No soy un drogadicto, simplemente me gustan altos niveles de dopamina

Revista número 74, del 18 de abril al 1 de mayo de 2008, páginas 16 a 18

En el centro del placer cerebral comprendí:

Es imposible negarlo: todos somos adictos. De una u otra manera, cada ser humano tiene algún comportamiento adictivo, ya sean las tradicionales drogas prohibidas, como por ejemplo la cocaína o la marihuana; las no prohibidas, como el alcohol o el cigarro, y hasta aquellas drogas que parecen inofensivas, pero que son igual de adictivas, como la comida, el internet, la televisión, las compras, las apuestas, la cafeína o el sexo, entre muchas otras.

La realidad es que no debemos pelear en contra de ello. Somos homo sapiens, y aunque usemos diferentes mascaras o plumaje para mezclarnos en sociedad, todavía somos presos de nuestras emociones, y más de aquellas en donde el placer se potencia con cascadas de dopamina. Claro que esa ávida necesidad por la dopamina también tiene relación con un dedicado trabajo educativo neuronal que cada uno de nosotros hace. No es raro pensar que nosotros mismos vamos entrenando al cerebro a X o Y gusto en particular, descargando neurotransmisores y la capacidad de recordar ese placer para volver a experimentarlo.

SISTEMA DE RECOMPENSA

Esto simplemente es una burda descripción de lo que sucede en nuestro “sistema de recompensa”, el cual trabaja de manera muy sencilla, pues dentro de nuestro organismo se genera la dopamina, que es responsable de nuestras actividades diarias y de nuestra propia supervivencia. Pero la pieza clave del sistema de recompensa consiste en que, cuando experimentamos una sensación de extremo placer, la grabamos en el cerebro mediante la conexión de ciertos disparos neuronales, como cuando tenemos sexo, y es así como buscamos impulsivamente y en muchas ocasiones irracionalmente que se repita.

ESCLAVOS DE NUESTROS IMPULSOS

Somos esclavos de nuestros impulsos; de esa lucha constante  entre la razón y la emoción excitante de repetir o no cierto momento de descargas dopamínicas.

Entrando en una descripción más detallada  del sistema de recompensa o mesolímbico, tenemos lo siguiente, de acuerdo con Wikipedia:

1-      Todo inicia cuando dentro del área tegemental ventral (VTA), que consiste en una serie de neuronas dopaminérgicas (relacionado con la dopamina), que responden al ácido glutámico, siempre y cuando detecten que existe un estimulo de recompensa presente, liberan dopamina por el canal mesolímbico hacia el núcleo accumbens (NAc).

2-      Posteriormente, interviene el núcleo accumbens (grupo de neuronas del encéfalo), que son neuronas acido gamma-aminobutírico (GABA), neurotransmisor inhibitorio, y se caracteriza por adquirir  y evocar comportamientos condicionados.

3-      También entra el córtex prefrontal, que integra información para analizar y evaluar si determinado comportamiento será o no evocado.

4-      Seguimos con la amígdala, parte del sistema límbico, que procesa y almacena reacciones emocionales.

5-      Por último, asociamos al hipocampo dentro de un rol de la memoria de aprendizaje.

La revista TIME tiene una explicación más simple sobre la asociación de este sistema y la adicción. Gráficamente describe en un sitio cómo todo ser humano experimenta placer cuando el VTA libera dopamina en el núcleo accumbens, en la amígdala y en el córtex prefrontal.

DOPAMINA Y SINAPSIS

Después, las neuronas se comunican eléctricamente en el canal de la recompensa con otra neurona, a través de las sinapsis que hacen; así, la dopamina se libera en la sinapsis de otra neurona y se fija a un receptor con el objetivo simple de producir placer.

De igual forma, los neurotransmisores GABA inhiben y previenen que los receptores se sobre estimulen. Sin embargo, las sustancias adictivas hacen que exista un exceso de dopamina en las sinapsis; es decir, se crea un desequilibrio en el sistema de recompensa, una disrupción entre la razón y la simple emoción, lo que da lugar a que triunfe esta última.

En este camino, estudios del doctor Eric J. Nestler, entre otros científicos, apuntan a que el gen FosB Delta es como un “interruptor eléctrico molecular”, ya que contamos con este gen en pequeñas cantidades; pero, cuando se consume una droga como la cocaína, se acumula en grandes cantidades. De esta forma puede convertir a la droga en adicción por las siguientes razones que presenta en su artículo “The Neurobiology of Addiction”.

a)      La molécula FosB Delta tarda de seis a ocho semanas en destruirse químicamente, y si alguien consume cocaína regularmente, hace que los niveles de FosB Delta se incrementen descontroladamente.

b)      Los ratones de laboratorio con altos niveles de FosB Delta se comportan de igual forma que los humanos adictos a la droga, mientras que ratones con niveles normales no tienen ese comportamiento.

c)       El FosB Delta tiene un rol determinante en las propiedades básicas de una célula, como su estructura e interface con otras células.

 

El doctor Nestler ha encontrado que el bloquear la actividad del FosB  disminuye la necesidad urgente de la droga, de acuerdo con sus estudios de laboratorio.

MAPA CEREBRAL

Nestler dice que la neurobiología del cerebro nos ayudará a comprender más a fondo el mapa cerebral de la adicción, y crear mecanismos para evitar que la droga se fije en los disparos neuronales y libres de dopamina en exceso. Incluso, por triste que parezca, muchos animales de laboratorio, cuando se les da la opción, ignoraban la comida y continúan tomando cocaína hasta que mueren de hambre.

Todavía falta mucho por comprender, pero mientras más estudiemos la caja neuronal, más podremos saber de los caminos neurológicos que nos hacen ser humanos.

Además hago énfasis en que cada uno de nosotros trabaja educando al cerebro día con día para fijar y asociar ciertos comportamientos con el placer, y por eso mismo los queremos reexperimentar.

Por último quiero agregar que para mi dicha o desdicha nunca he probado una droga, salvo el alcohol en su defecto; pero si se tratara de definir la experiencia de cascadas de dopamina en el cerebro, me quedo con la canción de Jefferson Airplane: “White Rabbit”, que se presenta traducida de la siguiente forma:

Una palabra te hace más grande

Y otra píldora te hace pequeño

 Y las que te da tu Madre no hacen nada

Ve y pregúntale a Alicia

Cuando ella mida diez pies de altura.

 

Y si tú vas persiguiendo conejos,

Y si sabes que vas a caer,

Díselo a una oruga fumando Caterpillar.

¿Qué te ha dado la llamada?

Llama a Alicia,

Cuando ella esté pequeña.

 

Cuando los hombres en el tablero de ajedrez

Se levanten y te digan a donde ir,

Y te hayas tomado alguna especie de hongo,

Y tu mente se mueva lentamente

Ve y pregúntale a Alicia

Creo que ella debe de saber.

 

Cuando la lógica y la proporción

Se hayan caído muertas,

Y el Rey Blanco esté hablando al revés;

Y la Reina Roja diga “que le corten la cabeza”, acuérdate de

Lo que dijo la perilla de la puerta

“Alimenta tu cabeza, alimenta tu cabeza”.

 

Les invito a escuchar la versión original de esta canción en youtube; espero que no los anime a perseguir al conejo blanco, aunque, como metáfora, todos de una u otra forma estamos persiguiendo a nuestro “conejo blanco”.

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