No hay que dejar ventanas rotas…

Revista número 118, agosto 2011, páginas 18 a 20

La situación de violencia e inseguridad es un tema que afecta no solamente a Nuevo León y a México, sino a diversos países del orbe, y tiene un elevado costo económico. Solamente en México, la inseguridad nos costó un billón 950 mil millones de pesos; es decir, 15 puntos porcentuales del PIB del país en 2010, según cifras de diversos organismos no gubernamentales y privados, presentados por Israel Rodríguez en escrito de La Jornada.

Lo anterior resulta alarmante; pero, para darnos una idea un poco más clara del problema, debemos seguir comentando los datos presentados por Israel Rodríguez. Nos dice que el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CESSP), calcula que el costo de la violencia es mayor a los 15 puntos porcentuales del PIB, más del doble de lo que el país gasta anualmente en educación.

LA TEORÍA DE LA VENTANA ROTA

Para atacar este problema y ofrecer soluciones concretas, que tengan impacto real, es necesario comprender sus raíces. Una vertiente que puede explicar el fenómeno de la inseguridad y parte de la violencia, es la teoría de la ventana rota, desarrollada por los científicos sociales James Q. Wilson y George L. Kelling, la cual analiza los efectos del desorden urbano y el vandalismo, ligados a la aparición y aumento del crimen y de los comportamientos antisociales. 

Existe documentación del psicólogo Phillip Zimbardo, quien, estando en Stanford, llevó a cabo un experimento, publicado en un artículo en The Atlantic, titulado “Broken Windows”, para comprobar la teoría antes mencionada. El estudio consistió en dejar estacionado un automóvil sin placas, con el cofre levantado, en una calle del Bronx, en Nueva York, y otro automóvil, con las mismas características y variables, en una calle en Palo Alto, California.

El automóvil en el Bronx fue atacado por vándalos 10 minutos después de haber sido estacionado; 24 horas después, prácticamente todo lo de valor había sido removido, para que posteriormente viniera la destrucción total del vehículo: le rompieron las ventanas, algunas otras partes fueron arrancadas, etcétera… mientras que el automóvil de Palo Alto, en California, se mantuvo intacto una semana, hasta que el mismo Zimbardo rompió uno de las ventanas y otras partes del auto, abriendo paso a que se presentaran otros actos de vandalismo y también quedara destrozado el auto. Curiosamente, y a pesar de lo que se pudiera pensar, en ambos casos los vándalos principales o más recurrentes fueron de raza blanca y aparentemente de clase media.

PASO AL VANDALISMO

La experiencia y conclusión del experimento es que una vez que las normas o barreras sociales se han sobrepasado, en este caso el cristal roto, la percepción de propiedad abandonada y descuidada da pie al vandalismo en cualquier ciudad, de cualquier nivel socioeconómico; la única diferencia es el tiempo de ataque o el surgimiento del vandalismo, que puede variar en razón de la zona en donde se deje la propiedad, en este caso el auto; y el sentido de que nadie se preocupa y que nadie va a reclamar cuando esa propiedad está dañada o violada en su seguridad, como es el caso de la ventana rota.

Nuestra mente conceptúa ese vehículo abandonado como una cosa que no tiene dueño y que podemos usar y explotar a nuestras anchas; pero, además, si está dañado, invita a que continuemos ese ataque de vandalismo por mera diversión u ocio, ligado a comportamientos sociológicos de inestabilidad emocional y de una falta de sentido de pertenencia a una comunidad.

Otra asociación mental en algunos seres humanos, investigada por Nathan Glazer, sociólogo estadounidense, publicado también en el mismo artículo en The Atlantic, habla de que la proliferación del grafiti, a pesar de no ser obsceno, por ejemplo en el metro de cualquier ciudad, hace pensar al usuario de este sistema de transporte que va a enfrentar un ambiente fuera de control, además de que cualquiera puede infringir la ley y hacer lo que le plazca.

Sin embargo, antes de dar por sentada una verdad, es necesario señalar que la teoría de las ventanas rotas ha sido cuestionada por diversos medios e investigadores, pero la prueba fehaciente de su certeza y credibilidad radica en un estudio hecho por Kees Keizer y algunos colegas suyos de la Universidad de Groningen. A través de diversos experimentos controlados, trataron de determinar que algún desorden social, como el tirar basura o hacer grafiti, pueden ser detonantes en el aumento de la incidencia antisocial y en la aparición de nuevos crímenes.

INFLUENCIA DEL ENTORNO

En el desarrollo del experimento crearon dos situaciones, seleccionando diversas áreas urbanas: una de ellas estaba controlada, bajo el esquema de orden y limpieza, y ahí no se presentaron casos de grafiti ni de ventanas rotas; mientras que otra locación dio la impresión de que a nadie le importaba, y que estaba olvidada. Esto dio paso a que surgieran grafiti, ventanas rotas y otros tipos de vandalismo.

Las conclusiones de este trabajo, fueron publicadas en Science, argumentando que un ejemplo de desorden social como el grafiti o el tirar basura puede, de hecho, alentar otro tipo desorden social o crimen, como es el robo o asalto.

Después de leer lo anterior, considero necesario mencionar que nos resulta de vital importancia el detectar cualquier comportamiento antisocial o cualquier desorden social; es decir, identificar nuestra “ventana rota” y repararla, con el fin de que ésta no sea la detonante del surgimiento y posible aumento de nuevos actos de vandalismo que resulten en crímenes de mayor envergadura.

Considero que muchos seres humanos se sienten fuera del sistema de la sociedad actual; otros se sienten repelidos y rechazados por la misma sociedad, y en ese afán de gritar que también existen y denotar que así es, se lanzan a contra corriente para romper reglas y rebelarse ante un sistema represivo, desde su punto de vista, y obtener así su libertad.

A mi parecer, estos jóvenes o adultos se encuentran fuera del mercado y no han sido incorporados al mismo, ya sea por la mala calidad del sistema educativo del país o también por la falta de oportunidades laborales y esquemas de modelo emprendedor que les permita subirse al barco de la legalidad.

MANOS A LA OBRA

Pero basta de palabrería y vamos a la acción, pues en este medio no queremos caer en activismo sin sentido, que puede derivar en una especie de movimiento “hippie” que solamente crítica al “status quo”, pero no promueve soluciones concretas, aplicables y replicables.

Retomando el punto de detectar “las ventanas rotas”, es importante entonces obtener toda la información posible de lo que sucede en las calles, dentro de las comunidades, colonias, fraccionamientos, ciudades, etcétera… Para lograr esto, requerimos un amplio sistema de informadores que nos ofrezcan, en tiempo real, la última noticia en cuanto a desorden social o comportamiento antisocial.

La solución somos nosotros mismos, quienes por medio del uso de las tecnologías de información y comunicación nos podemos convertir en reporteros urbanos y sociales, para alertar a la comunidad gubernamental y empresarial sobre la problemática que se presenta en nuestro andar por la jungla de asfalto.

PLATAFORMA PARA TOMADORES DE DECISIONES

Esta visión la comparte una empresa que se llama CitiVox, que es una plataforma para tomadores de decisiones que quieran contribuir a mejorar el mundo. Su proceso es muy simple: primero recolectan información a través de reportes, llamadas telefónicas, mensajes de texto, aplicaciones móviles, sitios web, twitter y otras redes sociales; posteriormente, existe una administración de reportes con el fin de organizar, filtrar y canalizar los reportes para que se conviertan en acciones concretas y darles solución; luego realizan estadísticas, analíticas y visuales de toda esa información, para dar seguimiento a las demandas ciudadanas; para, al final, ofrecer una comunicación efectiva en cuando a los resultados obtenidos, creando una cadena virtuosa.

Es decir, el ciudadano tradicional detecta un desorden social en su colonia; por ejemplo, basura en una esquina, donde gatos, perros y ratas sacan provecho al festín, situación que puede derivar en una plaga de enfermedades de diversa índole; es por ello que este individuo reporta esa situación a través de las redes sociales; entra así al sistema de CitiVox, y la información es analizada y canalizada al departamento adecuado para su solución:

Posteriormente se llama a la empresa que tiene la tarea de recolectar basura para que lo haga a la brevedad y no derive en otros problemas sociales de mayor grado. Al final, se informa al ciudadano que su problema ha sido resulto. Es así que el gobierno logra aumentar su capital social y el ciudadano se siente parte del mercado social al ser escuchado.

Invitamos entonces a los gobiernos y empresarios a que adopten este sistema práctico y de soluciones concretas, para detectar y reparar ventanas rotas. Lo pueden consultar en http://citivox.com/

 

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