Hacia un mundo Feliz

 

Número 9 – Fecha: 24 de Junio al 7 de Julio 2005. Página 12 y 13.

Trasplante de genes contra males hasta ahora incurables

Huxley nos ayudó a imaginarnos un mundo utópico, dominado por la producción comercial en serie, así como individuos gestados de manera artificial, en quienes se controla el nivel de oxígeno que reciben, para determinar el grado de inteligencia de éstos y su posición social y económica, caracterizada por las cinco clases: “Alfas y Betas”, clases altas, y “Gamas, Betas y Epsilones”, clases bajas.

De esta forma, la depresión, uno de los grandes males que aquejan a nuestra sociedad actual, es controlada con el “soma” (especie de droga), y el mundo denominado “feliz” cuenta con una humanidad sana y tecnológicamente avanzada, que ha eliminado la pobreza y guerra para así ser felices.

Al final de la trama, nos encontramos con que no existe tal felicidad y que la ciencia controla los pensamientos y acciones de las personas, al igual que existe un alto grado de rigidez en el flujo de la información al estilo conocido y original de Big Brother, del libro de Wells, titulado 1984, reprimiendo la inteligencia creativa, el desarrollo de ideas intelectuales y la expresión emocional.

Amplios criterios éticos

Aldous Huxley escribió esta novela -20 años antes de que los investigadores Watson y Crick descubrieran la estructura del ADN-, como una fuerte crítica al surgimiento del socialismo y comunismo, sin olvidar el frívolo capitalismo consumista y la ciencia genética. Derivado del planteamiento social anterior, los científicos han establecido amplios criterios éticos en la utilización de la genética, para no llegar a que el Proyecto Genoma Humano pueda convertirse en un mundo feliz.

Pero no todo es para alarmarse; la terapia génica es, sin lugar a dudas, una balsa de salvación en el vasto océano de enfermedades incurables que agobian a la raza humana, como el alzheimer, la esclerosis lateral amiotrófica, la diabetes, etc.

Recordando un poco de la historia, partimos del estudio de los genes por el monje astrohúngaro, Gregor Mendel, quien comprendió la forma en que se transmiten los caracteres en diversos tipos de semillas y su manipulación para observar los linajes obtenidos. De esta manera, diversos términos y conceptos de la genética moderna están sustentados en los trabajos de Mendel.

Trasplante de órganos y tejidos

Esta manipulación genética, al igual que la clonación terapéutica, va a permitir a muchos pacientes recuperar su calidad de vida; ya que se desarrollarán tejidos y órganos que serán después trasplantados a la persona en cuestión. Para lograr esto, el secreto está no sólo en haber completado el genoma humano, sino en comprender el origen de ciertas enfermedades complejas en nuestro organismo y los genes asociados con éstas.

Es una tarea difícil, pues el ser humano, formado por 23 pares de cromosomas, es un organismo multicelular estructurado por diversos órganos interconectados que se comunican constantemente por medio de un órgano en jefe; es decir, el cerebro, que tiene alrededor de 1016 conexiones por segundo en el mando de instrucciones.

Por poner un ejemplo se requerirían un millón de computadoras Pentium para igualar esta tasa de comunicación. Y ése es uno de los principales órganos a comprender en su expresión genética, si es que algún día se quiere trasplantar neuronas o regenerarlas.

Pero, volviendo a la comprensión de los genes y el evitar las enfermedades, tenemos lo expuesto por el doctor Hugo Barrera, quien nos ejemplifica el caso de mujeres con herencia de enfermedades por defectos de la mitocondria de la célula, organelo fuera del núcleo, que también posee algunos genes; la única posibilidad de procrear hijos sanos sería trasplantar sus núcleos a cigotos enucleados de donadoras sin defectos mitocondriales.

Trasplantes genéticos

En vista de lo anterior, se requiere, como lo propone la doctora Andreasen, galardonada con la National Medal of Science, buscar los genes de las enfermedades y determinar la genética de los padecimientos complejos; pues se ha logrado descubrir que muchas dolencias no se asocian únicamente con un gen, sino con varios de éstos. Esto garantizará el éxito en los trasplantes genéticos, como se publicó el pasado mayo de este año en The New England Journal of Medicine, en el sentido de que los médicos han utilizado trasplantes de células madre, obtenidas de cordones umbilicales, para tratar a recién nacidos que sufren de desórdenes genéticos del cerebro, evitando así consecuencias fatales. Al igual, científicos coreanos están trabajando con células de embriones, para obtener tejidos y órganos para ser trasplantados en pacientes que sufren de diabetes juvenil, mal de parkinson o también corregir problemas de funcionamiento nervioso en la médula espinal. El método utilizado es la tecnología de transferencia nuclear, misma que los investigadores argumentan, no resulta en un embrión como tal.

Trasplantes nunca antes imaginados

En síntesis, podemos decir que el trabajo en los genes, va a permitir a los médicos realizar trasplantes nunca antes imaginados. Auxiliados por la nanotecnología, el trabajo va a ser realizado a escalas nanoscópicas, y la reparación o reconstrucción de tejidos y órganos para su trasplante ofrecerá solución para erradicar este tipo de enfermedades complejas que involucran a diversos genes.

El mundo feliz consiste entonces en ayudar a crear un marco ético de comportamiento en este tipo de terapias, para no detenerlo, pues es el agua a la mitad del desierto para los seres humanos que sufren por carecer de un control de su cuerpo, y por diversos males hereditarios que les complica, aparte de su propia vida, la de su descendencia.

En este tenor, recordemos a Hipócrates: “En cuanto a las enfermedades, debemos conservar un hábito de dos cosas: ayudar, o por lo menos, no hacer daño”.

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