Tres variables clave: absorber, procesar y transmitir información

Rodrigo Soto Moreno

En el inicio, dentro de esa excitación de una singularidad, se generó una explosión denominada Big Bang, y como los cálculos de muchos científicos señalan, resultó todo lo que conocemos como el Cosmos y como dijera Carl Sagan: “es todo lo que es, o lo que fue, o lo que será”. Tal vez este universo surgió de la nada o tal vez surgió a partir del fin de otro, y parafraseando a Nietzsche, podríamos ser el producto del eterno retorno de lo no idéntico; o de forma más específica como lo dice Stephen Hawking: “somos el producto de fluctuaciones cuánticas en el universo más temprano”.

Dentro de esas oscilaciones que brincaban entre ceros y unos, entre partícula y antipartícula, aunado a la constante del calor o la ausencia del mismo, el código de la creación de este universo, de este cosmos es y será el de absorber, procesar y transmitir información, hablando en relación al conjunto de partículas elementales que constituyen a la materia, pero especialmente hablamos de todos los seres vivos que interactúan con esta realidad y con todo lo que conlleva existir dentro del plano de la física a gran escala y a pequeña escala con la mecánica cuántica, así como con la química, la biología y por supuesto con los disparos neuronales creativos.

Aunado a lo anterior Darwin tenía una idea clara de esto, con su adaptación del más apto, pero curiosamente si agregamos la parte de la información, iteración e interacción con la misma, tenemos un vaivén de intercambio de datos, absorbiéndolos, procesándolos y transmitiéndolos; para describirlo mejor contamos con una explicación muy interesante por parte de Oliver Luckett y Michael J. Casey en su libro “The Social Organism” en donde se habla de lo dicho por Daniel C. Dennett en relación a la idea peligrosa de Darwin (Dawin´s dangerous idea) que se constituye como un algoritmo básico, donde un conjunto de reglas o instrucciones establecidas y ordenadas nos permite la consecución de cierto objetivo.

Hablando de la descripción de ese algoritmo básico de Darwin, tenemos en palabras de Luckett y Casey lo siguiente: “Si existe una variación entre especies y si la distribución de recursos finitos requiere un proceso de selección entre organismos vivos competidores, entonces aquellos seres individuales con variaciones más adecuados para obtener esos recursos sobrevivirán y transmitirán sus rasgos a su descendencia”.

Es decir, en este escenario de la vida, compuesto por una serie de interacciones entre las diferentes reglas de la física, la química, la biología, la neurología y ahora la posible incorporación de la inteligencia artificial, cada uno de nosotros tiene que determinar la mejor forma de interactuar con la existencia en esta realidad, para adaptarse mejor a su entorno, partiendo inicialmente de su herencia genética, pero sobretodo acumulando sabiduría en los memes con la interacción socioeconómica, especialmente con el acopio de información traducida en conocimiento, sabiduría y en la mejor forma no solo de absorber esos datos, sino también con una destacada forma de interpretarlos y transmitirlos.

En este contexto, la vida inició como unidades de información, en donde la conjunción de moléculas y partículas dio origen a los primeros organismos unicelulares, y como sabemos y hemos explicado en diferentes ocasiones, esos primeros seres vivos absorbieron la información de su entorno, procesaron la misma y determinaron que la cooperación celular les proveía nuevas ventajas evolutivas, situación que condujo a la transmisión de información para formar a los primeros organismos multicelulares, y así se repitió esto, pues esos nuevos seres siguieron el proceso de absorber, procesar y transmitir información para continuar avanzando hacia los superorganismos en simbiosis con la naturaleza.

Derivado de estas transformaciones evolutivas, tenemos entonces que todos los seres vivos somos receptáculos de información, pues para poder sobrevivir tenemos que adaptarnos al medio ambiente, primero como ya lo dijimos absorbiendo información desde que iniciamos nuestra existencia, para posteriormente procesar los datos que absorbimos y recibimos a través de los sentidos (tacto, olfato, oído, vista, gusto) y por ende completar el ciclo al transmitir también información resultante y que sea aprovechada por otro ente.

Nosotros los seres humanos nos hemos especializado en robustecer nuestra capacidad de absorber, procesar y transmitir información; característica que nos ha permitido avanzar continuamente dentro de las ramas del arbusto evolutivo. Aunado a esto hemos revolucionado la forma en que absorbemos y transmitimos la información, desde iniciar boca en boca al relacionarnos con otros seres humanos, así como aumentar la velocidad del aprendizaje con los libros impresos, y como dijo Carl Sagan, los libros son un ejemplo de que el ser humano puede hacer maravillas y los mismos se han convertido como repositorios del conocimiento de nuestro especie. Ahora con la ubicuidad del internet, tenemos acceso a un tsunami de bits y bytes de información, en la punta de nuestras manos con los dispositivos móviles, pero aquí también viene la advertencia porque como también lo dice también Sagan, nosotros somos responsables de la información que ponemos en nuestro cerebro, en nuestra mente.

Recordemos que la evolución no es siempre sinónimo de progreso y más si nos referimos a nosotros los seres humanos, quienes equivocadamente pensamos que estamos en la cúspide de la evolución, pero la realidad es que solo somos otra rama del arbusto evolutivo, como lo dijo Stephen Jay Gould. Tan solo analicemos brevemente nuestro paso por el planeta Tierra, donde nuestra aparente era geológica: el Antropoceno está teniendo un impacto negativo hacia el medio ambiente, ligado al aumento de la población humana, pero específicamente a la soberbia y ansia desmedida de poder de algunos seres humanos que se ostentan como líderes públicos o privados, versus a la inteligencia racional que implicaría el buscar estar en simbiosis con la naturaleza y todos los seres vivos.

Por lo anterior sorprende que la criatura , el ser humano, que resulta ser un especialista en absorber, procesar y transmitir información, pareciera estar atrapado en un bucle de información ligado al analfabetismo funcional, olvidando que el progreso evolutivo de nuestra especie no se encuentra en la política, sino que reside en la ciencia básica y en la ciencia aplicada (tecnología); y gracias a ellas, hemos podido transformar el medio ambiente para potenciar nuestra supervivencia, pero desgraciadamente también hemos lesionado al planeta.

Ahondando en este punto, Carl Sagan nos recuerda parte de esto, dentro del episodio 11 de la serie original de Cosmos, al decirnos que la unidad de información es el bit y que puede ser representado como la respuesta de “sí” o “no” a una pregunta concreta y no ambigua, un ejemplo específico, continua Sagan, es cuando prendemos o apagamos el interruptor de la luz. Pero volviendo al punto en específico, Carl Sagan nos dice que existe un juego denominado 20 preguntas, cuyo objetivo es señalar que muchas cosas se pueden especificar con solos 20 bits. El ejemplo de Sagan, para explicar su punto, es esconder algo en su mano y decirnos que debemos escoger cuidadosamente las preguntas a realizar para adivinar el objeto en cuestión, como: 1. “¿está vivo?, sí”; 2. “¿es un animal?, no”; 3 “¿es lo suficientemente grande para verlo?, sí; 4. “¿Crece en la tierra?, sí”. 5. “¿es una planta cultivable?, no”. Este ejercicio, nos dice Sagan, nos acerca a conocer casi cualquier cosa, siempre y cuando sepamos hacer las preguntas correctas. Pero lo más interesante, siguiendo con Carl Sagan, es que existe un juego similar a este que los seres humanos hemos utilizado para adquirir información con preguntas precisas y muy bien pensadas, podemos continuar develando el orden secreto del universo y del cosmos.

Si el universo, el cosmos y todo lo que fue, es y será funciona como un algoritmo entrópico que tiende a decaer  y repartir la energía, encaminándose a la ausencia de energía y de calor, y si nosotros somos polvo de estrellas, como nos lo dijo Carl Sagan, entonces es obvio que también estamos sujetos a una lucha entrópica por no decaer, por vencer a la oxidación y a los errores de sobreescritura en nuestros genes cuando surge un cáncer o algún otro padecimiento o nuestro estilo de vida adelanta nuestra apoptosis o muerte celular programada. Pero si queremos diferir o evitar nuestro fin como especie, es necesario descifrar nuevo conocimiento de la ciencia y la tecnología, para construir un nuevo receptáculo cibernético y con inteligencia artificial, mismo que potencie nuestros disparos neuronales creativos y que nos acerque a ser una especie cósmica al poder explorar nuevos lugares y confines del universo y del cosmos.

Entonces de ahí la importancia de la información que absorbamos, procesemos y transmitamos…

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