La fascinación por crear un cerebro…especialmente uno humano.

Rodrigo Soto Moreno

No resulta novedoso que los seres humanos sigamos fascinados con el funcionamiento y capacidad de procesamiento de un cerebro, especialmente el que utilizamos, aparentemente todos nosotros los seres humanos, pues estoy convencido que muchos lo desperdician con frivolidades y banalidades.

Hablamos de un órgano que consume el 20% de la energía del cuerpo, pesando entre 1,200 y 1,400 gramos, es decir entre 1.2 y 1.4 kilogramos, representando el 2% del peso total del cuerpo humano. Sin embargo ahí, contamos con 100 mil millones de neuronas, con 100 millones de millones de conexiones, según datos del investigador Carl Zimmer, descrito en su artículo “100 Trillion Connections: New Efforts Probe and Map the Brain´s Detailed Architecture” publicado en Scientific American; en ese lugar, el cerebro, podemos almacenar 3.5 petabytes (1 peta byte es un 1 seguido de 15 ceros, es decir 1,000,000,000,000,000) y podemos realizar operaciones de 2.2 mil millones de megaflops (1 megaflop equivale a 1 millón de operaciones por segundo), de acuerdo a datos de Mark Fischetti y Jen Christiansen cuando hacen un análisis del poder computacional versus el poder de procesamiento del cerebro.

Siguiendo en este punto y tomando en cuenta lo descrito por el profesor Michio Kaku, en relación al surgimiento de la inteligencia tenemos lo siguiente en palabras de este científico: “Lo crean o no, sentado en nuestros hombros, se encuentra el objeto más complejo que la Madre Naturaleza ha creado en el universo conocido”. Kaku continua diciéndonos que tendríamos que viajar alrededor de 4.2 años luz, es decir aproximadamente 40,000,000,000,000 kilómetros ó 25,000,000,000,000,000 millas, para encontrar a la estrella más cercana, es decir Próxima Centauri, y localizar así un planeta que pudiese albergar vida, hablando de Próxima Centauri b, pero quizás no alberga vida inteligente. Esto, para darnos una ligera idea en relación a que, aparentemente, es extremadamente difícil, con las herramientas que contamos, localizar cerebros inteligentes como los nuestros en otro confín del universo.

El profesor Kaku, prosigue hablando de ese gran objeto complejo lleno de circunvoluciones, de la siguiente forma: “Nuestro cerebro consume alrededor de 20 a 30 watts de energía, sin embargo logra realizar operaciones mucho mejor que cualquier supercomputadora”. En este tenor el profesor se refiere al hecho de poder realizar diferentes tareas simultáneas, como nos desempeñamos los seres humanos y no en relación a realizar cálculos complejos, pues en este último punto, efectivamente una supercomputadora es mucho más veloz y precisa que nuestro cerebro. Más bien se refiere a un cíborg (elementos orgánicos sumados y al unísono con elementos inorgánicos) que pueda pasar la prueba de Turing, en relación a hacer creer a los seres humanos que es ser vivo como nosotros. Aunque cabe recordar que muchas de las actividades y trabajos cotidianos y repetitivos, que realizamos los seres humanos, pronto serán cubiertas y reemplazadas por robots con inteligencia artificial.

Por todo esto, el profesor Kaku nos dice que el funcionamiento cerebral continua siendo un misterio, por ello se pregunta “¿Cómo se encuentra cableado el cerebro? Y, si podemos resolver esa pregunta, la siguiente sería ¿qué podemos hacer para aumentar nuestras capacidades mentales?”. Para el profesor Kaku la respuesta puede estar al analizar la evolución y las zonas del cerebro, pues nos recuerda que la parte de atrás es referida como el cerebro reptiliano, siendo la parte más antigua y primitiva que gobierna el balance, la territorialidad y el apareamiento. Posteriormente, continua Kaku, tenemos la parte central del cerebro, avanzando hacia delante, denominada cerebro del mono o cerebro del mamífero, es decir donde se encuentran las emociones, es el cerebro de las jerarquías; y finalmente, como dice Kaku, contamos con la parte frontal del cerebro, donde está el cerebro humano, especialmente en el córtex prefrontal, ahí se encuentra el pensamiento racional o la inteligencia que desplegamos la mayoría.

Aquí el video al que hacemos referencia, sobre el profesor Michio Kaku:

 

Ahora aquí, dentro del tema evolutivo y la inteligencia, podemos tomar en consideración lo que nos dijo el psicólogo cognitivo Steven Pinker, pues tomando algunas de sus frases, resaltadas por Ray Kurzweil en su libro: “How to create a mind”, tenemos lo siguiente en palabras de Pinker: “Somos chovinistas acerca de nuestros cerebros, pensamos que son el objetivo de la evolución … eso no tiene sentido … La selección natural no hace nada ni siquiera cerca de esforzarse por la inteligencia. El proceso se debe a las diferencias en las tasas de supervivencia y reproducción de los organismos replicantes en un entorno particular, período; nada los empuja en otra dirección que no sea el éxito allí y entonces … la vida es un arbusto densamente ramificado, no una escala o una escalera, y los organismos vivos en las puntas de las ramas, no en los peldaños inferiores”.

Para hablar de inteligencia y llevar la misma hacia un robot, máquina o cíborg, es necesario referirnos al neocórtex, que como también nos comenta Ray Kurzweil, dentro de su libro “How to create a mind”, nos dice que en la evolución de nosotros, como Homo Sapiens, desarrollamos esta parte del cerebro, para trabajar con patrones abstractos y con conceptos jerárquicos elevados. Desde esta perspectiva, sabemos que es de vital importancia la capacidad que tengamos no solo de amasar, conservar, guardar información, sino la tasa de procesamiento neuronal que utilicemos para interpretar la misma. Por eso, como lo hemos dicho en diversas ocasiones, existen tres variables claves, dentro de este tenor, en nuestra evolución, y son: absorber, procesar y transmitir información.

Aunado a esto, Kurzweil nos recuerda, dentro del mismo libro mencionado, que la historia de la inteligencia humana, se encuentra directamente ligada a un universo capaz de codificar información; y con esto se refuerza el dicho tradicional, de que la información es poder, pero de nueva cuenta recalco la importancia de saber procesar e interpretar esos datos para transmitirlos de nuevo.

Pero bueno, volvamos al punto de crear un cerebro, y tomemos lo que nos dijo Nick Bostrom, dentro de su libro “Superintelligence”, en donde nos dice que el haber logrado emular un cerebro pequeño, como el de la C. Elegans, nos ayuda a comprender cómo podemos trasladar esos datos, para conseguir emular un cerebro más grande, como el de usted o el mío. La cuestión para Bostrom, es avanzar del cerebro emulado de la C. Elegans, hacia uno de una abeja, continuando con uno de un ratón, después a uno de un mono, hasta llegar al de un ser humano; y ¿porqué para ahí? Bostrom incluso se aventura a considerar la posibilidad de que podamos emular un conjunto de cerebros humanos, o más ambicioso, emular todos los cerebros humanos al unísono. Imaginemos esa gran tasa de procesamiento neuronal.

Como todo en la vida, de igual forma que trabaja la Madre Naturaleza, la evolución biológica y como hemos logrado potenciar nuestra tecnología computacional, debemos iniciar de forma simple, de forma unitaria, unicelular o con el primer bit de información. No podemos imaginar que de un día para otro vamos a tener un cerebro humano digital, virtual, en la nube y todos conectados, cooperando y trabajando en beneficio del progreso humano, sumado a esto, el considerar que ese cerebro ya no sería humano.

Derivado de esto último, Bostrom nos habla también del riesgo de construir una superinteligencia:

  1. Capacidad para crear una máquina superinteligente.
  2. El riesgo o seguridad para crear una máquina superinteligente.

Desde estos dos puntos, Bostrom nos recuerda que nuestra capacidad tecnológica se encuentra directamente relacionada al tiempo de vida que tenemos en el planeta. Es decir, si ponemos en el eje de las x al tiempo y en el de las y a la capacidad tecnológica o de procesamiento neuronal, tenemos que al avanzar en el tiempo, podemos por un lado, en un escenario positivo, acercarnos a la conquista del Cosmos, mientras que por el otro, en un escenario negativo, extinguirnos como especie. Es decir, las dos opciones serían:

  1. Extinción.
  2. Madurez tecnológica y conquista del Cosmos.

Todos sabemos, desde que utilizamos el “pienso, luego existo” de Descartes, que en algún momento nuestro sistema biológico se apagará y nos reintegraremos a la tierra, de vuelta al carbono, a reciclarnos, a lo que llamamos morir, sin embargo el lograr crear un cerebro humano y un cíborg, nos invita a preguntar diversas cuestiones, entre ellas: ¿podremos migrar nuestros cerebros a la nube? ¿podremos migrar nuestro cerebro a otro cuerpo? ¿podremos vivir como cíborg y no morir? ¿existe un riesgo en relación a que la inteligencia artificial nos extinga? Muchas mentes brillantes, como fue la de Stephen Hawking, se preocuparon por el riesgo de crear una verdadera inteligencia artificial y que la misma atentara contra nuestra supervivencia, buscando extinguirnos. Reforzando este punto, y tomando lo dicho por Bostrom, hemos agregado al riesgo de extinguirnos por cuestiones de la naturaleza, el de hacerlo por nuestra actividad humana.

Para seguir con esta colaboración, me gustaría remembrar el diálogo de Peter Weyland (Guy Pierce), dentro de la película Prometheus de Ridley Scott, mismo que se hizo como si fuese una participación en TED en el año 2023:

 

“T.E. Lawrence, epónimamente de Arabia, pero en gran medida un inglés, le gustaba pellizcar una cerilla ardiente entre sus dedos para apagarla. Cuando su colega, William Potter, le pidió que revelara su truco, ¿cómo es posible que haya extinguido tan eficazmente la llama sin lastimarse a sí mismo? Lawrence solo sonrió y dijo: “El truco, Potter, es que no te importa que duela”.

El fuego que bailaba al final de ese cerillo fue un regalo del Titán, Prometeo, un regalo que le robó a los dioses.

Cuando Prometeo fue capturado y llevado ante la justicia por su robo, los dioses, bueno, se podría decir que reaccionaron un poco exageradamente. El pobre hombre estaba atado a una roca, mientras un águila le desgarraba el vientre y se comía su hígado una y otra vez, día tras día, hasta el infinito. Todo porque nos dio el fuego, nuestra primera verdadera tecnología: el fuego.

Eso fue hace mucho tiempo, lo que lleva la pregunta. ¿Qué hemos hecho con él?

100.000 aC: herramientas de piedra. 4.000 aC: la rueda. 900 dC: pólvora – un poco de cambio de juego, con ese descubrimiento. Siglo XIX: ¡eureka, la bombilla! Siglo XX: el automóvil, la televisión, las armas nucleares, las naves espaciales, internet. Siglo XXI: biotecnología, nanotecnología, fusión y fisión y teoría M, ¡y eso fue solo la primera década! Estamos a tres meses del año de nuestro Señor, 2023. En este momento de nuestra civilización, podemos crear individuos cibernéticos, que en tan solo unos pocos años serán completamente indistinguibles de nosotros. Lo que lleva a una conclusión obvia: Nosotros somos los dioses ahora.

Para aquellos de ustedes que me conocen, ya sabrán que mi ambición es ilimitada. Sabes que no me conformaré con nada más que grandeza, o moriré intentándolo.

Para aquellos de ustedes que todavía no me conocen, permítanme presentarme: Mi nombre es Peter Weyland. Y si me complacen, me gustaría cambiar el mundo”.

 

Aquí el video referido de Weyland en TED:

 

Para continuar la polémica y seguir tratando de comprender todo esto, me gustaría tomar ahora un diálogo de la película Alien Covenant, entre David (Walter Fassbender) y Peter Weyland (Guy Pierce):

 

Weyland: ¿Cómo te sientes?

David: Vivo

Weyland: ¿Qué ves?

David: Blanco, cuarto, silla …

David: Silla trono Carlo Bugatti

David: Piano … Steinway Concert Grand.

David: Arte … la Natividad … por PIERO DELLA FRANCESCA

Weyland: Soy tu padre … Ambula.

Weyland: Perfecto

David: ¿Soy?

Weyland: ¿Perfecto?

David: Tu hijo

Weyland: Tú eres mi creación.

Weyland: ¿cuál es tu nombre?

David: David.

Weyland: ¿Por qué no tocas algo?

David: ¿Qué te gustaría que tocara?

Weyland: Wagner

David: ¿Selección?

Weyland: La que gustes.

Weyland: Entrada de los dioses a Valhalla … un poco anémica sin la orquesta.

David: ¿Puedo hacerle una pregunta, padre?

Weyland: Por favor.

David: Si tú me creaste, ¿quién te creó a ti?

Weyland: Ah … la pregunta de las edades, que espero que tú y yo contestemos eso algún día.

Weyland: Todo esto, todas estas maravillas del arte y diseño, del ingenio humano, todo es absolutamente sin sentido en la cara de la única pregunta que importa.

Weyland: ¿De dónde venimos?

Weyland: Me niego a creer que la humanidad sea un subproducto aleatorio de las circunstancias moleculares.

Weyland: No más que el resultado de la mera casualidad biológica.

Weyland: Debe haber más.

Weyland: Y tú y yo, hijo, lo encontraremos.

David: Permítame entonces, un momento para considerar; buscas tu creador. Yo estoy mirando el mío.

David: Te serviré, pero eres humano.

David: Morirás; yo no.

Weyland: Tráeme este té David.

Weyland: Tráeme el té.

 

Aquí el video del diálogo entre David y Weyland:

 

 

El punto de estos diálogo es analizar si la creación de un cerebro humano digital, de una inteligencia artificial en un cíborg, viene a convertirse en el nuevo paso evolutivo de nosotros o en nuestra extinción. El ser humano, como lo dijimos en este escrito, ha mostrado fascinación por la emulación o creación de un cerebro digital, y por ende migrar el suyo ahí para no morir o de cierta forma reencarnar en tejido digital y orgánico.

Sabemos que gracias a nuestros desarrollos tecnológicos, y como lo ha dicho Nick Bostrom, en su libro “Superintelligence”, hemos logrado potenciar nuestra tasa de procesamiento neuronal y superar el espacio craneal para las circunvoluciones del cerebro. Es decir, parafraseando a Bostrom, estamos buscando el camino hacia una cognición simbiótica entre nuestro ADN y los bits y bytes computacionales, entre el código biológico que nos hace seres humanos y el código del software que hace a las máquinas, pero con la premisa de que al lograr esto, podremos perder muchas de las características que nos hacen humanos, particularmente las relacionadas a la emoción, migrando con más fuerza y velocidad hacia la razón.

Aunado a todo esto y como se lo pregunta Bostrom, el siguiente paso involucraría la autoreplicación de los cíborgs, es decir máquinas haciendo máquinas, y en cada mutación computacional evolutiva, el siguiente producto derivado sería extremadamente mejor que el anterior. Es decir, al igual que las mutaciones biológicas de la Madre Naturaleza, toman de los productos anteriores y mejoran al nuevo producto; la velocidad de mutación computacional de los cíborg superaría por mucho el lento proceso evolutivo al que los seres humanos hemos estado expuestos.

Esta incansable búsqueda de replicar un cerebro humano, cumple con el objetivo de progreso evolutivo al que siempre hemos estado ligados, es decir, el construir herramientas (tecnología) primero para sobrevivir y posteriormente para comprender el universo y el Cosmos, pero como dice Kurzweil para este caso en particular, desarrollar y construir las herramientas más poderosas que nos permitan comprender nuestra propia inteligencia.

Para lograr lo anterior, una propuesta de Kurzweil, se basa en su “Pattern Recognition Theory of Mind (PRTM)”, pues él argumenta que según sus cálculos el neocórtex contiene 300 millones de circuitos para reconocer patrones y derivado, también como lo dice Kurzweil, en que el cerebro humano se basa en su gran capacidad para reconocer patrones, la clave se encuentra en nuestro neocórtex y en su capacidad para reconocer esos patrones. Por ejemplo, Kurzweil nos dice, que la especie humana tuvo que adquirir mayores capacidades de procesamiento neuronal y crecer su neocórtex, cuando tuvimos que comunicarnos con el lenguaje hablado y posteriormente con el escrito.

Y será esa misma capacidad de reconocer patrones, la que nos permitirá construir y replicar un cerebro humano, copiando los mecanismos de procesamiento del neocórtex, como nos lo dijo Kurzweil, pues parafraseándolo tenemos que una de las ventajas sobresalientes de supervivencia, de esa parte de nuestro cerebro, es que podía aprender en cuestiones de días. Todo esto partiendo de la premisa de la Teoría de Hebb, cuando nos dice que la unidad básica de aprendizaje en el neocórtex es la neurona, pero considerando, lo que también dijo Hebb: “neuronas que disparan juntas, se conectan juntas”, haciendo redes entre ellas.

Al final será, como nos dice Kurzweil, en relación a Henry Markram, quien habla de que el conocimiento se construye como si estuviésemos trabajando con pequeñas piezas de Lego, pegando unas con otras, hasta que lo que aparentemente no tenía forma, se erige como una casa, un edificio, un puento, un cohete, lo que usted guste, al pegar pieza por pieza. Neurona por neurona, bit por bit, se irán construyendo esas redes neuronales artificiales, que serán capaces de reconocer patrones y aprender, establecer jerarquías, como lo hemos hecho nosotros a lo largo de nuestra evolución, pero de una forma más rápida y superior, con una autorepliación de esos organismos de forma exponencial.

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