Pasando del animal político descrito por Aristóteles al político científico.

Revista número 120, 6 de octubre de 2011, páginas 33 a 36

Quién hubiera pesando que él fuese a terminar de esa forma, él que había sido un diplomático, un consejero, un pensador, un analista preciso, un estudioso del comportamiento humano, un sociólogo, un filósofo, entre otras cosas que se necesitan para ser un político; tuviera ahora que dejar de usar su mente para usar sus manos para obtener el alimento. Triste era el exilio, rutinaria era la vida.

Miró hacia el cielo y descubrió que había llegado la mejor parte del día, la tarde, misma que era la que más ansiaba después de un duro y obtuso día laboral sin sentido valioso, sino solamente con el fin de conseguir dinero para sobrevivir. Fue así que Nicolás entró a su casa y se dirigió directamente a su estudio donde se quitó las ropas sudadas y sucias de lodo debido a su arduo trabajo, para cambiarse y ponerse el traje que él llamaba: “digno de la corte y el palacio” con el objetivo de transportarse a mejores tiempos.

Esos tiempos eran aquellos que le recordaban una vida plena y para lo que había nacido, para la discusión, el análisis, la creación, la estrategia y la escritura política misma que lo hacía sentirse vivo y que gracias a ésta lo inspiraba para seguir vivo.

En sus propias palabras escritas a Francesco Vettori, según Wikipedia, le decía: “cuando llega la tarde, regreso a casa (del trabajo y de la taberna local) y camino hacia mi estudio. En el umbral me desnudo, para quitarme la ropa diaria de trabajo sudorosa, sucia de lodo, y me pongo el traje de la corte y el palacio, y en ese vestido más serio, entro a la corte de los antiguos, siendo bienvenido por ellos, y ahí disfruto de la comida que solo es mía, y para lo que yo nací. Ahí me atrevo a hablar con ellos y preguntarles el motivo de sus acciones, y ellos en su humanidad me responden. Por ese espacio de cuatro horas, me olvido del mundo, no recuerdo ninguna vejación, la pobreza no me da miedo, no tiemblo mas ante la muerte; paso realmente a su mundo”.

El breve esbozo anterior se refiere al exilio que sufrió Nicolás Maquiavelo, filósofo y escritor político italiano que es considerado como uno de los principales fundadores de la ciencia política moderna, según Wikipedia. Para muchos su mayor aportación es el Príncipe, libro que ha sido de cabecera y consejero fiel de diversos actores políticos de la antigüedad y actualidad.

Existe un debate en relación al objeto de “El Príncipe”, pues los métodos propuestos resultan cuestionables para el beneficio común de un pueblo. También se debate en relación al personaje utilizado o si fue o no basado en César Borgia o si realmente se tomó como modelo al Papa Alejandro VI, es decir a Rodrigo Borgia, padre de César.

Las opiniones divididas sobre las estrategias de Maquiavelo, en cuanto a que se requiere un Príncipe para subir al trono y que este puede acceder a todos los medios posibles para llegar al poder, siendo inferido que el fin justifica los medios, mientras que otros estudiosos piensan que en la época que vivió Maquiavelo, llena de intrigas, conspiraciones y traiciones, la única forma de mantener el orden era por medio de un Príncipe con poder dictatorial, pero una vez restaurado el orden debía ceder ante la república y entregar cuentas.

Entrando en tema, hablar de política no es sencillo, pues es común que sea vista como carente de sentido social común, fría y calculadora, entro otros atributos negativos, pero si analizamos detenidamente veremos que todos somos políticos en cierta forma.

Recordando lo que dijo Aristóteles que dijo que el hombre por naturaleza es un animal político, hemos entonces caminado desde los homínidos políticos, con nuestros antepasados, a los hombres políticos.

Pensamos así que en nuestras primeras organizaciones, cuando compartíamos el alimento alrededor del fuego y discutíamos la supervivencia y el beneficio de nuestra especie para el futuro, las tareas de organizar al pueblo, crear y regir de cierta forma los primeros vestigios de un estado, eran dadas a los más sabios, o en ocasiones a los más fuertes, tal vez buscando mantener un orden social, económico, político y religioso en beneficio de lo que podía ya llamarse sociedad.

Sin embargo recordemos la frase célebre de Lord Acton, conocida como el Dictum de Acton, donde nos comenta “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. De aquí que muchos dirigentes a lo largo de la historia de la humanidad hayan hecho de la política una herramienta de engaño hacia el pueblo, mientras saquean sus arcas y los dejan en la ruina.

También son conocidas las frases cínicas, aunque también jocosa, como la dicha en la película de Arráncame la Vida, por el general Andrés Ascencio cuando su esposa lo cuestiona de que a todo mundo le dice que sí va a ayudarlos y él le responde: “prometer no empobrece”, misma que el pueblo quiere etiquetar a todos los políticos.

Pero no debemos generalizar, es cierto que podemos encontrar algunas manzanas podridas, pero no por ello vamos a tener toda la cosecha desperdiciada. Es así que la política debe recurrir más a la ciencia y cuando hablemos de ella no solamente nos refiramos a política, sino la describamos correctamente como ciencia política, con el fin de que el ciudadano la acepte y la abrace como benefactora para la sociedad.

Es así que el progreso de la política en el devenir histórico de la raza humana debe ir ligado estrechamente a la ciencia, solamente así satisfacemos el favor en común para una sociedad que demanda libertad, fraternidad e igualdad como en su momento lo hicieron en la Revolución Francesa.

Volviendo con Aristóteles y la naturaleza política que viene determinada en cada uno de nosotros, vemos que la ciencia estudiando la política devela, de acuerdo a Scientific American en su estudio de la genética de la política, que podríamos tener insertado en nuestra biología el deseo político.

James Fowler, científico político, ha estudiado a individuos que son gemelos fraternales e idénticos y su estudio sugiere que genéticamente podemos tener la predisposición a votar o simplemente a abstenernos de hacerlo. Incluso es muy interesante lo que ha encontrado Fowler, pues las personas que son propensas a votar, parecen estar programadas para hacerlo y nos dice lo siguiente en sus palabras: “es como si las personas que votan estuvieran programadas para mantenerse votando, incluso cuando su sentido común les diga que es probablemente inútil; por otro lado existen personas que no votan, no importa lo que pase…”.

Para Fowler las personas votan aunque sepan de antemano que su voto no vaya a cambiar el resultado de una elección y las que no votan no sienten el deseo de hacerlo, o no se sienten motivados a ello.

Analizando a los gemelos idénticos (monocigóticos, un óvulo y un espermatozoide) y fraternales (dicigóticos, mellizos, dos óvulos y dos espermatozoides) y sus historias de votación se encontró que de 326 gemelos idénticos y 196 fraternales, la genética es responsable en un 60% de diferencias en el voto entre los tipos de gemelos, siendo el restante 40% de diferencia proveniente de factores ambientales o sociales.

Otros estudios del genetista Robert Plomin han arrojado que la genética es responsable de un 40% en la diferencia de votación entre los tipos de gemelos, abriendo la puerta a que un 60% de la propensión al voto este determinada por la influencia social y ambiental. Se requieren posteriores estudios que refuercen las investigaciones aquí descritas, pero por lo pronto resulta llamativo inferir que Aristóteles tenía razón, nuestra genética juega un papel importante en el hombre político que llevamos o no dentro.

Pasando ahora a otros estudios relacionados con la política científica tomamos el escrito de Jordan Lite en Scientific American en el cual se menciona un estudio, publicado en el Journal of Political Psychology, donde también se pretende identificar si los genes son responsables de determinar si cierta persona es liberal o conservador, o para el caso de Estados Unidos, si es demócrata o republicano.

El estudio llevado por Sam Gosling, Dana Carney y John Jost se fundamenta en analizar los dormitorios estudiantiles de universitarios y las oficinas de los profesionistas. Los resultados nos señalan que los dormitorios y las oficinas de los liberales tienden a ser llenos de colorido, con libros acerca de viajes, etnicidad, feminismo y música, así como discos de música folk, rock moderno, al igual que recuerdos de viajes y tickets de cine.

Por otro lado los dormitorios y las oficinas de los conservadores tienden a estar rodeados por calendarios, estampas postales, recipientes para la ropa sucia, aditamentos para coser, aspirar, decorados con pósters o artículos de deportes y banderas, en este caso de la bandera de los Estados Unidos.

La inferencia para Carney es que los liberales pasan el tiempo pensando, gravitan en su mayoría en relación al arte y cosas que no son tan concretas, pero para el caso de los conservadores el orden tiene que mantenerse, no les gusta la ambigüedad y les gusta tener todo organizado para sentirse en un ambiente seguro.

Nuevos estudios son realizados para comprender cómo eran las discusiones políticas de nuestros ancestros homínidos, para obtener origen de éstas y los comportamientos; lo anterior gracias al apoyo de la resonancia magnética funcional para ver las regiones del cerebro y también pruebas genéticas estudiando nuestro ADN.

Un punto interesante que se aplica en la política científica, explorado por Lite, es que los seres humanos contamos con lo que se llama: “neuronas espejo”, mismas que disparan cuando vemos a alguien que se comporta como nosotros y de cierta forma sentimos empatía por esa persona.

Ahora se habla de una nueva disciplina ligada a la política y nuestras decisiones llamada neuropolítica donde se quiere analizar a los neurotransmisores, como lo señala Lite, ejemplificando a la serotonina que regula las interacciones sociales, así como la confianza y el miedo.

Para el profesor de ciencia política no existe un solo gen para ser demócrata o republicano, liberal o conservador, pero los genes pueden ayudarnos a esclarecer cómo nos sentimos social o políticamente hacia el mundo y también cómo concebimos nuestro ambiente.

Lo que observamos de lo anterior es que ahora la política está siendo analizada desde el punto de vista científico, utilizando herramientas que bajo un estricto método científico nos darán conclusiones más concretas y específicas del conducta política de los individuos y tal vez podamos trazar tendencias de votación, ganadores de una elección, determinar efectivamente para qué partido se afiliaran los individuos, entre muchas otras.

Sin embargo, cuando logremos esos avances, si es que se logran, debemos tener cuidado en que el progreso científico en materia política no sea usado para crear condicionamiento al estilo Pavlov para inducir a los individuos a votar por x o y partido, sino que se respete la libertad de opinión.  Nadie quiere un estado al estilo controlador y dictatorial de “Leviatán”, ni tampoco un “Big Brother” que nos suprima la libertad y la intimidad.

Para ir cerrando el tema, pensemos que el binomio de política y estado se encuentra fuertemente relacionado, es difícil hablar de política sin incluir al estado y viceversa, todavía más hoy día que el estado tuvo que intervenir ante la caída capitalista de los mercados, de los países y de las empresas. Incluso para The Economist en su artículo Smart States se comenta que debido a esto, los estados han crecido en demasía, al tener por ejemplo el control de empresas como lo sucedido con GM, pero el principal reto para el estado en el 2010 será hacer más con menos recursos, pues la recuperación económica tanto de individuos como empresas aún está lejana.

Incluso en ese artículo, Smart States, se expone que tradicionalmente a los estados les cuesta trabajo reclutar a las personas más brillantes, para que se incorporen a al sector público y político y que ante la crisis vivida el año pasado, la tarea ineludible para los estados (gobiernos) es afiliar a sus filas, no a cualquier individuo que diga traer la camiseta puesta, sino aquellas personas que sean los mejores y los más brillantes.

Alguna vez recuerdo haber escuchado, de algún creativo político, que si la política se acerca más a la ciencia, entonces será más fácil reproducirla. Además mientras el estado y los políticos con sus reformas generen progreso en materia económica principalmente, siendo regada ésta a los ciudadanos, difícilmente tendrán queja de sus gobernantes y representantes de las cámaras.

Como dijo Leo Zuckermann, en una encuesta de consulta mitofsky se obtuvo que el 55% de los mexicanos quieren que México se pareciera a Estados Unidos, la razón fundamental es por la economía. También nos dice que es hora de eliminar aquella idea de que a los mexicanos vemos con buenos ojos la pobreza. Y por último menciona que el mensaje es claro para los políticos de nuestro país, es decir que los mexicanos no estamos peleados con el progreso económico y que eso es lo que anhelamos.

La conclusión es simple, la política debe apegarse a la ciencia para tener validez científica y así mejor aprobación, por parte de la población, de las estrategias adoptadas, y poder reproducirse con mayor facilidad; así como hacer hincapié en que los políticos busquen el desarrollo y el crecimiento económico, especialmente en nuestro país.

 

Referencias.

Lite, Jordan. The body politic: Can we tell from pols faces if they´re competent?, Scientific American, February 2009.

Wooldridge, Alan. Smart States, The World in 2010, The Economist, December 2009.

Lite, Jordan. Political Science: What being neat of messy says about political leanings. Scientific American, October 2008.

The Genetics of Politics, Scientific American, November 2007.

Niccolo Machiavelli. http://en.wikipedia.org/wiki/Niccolò_Machiavelli

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