La evolución humana, regida por la mujer

Número 73, del 4 al 17 de abril del 2008, páginas 4 a 6.

Algo que la naturaleza ya sabía

Sahel, un homínido, hizo a su grupo de cazadores señal de que se arrastrase por la maleza; inmediatamente después, emitió un sonido gutural, acompañado de unas leves palmadas, para que sus compañeros rodearan la pradera y tuvieran así cercada a una manada de “eucladoceros” (antecesores de los ciervos). Sahel, como buen líder, sabía que todo estaba a punto. Entonces se levantó velozmente, y con un grito feroz inspiró a sus compañeros para atacar.

Sin embargo ese día la ventaja estaba del lado de los eucladoceros, pues mientras que para Sahel y sus hombres la velocidad y agudeza de esquivar esos ataques era la diferencia entre la vida y la muerte, fue así como los 13 eucladoceros que pastaban tranquilamente, se percataron del ataque una milésima de segundo antes de que Sahel se levantara y diera su grito. Gracias a esa mínima diferencia, estos parientes de los ciervos vivieron otro día más.

LA MUJER, PROVEEDORA DE ALIMENTOS

La escena descrita en el relato anterior era algo común en la vida diaria de nuestros antepasados; esa imagen del cazador infalible que regresa a casa con un mamífero en la espalda, para alimentar a su familia, muchas  veces no sucedía, y era la mujer la que, con su organización rutinaria de recolectar pequeños frutos, raíces, tubérculos, hojas y pequeños mamíferos, que ella cazaba, solucionaba el problema de proveer alimento a la familia.

Científicos como el Dr. José Enrique Campillo Álvarez sustentan lo descrito anteriormente, y no solo eso. El afirma que gran parte del progreso evolutivo de la especie humana descanso y descansa sobre nuestra contraparte: la mujer.

En su libro la cadera de Eva, Campillo Álvarez parte del hecho de que nuestra caja de procesamiento neuronal, el cerebro, es un innegable sinónimo de nuestro potencial evolutivo en el paso por este planeta. Pero, como dice el Dr. Campillo, existe una peculiaridad. Al analizar los partos de un chimpancé; de Lucy (esqueleto de un homínido de la especie australopithecus afarensis, de 3.5 millones de años) y de un humano actual, se advierte una marcada diferencia en el tamaño del cerebro a la hora de nacer y del cerebro en la edad adulta.

Figura 1

VARIACION CEREBRAL

Resulta interesante observar, como se presenta en la figura 1, la variación entre el tamaño de los cerebros de las especies mencionadas al nacer y al llegar a su etapa adulta. Por ejemplo, Campillo Álvarez señala que el chimpancé nace con 128 centímetros cúbicos de cerebro; es decir, un 32.82% del tamaño que adquiere al llegar a la etapa adulta. En el caso de Lucy, lo recién nacidos tenían un cerebro de 162 centímetros cúbicos; es decir, un 39.03% del tamaño que alcanza a llegar a la etapa adulta. En nuestra situación actual, nos topamos con que el cerebro de un bebe es solamente el 28.44% del tamaño que alcanza en la madurez.

Lo anterior quiere decir cómo explica Campillo Álvarez, que si siguiéramos la regla de nuestros antepasados y se diera a luz una criatura con un cerebro promedio de 32 a 33 % del tamaño que alcanza en la edad madura, entonces estaríamos hablando de que el embarazo de la mujer debería durar 16 meses; el cerebro tendría un volumen aproximado de 445.5 centímetros cúbicos, lo que haría casi imposible el parto para la mujer; esto sin contar el desgaste físico en nutrientes que representaría para ella el incrementar los meses de preñez .

La solución que muestra Campillo Álvarez, aportada por la naturaleza, es un embarazo de 9 meses, y se obtiene el nacimiento de un ser muy dependiente de su madre. Es contrario el caso de los chimpancés, cuyas crías pueden, en unos cuantos meses valerse por sí mismos. Campillo Álvarez lo simplifica de la siguiente forma: “…El parto normal de una mujer es un parto prematuro a escala zoológica. Las crías de los homínidos (como nuestros hijos hoy) nacían con un elevado grado de inmadurez, casi un año antes de lo que les correspondía”. Sin esta disposición natural de la evolución, el florecimiento y desarrollo de la especie humana hubiera estado en peligro, pues gracias a la cadera de la mujer se logro dar el nacimiento a una criatura con ese enorme cerebro.

LA ABUELA

Pero la MADRE NATURALEZA no se quedo ahí, pues sabía lo que implicaba que la mujer se quedase en casa (la mayoría de las veces) cuidando de los infantes. De esta forma se perdía la tarea de recolección metodológica y organizada, que tanto le funcionaba cuando el macho no podía llegar a la casa con el sustento necesario. Aunado a esto, surge un nuevo modelo en la evolución de nuestra especie: la menopausia, que es el ritmo biológico precedente a un icono social de gran valor en la supervivencia de la especie humana: la abuela.

Cuando veo la organización metódica familiar de mi madre, me resulta familiar retroceder no solo hacia  mi abuela si no a mi bisabuela. Todos los caracteres del matriarcado disfrazado en mi familia derivan directamente de la educación de mi bisabuela, que es la misma educación que transmitió de generación en generación. Tengo que agradecer que mi orden y formato mental sean el resultado de la influencia de mi bisabuela, directa e indirectamente, con mi abuela, mi tía abuela y mi madre, sin lugar a dudas.

Pero volviendo a la ciencia y a lo descrito por Campillo Álvarez, resulta curioso analizar que la menopausia en las hembras primates se alcanza casi al término de la vida misma, caso contrario al de las mujeres, ya que la vida de estas continúa a pesar de haber perdido ya la fertilidad. ¿Por qué ocurre esto?

Una de las hipótesis que mas me  convence es la que establece Richard Dawkins, en el sentido de que vivimos presos por nuestros genes; y al igual que una madre ve sus genes en sus hijos, una abuela también se ve reflejado en sus nietos. La gran aportación de la abuela fue contribuir con la crianza de los hijos, mientras la madre salía a recolectar alimento para la familia. Como dice Campillo Álvarez, la figura de esa abuela que canta, arrulla, alimenta y cuida nietos no es reciente. Tiene miles de años de existir.

Pero resumamos el valor adaptativo de la abuela, ilustrado con la menopausia, según Campillo Álvarez:

1-       El factor de la menopausia es garantía para que la madre sea joven el tiempo suficiente, durante la infancia de su hijo.

2-       Este ciclo biológico de la mujer hace que las madres con determinada cantidad de años ya no compitan con sus hijas para reproducirse.

3-       Las abuelas contribuyen en la genética particular de ellas cuando crían a sus nietos, pues de cierta manera están cuidando sus propios genes traducidos en sus nietos o bisnietos.

4-       El riesgo de malformaciones y abortos se reduce con la menopausia.

5-       El que se detenga la producción de ovarios reduce el riesgo de que las células viejas se hagan cancerígenas.

Otro punto a favor de la mujer, y que influye en el proceso evolutivo de la especie, es que gracias a las mujeres tenemos nuestra inteligencia, heredada en el cromosoma X. El primer científico que estudió esto fue Lehrke, y sus resultados fueron publicados en el American Journal of Mental Deficiency Esto se ha reforzado con estudios de los investigadores de la Universidad de Cambridge, Eric Barry Keverne y Azim Surani, quienes han llegado a la conclusión de que “los genes de la madre contribuyen en mayor medida al desarrollo de los centros de pensamiento o ejecutivos del cerebro, mientras que los del padre tienen mayor impacto en el desarrollo del sistema límbico emocional”.

El cromosoma X de la mujer no solo se expresa en la herencia dejada a los hijos; también se manifiesta en lo que ha conseguido la mujer en la actualidad, ya que el desarrollo y crecimiento tecnológico ha sido impulsado por ella. En la revista Economist, en su artículo The importance of sex se menciona cómo la mujer ha contribuido más al crecimiento del PIB global que lo que han hecho China, India o los nuevos desarrollos tecnológicos.

CONTRIBUCION FEMENINA EN EL PIB

Incluso se estima, de acuerdo con el Economist, en su artículo A guide to womenomics, que las mujeres de los países desarrollados contribuyen con un 40 por ciento del PIB de esos países; pero, si se añaden las actividades del hogar, entonces la mujer sobrepasa el 50 por ciento de contribución al PIB.

A su vez, es necesario comentar que los estudios del Economist señalan que, en el sistema gubernamental, las mujeres son más propensas a invertir en salud, educación e infraestructura y combate a la pobreza, que en tanques y bombas. Una razón más rara para que se vote por Hillary. Tal vez deberíamos decirle que use esto en su campaña.

REGIDOS POR UN MATRIARCADO

Solamente pensemos un minuto en la influencia que hemos recibido cada uno de nosotros de nuestras madres, tías, abuelas, bisabuelas, etcétera. Si realmente lo analizamos, veremos que estamos gobernados por un matriarcado disfrazado, en donde la mujer, inteligentemente, deja que los hombres pensemos que estamos a cargo, y nos guía hacia sus decisiones de manera sutil. De aquí que el 80 por ciento de las decisiones de compra del cuidado de la salud, muebles para la casa y comida, estén a cargo de las mujeres según el Economist.

Es la hora de darle su justo lugar a la mujer en la evolución de la especie humana, y dejar nuestros aspectos machistas para vivir en la verdadera igualdad; es hora de parafrasear, de nueva cuenta, a Campillo Álvarez diciendo que tanto la ciencia como la creencia dan un hueso como clave disruptiva de éxito en nuestro camino evolutivo; sin embargo, la creencia y la ciencia difieren en hueso y su portador.

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