Por el túnel que llegamos…y por el que nos vamos

Revista número 109, octubre de 2010, páginas 23  y 24

Nunca le habían llamado la atención los juegos tradicionales ni los programas televisivos diseñados para otros niños o niñas de su edad. Ella siempre se había interesado por aficiones llamadas erróneamente aburridas y tediosas por la sociedad; sin embargo, no le importaba, pues pensaba que cada vez que obtenía un nuevo conocimiento digno de guardarse en el cerebro, como lo había leído, se le iluminaban las conexiones neurales de su cerebro y que, dependiendo del color de la iluminación, era el lugar en que se iba a guardar ese conocimiento, como si tuviera un archivero para ordenar y clasificar lo que se absorbía por la mente en su experiencia cotidiana en contacto con la naturaleza.

Pensaba eso cuando, caminando entre las diferentes estaciones del saber, Ena Camila, a pesar de su corta edad, se sentía maravillada por lo que registraba su mente ante tanto conocimiento expuesto de forma clara y didáctica. Poco a poco su curiosidad le planteaba diversas preguntas e intereses para estudios futuros. Fue ahí, dentro del Túnel de la Ciencia, donde se imaginó que nosotros veníamos al mundo por un túnel, salíamos del vientre materno para absorber con nuestra mente la sabiduría y el conocimiento, así como para apreciar lo bueno y extraordinario de la vida.

Eso era lo que evocaba Ena Camila al ver ese majestuoso túnel: la sensación mágica del conocimiento científico y el cómo se invitaba al ser humano a explorar el universo, el cosmos, de forma similar a como cuando nacemos y abrimos los ojos para absorber información y guardar aquella que creemos necesaria para nuestra supervivencia. 

Caminó por todas las estaciones, pasando por la del “Big Bang”, la de los componentes de la vida, la de las tecnologías del futuro, la de los datos del conocimiento, los desafíos globales, el universo, el nano cosmos, entre muchas otras, pero la que más le impactó fue la de nuestro hogar en el cosmos, pues Ena Camila siempre había creído que debía existir vida en otro planeta, al igual que hay vida en la Tierra.

Tanto le interesaba el tema de la vida en otros mundos, que se había adelantado a sus padres y los había dejado un poco atrás; ¡qué importante era admirar y tratar de comprender nuestro espacio en el cosmos y así tratar de imaginar cómo sería la vida en otro lugar diferente a la Tierra! De pronto, unas manos conocidas tomaron la suya. Eran las de sus padres, que, sonrientes, la guiaron para continuar el recorrido.

EL SORPRENDENTE MUNDO DE LAS SENSACIONES

Precisamente llegamos por un túnel por parto materno, o por otro túnel por cesárea; pero ambos túneles nos abren las puertas al sorprendente mundo de las sensaciones de cada uno de nuestros sentidos y al uso maravilloso de nuestro cerebro para experimentar con el mundo, y así obtener la mayor información que podamos en nuestro contacto con la madre naturaleza y todo lo que nos rodea.

Pero con tanta información tan dispersa y la dificultad actual de conseguir que los individuos (sobre todo los jóvenes) se interesen en temas científicos y tecnológicos, resulta vital que una exposición de esta magnitud se encuentre en México y sobre todo en la ciudad de Monterrey, pues se enfoca en temas científicos de actualidad; y, por su forma interactiva e itinerante, resulta atractiva para estudiantes y público en general.

RECORRIDO COMPLETO POR LA CIENCIA

Para darnos una idea de la exposición, en palabras de los organizadores alemanes: “Un completo recorrido por la ciencia, desde los casi invisibles átomos y moléculas del organismo humano, hasta las macro estructuras del universo, es lo que presenta la exposición ‘Túnel de la Ciencia’, creada por los institutos que integran la Sociedad Max-Planck de Alemania, y que viaja desde 2009 y hasta 2011 por primera vez por Latinoamérica. El tour es apoyado por el Ministerio Federal de Educación e Investigación alemán”.

Comprendiendo un poco más acerca de la muestra, y también en palabras de los organizadores, se nos explica que: “El Túnel de la Ciencia permitirá aprender acerca de los límites del espacio y el tiempo, explorar mundos misteriosos y las tecnologías del futuro, como la biotecnología, la nanotecnología, la neuroelectrónica y la computación cuántica. De igual modo, el espectador podrá asumir el papel de un virus agresivo, hacer un viaje imaginario a Marte o a una ciudad virtual a la velocidad de la luz”.

LEEMOS MEDIO LIBRO AL AÑO

Cuando uno escucha en las noticias que el mexicano en promedio lee medio libro al año, es cuando comprendemos que el aprendizaje y la mano de obra calificada y especializada es carente en el país y también es ahí donde debemos comprender que requerimos de ayuda visual e interactiva para motivar a que los individuos, pero sobre todo los jóvenes, se interesen en temas científicos y tecnológicos. Si no, es probable que sigamos generando egresados que son analfabetas funcionales, que leen pero no entienden lo que leyeron; que realizan una operación matemática por simple memoria, pero sin razonar la forma en que obtuvieron el resultado.

Eventos de esta naturaleza son los que impulsan al país y al Estado a que su mejor recurso, el humano, explore, sienta, toque, vea, analice, etcétera, y comprenda que en ese acercamiento al conocimiento científico básico y posteriormente aplicado se encuentra la clave para entender nuestro lugar en la Tierra y posteriormente en el Cosmos, así como para abrazar alguna carrera de base científica que rendirá frutos no solamente para el estudiante, sino para México y para Nuevo León.

INVITACIÓN A LA EXPOSICIÓN

Pero es mejor detenernos aquí e invitar a los lectores a que asistan a esta magnífica exposición y empapen sus cerebros de toda la sabiduría que se puede obtener ahí, porque debemos recordar que por un túnel llegamos y por un túnel nos vamos, pero entre cada túnel hay que alimentar el cerebro, pues no hay vida más plena, aunque a veces no parezca, que aquella llena de sabiduría.

Todavía es tiempo de enseñar a los jóvenes y a sus madres que el camino del saber es complicado y muy sinuoso, pero al final la recompensa es ampliamente satisfactoria, mucho más que simplemente tomar la ruta menos transitada y de altos rendimientos económicos fuera de la ley.  Por cada joven que introduzcamos en este túnel y se interese en la ciencia, es uno menos en las calles delinquiendo.

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