El código de la cooperación

Rodrigo Soto Moreno

El cosmos se encuentra pletórico de información y la misma se nos revela como una lucha entrópica de partículas y antipartículas, de la presencia de calor y la ausencia del mismo, dentro del código de un algoritmo de lo que representa la vida y la activación de nuestra conciencia al razonar el “pienso, luego existo” de Descartes, pero sobretodo el absorbo información, la proceso, la transmito y escribo la misma.

Derivado de lo anterior la tarea de todo ser vivo es interpretar las vibraciones de información que emana la naturaleza y al procesar esa información, reaccionar y emitir un comportamiento acorde que garantice su permanencia evolutiva.

Sin embargo, dentro de este contexto y por la premura competitiva desmedida de algunos de nuestra especie, se ha malinterpretado la Teoría de la Evolución de Darwin, específicamente en la frase: “supervivencia del más apto” en donde hemos querido justificar el aplastar a otros seres humanos, evitar la simbiosis con la naturaleza, al igual que huir de la idea de la cooperación al unísono.

Es decir, si consideráramos la supervivencia del más apto o del mejor adaptado, pero incorporando la programación lineal para maximizar el resultado con cualquier combinación de insumos (materia prima), al igual que incluyendo estrategias egoístas y cooperativas; el mejor resultado posible que obtendríamos sería el trabajo cooperativo simbiótico o endosimbiótico, tanto para ahorrar recursos como para maximizar el producto obtenido.

Consideremos algunos simples ejemplos que nos pueden poner en perspectiva, tomándolos de lo que la naturaleza nos puede enseñar:

El primero de ellos se refiere a recordar la opción de cooperación altruista en la naturaleza y como ejemplo tenemos un artículo titulado “Las bacterias se alimentan por turnos en situaciones de escasez”, de la Agencia SINC y publicado en Reporte Ciencia UANL, en donde de acuerdo al estudio: “Coupling between distant biofilms and emergence of nutrient time-sharing” elaborado por intao Liu, Rosa Martinez-Corral, Arthur Prindle, Dong-yeon D. Lee, Joseph Larkin, Marçal, Gabalda-Sagarra, Jordi Garcia-Ojalvo and Gürol M. Süel, publicado en la revista Science, y en donde se explica que las bacterias en comunidades, adoptan una estrategia de alternar y compartir los períodos de alimentación cuando los nutrientes son escasos.

Un comentario muy interesante al respecto, es el del investigador Gürol Süel, director asociado del Centro de Biología de Sistemas de San Diego: “Lo que es interesante aquí es que estas bacterias simples y unicelulares parecen criaturas solitarias, pero cuando forman parte de una comunidad muestran comportamientos muy dinámicos y complejos normalmente atribuidos a organismos más sofisticados o incluso a redes sociales”.

Como se menciona en la nota de Reporte Ciencia UANL, los científicos, Süel, Garcia-Ojalvo y sus colegas ya habían descubierto que las comunidades estructuradas de bacterias, llamadas biofilms, utilizan señales eléctricas para comunicarse, de forma muy similar a lo que realizan las neuronas de nuestro cerebro.

Además los estudios realizados por estos investigadores, demuestran que esos arreglos bacterianos (biofilms) se alternan para comer, cuando existen pocos nutrientes y es gracias a esa estrategia que reducen la competencia entre sus símiles y evitan colapsar por la falta de consumo de alimento.

Para Jordi Garcia-Ojalvo, catedrático de biología de sistemas de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), es conocido que los sistemas vivos trabajen al unísono, pero con esta investigación también se demuestra que se puede funcionar por turnos y así de igual forma se obtiene un beneficio biológico.

Cerrando con este estudio de las bacterias que se alimentan por turnos en situaciones de escasez, tenemos la también interesante reflexión de Gürol Süel, cuando nos dice: “Estas bacterias están en casi todas partes: desde los dientes hasta los desagües. Es curioso cómo estos organismos simples desarrollaron hace dos mil millones de años la misma estrategia de tiempo compartido que nosotros, los seres humanos, estamos usando ahora en todo tipo de ámbitos”.

Un segundo ejemplo de cooperación en el reino animal, la podemos encontrar en una brillante colaboración de ASAP Science, esto dentro del video Nice Guys Finish First y se puede observar en el video en el minuto 3, aquí la liga:

Ahí nos explican que los murciélagos (vampiros) tradicionalmente salen a cazar para obtener sangre, pero hay algunos de ellos que regresan a la cueva sin nada; sin embargo increíblemente aquellos que sí obtuvieron sangre, comparten con los que no, esperando que en el futuro se les pague con esa reciprocidad. Es así que los genes de los murciélagos que comparten la sangre, son más exitosos y proclives a pasar su descendencia a la siguiente generación y aquellos que no comparten son repelidos del grupo.

Las investigaciones de Gerald G. Carter, Gerald S. Wilkinson, dentro del estudio: “Food sharing in vampire bats: reciprocal help predicts donations more than relatedness or harassment” y publicado en The Royal Society, encontraron que este comportamiento de compartir la comida (regurgitando la sangre), que resulta costoso se podía explicar que el dar alimento a alguien tenía que estar relacionado con el parentesco o con el acoso de otros murciélagos vampiros, pero contrario a este pensamiento se pudo comprobar que la repartición de comida estuvo más ligada a la cooperación social, al altruismo y obviamente, como se dijo anteriormente, a la apertura de reciprocidad por parte de otros individuos del grupo de quirópteros, es decir esta estrategia se imita por otros miembros y es favorecida por el colectivo, aumentando la posibilidad de que cada murciélago pase sus genes a la siguiente generación.

Para Sarah Zielinski, dentro de su escrito “Vampire bats share blood to make Friends” publicado en ScienceNews, las investigaciones de Cartes y Wilkinson nos muestran evidencia que el ser generosos y cooperativos, no solo con sus familiares, sino con otros que no tienen relación genética directa, puede ayudar a que los murciélagos aumenten su red social de interacción y comunicación, logrando obtener comida cuando no consiguen un poco de sangre.

Examinando estos dos ejemplos, aunque podemos tener muchos más, conseguimos determinar inmediatamente que la cooperación juega un papel fundamental esas redes de interacción social y biológica, pero específicamente también nos damos cuenta de que no existe un mando central que guíe a los grupos de animales, diciéndoles cuál es la mejor estrategia a seguir, simplemente, como lo hemos dicho en otras colaboraciones es la propia autoorganización de individuos o seres vivos simples la que construye sistemas complejos, para después ser lo que da lugar a un superorganismo.

Se nos ha influenciado por la sociedad y también por muchos medios masivos de comunicación que el capitalismo salvaje, el pisar a otros para conseguir lo que quiero, que la competencia desleal, la corrupción, que primero yo y al último yo, son el camino adecuado para el progreso, dentro de esta selva de asfalto.

Sin embargo, a pesar de que suena a utopía, sueño e imagino lo que sería una estrategia cooperativa entre todos los seres humanos, en donde nuestros disparos neuronales pudieran vibrar absorbiendo, procesando y transmitiendo información en simbiosis y el unísono; si fuese así apuesto que muchas de las enfermedades, como el sobrepeso, la obesidad, la diabetes y el cáncer, ya las hubiéramos detenido, revertido, prevenido y corregido; además de que el hambre y la pobreza serían erradicadas, aunado a que nuestro sistema educativo sería de alta calidad, basado en el conocimiento científico y tecnológico, logrando que las redes de información valiosa se propagarán con mayor facilidad y la exploración del cosmos estaría a nuestro alcance.

El código de la cooperación implica formar redes de comunicación, interacción e iteración de datos, similar a lo que sucedió cuando las primeras células se agruparon para formar los organismos multicelulares para así abrir más puertas hacia los caminos evolutivos, igual que el diseño y proceso ingenieril biológico en la forma en que nuestras circunvoluciones cerebrales concentran las aproximadamente 100 mil millones de neuronas, con 100 millones de millones de conexiones, multiplicado esto por la cantidad de cerebros humanos que absorben, procesan y trasmiten ideas, es decir multiplicar esa red por alrededor de 7,400 millones de cerebros.

Solo imaginemos esa red de disparos neuronales creativos, como dijimos trabajando al unísono y en simbiosis para construir a partir de lo que ya se tiene, con un código abierto en donde todos aportan, sin mando central pero con la capacidad de autoorganización y conscientes de que estaremos creando a un nuevo superorganismo, mucho más potente que cualquiera que haya existido; estaríamos hablando de una inteligencia global interconectada, sin barreras, ni obstáculos, orientada hacia el saber, hacia el conocimiento, hacia absorber conocimiento, procesarlo y transmitirlo, hacia el comprender, hacia el saber por qué estamos aquí y que seguramente serviríamos como materia prima y molde para el surgimiento de una nueva inteligencia artificial, con la cual también tendríamos que migrarnos y trabajar en simbiosis y al unísono.

Suena como ciencia ficción, pero no dudo que los humanos en el futuro, cuando hayan comprendido que el rey y el peón terminan en el mismo cajón, como dice el dicho, y que juntos podemos lograr más que separados, entonces estoy seguro que en verdad podremos materializar el verdadero potencial del ser humano y consolidarlo con una nueva forma de evolución.

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