Hamilton Naki

 

Número 9 – Fecha: 24 de Junio al 7 de Julio 2005. Página 37.

Un empírico que enseña a Christiaan Barnard a trasplantar

Obtenido de la revista The Economist

La historia de Hamilton Naki, este desconocido, pero célebre personaje de la medicina, inició cuando el personal del hospital Groote Schuur, de Sudáfrica, le comentó: “Mira, vamos a dejarte realizar esta operación, pero tienes que entender que tú eres negro y esa sangre es de una persona blanca”. Estas palabras se debieron a que el conocido cirujano en trasplantes, Christiaan Barnard, había solicitado  que Hamilton Naki formara parte de su equipo en una cirugía de trasplante de corazón.

El 3 de diciembre de 1967, le habían llevado a Hamilton Naki el cuerpo de una mujer para su disección. Cuando se dirigía a comprar un pastel en una calle de la ciudad del Cabo, Sudáfrica, la mujer había sido embestida por un carro, y sus heridas fueron tan graves, que en el hospital se le había declarado muerte cerebral, aunque su corazón, que no había sufrido daño alguno, seguía funcionando con toda fuerza.

Se suponía que el señor Naki no debía tocar el cuerpo de la mujer, Denise Darvall, de raza blanca, pues él era negro. Las reglas del hospital, así como las leyes del apartheid en el país, le prohibían entrar en un quirófano de blancos, cortar carne blanca o manipular su sangre. Sin embargo, las autoridades del hospital Groote Schuur habían hecho una excepción secreta, en virtud de que este hombre de color, con sus hábiles manos y su mente brillante, era simple y sencillamente una maravilla en el delicado trabajo de trasplante de órganos.

Que nadie lo sepa

El jefe de trasplantes, el joven, bien parecido y temperamentalmente famoso Christiaan Barnard, lo había solicitado en su equipo. Las autoridades del hospital aceptaron pero le hicieron la advertencia ya señalada, e insistieron en que nadie debería saber lo que estaba haciendo.

Y de hecho, nadie supo en ese entonces. Ese día de diciembre, en medio de una intensa publicidad, Barnard preparaba a Louis Washkansky, el primer recipiendario de un trasplante de corazón humano. A una distancia de 15 metros, tras un panel de cristal, las hábiles manos de Naki retiraron el corazón del cuerpo blanco, y durante dos horas estuvo limpiándolo de cualquier trazo de sangre, reemplazándola con la de Washkansky.

El corazón, al que se hizo volver a funcionar con electrodos, pasó al otro lado del escenario, y el doctor Barnard se convirtió, de la noche a la mañana, en el médico más famoso del mundo.

Pero, ¿cómo había llegado Naki al hospital? En ese tiempo, una persona tan inteligente como él, y aunque estuviera inmaculadamente vestida, con camisa limpia, corbata y sombrero, se veía obligada a trabajar de jardinero, sin ninguna otra expectativa. Empero, en 1954, el jefe de laboratorio de investigación animal en la Escuela de Medicina, Robert Goetz, le pidió ayuda, lo que Naki hizo de manera admirable.

Así pues, se le contrató primero para limpiar las jaulas, después para aplicar anestesia a los animales y finalmente para operarlos. Había ahí una febril actividad en el trasplante de órganos de animales, a fin de entrenar a los doctores para, posiblemente, hacer posteriores operaciones similares en humanos.

Robaba con mis ojos

Naki nunca aprendió formalmente la técnica, pero, como él decía, “robaba con mis ojos”, y se convirtió en un experto en el trasplante de hígado y, posteriormente, de corazón.

Sin embargo, nunca se supo nada de él, y no fue hasta 2001, poco antes de morir, cuando Barnard admitió que Naki era, muy probablemente, técnicamente mejor que él, y, ciertamente, más diestro en las puntadas posoperatorias.

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