Entre el “pienso, luego existo…” y “la ignorancia es una bendición”

Rodrigo Soto Moreno

No recuerdo con exactitud, pero desde el momento en que tuve conciencia de mi existencia, de encontrarme atrapado en este receptáculo de carne, hueso y disparos neuronales creativos, comprendí que gobernar la relación simbiótica de cuerpo y mente, viene acompañada de muchas interrogantes ligadas a la presión evolutiva y obviamente a las leyes de la física, la química, la biología y la neurología cerebral. Aunado a que el saber que cierta organización o acomodo de átomos nos da como resultado un ser humano y que otra combinación de los mismos átomos nos da un cataclismo que erradique toda la vida como la conocemos. Es decir, cierto acoplamiento de partículas o materia en el universo, nos da como resultado vida, y por otro lado con otro tipo de acoplamiento, podemos obtener cenizas o muerte.

Sin lugar a dudas el existir es grandioso, admirar la belleza del planeta, de la vida, ver la inmensidad del océano y especialmente del universo o del cosmos, tomar grandes bocanadas de aire, aprender, correr, probar, imaginar, enamorarse, entre muchas otras cosas, resultan ser emociones excelsas; pero el estar aquí innegablemente viene acompañado de risas y llantos, de alegrías y decepciones, de éxitos y fracasos, es por ello que la frase de “la ignorancia es una bendición” toma fuerza en muchos de los seres humanos, que deambulan en este planeta, sin estar completamente despiertos, pues están prácticamente adormilados.

Aunque, desde el punto de vista metafísico, espiritual y emocional del entrenamiento o “coaching” tradicional, se puede argumentar lo contrario; una realidad inherente a tener “dos dedos de frente”, nos da como resultado que la vida no es sencilla; esto iniciando, como dijimos, por el proceso cognitivo de autorreflexión en donde comprendemos que existimos y que estamos “atrapados” dentro de un receptáculo que vemos todos los días en el espejo, mismo que se desgasta cada segundo y nos acerca al apagado definitivo de todas funciones corporales y cerebrales; llevándonos a un parteaguas en el proceso de tomar conciencia de nuestra existencia y acercarnos a las conjeturas de comprender el tradicional “pienso, luego existo” de Descartes.

Por otro lado, la sencillez y simplicidad de la vida, se pone a prueba o incluso se desmorona, cuando de antemano sabemos, que el antílope tiene que levantarse todas las mañanas, estar alerta y correr lo más rápido, o de forma más específica, correr más rápido que el antílope más lento o enfermo, para no convertirse en comida de un león. De igual forma, el león necesita levantarse todas las mañanas y elaborar su estrategia, así como correr más rápido que el antílope más lento o enfermo, para poder alimentarse, cada uno buscando con desesperación su supervivencia.

Aunado a esto, desde que nacemos, hasta que nos reincorporamos como materia a la tierra y a la Tierra, referida como planeta, constantemente estamos luchando contra la muerte celular programada, la oxidación, el decaimiento celular, el estrés personal y profesional, las enfermedades heredadas por nuestra carga genética y las que vamos adquiriendo por nuestro estilo de vida y por la sociedad en donde vivimos, como el sobrepeso, la obesidad y la diabetes; siendo todas variables esenciales que determinan el tiempo de nuestra permanencia vivos o de nuestra esperanza de vida.

Tenemos claro que somos el producto de miles de millones de años de evolución, partiendo de los organismos unicelulares hacia los pluricelulares, los hominini, los homínidos y una cadena ininterrumpida de antepasados que logró que ahora usted y yo estemos aquí; gracias a que todos nuestros antecesores, mostraron una adecuada dosis de resiliencia para sobreponerse a la presión biológica y evolutiva, mismas que logran que algunos seres vivos muten y evolucionen, mientras otros perecen.

Además sabemos, hasta el momento, que solo existen seres “inteligentes”, (aunque a veces pareciera que van en extinción) en la Tierra, y a pesar de que existen miles de millones de planetas similares al nuestro, en donde puede haber vida e incluso vida inteligente; no nos ha sido fácil encontrarla, especialmente la inteligente, pues no hemos podido comprobar y tener una evidencia fehaciente e irrefutable de ella; o tal vez, esos seres “inteligentes” no continuaron evolucionando y se destruyeron, camino que parece ser el nuestro, o de plano no les interesa tener contacto con una especie más primitiva.

Por todo esto, al estar atrapados en una roca, como geoide, con pinceladas de azul, verde y gris, dando vueltas elípticas alrededor de otra roca, de una estrella incandescente, y en donde algunos han puesto sus ojos y esperanzas en el cielo, unos ilusionados en la fe de lo que no se puede ver, tocar o comprobar; mientras que otros sueñan e imaginan que el camino científico y tecnológico pueda replicar lo que dijo Cooper, personaje de la película Interstellar: “La humanidad nació en la Tierra, pero no está destinada a morir aquí”; o como también dijo Konstantín Tsiolkovski: “La Tierra es la cuna de la humanidad, pero no se puede vivir en la cuna para siempre”.

Para mí, existen algunas formas, no solo de concebir, sino de digerir toda esta información, aquellas simplistas ligadas al conformismo y también al analfabetismo funcional y otras mucho más elaboradas, buscando despertar de la sinrazón y del velo del oscurantismo social que algunos líderes públicos y privados quieren imponer en la sociedad. Pues recordemos que pueblo mantenido en la ignorancia, se convierte en esclavo de sus gobernantes.

Es decir nos manejamos dentro entre el “pienso, luego existo…” de Descartes y el dicho de: “la ignorancia es una bendición”. Esto lo traigo a colación porque a mi Madre, en una de tantas conversaciones, me comentó que aquellos individuos muy inteligentes, destacan por tener problemas con la autorreflexión para comprender su existencia y lo que implica estar vivo, así como por tener un pensamiento más holístico entre la interconexión de las partes individuales con el todo, ligado a la frustración de no encontrar eco de esos pensamientos o simplemente no poder dialogar en sintonía con otros seres humanos, que parecen similares a nosotros pero en realidad son distantes.

Por otro lado, aquellos quienes mantienen un perfil obtuso, cerrado, menos inteligente y sumido en las frivolidades de la vida, muestran una mayor propensión a catalogarse dentro del esquema de “la ignorancia es una bendición”, dejarse llevar por la corriente y por las tendencias sociales, sin cuestionarse en “ceteris paribus” o el que las cosas permanezcan iguales o constantes, dominados por el tener más que por el saber. La prioridad de éstos es acumular dinero y poder sin importar la forma o el medio para ello.

En este contexto uno de los programas que más he disfrutado, hablando de animaciones o caricaturas no aptas para niños, es la de Rick and Morty, en donde se basa en las aventuras del científico Rick Sánchez con su nieto Morty Smith; y aunque podría parecer una serie de ciencia ficción y sin sentido, creo que existe mucho material del cual podríamos obtener una enseñanza, en diferentes ámbitos del conocimiento, y considero que podría servirnos para analizar la dicotomía entre la emoción al extremo con la sinrazón y la autoreferencia de la existencia.

En este sentido, entre los muchos diálogos interesantes, tenemos aquel en donde los “Meeseeks”, hablan de la existencia y de cierto dolor al no cumplir su objetivo y al conseguirlo dejar de existir, en palabras de ellos tenemos:

“¡Los Meeseeks no nacen en este mundo buscando el significado, Jerry! ¡Estamos creados para un propósito singular que haremos todo lo posible para cumplir! ¡La existencia es dolor para un Meeseeks, Jerry, y haremos cualquier cosa para aliviar ese dolor!”

Aquí el video:

Pero ¿a qué se refieren con esto? Pudiera ser a lo que dijo Schopenhauer con lo siguiente: “La naturaleza muestra que con el crecimiento de la inteligencia viene una mayor capacidad para el dolor, y es solo con el más alto grado de inteligencia que el sufrimiento llega a su punto supremo”.

Toda la existencia es proceso de destrucción y construcción, es la resultante del juego entrópico de caos y orden donde surge la creación de vida y por ello captó mucho mi atención la frase de “los rotos son los más evolucionados”, misma que pertenece a la Bestia, personaje dentro las 24 múltiples personalidades dentro de la película “Split” de M. Night Shyamalan; quien la expresa en alusión a que aquellos seres que han sido expuestos a la presión evolutiva biológica y social y que logran salir victoriosos de ese conflicto, con heridas, ya sean superficiales, internas o psicológicas, son efectivamente los más evolucionados.

Es así que entra en juego la dicotomía entre el “pienso, luego existo…” de Descartes y el dicho popular de “la ignorancia es una bendición”. Con esto queremos decir que nuestra existencia oscila entre una delicado vaivén de conciencia e inconciencia, entre la razón y la emoción desmedida que nos lleva a la sinrazón y al conformismo, destinados a ser actores efímeros dentro de una realidad que bien puede estar simplemente simulada.

Me refiero a que no solo es amasar conocimiento y dejar de ser analfabeta, sino ir más allá dejando de ser analfabeta funcional; hablo de abrir los ojos realmente, despertar, salir de la “Matrix” y realmente tener conciencia de nuestra existencia y convertirnos no solo en arquitectos, sino en verdaderos ingenieros de nuestro destino.

Derivado de esto, contamos con lo escrito por Nick Bostrom en su libro Superintelligence, con lo siguiente: “La razón principal de la posición dominante de la humanidad en la Tierra, es que nuestros cerebros tienen un conjunto ligeramente ampliado de facultades en comparación con otros animales. Nuestra mayor inteligencia nos permite transmitir la cultura de manera más eficiente, con el resultado de que el conocimiento y la tecnología se acumulan de una generación a otra”.

Construimos, a partir de lo que ya tenemos, igual que lo hace la naturaleza con la evolución, en la mutación y adaptación de especies, es decir, utilizamos la información de nuestros genes, herencia del 50% del padre y el resto de la madre, así como de los memes sociales y culturales a los cuales estamos expuestos todos los días. Aprendemos a sobrevivir y sortear los peligros evolutivos gracias a nuestra reacción de lucha o huida, descrita por Walter Bradford Cannon, en donde tenemos una respuesta fisiológica ante la percepción de daño, amenaza o ataque. Cuando nos sentimos en peligro, nuestro sistema nervioso activa la alerta y es por ello que en milisegundos, tomamos la decisión de huir o luchar por nuestra vida.

Debemos recuperar el sentido y motivación por vivir, trabajando en la recuperación del planeta y de todas sus especies, iniciando con la no contaminación y separación de basura para su reciclaje correspondiente, así como en la reconstrucción del tejido social, en donde busquemos la cooperación con otros seres humanos, pues aunque no lo creamos somos más los buenos que los malos, y parafraseando a Mecano, aunque se nos hayan ido los genios y estemos justos o escasos de ellos, todavía hay muchos que nos quedan y muchos que van a surgir; sin olvidar que las pequeñas acciones, como las de Jadav “Molai” Payeng, quien durante 38 años sembró todo tipo de árboles y cuidó la tierra de una isla desértica en la India, reforestando más de 1,300 hectáreas de árboles, nos hacen pensar, como lo dice Pictoline, que: “una sola persona sí puede hacer un gran cambio”.

Al final todo esto puede ser, como lo vislumbró Nietzsche, es decir un eterno retorno de lo idéntico o tal vez de lo no idéntico, en donde el universo pueda ser recurrente, y que un Big Bang terminé en un Big Crunch y derive en otro Big Bang para crear otro universo; o también podemos pensar que estamos dentro de un multiverso, con otros seres iguales o parecidos a nosotros, con historias totalmente diferentes. Estamos aquí porque existió la configuración y convergencia necesaria de materia y leyes de física, química, biología y neurología, pero para seguir escarbando en la respuesta definitiva, la clave está en decidir si vamos a arriesgarnos con el “pienso, luego existo” de Descartes o conformarnos con “la ignorancia es una bendición”.

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