Existen seres humanos que solo tienen belleza

Rodrigo Soto Moreno

Es muy conocido que tanto griegos como romanos tenían un culto al cuerpo humano y para muestra solo tenemos que observar las esculturas de ambos, en donde intentaron plasmar su admiración y aspiración a la belleza subjetiva tanto en mármol como en bronce. Sumado a esto, creo que no los podemos culpar pues considero que la gran mayoría quisiéramos tener un cuerpo, rostro y fisonomía en general, atlético y por ende sinónimos de atractivo según los estándares sexuales y sociales.

Sin embargo, cabe recordar que para los griegos y romanos estaba claro que el cuerpo debe tener un complemento con la mente, en los disparos neuronales creativos, y de ahí la frase del poeta romano Juvenal cuando nos dice en latín: “Mens sana in corpore sano”, comúnmente conocido o traducido como: “mente sana en cuerpo sano”. Entiendo el amplio concepto de que cuerpo y mente deben estar unidos en una especie de simbiosis física y mental.

Lo anterior es precisamente el punto que quisiera exponer en esta colaboración, en cuanto a que pareciera que estamos cultivando a seres humanos que por el simple hecho de ser considerados como “guapos, guapas, bellos, bellas, atractivos, atractivas, o de buen cuerpo”, por algunos miembros de la sociedad, hace que esa aseveración o clasificación, incida directamente en que esos individuos se sientan superiores al resto, y que todos los demás, que estamos feos, debemos “cargarlos” en nuestros hombros, quitarnos o “tirarnos” al piso para que ellos pasen. En síntesis, ese tipo de personas consideran que ellos van primero por su apariencia, y nosotros después.

En resumidas cuentas, me refiero a que muchos de nosotros seguramente nos hemos encontrado en la situación, en donde cierto individuo considera que por su belleza o debido a su apariencia física, debe ser tratado mejor que cualquier otro que no tenga esas cualidades; incluso en YouTube podemos encontrar muchos experimentos sociales ligados a la forma de tratar a una persona según su apariencia física. La primera reacción ante esta afirmación, puede ser que se me critique por envidioso, ya que estoy feo y no cuento con los atributos anteriormente descritos para ser considerado como una persona de belleza o atractivo físico.

Sin embargo, fuera de frivolidades y calificativos personales, la pregunta que nos compete responder sería: ¿es más importante el cuerpo o la mente? Creo que la respuesta es obvia y ya la contestaron los griegos y romanos, cuando nos señalan que debemos cultivar los músculos del cuerpo humano, pero no debemos olvidar ejercitar también el “músculo cerebral”, pues al igual que los otros, si no se usa también se atrofia.

Mucha de la belleza y el culto al cuerpo humano está ligado a la sexualidad, pues a pesar de que los mareos laberínticos del placer orgásmico pueden parecer iguales, sin importar con quien se compartan, estoy seguro de que la mayoría pensaríamos que los disfrutaremos más cuando los hacemos con alguien a quien catalogamos como atractivo o atractiva por su belleza.

En este tenor debemos recordar, como lo hemos dicho en otras colaboraciones, que nos desenvolvemos en una compleja coreografía social y dentro del tenor de la evolución y de la supervivencia del más apto, como nos lo dijo Darwin, pero también nos movemos dentro del esquema de la supervivencia del más sexy o atractivo, y al hablar de este tipo de supervivencia es común pensar que nos referimos a la belleza externa de una persona, a lo que burdamente vemos con nuestros ojos. Pero no necesariamente, es decir, de acuerdo al biólogo evolucionista Geoffrey Miller, los seres humanos demandamos, aparte de los rasgos de belleza física, buscamos en nuestra contraparte con “inteligencia creativa”.

Para Miller está claro que de igual forma que algunos animales como el canario que canta, el pavo real que exhibe su frondosa cola multicolor, el borrego cimarrón muestra sus poderosos cuernos y los usa con otros machos en batalla, todos con el fin de atraer a su pareja; también el ser humano realiza despliegues creativos de inteligencia y como ejemplo de ellos tenemos el lenguaje, el arte, el sentido del humor, nuestra ideología como despliegues de cortejo para conseguir a nuestra “media naranja”.

Entrando en algunos ejemplos claros, tenemos que Miller nos dice que el hombre desarrolló el lenguaje para poder comunicarse con sus semejantes y así subsistir; pero el complejo sistema de vocabulario y construcción de oraciones fue modificándose para convertirse en un elemento de interacción social, de modo que los hombres más cultos se exhibían ante las mujeres para mostrar su inteligencia y capacidad de construir el discurso, pensamiento lógico y racional, mismo que resultó cautivador para las damas.

Otro aspecto que entra en el ritual de la atracción sexual es la música. Geoffrey Miller nos pone de ejemplo cómo la complicada composición matemática musical de los seres humanos se asemeja a las señales acústicas que emiten las ballenas, los pájaros y los gibones como señal de cortejo. Para los biólogos evolutivos, la música es precisamente un sistema que permite a los individuos mostrarse como coordinados y virtuosos, para el caso de los bailarines y músicos, característica sexual atractiva, que los prueba como sujetos con altas probabilidades de ser seleccionados sexualmente por el sexo opuesto.

Con esto quiero enfatizar que a pesar de que la belleza física cautiva con la primera impresión, son los disparos neuronales los que logran consolidar la relación, además cuando el aspecto estético va perdiendo algo de brillo, nos podemos refugiar todavía en la imaginación creativa de los disparos neuronales que se comparten cuando cada individuo despliega sus dotes de inteligencia.

Volviendo al tema de ejercitar la mente y nuestros disparos neuronales creativos, recientemente Carl-Henrik Heldin, presidente de la Fundación Nobel, comentó que espera que en futuros años haya más mujeres que sean galardonadas con este premio, y por ello la imperiosa necesidad de que a las mujeres se les acerque más a la ciencia y a la tecnología, pues en sociedades que son igualitarias, es decir donde consideran a hombres y mujeres como pares y con el mismo valor, estas últimas se desempeñan con la misma o superior capacidad y calidad que cualquier hombre.

Mi punto es reforzar lo que le digo a mis genes egoístas, a mi hija Ena Camila, en relación a que no todo es belleza, y aunque ella ya es bella, le recuerdo que la importancia reside en su inteligencia, en el amasar conocimiento, especialmente el científico y tecnológico, también en pensar, filosofar, crear, cooperar, iterar, errar, compartir y estimular constantemente la mente, nuestros disparos neuronales creativos y fomentar así los momentos eureka, aunado al marco ético de comportamiento.

La estrategia entonces es crear una dualidad o más bien una simbiosis o endosimbiosis entre mente y cuerpo, similar al concepto de griegos y romanos, en donde se percibe a ambos como una sola entidad, a pesar de que cada uno pueda operar de forma individual; y todo esto es a razón de que, como dijimos, percibo una sociedad que está premiando a la belleza sobre la inteligencia e incorporando ese meme dentro de la mente de muchos jóvenes, hombres y mujeres, para que solo tengan consideración por el aspecto estético y por la percepción visual frívola de un grupo de pseudo Sapiens que trafican con la apariencia y lucran con el analfabetismo funcional.

Debemos entonces olvidarnos de crear seres humanos que solo tienen belleza, que huyen del conocimiento, especialmente del científico y tecnológico, que les tienen miedo a los libros, a leer, a cultivarse, a informarse, y ya no hablemos de escribir y exponer sus ideas; pues si seguimos permitiendo que estos seres imperen, entonces estaremos dándole rienda suelta al analfabetismo funcional y de nueva cuenta poniendo el riesgo nuestro progreso evolutivo.

Nuestras máscaras y plumas, para vivir en la jungla de asfalto, así como la frívola adicción a la belleza, no deben opacar la imperiosa necesidad perseguir los momentos eureka que nos da la satisfacción de absorber, procesar y transmitir información y conocimiento o como lo dijo Carl Sagan: “El conocimiento es preferible a la ignorancia y tenemos que conocer la dura verdad más que aferrarnos simplemente a la fe”, o como lo hemos dicho, aferrarnos a un mito.

Al final, como dijimos, debe ser una combinación de belleza física e intelectual.

 

 

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