Debemos convertirnos en cyborgs

Rodrigo Soto Moreno

Imaginemos una receta para constituir al Sapiens que cada uno de nosotros ve todas las mañanas, cuando nos miramos al espejo. Sin embargo, como buenos cocineros, protegeremos nuestra receta, porque no queremos que caiga en malas manos o que nos la copien con desfachatez para hacerla propia y no darnos el crédito necesario, así que por ello, solo daremos los elementos sintéticos de la misma.

Primero necesitamos crear un universo, así que requerimos una singularidad, un denominado Big Bang, es decir una expansión, más que explosión, de partículas y antipartículas, de materia y antimateria y como dice Kurzgesagt – In a Nutshell, en su video: “The Beginning of Everything — The Big Bang”.

Hablamos de un universo denso y extremadamente caliente, con una temperatura aproximada de 1 x 1032 grados centígrados y siguiendo con la explicación de Kurzgesagt – In a Nutshell, la energía se manifestó en partículas que existían y dejaban de existir en brevísimos períodos de tiempo. Prácticamente la materia y la energía no solo coexistían, sino que prácticamente eran lo mismo.

Volviendo a la parte de la materia y antimateria o partículas y antipartículas, éstas se enfrascaron en una lucha donde al final ganó la materia sobre la antimateria y es así que pudimos tener algo y no “nada”. Derivado de esta lucha es que curiosamente, también como nos lo recuerda Kurzgesagt – In a Nutshell, mil millones y una (1,000,000,001) partículas o materia fueron creadas por cada mil millones (100,000,000) de antipartículas o antimateria; es decir los números impares de partículas dominaron así a las antipartículas. Es decir hablamos de las 1001 posibilidades para que tuviéramos lugar todos nosotros.

Recordemos que, en el inicio, las cuatro fuerzas que conocemos del universo eran irreconocibles de forma individual, pues se encontraban fusionadas como una sola, pero continuando con el excelente video “The Beginning of Everything — The Big Bang”, menos de un segundo después de esa expansión de materia y energía, tuvimos la aparición de la fuerza nuclear débil, la fuerza nuclear fuerte, del electromagnetismo y claro de la gravedad. Es decir se empezó a pintar el lienzo blanco de todo el Cosmos.

También debemos mencionar que, dentro de la receta, contamos con elementos que son desconocidos para nosotros los cocineros, pues de acuerdo al modelo estándar de cosmología, este universo cuenta con aproximadamente un 4.9% de materia ordinaria, 26.8% de materia oscura y 68.3% de energía oscura; siendo estas dos últimas ingredientes desconocidos para los científicos y seguramente piezas clave para la concepción de nuestra receta de este universo y de todo lo que contiene, incluidos obviamente usted y yo.

Estamos ahora en un punto, donde según Kurzgesagt – In a Nutshell, este universo se ha expandido a mil millones de kilómetros de diámetro y por ende la temperatura ha descendido considerablemente y los quarks empezaron a hacer nuevas partículas, combinándose entre ellas. Se forma el primer átomo de hidrógeno (H), de ahí que sea el primer elemento químico de la tabla periódica de los elementos. Pero lo más interesante, como lo dice Kurzgesagt – In a Nutshell, es que solamente ha pasado un segundo después de la singularidad, después del Big Bang.

En síntesis, como nos lo ha dicho Ray Kurzweil, estamos recordando que después de esa singularidad del Big Bang o expansión del universo, tuvimos primero a la física, y las interacciones de las partículas físicas dieron origen a la química y sus elementos, posteriormente la interacción de las partículas físicas y los elementos químicos dieron origen a la biología, a los primeros organismos unicelulares, quienes podían copiarse así mismos, con la aburrida reproducción asexual, para posteriormente analizar que robustecían sus posibilidades de supervivencia, al incorporar 50% del material genético de un padre y el restante de una madre, por ello cooperaron y surgieron los organismos multicelulares.

En medio de todas estas interacciones de organismos unicelulares y multicelulares, tuvimos el surgimiento de los disparos neuronales creativos, en donde los primeros protozoarios recibieron datos del medio ambiente que los rodeaba, para procesarlos, analizarlos y reaccionar hacia los mismos con una acción, todo estímulo recibido fue procesado y respondido acorde; es decir, con estos primeros organismos inició el absorber, procesar y transmitir información, variables clave en el progreso evolutivo de nuestra especie y de todas las especies del planeta, pues estamos repletos de información como lo dice César Hidalgo en su libro “Why information grows”.

Aquí tenemos que incrementar la velocidad de la receta, pues debemos hablar de que hace aproximadamente unos 200,000 años, como dice Yuval Noah Harari, existían al menos otras 6 especies Homo, destacando el Homo Erectus que logró sobrevivir uno 2,000,000 de años, es decir, ahora como dice de nueva cuenta Kurzgesagt – In a Nutshell en su video: “What Happened Before History? Human Origins”, vivieron 10 veces más de lo que nosotros tenemos viviendo como Homo Sapiens. Llevamos muy poco tiempo existiendo en el planeta, como para sentirnos el pináculo de la creación.

Sin embargo, el primer evento que potenció nuestra inteligencia fue el poder utilizar el fuego para la cocción de los alimentos y así obtener mejores nutrientes en la dieta alimenticia. Otro punto vital, como lo dice Yuval Noah Harari en su libro Sapiens, es que la cooperación resultó ser una ventaja competitiva versus otros homínidos o del género Homo, es decir, como Sapiens nuestra fortaleza se centró en la capacidad de desarrollar un lenguaje y poder cooperar comunicándonos, así como formar grandes grupos con ideología similar bajo el esquema de los mitos.

Así que, aunque muchos otros del género Homo eran muy superiores a nosotros, hablando de individuo a individuo, por ejemplo, en fortaleza física, más robustos y podían derrotarnos en combate cuerpo a cuerpo, fue nuestra capacidad de organización, cooperación, inteligencia y resiliencia la que hizo que pudiéramos reorganizarnos, generar nuevas estrategias y alternativas para resolver problemas gracias a nuestras ideas creativas para sobreponernos a la presión evolutiva y a los embates del cambio climático.

Estimulamos nuestros disparos neuronales creativos, conquistamos el campo al cultivarlo, sumado al asentamiento de poblaciones y el aumento de enfermedades y todas las complicaciones que implica la convivencia humana, y ahora miramos hacia el espacio para tratar de comprender el Cosmos, recordando al gran Carl Sagan, para intentar responder la pregunta de nuestro origen y posible futuro en otros planetas, cultivando la energía de otras estrellas.

Noah Harari habla que esas tres revoluciones que transformaron al Sapiens y al planeta Tierra, se gestaron en una escala de tiempo de la siguiente manera:

  1. Revolución Cognitiva hace unos 70,000 años
  2. Revolución Agrícola hace unos 12,000 años
  3. Revolución Científica hace unos 500 años

En este punto es necesario recordar las palabras de Carl Sagan cuando dijo: “Vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de la ciencia y la tecnología, en la que casi nadie sabe nada sobre ciencia y tecnología”. Nuestro poderío, como Sapiens, ha sido la capacidad para absorber, procesar y transmitir información y estar constantemente generando nuevas preguntas y respuestas, especialmente en materia de ciencia y tecnología.

Sin embargo, no debemos olvidar que solo somos una rama lateral del árbol evolutivo y que difícilmente nos encontraríamos en la cúspide del mismo, pues la evolución de Darwin, como nos lo dice Dawkins, es un proceso no aleatorio y sin un guía de diseño, construyendo a partir de lo que ya se tiene, con mutaciones ligadas a la presión evolutiva y que todavía nos falta mucho por conocer y por aprender.

Aunado a esto último recuerdo la película de Stanley Kubrick: “2001: Odisea del espacio”, en donde se muestra a los seres humanos explorando el universo, mediante estaciones espaciales, pero auxiliados con computadoras inteligentes de forma artificial, pero siempre con la preocupación de que esa AI se diera cuenta que el ser humano es más un problema que una solución para la evolución.

Pensemos por un minuto que todo ese sentimiento de percibirnos como amos y señores del planeta, se derrumba cuando intentamos salir al espacio, pues como nos lo ha demostrado la historia y las películas, no estamos preparados para vivir fuera de la Tierra, incluso teniendo que “empezar desde cero”, porque otra vez tenemos que aprender a caminar, a comer, a ir al baño, así como aprender respirar en el espacio. Tendríamos que terraformar un planeta, como nos lo ha planteado Elon Musk para el caso de Marte.

Elaborando en este punto y retomando las épocas de la evolución de Ray Kurzweil, en relación a que la singularidad se encuentra cerca, especialmente en cómo fue avanzando la información, aludiendo a 6 épocas. La primera de ellas se basa en la física y en la química, encontrándose la información en las estructuras atómicas; después el ADN empieza a evolucionar y tenemos la segunda época con la biología y la información contenida dentro del ADN; la tercera época es con el surgimiento del cerebro y la información se encontraba en los patrones neurológicos y en los disparos neuronales; la cuarta época es cuando empezamos a desarrollar la tecnología y la información se encuentra en el hardware y software; en la quinta época hay una fusión entre la inteligencia de la tecnología artificial y la inteligencia humana, convergiendo en el crecimiento exponencial, es decir crece la evolución biológica ligada a la tecnológica; y la sexta época que es cuando el universo despierta pues la inteligencia humana integrada con la tecnológica se dispersa por todo el universo.

Pero para lograr la sexta etapa de Kurzweil considero que es fundamental trazar una estrategia para convertirnos en cyborgs, es decir, como lo define Wikipedia: “del acrónimo en inglés de organismo cibernético, en donde se tiene un ser tanto orgánico como biomecatrónico”. Hablamos entonces del nuevo código para construir seres biológicos y computacionales, donde se utilice el ADN (A,T,C,G) y los 0 y 1. Esto similar a lo que se refiere parte del tema de la película Blade Runner 2049, muy recomendable por cierto.

Lo anterior a razón de que un año luz, según Wikipedia, es una unidad de medida y equivale a 9.46 x 1012 km, y se refiere a la distancia que recorre la luz en el vacío en un año. Para darnos una idea de esto, tan solo la Vía Láctea, la galaxia donde estamos todos nosotros, tiene un diámetro de alrededor de 100,000 años luz. Sumado a esto sabemos que la luz viaja aproximadamente a 300,000 kilómetros por segundo (299 792 458 m/s exactamente) y que existen miles de millones de galaxias en este universo que contienen miles de millones de planetas.

Hablado de esto, en el 2015 la NASA según artículo: “NASA estimates 1 billion ‘Earths’ in our galaxy alone”, publicado en The Washington Post, calculó que podían existir alrededor de unos mil millones de planetas similares a la Tierra y en la zona de ricitos de oro o en la zona habitable, tan solo en la Vía Láctea y que podríamos especular que algunos de ellos tuvieran vida inteligente; y con esto la pregunta obligada es: ¿cómo vamos a poder conocerlos? ¿cómo podemos viajar hacia ellos? Pues nos tomarían demasiadas generaciones para poder llegar a ellos. Por ello una solución sería transformarnos en cyborgs para expandir nuestra esperanza y calidad de vida y así poder recorrer distancias enormes a una velocidad cercana a la de la luz, pues hasta el momento, como lo dijo Einstein, nada puede viajar más rápido que la luz.

Nos referimos a un mundo donde los nuevos Sapiens o los Homo Deus, como dijo Noah Harari, sean organismos biológicos, mecatrónicos y computacionales y que no podamos distinguir de las réplicas y de los seres humanos puramente biológicos, similar a lo que vimos en la película de Blade Runner 2049, mismos que puedan utilizar su tecnología para escapar del planeta Tierra y recorrer otros planetas habitables, otras “Tierras” y tal vez conocer otras formas de vida inteligente, que nos puedan ayudar a comprender el por qué estamos aquí y el hacia dónde vamos, así como el definir si somos seres simulados o no.

Bueno, como buenos cocineros hemos llegado a dar una receta sintética de lo que se necesita para crear un Sapiens, y todo parte de una singularidad, del inicio de todo y de las interacciones e iteraciones de todas las fuerzas físicas, compuestos químicos, moléculas biológicas, disparos y redes neuronales, de genes y memes sumados con la presión evolutiva en el maravilloso proceso de absorber, procesar y transmitir información. Esto en pocas palabras, como dijeran el gran divulgador científico Carl Sagan: “Si quieres hacer una tarta de manzana desde cero, primero debemos inventar el universo”.

Tal vez por ello siempre me ha gustado leer a Nietzsche, pues extrapolo sus ideas con la creación de todo lo que vemos y así vislumbro que un fin de un universo pudo ser el inicio de otro o del nuestro, dentro del esquema del eterno retorno de lo idéntico, como nos lo dijo el gran Friedrich Nietzsche, aunque parafraseándolo, pues en verdad considero que cuando se hace ese reinicio del sistema, en verdad tengamos el eterno retorno de lo no idéntico y aunque el código del cosmos y de los algoritmos de la vida trabajen de forma similar a lo que hemos descifrado del algoritmo de la vida, es muy probable que existan otros seres inteligentes, pero que no seamos nosotros.

Para poder encontrar estas respuestas, no hay otra más que potenciar nuestra inteligencia, nuestro desarrollo de ingeniería biológica cerebral ligado al desarrollo de ingeniería computacional, combinación que puede amalgamar una inteligencia artificial al unir esas dos ingenierías, esas dos arquitecturas y así construir ese cyborg del que hemos estado hablando, siendo este el siguiente paso en nuestra evolución. Incluso se piensa que si encontramos vida inteligente en otro planeta, es muy probable que sean cyborgs, o máquinas con inteligencia artificial creada por seres biológicos inteligentes y que la dejaron como legado, para trascender y enseñar a otras especies como sería el caso de la nuestra.

 

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