¿Por qué veo hacia abajo? Porque estoy en la cima

Rodrigo Soto Moreno

La breve satisfacción del éxito…

Frente al lienzo el pincel se movía libre y alegre como si supiera de antemano el lugar que debía dar color a su paso, pero realmente atrás de éste se encontraba un extraordinario y diferente pintor español, un genio para muchos. El final del proyecto se acercaba y el principio de una de las pinturas más aplaudidas y célebres del surrealismo comenzaba, hablamos de: “La persistencia de la memoria”.

Seguramente Dalí  dilucidaba alrededor de su obra y puede ser que expresara que la misma solamente podía ser de un genio como él. Sus retractores con envidia daban poca valía a su trabajo y lo tildaban de loco, para lo cual Salvador Dalí tuvo respuesta clara para ambas aseveraciones. Primero comento: “…que no conozca el significado de mi obra, no significa que no lo tenga…” y posteriormente dijo: “la única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco”.

Pero para Dalí  no importaba lo que dijera la gente, sino que ahora después de terminar la pintura y obtener opiniones divididas del público, el breve placer del éxito se había esfumado y era hora de iniciar otro proyecto para volver a ese efímero punto de alegría.

Ciertamente los hechos anteriormente descritos no sucedieron de esa forma, pero nos abre camino a dar pauta de la imaginación del relato a la realidad de analizar muy breve la vida y obra de un genio, al que podemos catalogar como de los pocos pintores exitosos en vida, tanto en la parte creativa surrealista de su obra como en la remuneración económica por sus trabajos.

Recordemos que siempre existe algo de genialidad en la locura y viceversa; un genio puede ser tachado de loco hasta que le llega su tiempo y es venerado por su trabajo, muchos pintores geniales han tenido esa fortuna pero tras su muerte.

Gracias a lo anterior, podemos continuar al siguiente punto en relación al éxito, pues si le preguntamos a cualquier persona que nos nombre a un personaje exitoso, es muy probable que nos responda con un empresario, como Carlos Slim o Bill Gates, pues el éxito invariablemente lo relacionamos con dinero o poder, pero parecer ser que difícilmente responderán con algún pintor del estilo de Van Gogh, pues como sabemos murió en la pobreza y depresión.

Sin embargo el éxito debe medirse no solamente en el dinero que se genera, aunque es buena regla pues aunque no es la felicidad ayuda mucho a obtenerla, sino también debemos considerar que los éxitos pueden dar una gran alegría sin necesariamente ser traducidos en términos económicos. Hablamos del nacimiento de un hijo, finalizar un estudio, conseguir una beca, estar con esa persona amada, y cualquier otro placer mundano que sea sinónimo de un éxito aunque pequeño pero con valía para nosotros.

Además el éxito debe ser medido en pequeñas escalas de tiempo, es decir hablamos de que cada día nos acercamos a la gran meta con paso firme, así como sentir satisfacción cuando ganamos otro partido de fútbol, hacemos un movimiento clave en una partida de ajedrez, avanzamos en el proyecto de escribir un libro, pasamos a la siguiente etapa en la entrevista de trabajo, etc.

Tampoco olvidando que el éxito en los niños y jóvenes es interpretado de diferente forma que en los adultos y que tal vez como padres y maestros debemos reforzar o aplaudir cada pequeño logro que tienen en su vida educativa como personal, pues ese impulso recibido por el niño puede significar la diferencia en alcanzar un éxito “mayor” a nivel adulto.

Pero la verdadera razón para valorar si hemos tenido éxito es científicamente posible al analizar el cerebro, pues de acuerdo al neurocientífico del MIT Earl Miller, el placer que sentimos por ejemplo cuando anotamos un gol o encestamos una canasta, viene acompañado de un aumento de la dopamina como neurotransmisor en el cerebro.

De esta forma, nos comenta Miller, le estamos diciendo a las células del cerebro que “hemos encontrado oro”, es decir que hemos dado en el blanco y de esa forma esas mismas células quieren volver a sentir el flujo de dopamina y es lo que nos lleva a repetir la misma acción para sentir de nueva cuenta placer mental traducido en éxito. A esto comúnmente conocemos como el sistema de recompensa del cerebro, en donde la obtención de goce de forma química y biológica por la descarga de dopamina es una búsqueda consuetudinaria por parte de nuestra caja cerebral.

Si lo analizamos, el éxito es efímero y una vez que lo experimentamos con una veloz descarga de dopamina, de la misma forma rápida se va y es por ello que las neuronas quieren fijarse y disparar de nuevo para que venga otra cascada de dopamina y nos refresque con regodeo.

Que mejor que nuestro cuerpo pueda garantizar la sensación de placer proveniente del éxito en repetidas ocasiones y para ello Malcolm Gladwell nos relata, en su libro Outliers, la clave para que una persona entrene su cuerpo de forma que garantice el éxito.

Varios son los puntos que desarrolla Gladwell, entre los clave es practicar unas 10,000 horas en cualquier cosa que queramos ser expertos para poder dominar esa actividad en particular, como dice el dicho: la práctica hace al maestro. Otro aspecto, a consideración, es que el tener un IQ por arriba del promedio, por ejemplo uno de 120 es garantía de inteligencia superior al promedio. Tenemos que un IQ menor a 70 es alguien que está mentalmente deshabilitado, uno de 100 es promedio. Para Malcolm el tener un IQ superior está directamente relacionado con el nivel educativo que uno puede aspirar y por consiguiente el éxito que puede uno tener en la vida, lo que genéticamente es correcto.

Ahora esa inteligencia por arriba del promedio, medida en IQ, debe estar complementada por la inteligencia práctica, misma que según Gladwell te permite leer una situación y decir lo correcto para poder conseguir lo que quieres. Otro aspecto al que hace hincapié Gladwell es la ventaja cultural que tienen las personas que desde niños se les inculcó que cuando estén ante una figura mayor y de autoridad, ellos no se deben intimidar así como comprender que pueden hacer preguntas y cuestionar con respeto a ese adulto con autoridad.

Esa misma capacidad inquisitiva de cuestionar el conocimiento recibido es la misma que nos garantiza aprendizaje. De esa forma podemos afirmar que acumulamos conocimiento al cuestionar lo aprendido, pues realmente comprendemos lo que se nos ofrece para almacenar dentro del cerebro.

Pasando ahora con Chris Anderson, resulta alentador lo que escribe en su artículo de la revista Wired de Febrero de 2010, titulado “Atoms are the new bits”, en donde señala que estamos viviendo una nueva revolución industrial pero esta vez las ideas son las nuevas monedas de la economía.

Para Anderson las ideas son las que mueven al mundo, ya que vivimos en la época del Do It Yourself (DYI) o hágalo usted mismo en donde ahora las ideas van directamente a la producción y al mercado. Hablamos de las empresas exitosas que se crean y desarrollan en un garaje. El éxito de acuerdo a se refleja de la siguiente manera: el potencial colectivo  de un millón de pensadores de garaje (garage thinkers) está apunto de ser soltado en los mercados globales.

Anderson nos ejemplifica lo anterior cuando habla de que las fábricas chinas han evolucionado, porque ahora pueden manejar órdenes pequeñas eficientemente y es así  que la capacidad de manufacturar está no a la vuelta de la esquina, pero si abierta para cualquier persona. Una frase excelente de relacionar el éxito con el mercado es que para Anderson estamos en la era de la democratización de la industria, donde cualquier garaje puede ser una potencia una micro – fábrica.

Tener una idea y convertirla en éxito se compone de 5 pasos según Anderson:

  1. Inventa. Soñar con una idea y buscar patentarla.
  2. Diseña. Usa herramientas gratuitas de la web (Blender, SketchUp) para el diseño.
  3. Prototipo.  Crear un prototipo (existen impresoras en 3D).
  4. Manufactura. Irse global y tener outsourcing para manufactura (China).
  5. Vende. Desarrollar e-commerce para venta en línea o mercadeo directo.

En conclusión del éxito tenemos que, aunque la genética es responsable de la inteligencia tal vez en un 50% heredada por los padres, resulta claro que las 10,000 horas de práctica de Gladwell son necesarias para ser expertos y dominar una disciplina. Por otro lado la capacidad inquisitiva de aprendizaje y desempeño social y cultural nos desenvuelve en sociedad y fortaleza la adquisición de conocimiento y por último atesoremos las ideas que tenemos, mismas que pueden traducirse al mercado en una economía dominada por el conocimiento y con monedas corrientes con las ideas. Recordemos la ola de dopamina cerebral que recibimos por el éxito debe ser buscada constantemente para saborear ese breve placer, además como también dice Gladwell ninguna persona exitosa lo hace solo, sino gracias a la cooperación y trabajo en equipo y parafraseando a Mecano el genio exitoso que llevamos dentro no debe morir.

 

Referencias:

Gladwell, Malcolm. Outliers, Littler Brown and Company, United States, 2008.

Anderson, Chris. Atoms are the new bits, Wired magazine, February 2010.

Joelving, Frederik. How you learn more from success than from failure, Scientific American, United States, November 2009.

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