la arquitectura y la ingeniería de las partículas elementales, que fueron tejiendo el código y los algoritmos de interacción e iteración de los átomos, de las moléculas, tal vez podríamos comprender cómo de la nada surge el todo, y como la nada, de acuerdo a Lawrence Krauss, algo que está vacío, sin partículas, ni fuerzas elementales, resulta no ser así y en palabras de Krauss, tenemos: “Bueno, ese tipo de nada resultan estar lleno de cosas de una manera o al menos mucho más complicadas de lo que hubieras imaginado, porque debido a las leyes de la mecánica cuántica y la relatividad, ahora sabemos que el espacio vacío es un brebaje hirviente de partículas virtuales que aparecen y desaparecen en todo momento”.

Además, dentro de las ideas de Lawrence Krauss, específicamente en el video de Big Think, titulado: “The flavors of nothing”, tenemos que de acuerdo a lo que nos dice la mecánica cuántica, esa nada a la que se hizo referencia, si esperamos lo suficiente, existe la garantía de que no solo se produzca algo, sino universos. A lo que podríamos agregar, si esperamos, también lo suficiente, después de miles de millones de interacciones e iteraciones de partículas y moléculas, tendríamos vida y posteriormente vida inteligente, regida por el dominio de lo que hemos denominado como madre naturaleza. Partiendo del criterio, en donde ser madre es sinónimo de vida.

Ahí donde la madre naturaleza domina, no se conoce el concepto de desperdicio, pues todo se recicla y se construye con lo anterior, convirtiéndose entonces lo desecho en materia prima y viceversa. En otras palabras, la naturaleza es especialista en no desaprovechar nada, utilizando un código para ello, me refiero al de maximizar el resultado con los pocos insumos que tiene, reutilizar los aparentes desechos y construir a partir de lo establecido, evitando iniciar desde cero cuando así se puede. Resulta clara la eficiencia en el uso de energía versus el producto esperado.

Para lograr lo anterior, la madre naturaleza utiliza en gran parte el código de los fractales, especialmente en el caso de las plantas, en donde después de diversas mutaciones (errar, iterar, aprender) logra encontrar un modelo eficiente de simbiosis para replicarlo constantemente y sacarle el mayor provecho, para después someterlo a la prueba de la presión evolutiva y que continúe mutando para reinventarse de nuevo.

Esto se repite en el reino animal, en donde parafraseando a Nick Lane, hace aproximadamente 2 mil millones de años, una célula se metió dentro de otra, como sucede en la endosimbiosis, modificando la estructura y arquitectura celular, además de soltar una carga eléctrica que hace que las cosas puedan ser grandes y complejas. Aunado a que todos los organismos vivos, plantas, animales, bacterias, no solo ocupan, sino que cubren un nicho en el esquema de la madre naturaleza y por ende cumplen con una función vital en la simbiosis y equilibrio de la vida y de este planeta.

Siempre hemos ido de lo simple a lo complejo, de ser organismos unicelulares a convertirnos en multicelulares, para posteriormente transformarnos en superorganismos, siempre absorbiendo, procesando y transmitiendo información, luchando contra la entropía, el decaimiento celular, la muerte celular programada, la selección natural, la presión evolutiva, la ausencia de calor, la expansión infinita del universo, esperanzados en que nuestra inteligencia nos ayude a escapar de este planeta, para terraformar otro, convirtiéndonos en una especie cósmica, en donde algún momento también tengamos que eludir la colisión de las galaxias Andrómeda y nuestra Vía Láctea.

En este tenor, las palabras del gran divulgador científico, Carl Sagan, resuenan con mayor fuerza, cuando recordamos que nos dijo: “el nitrógeno de nuestro ADN, el calcio de nuestros dientes, el hierro de nuestra sangre, el carbono de nuestras tartas de manzana se hicieron en el interior de estrellas en proceso de colapso. Estamos hechos, pues, de sustancia estelar”.

Somos entonces especies resilientes, algunos más que otros; esto como nos lo dice la revista Science, en el artículo: “From stealing genes to regrowing limbs, how life finds a way to survive and thrive”, donde se señala que todavía tenemos mucho que aprender de la naturaleza y de las estrategias resilientes que utilizan plantas, bacterias y animales, cuando se encuentran en ambientes o situaciones donde existe escasez de recursos, depredadores o todo aquello que impone la presión evolutiva, recordando las palabras de Nietzsche: “lo que no me mata, me hace más fuerte”.

El artículo de Science nos ofrece diversos ejemplos resilientes, iniciando con el Ajolote mexicano (axolotl), quien es capaz de reemplazar una extremidad faltante, su cola, así como volver a crecer la médula espinal, la columna vertebral y los músculos. Nada mal para incorporar esos superpoderes en nuestro código genético; y para ello, un grupo de investigadores ha encontrado que diversos tejidos trabajan en conjunto para detectar la pérdida de miembros y coordinar el rebrote o el reemplazo con un nuevo.

Otro ejemplo de organismos que pueden regenerar partes de su cuerpo, expuesto por Science en el mismo artículo que mencionamos arriba, es el del gusano plano o platelminto, quienes son capaces de rejuvenecer el cerebro, la piel, el intestino y todos los demás órganos funcionales. Todo esto ofrece opciones muy interesantes y promisorias para la ciencia médica, especialmente lo que nos dice Elizabeth Pennisi, al señalar que la esperanza es que algún día podamos realizar ese tipo de reparaciones en nosotros los seres humanos.

Continuando con los ejemplos, ofrecidos por Science, dentro de su artículo: “From stealing genes to regrowing limbs, how life finds a way to survive and thrive”, ahora tenemos al de la bacteria Klebsiella pneumoniae, explicada por Mitch Leslie, cuando señala que recibe una fuerte dosis de antibióticos para eliminarla, pues se encuentra invadiendo el organismo y causando una infección en los pulmones; lo que hace la K. Penumoniae es adaptarse a ese nuevo medio ambiente al atrapar genes de otros lugares, algunos de baterías y moléculas de ADN, con el fin de obtener rasgos valiosos para prosperar y mantener la resistencia hacia el antibiótico.

Siguiendo con otro ejemplo, del mismo artículo de Science, también de Elizabeth Pennisi, se nos presenta el caso de las plantas, que como lo hemos dicho en otras colaboraciones, las mismas no pueden cambiar de residencia y por ello, deben recurrir a elaboradas estrategias para combatir la presión evolutiva y de ahí su gran resiliencia; pero para un ejemplo en concreto, hablaremos de lo que nos dice Pennisi, en relación a la planta del tabaco silvestre, que cuando se ve amenazada por los insectos y detecta los aminoácidos en la saliva de la oruga, se alarma e inicia la producción de nicotina, que funciona como veneno para la oruga, sin embargo ésta también ha desarrollado defensas contra la nicotina al pasar la misma por el intestino y no absorberla, pero la planta del tabaco contraataca al producir compuestos que inhiben la digestión de la oruga, la hacen lenta y también emite abrasivos que desgastan su boca; aunado a esto la planta de tabaco emite compuestos químicos que atraen a otros insectos predadores para que ataquen y terminen con la oruga. Por último este tipo de plantas asediadas o atacadas, posponen la floración y su crecimiento hasta que las orugas se van; todo esto, parafraseando a Pennisi, orquestado de forma inteligente y como un superorganismo.

Surgimos de una aparente hoja en blanco, de la ausencia de algo, pero parafraseando a Lawrence Krauss, esa nada se encuentra repleta de partículas virtuales invisibles al ojo ser humano, que están en constante aparición y desaparición, y si esperamos lo suficiente, tendremos el surgimiento de la física con la mecánica cuántica, para posteriormente dar paso a la química, y con la interacción e iteración entre la física y la química, surgirá la biología con sus organismos unicelulares, luego los multicelulares, los superorganismos y aquellos con capacidad de manifestar inteligencia, como se supone que somos nosotros, aunque a veces lo dudo con ciertos líderes públicos y privados que parecen analfabetas funcionales y pseudo sapiens.

La vida siempre se abre paso, absorbe la información que percibe del medio ambiente, la procesa y luego transmite la misma, en una delicada sinfonía que parece desapercibida a simple vista; y de vez en cuando produce “sentient beings”, seres inteligentes con capacidad de realizar autorreferencia, de comprender el “pienso, luego existo” de Descartes, de concebir que nos encontramos atrapados en este cuerpo, y que somos el conjunto de una multitud de bacterias, células, moléculas y partículas que habitan nuestro cuerpo.

Esa inteligencia de nosotros los Sapiens, muchas veces vista como muy superior a la de cualquier otro ser, se ve oscurecida, opacada y cuestionada cuando nos damos cuenta del daño que le estamos haciendo al medio ambiente y cuando no nos damos cuenta que, parafraseando a In a Nutshell, somos aproximadamente unos 7,600 simios (homínidos / hominini) con celulares, atrapados en una roca con pinceladas de azul, verde, gris, café y blanco, dando vueltas elípticas alrededor de un Sol, dentro de la zona de ricitos de oro, luchando, imaginando cómo salir de aquí y visitar otros mundos.

Tenemos la inteligencia y la capacidad tecnológica para modificar el medio ambiente, para sanar el planeta, para cooperar en simbiosis con la naturaleza y con todos los seres vivos, nosotros solos tenemos la opción de avanzar hacia el siguiente paso evolutivo o seguir perdiendo el tiempo con frivolidades, como resulta ser el tiempo que le dedicamos a la política, pero recordemos que si no somos nosotros, la vida siempre surge y se abre paso a pesar de la presión evolutiva.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *