No lo puedo evitar, está en mi naturaleza

Número 82, del 5 al 18 de septiembre de 2008, páginas 9 a 11

Vida en un Club de la Pelea

Paul y Peter, vestidos como si fueran a jugar golf, con guantes de este deporte en ambas manos, tenían control de la casa de los Farber en Long Island, Nueva York. El fin de semana, de descanso y alegría, se había convertido en una pesadilla para los Farber, y sabían que, en adelante, su vida no sería nunca la misma.

El pequeño Georgie, apenas un niño, perdido el control de su esfínter, había mojado sus pantalones; el señor George Farber estaba amarrado, y tenía la rodilla fracturada y la pierna ensangrentada por el golpe que le propinó Paul con su propio palo de golf; la señora Ann Farber estaba igualmente amarrada y en ropa interior, pues sus captores le quisieron ver desnuda en un afán ridículo de admirar su cuerpo.

El plan había sido develado. Para Paul y Peter era un simple juego. La apuesta era sencilla. Paul y Peter les apostaron a los Farber que para las nueve de la mañana; es decir, 12 horas más tarde, estarían muertos.

En un hecho incomprendido, sin escrúpulos, sin motivo y sin sentido se centra la trama de la película Funny games, que nos muestra cómo dos hombres, de aparentemente 25 a 35 años, secuestran a una familia en su casa del lago para torturarla, humillarla y matarla bajo las reglas de un juego que sólo conocen los jóvenes secuestradores.

Cuando nos enfrentamos a una película de este tipo, nos da la impresión de que el escritor perdió la cabeza. Sin embargo, si analizamos más a fondo, reflexionamos en que se nos está mostrando la violencia pura, sin objetivo alguno. No existe un móvil, un motivo para asesinar a los Farber. Incluso cuando Ann le pregunta a Peter por qué no los matan de una vez, buscando ella eliminar el sufrimiento de su familia, Peter responde: “No debemos olvidar la importancia del entretenimiento”.

PSICÓPATAS

Si el matar se ha convertido en una actividad lúdica, entonces nos enfrentamos al peor de los miedos, a un ser al que le divierte asesinar por, el placer de la recompensa de la diversión. Estamos hablando de psicópatas que, como los describen Daniel Strueber, Monika Lueck y Gerhard Roth en el artículo “The Violent Brain” son fríos y calculadores, además de no sentir o expresar empatía o remordimiento.

Es cierto que la violencia se encuentra impresa en nuestro código genético. El doctor Tor Wager, de la Universidad de Columbia en Nueva York, utilizando resonancia magnética funcional para realizar un mapa del cerebro y encontrar las partes de éste asociadas a cierta emoción, ha encontrado que existen seis emociones primarias o básicas en nuestro cerebro, y que son: enojo, disgusto, miedo, felicidad, tristeza y sorpresa.

También es conocido el caso del “gen la violencia”, que reside en la monoamina oxidasa A (MAO-A). Como lo explica la doctora Terrie Moffitt, el contar con la variante “L” de la enzima MAO-A y una infancia de abusos o maltrato hacen que los individuos, particularmente los hombres, sean más propensos a actos violentos.

EL HOMBRE, MÁS VIOLENTO QUE LA MUJER

Otro punto interesante de los hallazgos de Moffit y de su colega Avshalom Caspi es que los hombres somos más violentos que las mujeres, aunque en la actualidad se puedan tener dudas. Sus resultados señalan que las personas con comportamiento antisocial y agresivo caen en dos grupos: el primero abarca personas de entre 13 y 15 años de edad. Como lo señalan Lueck, Roth y Strueber, la agresividad de éstos desaparece tan rápidamente como se inició. En el segundo grupo figuran individuos, en su mayoría del sexo masculino, que padecieron violencia durante su niñez, y su violencia continúa hasta la edad adulta.

Recientemente, Justin Carré y Cheryl McCormick pu-blicaron Proceedings of the Royal Society. Una síntesis de sus resultados aparece en The Economist, en el artículo “Facing the truth” en el cual explican la importancia de la fisonomía de un hombre. Su conclusión es que la agresividad se puede predecir, al medir la “razón aritmética” entre el grosor de la cara de una persona y su altura. Sus estudios sustentaron esto al analizar a jugadores de Hockey, pues este deporte promueve la agresión como parte del juego. Sorprendentemente, los jugadores que pasaron más tiempo en la casilla de penalidad y fuera del juego, fueron aquellos que cumplían con los requisitos antes mencionados.

De nueva cuenta para Lueck, Roth y Strueber, el ser hombre es una variable de peso determinante para ser violentos. Tal vez en un pasado muy remoto nuestra capacidad de agresión nos permitió imponernos a otras especies de homínidos para competir por el planeta. Lueck, Roth y Strueber mencionan que los datos del FBI revelan que entre los asesinos aprehendidos en 2004, el 82.1 por ciento fueron hombres.

Si retrocedemos en la historia, podremos ver que el hombre debía ser agresivo para defender a su familia de posibles ataques de otros homínidos o de otros animales; incluso la mujer también utilizaba esa emoción. Pero hoy en día, tal parece que lo que en un principio fue vital para sobrevivir como especie, esa capacidad de agresión y violencia se ha vuelto contra nosotros y se nos ha salido de las manos.

VIOLENCIA ANIMAL

Una vez más el Premio Pulitzer Jared Diamond, en su libro El Tercer Chimpancé, nos muestra que, entre los animales, el león y muchos otros matan a individuos de su propia especie, y que los elefantes destruyen su medio ambiente; pero el ser humano es el único que posee ambas caracte-rísticas: es decir, mata a los de su propia especie y también destruye su propio medio ambiente.

En su libro Human, The science behind what makes us unique, el doctor Michael S. Gazzaniga comenta el argumento del profesor Richard Wrangham, quien señala que el origen de la violencia humana, pero especialmente de la violencia del hombre, se remonta a nuestros antepasados como homínidos.

Por otro lado, se ha observado claramente que los chimpancés machos incursionan en comunidades de otros chimpancés, con el claro objetivo de matar a otros machos que se encuentran comiendo pacíficamente. A su vez, como punto neurálgico, es de aclarar que muchas veces los grupos de agresores y agredidos fueron una misma comunidad en el pasado.

En su libro Demonic Males, Wrangham dice que “sólo dos grupos de especies de animales son conocidos por su sistema intenso de agresión territorial de sus machos, que entran en comunidades vecinales para buscar enemigos vulnerables y matarlos. Entre 400 mil mamíferos y diez millones o más de otras especies animales, este tipo de comportamiento es conocido sólo entre los chimpancés y los humanos”.

Siguiendo con Gazzaniga, en su libro Human, dice que Wrangham concluye, en Demonic Males, que el orgullo es lo que motiva a los chimpancés y a los humanos a ser agresivos. Esto se basa en que tanto los chimpancés como los hombres quieren ser el “Macho Alfa”, aquel macho dominante de la comunidad, ya sea para tener más hembras o para tener el control de los miembros de la comunidad. Esto se debe a que el estereotipo de superioridad agresiva fue puesto en nuestro código genético evolutivo.

Otro punto relacionado con lo anterior, que me parece importante en el libro del doctor Gazzaniga, es lo que dice de Matt Ridley en su libro The Red Queen: “No hemos tenido cambio genético alguno desde la época de los cazadores–recolectores, pues muy dentro de la mente del hombre moderno existe una regla simple al estilo de los cazadores–recolectores: esfuérzate para obtener poder y atraer mujeres que te den herederos; esfuérzate por adquirir riqueza y úsala para comprar a las mujeres de otros hombres y te den bastardos. Todo empezó con un hombre que intercambió un pescado o miel con la atractiva mujer del vecino para tener relaciones sexuales con ella, y continúa con el cantante de pop que ahora seduce a la mujer con su Mercedes”.

CLUB DE LA PELEA

Después de todas las explicaciones de los diferentes autores citados, me quedo con la idea de que los hombres estamos viviendo dentro de un nuevo “Club de la Pelea”, pero en esta ocasión hemos prostituido la agresividad y la violencia hasta niveles tristemente insospechados, sin regla alguna, y ahora atentan contra el principio básico de la ley de supervivencia evolutiva, que es la cooperación entre especies para vivir en simbiosis entre nosotros y entre otras especies, así como con el planeta.

Solamente existe un mundo habitable, por el momento, y como lo dice Carl Sagan: “este pálido punto azul es nuestro hogar”.

Es difícil comprender por qué atentamos los unos contra los otros. Al parecer, requerimos de ser puestos a prueba y que seamos condenados a la extinción para que nos unamos como especie y sepamos vivir en armonía.

MUERTE POR VIOLENCIA

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año más de 1.6 millones de personas alrededor del mundo mueren por la violencia. Datos de este mismo organismo señalan que la violencia es una de las causas líderes de muerte para personas entre los 15 y los 44 años. Además, el costo económico que esto significa es de miles de millones de dólares para los países que tienen altas tasas de violencia, por el gasto en salud, seguridad, leyes y la baja productividad del país en cuestión.

Quisiera proponer que, así como en un principio la mujer cargó y rigió la evolución de la especie humana, deberíamos pensar en abrirles más puertas a ellas, para que gobiernen más países y establezcan las reglas del juego, pues, como hemos leído, los estudios señalan que los hombres somos más propensos a la violencia y agresividad. Claro, tampoco se descarta que existan mujeres carentes de comunicación entre el sistema límbico y el córtex frontal, lo que las hace más agresivas.

Sin embargo, para Daniel Strueber, Monika Lueck y Gerhard Roth, la mujer se centra en una agresividad cubierta e indirecta, mientras que el hombre tiende más a la fuerza física.

Es así como sostengo mi hipótesis de que la mujer puede albergar un mejor futuro para la raza humana, uno menos violento del que vivimos en la actualidad, pues parece que el hombre ha perdido su capacidad de negociación en manos de la potenciación de su violencia y agresividad.

Por último, los invito a ver en youtube el video de Carl Sagan titulado “Pale Blue Dot”, para darnos cuenta de nuestra posición en el planeta y de lo que realmente somos, y así, además de valorarnos como especie, podamos recapacitar y cambiar.

 

 

REFERENCIAS

 

Gazzaniaga Michael S, Human The Science Behind What Makes Us Unique, Harper Collins, New York, 2008.

Physiognomy, Facing the Truth, The Economist, August 23rd 2008.

Captain Kirk´s Revenge, The Economist, December 19th 2006.

Lueck Monika, Roth Gerhard, Strueber Daniel, The Violent Brain, Scientific American Mind, November 2006.

 

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