Soy honesto y muestro empatía y por eso voy a perder…

Rodrigo Soto Moreno

Muchos de nosotros hemos escuchado o leído la famosa frase de Aristóteles que reza: “el hombre es un animal político” y tal parece que esto se cumple cuando vemos el tiempo aire que toman los noticieros televisivos, al igual que las páginas que les destinan los medios impresos para tratar asuntos de esa índole. Incluso los temas políticos sobrepasan otros temas de mayor importancia como son los relativos al conocimiento científico y tecnológico.

Pero no sólo eso, sino que la política se encuentra inmersa en nuestra actividad diaria, pues en cada una de las tareas que realizamos incorporamos algo de política para conseguir el objetivo deseado, ya sea de forma personal o profesional.

Entrando en un poco de historia, para comprender algo más sobre la política humana, el hombre ha recorrido un largo camino, desde su aparición en la Tierra, para mantener su hegemonía sobre las otras especies que cohabita. De acuerdo con una de las teorías darvinistas (supervivencia del más apto), supimos utilizar nuestro dedo pulgar para manipular herramientas; evolucionamos con una dieta variada, que nos permitió adquirir los nutrientes necesarios (sobre todo el azúcar de las frutas que tiene paso directo en nuestras neuronas; aunque la dieta completa de carne, fruta, verdura favoreció el crecimiento cerebral); pudimos conciliar mejores y más largos períodos de sueño para el beneficio de nuestro desarrollo cerebral y neuronal, entre otros.

La avenida evolutiva nos favoreció en el campo del neurodesarrollo; somos la especie con mayor número de circunvoluciones o pliegues en el cerebro, y de esta forma se destaca la mejor relación de tamaño cerebral y peso del cuerpo. Este diseño de la naturaleza y la biología ingenieril abrió las puertas para que otros factores contribuyeran en el continuo crecimiento y desarrollo de la especie humana: me refiero a la capacidad de modificar nuestro medio ambiente, la capacidad de negociación y la habilidad de inferir lo que otros piensan. Es decir, de acuerdo con la Real Academia Española, el arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado es comúnmente denominado “política”.

Hablando de nuestros primos lejanos o cercanos, que es el caso de los chimpancés, es conocido que los miembros de un grupo de chimpancés al ver llegar al macho dominante o “Alfa”, exhiben manifestaciones parecidas a lo que podríamos llamar sumisión, respeto, admiración; es decir, estos animales se acercan cautelosamente al líder, manteniendo la cabeza gacha, buscando obtener la aprobación de éste por medio de una palmada o un ligero abrazo. Esto se debe a que el macho líder es quien presenta las mejores características físicas, al igual que mentales, en este juego de percibir las intenciones. Incluso se ha llegado a suponer que la estrategia neuronal de “leer otras  mentes” contribuyó directamente al crecimiento y desarrollo de nuestro cerebro.

Con esto, el macho Alfa corrobora su posición en el grupo, obtiene el favor de las hembras y puede hacer que otros  hagan algo que necesite; pero hay que recordar que los otros miembros se mantienen como súbditos leales a él, mientras que este príncipe animal no pierda capacidad de maniobra y estrategia con el inexorable paso del tiempo, y sea destronado por uno de los que antes le rendía pleitesía.

De ser esto lo correcto, podemos hablar de una inteligencia maquiavélica, misma que puede venir dentro de nuestros genes y ser parte de la ecuación de supervivencia de la naturaleza, en donde no solo sobrevive el más apto físicamente, sino también el más apto mental y estratégicamente.

Sin embargo dentro de este tenor es conveniente hablar sobre lo que ha expuesto Frans de Waal, pues considera que esa inteligencia maquiavélica que suele ser sinónimo de maldad humana y que sirve de excusa, cuando hacemos algo malo, para vociferar que es solamente “el animal dentro de nosotros” o bien el terrible Mr. Hyde saludando. Pero existe también la parte de empatía en ese animal dentro de nosotros que proviene, nuevamente de nuestros primos los chimpancés, pues de acuerdo al último libro de Frans de Waal titulado: “The Age of Empathy: Nature´s Lessons ofr a Kinder Society” se habla de cómo una chimpancé de nombre Peony, que es una adulta mayor y se encuentra incapacitada por la artritis para lograr tomar agua, es auxiliada por miembros de su grupo con el objetivo de ella pueda beber agua, ya que ellos mismos se la traen a su lugar para que sacie esa sed.

Antes de continuar, quiero hacer la aclaración de que este breve escrito expresa la humilde opinión del escritor en relación al perfil científico ideal del siguiente candidato a la presidencia de la república mexicana en el 2012, pero me pareció necesario comentar y explicar ciertos factores evolutivos que nos han llevado hasta este momento en relación a lo que tal vez pueda denominarse como ciencia política.

La dicotomía se encuentra entre la mencionada “inteligencia maquiavélica” versus “la empatía social” que muestran algunos animales y que por ende tenemos también impresa en nuestro ser, aunque no la mostremos comúnmente. En un mundo donde parece que se cumple la locución latina de que “el hombre es el lobo del hombre” (Homo homini lopus), parece ser que se requiere del Leviatán de Thomas Hobbes para establecer control entre la anarquía y la imposición de voluntades por parte de los más fuertes, ya sea mental o físicamente, o no se busque el bien común dentro del marco ético del comportamiento.

Hablando un poco en cuanto a los requerimientos necesarios para tener un candidato óptimo para la presidencia de México considero lo siguiente:

1)      Contar con un marco ético de comportamiento, pues el pueblo está cansado de escándalos de corrupción, nepotismo y los casos comunes de “hermanos o parientes incómodos”.

2)      Que invierta fuertemente en la educación del país, pero no solamente en cantidad, sino en calidad. Se necesita un trabajo serio en materia educativa y un personaje que realmente entienda las carencias y virtudes de los mexicanos, así como crear una educación individualizada de acuerdo a aptitudes y capacidades de los alumnos.

3)      Aumentar lo que se destina del PIB a ciencia y tecnología. La única forma en que el país salga de su estancamiento es que la ciencia y la tecnología sean banderas del gobierno y se hagan fuertes inversiones para que el conocimiento fluya en el país y se traduzca en productividad que riegue a todas las clases sociales. Además de fomentar el desarrollo y la creación de empresas de base científica y tecnológica apoyadas en centros de investigación y en las universidades.

4)      Que cuente con empatía y cooperación social para buscar consensos y soluciones que generen beneficios en común. Se debe tratar a la pobreza como un gran mal que aqueja a la población, en donde los jóvenes requieren aprender a autoemplearse y dar empleo a otros para generar más beneficio que con el simple hecho de conseguir trabajo.

5)      Que se le evalúe año con año, de igual forma como se haría con un director de empresa. Se debe tener una evaluación con resultados medibles y que no solamente con estar en el poder se sienta intocable a inamovible.

6)      Que no se rompan los planes y proyectos, sobre todo aquellos en materia de ciencia y tecnología, con un cambio de gobierno, porque primero está el beneficio del país sobre el beneficio personal.

7)      Se requiere un candidato que gobierne para todos y no solamente para unos cuantos. El pueblo no quiere exenciones fiscales para los más ricos y que la clase media y la pobre tenga que pagar las consecuencias, se requiere igualdad.

8)      El candidato debe tener claro que no es un “ser superior”, sino que es un igual al pueblo y como tal debe tener la capacidad de ponerse en los zapatos de cada ciudadano. Estamos cansados de que se les tenga que rendir una especie de pleitesía a las personas en cargos populares, contamos con las mismas conexiones neurales y tenemos

9)      No debe gobernar desde una torre de marfil, sino con una conciencia crítica de las necesidades que son urgentes e importantes en el país. Además de que debe profesar y demostrar que tiene amor por este país, por México.

10)   Debe promover la competitividad internacional basada en el conocimiento científico y tecnológico, buscando darle fuerza a lo diseño en México sobre lo hecho en México, así como la generación de patentes.

Resulta claro que el pueblo mexicano está cansado de los candidatos, ya sea para la presidencia como para otros puestos de elección popular, simplemente podemos observar que los últimos presidentes electos han ganado con una votación menor a la de su predecesor, según Jorge Castañeda, para Zedillo se tuvo una votación del 49% en 1994, para Fox una de 43% en 2000 y para Calderón solamente un 35.9% en el 2006.

Lo anterior nos dice que el pueblo no sale a votar y cuando lo hace, es en pocas cantidades. Situación que desde mi muy particular opinión, es que quien no vota no puede tener derecho a quejarse de los que ganaron. El no salir a votar surge de la mente del mexicano que considera que aunque lo haga, no está certero de que su voto hará la diferencia y también habla de que los candidatos aunque abanderen diferentes partidos, no son percibidos como reales portadores del cambio y que amen a su país y sobre todo a su pueblo para en verdad buscar el progreso de todos y para todos.

Aquí es necesario hacer una pausa y comentar, que aunque nos jactemos de tener una aparente democracia política en las elecciones, no porque exista esa democracia garantizamos tener progreso económico, sino que se deben cimentar las bases políticas y económicas para que el país realmente se incorpore a la competitividad en el mundo globalizado.

La verdad es que no existe candidato perfecto, no existe ese salvador que estamos esperando a que resuelva todos los problemas de México y nos lleve primero al primer mundo, lo anterior partiendo de la premisa de que el hombre es un ser imperfecto y debemos de aprender que siempre en que esté sentado en la silla presidencial cometerá errores, aunque no por ello “lo estamos curando en salud”. Creo que los mexicanos debemos dejar de soñar y centrarnos en este tipo de realidades.

Pero si debo escoger un perfil idóneo de candidato a la presidencia de la república, creo que me inclinaría por un científico para que el país abandere el conocimiento científico y tecnológico y por medio de este se elimine esa brecha educativa y económica que no permite un sano crecimiento. En la educación se encuentra el secreto para hacer de este país, un mejor lugar y asegurarle un sitio en la nueva economía del conocimiento y de las ideas.

Además, como conclusión y parafraseando las palabras del doctor Todd: “mientras más acerquemos la política a la ciencia, la haremos más reproducible”, a lo que yo agregaría que con eso podríamos eliminar el prejuicio de que siendo honesto y el mostrar empatía nos conduce a perder…

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