¿Y si reiniciamos el sistema?

Rodrigo Soto Moreno

Desde cierta arista, resulta maravilloso darnos cuenta de nuestra existencia, no solo cuando nos reconocemos en el espejo todas las mañanas, sino el que seamos capaces de hacer bucles de información y autorreferencia a la posición que ocupamos dentro de esta realidad consciente.

Sin embargo, desde otra arista, nuestra conciencia existencial resulta una conjetura cuando intentamos resolver el acertijo sobre el ¿dónde venimos? Y ¿hacia dónde vamos? Todo esto tomando como referencia el pienso, luego existo de Descartes; y en donde muchos seres humanos prefieren acotarse o referirse a respuestas muy simplistas relacionadas con la creación, aferrándose al dicho tradicional de que “la ignorancia es una dicha”.

Derivado de esto, no debemos olvidar que somos criaturas que dependemos de la información que recibimos de nuestros sentidos y que, al procesarse en el cerebro, nos da una imagen de la “realidad” circundante. Esta superposición de datos nos ofrece una ventana para comprender el mundo en que vivimos y todo el mar de situaciones que experimentamos.

Todo se construye a partir de una sensación que viene alimentada del tacto, gusto, el oído, el olfato y primordialmente de la visión; que procesada en nuestro cerebro logra, a partir de experiencias, la concepción final de realidad en un tiempo y en un espacio determinados para un individuo en particular.

Retomando a las dos aristas que elaboramos al inicio de esta colaboración, las mismas hacen trabajar mi imaginación y no solo mi razón, al recordar algo sobre el budismo zen, descrito en Wikipedia y en donde se plantea un problema de un maestro hacia un alumno, y en este sentido el mismo es el siguiente: “Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido?”.

La anterior paradoja filosófica se puede bien complementar con el experimento del gato de Schrödinger, en donde se coloca a un gato en un bunker, junto con una caja de pólvora inestable, misma que tiene 50% de probabilidad de explotar y la misma de no hacerlo, transmitiendo ese riesgo al felino. Es decir, al no abrir el bunker, el gato tiene 50% de posibilidad de estar vivo y 50% de estar muerto.

Para tener algo de certeza en la respuesta, a la paradoja anterior, debemos darle rienda suelta a nuestra curiosidad y abrir el bunker para averiguar el resultado, siempre bajo la advertencia de que la muerte del gato puede provenir de nuestra observación. Me refiero reiteradamente a que, mientras no observemos, el gato se encuentra vivo y muerto a la vez, según la propia explicación de Schrödinger y con sustento de la mecánica cuántica o apoyándonos en los multiversos, en un universo muere el gato y en otro universo el gato vive.

Entonces la rica mezcla de elementos filosóficos y físicos nos permiten expandir nuestra mente con diferentes conjeturas que abren múltiples posibilidades de respuestas, pero que quisiéramos acotar en la menor cantidad posible para poder responderlas; pues al final del día venimos a absorber, procesar y transmitir información.

Recordemos que vivimos en un mundo en donde todo lo que vemos ordinariamente se comporta de acuerdo a la mecánica clásica, mientras que por otro lado el mundo en la escala de los átomos se comporta de acuerdo a la mecánica cuántica, en donde se nos abren múltiples puertas o múltiples posibilidades, como los multiversos en donde pudiéramos tener versiones de nosotros mismos, pero con otra realidad totalmente diferente a la que tenemos en este universo.

Con el avance de la mecánica cuántica aplicada a los sistemas computacionales, aunado al que podamos guardar información en el ADN, así como el surgimiento de inteligencias artificiales cada vez más parecidas a nosotros en cuanto a comportamiento y procesamiento de datos; todo esto contribuirá a perfeccionar los videojuegos y la realidad virtual, sin olvidar la mezcla del sistema binario de 0 y 1, sumado al código A, G, C y T del ADN.

Ante todo esto, si bien es cierto que el camino evolutivo se bifurca en múltiples rutas a seguir, para efecto de esta colaboración solo analizaremos dos vías. La primera en relación a esquivar el camino tradicional de estrés y oxidación celular, ligados a nuestro estilo de vida, que nos acerca a la muerte celular programada, en donde tengamos la premisa y premura de “brincar” hacia otro cuerpo o receptáculo que pueda contener nuestra conciencia, migrando y potenciando nuestros disparos neuronales al vincular el código binario con el código del ADN.

Para esto obviamente necesitamos acelerar la investigación de la ingeniería a la inversa del cerebro humano, con el objetivo de duplicarlo en un código binario y de computación cuántica. Todo esto deberá reforzarse con los avances médicos en relación a la neurología y neurocirugía, para garantizar que podamos transportar el cerebro con la mente y la conciencia que hace especial a cada ser humano, es decir hablamos de mover aproximadamente 100 mil millones de neuronas, con 100 millones de millones de conexiones.

La segunda ruta está relacionada que nuestros avances tecnológicos, a pasos de gigante, converjan en el punto donde seamos capaces de crear una simulación virtual, al grado de poder suplantar mentes reales con mentes virtuales para una población similar a lo que contiene la Tierra, es decir replicar el funcionamiento de más de 7,400 millones de personas. Es decir, si nosotros logramos realizar esta tarea, entonces podríamos pensar que nosotros nos encontramos dentro de una simulación y nada de esto es real.

Hablar de una simulación de este tamaño resulta increíble desde el punto de vista científico, aunque cada vez son más los investigadores que se sienten atraídos por la idea; pero aquí debemos señalar que sería una tarea titánica el replicar esa cantidad de mentes, pues de acuerdo a Matt O´Dowd, en el video “Are We living in an Ancestor Simulation?”, la operación total de un cerebro podría ser simulada con alrededor de 100 billones hasta 100 mil billones de operaciones binarias por cada segundo de tiempo que experimenta el cerebro. Aunado a esto, Matt nos ayuda a estimar que el total de operaciones que se requieren para simular toda la historia humana sería de alrededor de 1034 o 1037.

En ambos casos hablamos de escapar a la muerte, al decaimiento celular, al caos entrópico, a la ausencia de calor y especialmente al cese de la absorción, procesamiento y transmisión de información en cierta realidad. Considero que hablamos de reiniciar el sistema, como lo hacemos tradicionalmente con nuestras computadoras para volver a generar información, pero no perdiendo lo previamente teníamos creado.

Sin embargo, antes de reiniciar el sistema, necesitamos estar ciertos que podemos no solo replicar el funcionamiento del cerebro, sino también que somos capaces de guardar la conciencia de cada ser humano, eso que nos hace únicos y que repercute directamente en la forma como absorbemos, procesamos y transmitimos información.

Parece ciencia ficción, pero estoy seguro de que la ciencia y la tecnología lo podrán hacer realidad. Tan solo recordemos que anteriormente para poder decir que existíamos, los seres humanos tenían que dejar huella con algún escrito impreso, posteriormente se pensó que debíamos salir en algún programa de televisión, pero ahora con el advenimiento de la web, resulta más importante construir nuestros bits y bytes de información en una huella tecnológica, pues pienso que si en algún momento dado se pudiera rescatar a ciertos seres humanos que los alcanzó la muerte celular programada, simplemente porque el algoritmo de la inteligencia artificial sabría cómo piensas y reaccionan esos seres humanos finados, gracias a la huella que dejaron en código binario, logrando así derrotar a la prueba de Turing al no darnos cuenta que seres son compuestos de carbono y cuales son código binario con ADN.

No sé ustedes, pero pienso que vale la pena imaginar y razonar todas esas conjeturas.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *