La mente sigue activa durante el sueño

 

portadacienciasuenoconocimiento

Número 21 – Fecha: 9 al 22 de Diciembre 2005. Páginas 24 y 25.

A veces para bien y a veces para mal

Lo más común al hablar de sueño es pensar que es un proceso natural del cuerpo humano para descansar de toda actividad realizada durante el día. Sin embargo, nuevos estudios de electroencefalografía de la doctora Christine Gorman sugieren que el que requiere un descanso no es el cuerpo en su totalidad, sino más específicamente el cerebro, que es el que mejor se alimenta de este proceso nocturno.

Nuestro cuerpo se enfrenta a diversas acciones físicas y mentales, desde que nos levantamos, hasta que nos volvemos a acostar. Pero, ¿qué sucede ahí? ¿Qué pasa cuando dormimos? En general los músculos necesitan solamente de la relajación, pero el cerebro sí aprovecha el sueño para reorganizar procesos y mantener ciertas conexiones neurales.

En este sentido, cuando estamos dormidos, nuestras neuronas siguen trabajando a un ritmo de flujo sanguíneo de un 80 por ciento; es decir, un 20% menor a cuando nos encontramos despiertos. Es así, por sorprendente que parezca, que podemos dormirnos con una ecuación matemática que no hemos resuelto, y cuando despertamos en la mañana con la respuesta, situación que mi hermano ha corroborado cuando se ha dormido estresado, sin poder resolver una ecuación de circuitos electrónicos, y despierta con la solución, apresurándose a tomar una hoja de papel para plasmar el resultado.

Consolidación de la memoria

Para el doctor Robert Stickgold, lo que sucede puede llamarse la consolidación de la memoria, en una actividad dependiente del sueño. En su artículo publicado en la revista Nature, de octubre de 2005 (“Sleep – dependent memory consolidation), el doctor Stickgold comenta cómo después de aplicar diversas pruebas visuales, de locomoción, de adaptación, de lógica matemática y otros procesos cognitivos complejos (como es el caso de la solución de algoritmos), en un grupo de pacientes en donde se les presentaba un problema o tarea a resolver, primero despiertos y después de tener períodos de 24, 48 y 72 horas de sueño, obtuvo como resultado incrementos significativos de entre un 20 y 40 por ciento de mayor certeza en las respuestas de los sujetos de estudio, después de consolidar el sueño.

Lo anterior no es porque las personas hayan aprendido el problema o tarea en específico, sino porque el sueño se empieza a relacionar con la plasticidad cerebral. Es decir, la adaptabilidad que tiene el cerebro y la consolidación de la memoria es un proceso que el sueño activa, como comenta Stickgold, para clarificar reglas complejas con el ambiente del individuo y la asociación de las redes del cerebro en las funciones de conocimiento y aprendizaje.

A pesar de que existen muchas preguntas sobre el proceso del sueño, y la investigación requiere ser amplificada, puedo comentar que cuando dormimos, el cerebro comienza a hacer un escaneo de los grupos neuronales que trabajaron durante el día y la forma en que diversas neuronas “dispararon” en conjunto.

Como he comentado en otras ocasiones, el sueño realiza una “defragmentación de disco” (término computacional para reordenar las partes de un archivo en sectores contiguos de un disco duro para aumentar la velocidad de acceso y obtención de datos). Es así que en la acción de dormir, el trabajo cerebral será organizar los “disparos de neuronas” y su relación con información anterior, para que cuando despertemos y queramos esa información, el cerebro sepa dónde encontrarla y presente otros datos similares que nos pueden servir a la hora de resolver alguna encomienda.

Consultarlo con la Almohada

Si estamos resolviendo un problema de “área bajo la curva”, nuestra red de neuronas va a mostrarnos, dentro de la mente, ecuaciones de derivadas e integrales para auxiliarnos en nuestro problema. Tal vez no esté tan errado el dicho: “déjame consultarlo con la almohada”.

Pero, ¿será que este proceso funciona igual para todas las especies? ¿El ser humano duerme más y por eso somos “más inteligentes”? En el caso de los mamíferos, las funciones del sueño varían entre las especies. El doctor Jerome M. Siegel explica que en sus estudios (“Clues to the functions of mammalian sleep”, Nature, 2005) donde ha analizado a carnívoros, herbívoros y omnívoros, cómo en promedio los animales que se encuentran arriba de la cadena alimenticia son los que pueden darse el lujo de dormir más horas. Por ejemplo, un tigre puede estar durmiendo un promedio de 15 horas diarias, en comparación con una oveja que duerme menos de 5 horas. En el caso de los omnívoros, su promedio de horas de sueño está a la mitad de los datos anteriormente mostrados.

La tesis del doctor Siegel se sustenta en dos premisas. La primera es que los herbívoros, en promedio, temen por su vida ante la presencia de sus depredadores, y es así como no pueden darse el lujo de experimentar largos períodos de sueño. La segunda es que estos animales que no comen carne, requieren estar un mayor tiempo despiertos para poder comer, en proporción, la cantidad de alimento necesario para suplir esa falta de nutrientes que rápidamente obtiene un carnívoro o un omnívoro en su dieta alimenticia de carne.

Mejores y más largos períodos de sueño

Tomando los resultados de investigaciones del profesor Jerome M. Siegel, que relacionan directamente al sueño con la neurogénesis (proceso de reparación neuronal), mi tesis sería que el ser humano aprovechó su ventaja de ser omnívoro y la facilidad de obtener nutrientes, así como sus manos prensiles para poder conciliar mejores y más largos períodos de sueño, tanto en una caverna resguardado con fuego o arriba de un árbol (esto último se dice que nos hace tener sueños de caídas porque guardamos de cierta manera información genética con nuestros antepasados que habitaron en los árboles).

Sumado todo esto con nuestra capacidad intelectual alimentada por los millones de neuronas, en una red de comunicación, dio como resultado a que constantemente fuéramos construyendo una biblioteca de información y mejor procesamiento cognitivo para comprender la naturaleza que nos rodea.

En suma, nos hicimos inteligentes y fue gracias al poder aprender y desaprender, regulado por la composición de nuestra conciencia al estar despiertos y el inconsciente al estar dormidos. Fuimos la especie que rápidamente asimiló, y sigue asimilando, el continuo flujo de bits de información que recibimos en nuestra actividad diurna y reorganizamos cuando dormimos con el sueño. Claro, también debemos recordar que cuando trabajamos con información nueva, vamos a requerir de un mayor tiempo de descanso para asimilarla mejor y que nuestra mente pueda catalogarla, para su futura referencia. No se trata de que el individuo que duerme más tenga mayor inteligencia, sino el dormir las horas adecuadas (ocho en promedio) ayuda a organizar, reorganizar y asimilar las ideas.

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