El diario de un virus…

Revista número 96, del 21 de agosto al 3 de septiembre de 2009, páginas 4 a 6.

En verdad no quiero eliminar a mi huésped, sólo quiero vivir

Nadie se hubiera imaginado que en los últimos años del siglo XX nuestro mundo estaba siendo vigilado y observado en detalle por inteligencias superiores a las del ser humano, pero también mortales como él. Mientras el hombre continuaba con las vicisitudes de su vida, esos seres de otro planeta nos analizaban de igual forma que un científico examina con un microscopio a las criaturas que se reproducen y multiplican en una gota de agua.

Así, todo siguió su curso, y el hombre, seguro de su imperio y dominio enla Tierra, sólo prestaba atención a cosas mundanas y frívolas de su existir, que pareciesen darle el motivo para levantarse por las mañanas e iniciar un día. Nadie daba importancia al hecho de que en otros mundos hubiera vida y que esa vida fuera un peligro para la raza humana.

El pensamiento de los alienígenas era diferente, pues Marte ya no era el planeta de antes: se encontraba en decadencia, y ya no podía sostenerlos; de ahí la necesidad de buscar un nuevo lugar para continuar su camino evolutivo. Se ultimaban así los detalles de la ofensiva contra nuestro planeta; todo iba de acuerdo a lo planeado.

Además, sabían que la conquista dela Tierra podía lograrse con facilidad, pues ellos contaban con alta tecnología militar y avanzada inteligencia, lo que los ponía en un peldaño muy superior en la cadena evolutiva de los seres vivos.

La primera ofensiva sobre nuestro planeta fue un éxito. Todo ocurrió por sorpresa, y sucesivamente fueron ganando terreno. Las primitivas armas de la milicia humana resultaban irrisorias para hacer daño a una especie ampliamente superior. Los humanos fueron cayendo por miles y después por cientos de miles. Los pocos que quedaron formaron una ofensiva, refugiados en la oscuridad, y tratando de descifrar la forma de derrotar a los invasores.

VICTORIA A LA VISTA

Los alienígenas pensaron que su victoria era inminente. Sin embargo, sucedió algo que cambió su suerte, para darles ahora la ventaja a los humanos. A pesar de que los invasores habían analizado y planeado cuidadosamente el ataque durante años, hubo una variable que pasaron por alto: los virus del planeta Tierra.

Después de todo, los humanos hemos estado expuestos a estos virus desde hace miles de años, y hemos evolucionado con ellos; incluso, en muchas ocasiones han diezmado nuestra especie, pero hemos salido victoriosos, situación distinta para los extraterrestres invasores, pues gracias al ataque de los virus recuperamos el planeta. 

Ciertamente la anterior no es la misma magnífica narrativa de la novela de 1898 de H. G. Wells, titulada La Guerra de los Mundos, pero el objetivo es mostrar cómo la adaptación biológica a un huésped en nuestro organismo marca la diferencia entre continuar nuestro camino evolutivo y pasar nuestros genes egoístas y exitosos a nuestra descendencia, o, por otro lado, perecer.

Debemos hacer hincapié en que, en la novela de H. G. Wells, la variable que dio la victoria a los hombres sobre los marcianos fue una bacteria, pues no se tenía conocimiento científico de los virus. Sin embargo, para la película de Spielberg de 2005, el éxito fue atribuido a los virus, situación que se adapta más a la realidad actual.

En este 2009 no hemos combatido contra seres inteligentes de otro planeta, y la variable que ayudó a la salvación humana en la novela de H. G. Wells, ahora es el enemigo, que nos aterroriza con un simple estornudo. Me refiero a la reciente ola de influenza que vivimos muy de cerca en nuestro país y que puso al ser humano en jaque.

CUBREBOCAS Y GEL ANTIBACTERIAL

Como lo comenta The Economist en el artículo “Watching Nervously”, el tapabocas se convirtió en casi un artículo de moda entre la población mexicana, a lo que yo también agregaría un frasco de gel antibacterial en el coche, en la bolsa y en la mayoría de los negocios, para lograr crear confianza en los clientes.

Vimos cómo una enfermedad viral se puede esparcir con una velocidad impresionante o, como dijeran, “a la velocidad de un avión”, pues parece ser el medio más rápido y factible para que el virus se propague y se convierta en lo que temiblemente llamamos “pandemia”.

Sin embargo no es la primera vez que se presenta este tipo de influenza como pandemia, pues los registros marcan, según The Economist, que cada 90 años podemos esperar algo similar y letal, pues en un estudio publicado en The Lancet, en 2006, (mencionado también en el artículo de “Watching Nervously”), con datos de la “gripa española” de 1918, se hace la estimación de que una pandemia virulenta en nuestro tiempo podría matar a alrededor de 62 millones de personas, y el 96 por ciento de las muertes se registrarían en los países pobres y subdesarrollados.

Otro factor importante es, con el miedo provocado por una pandemia viral, el daño económico que se genera, pues nadie quiere salir de sus casas; nadie quiere ir de viaje; nadie quiere exponerse al virus de la influenza. En este caso, el cálculo del deterioro en el PIB por país y global resulta complicado de obtener, pero diversos estudios, como los presentados en el artículo de The Economist, titulado “The Butcher´s bill”, comentan lo pronosticado en 2006 por Warwick McKibbin y Alexandra Sidorenko, del Instituto de Política Internacional de Sídney, quienes calculan que una moderada pandemia podría disminuir el PIB global en un 0.8 por ciento, mientras que una fuerte podría reducirlo hasta en un 12.6 por ciento.

AFECTACIÓN A LAS GRANDES ECONOMÍAS

Llevando los datos a economías de países, y de nueva cuenta considerando lo sucedido con la gripa española de 1918, los datos encontrados por McKibbin y Sidorenko fueron que si sucediera algo similar, tendríamos que la economía de Estados Unidos reduciría su crecimiento en tres puntos porcentuales, en tanto que la disminución en Japón sería de 8.3 puntos.

Parece poca la reducción de tres puntos porcentuales en la economía norteamericana, pero consideremos que cualquier desaceleración de ellos afecta como tsunami a nuestra propia economía.

Otro estudio, realizado éste en 1999, mencionado también en “The Butcher´s bill”, financiado porla Organización Mundialdela Saludy trabajado por Meltzer, Cox y Fukuda, extrapola nuevamente datos de la gripa española, y muestra cómo una pandemia que afectase a entre el 15 y 35 por ciento de la población de los Estados Unidos, hubiera costado, en dólares americanos de 1999, entre $71 mil 300 y 166 mil 500 millones.

ESTIMACIÓN ACERTADA

Para el caso de México, el cálculo de Agustín Carstens estuvo acertado, pues predijo un costo de 0.3 a0.5 por ciento del PIB. Una nota de El Universal, del 3 de julio de 2009, señala que el costo fue del 0.4 por ciento del PIB, lo que representa, aproximadamente, cuatro mil millones de dólares, de acuerdo a José Ángel Córdova Villalobos, titular dela Secretaría de Salud.

Empero, el costo final más alto es el de las vidas humanas, sobre todo si tomamos en cuenta que la producción de vacunas no alcanzaría para toda la población. Según lo dicho por el ingeniero bioquímico Peter Dunnil, del Colegio Universitario de Londres, bajo las condiciones más optimistas, solamente se podrían producir vacunas para un 10 por ciento de la población global.

Las autoridades sanitarias de cada país yla Organización Mundialdela Saluddeben tener todo esto como prioridad en su agenda, pues se considera que la influenza retornará con mayor fuerza en un segundo brote, similar a lo sucedido de nueva cuenta con el ejemplo de la gripa española.

COMPORTAMIENTO DEL VIRUS

Ahora, para tratar de entender la propagación de un virus, al igual que el caso de una posible pandemia, como lo sería la influenza, debemos partir del hecho de que el comportamiento de un virus no consiste en matar a su huésped, sino en establecer cierta simbiosis, para reproducirse y propagarse. Claro que, en ciertas ocasiones, el huésped no soporta la acción del virus, y muere.

El organismo infeccioso, el virus, debe entonces modular su capacidad infecciosa para no eliminar velozmente al huésped y tener que brincar a uno nuevo a la brevedad; de ahí que una mutación genética puede ayudar a congeniar con el huésped y lograr la deseada simbiosis. Pero, ¿por qué no mutar y pasar de humanos a animales y viceversa? Bueno, eso seguramente aumenta las posibilidades de sobrevivir del virus, pues su número de huéspedes posibles también aumenta.

Para David Quammen, según escribe en su artículo “Animales infecciosos”, de National Geographic, el contacto es crucial y “el contacto entre dos especies representa la oportunidad para un patógeno de expandir sus horizontes y posibilidades”. Quammen dice que “cuando el contacto se ha dado y el patógeno ya cruzó, hay otros dos factores que contribuyen a la posibilidad de consecuencias catastróficas: la gran abundancia de humanos en el planeta, todos disponibles para ser infectados, y la velocidad con la cual viajamos de un lugar a otro”.

Ahora si esto no funciona, y el virus corre peligro de morir, tiene la opción de ponerse en estado de hibernación, hasta que las condiciones del medio ambiente mejoren y pueda encontrar de nuevo un receptáculo (huésped) que le permita vivir de nuevo de forma estable. Esta capacidad de adaptación le resulta sorprendente y útil, pues cuando podemos creer que un virus fue eliminado, éste puede estar desactivado y latente hasta que exista un escenario ideal para manifestarse de nuevo.

CÁNCER DEL PLANETA

Otro punto ya comentado en otro artículo, es que los seres humanos pareciésemos ser un virus del planeta, en virtud del comportamiento que hemos manifestado en nuestro devenir histórico evolutivo. La analogía que me gusta tomar como referencia es la que hace el Agente Smith en la película “The Matrix” donde dice lo siguiente: “Quisiera compartir una revelación que tuve durante mi tiempo aquí. Vino a mi cuando estaba intentando clasificar a su especie (humanos) y me di cuenta que ustedes no son mamíferos. Cada mamífero en este planeta desarrolla un equilibrio natural con el medio ambiente que le rodea, pero ustedes como humanos no lo hacen. Ustedes se mueven hacia un área y se multiplican y multiplican hasta que los recursos naturales de esa zona son consumidos y su única forma de sobrevivir es moverse a otra área. Existe otro organismo que sigue ese patrón de comportamiento. ¿Sabes cuál es? Un virus. Los seres humanos son una enfermedad, un cáncer del planeta. Ustedes son la plaga y nosotros somos la cura”.

Lo anterior, claro, es una posición muy radical, pero si le damos oportunidad al análisis, no resulta descabellado inferir que tiene algo de verdad. Solamente al ver el daño, muchas veces irreparable, que hemos infringido al planeta, pareciese que aunque no queremos eliminar la vida del planeta, nuestro comportamiento irresponsable lesiona gravemente ala Tierra y que al final de cuentas somos un huésped de ella.

Ahora bien, es todavía más revolucionario y radical pensar que nuestro miedo fundado a una pandemia viral, como la influenza, puede ser solamente un mecanismo de defensa de un organismo vivo comola Tierra. Yocreo efectivamente que es un pensamiento demasiado exagerado; pero ¿qué es lo que sucede cuando una especie de roedores se sale de los límites permitidos de sustentabilidad biológica y empieza una eliminación sistemática de la población hasta alcanzar de nueva cuenta límites establecidos y sustentables? Cuando las ballenas quedan varadas en la playa, y los esfuerzos de los seres humanos por llevarlas de nueva cuenta al mar profundo son inútiles, pareciese que también la naturaleza determinó que era tiempo de que algunas de ellas perecieran para estabilizar poblaciones.

Cuando en un mundo de grandes avances científicos hemos prolongado la vida de los seres humanos, engañando o retrasando la apoptosis, o, como comúnmente se le conoce: muerte celular programa, y sumando que no hemos sido un organismo totalmente simbiótico con el planeta, tal vez la raza humana está siendo puesta a prueba con el ataque virulento de pandemias para regular nuestro daño al medio ambiente y reprimirnos de hacerlo.

Al final del día creo que la capacidad biológica adaptativa del ser humano reinará y que difícilmente podemos ser extintos, sin embargo podemos esperar graves percances de pandemias virales que lesionen la economía y, lo más triste, que se lleven vidas humanas en números significativos, sobre todo en países de escasos recursos y con altos índices de pobreza.

EL CAMINO DE LA EVOLUCIÓN

Desgraciadamente, ése es el camino de la evolución, de la supervivencia del más apto, donde los seres humanos que se expongan a este tipo de virus y sobrevivan, pasarán sus genes a otros seres humanos que ya vendrán vacunados ante un tipo particular de virus, en donde esperaremos el siguiente embate viral para crear simbiosis, extraer adaptación al mismo, eliminarlo y pasar los genes nuevamente a nuestros descendientes.

Vivimos y viviremos en una guerra silenciosa contra los virus, donde hasta el momento y entre comillas vamos ganando y donde debemos tomar en cuenta que ellos no quieren eliminarnos, tal vez no tan rápido, pues entonces ellos también perecen.

 

Referencias:

Watching nervously, Global Health, The Economist, April 30th 2009

The Butcher´s Bill, Flu and the global economy, April 30th 2009

Preparing for the worst, Global Health, The Economist, May 7th 2009

Putting the pieces together, The origin of swine flu, The Economist, May 28th 2009

Quammen David, Animales infecciones, National Geographic, 1 de Junio de 2009

 

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