El teorema incompleto de la justicia

 

Número 16 – Fecha: 30 de Septiembre al 13 de Octubre 2005. Página 42 y 43.

Los buenos hombres no necesitan leyes; los malos sí, pero las corrompen


“Cuando los hombres son puros, las leyes son inútiles; cuando los hombres son corruptos, las leyes son quebrantadas”. Ésa era una de las definiciones de Derecho que utilizaba el político británico Benjamin Disraeli (1804 – 1881).

En este tenor, ¿cuál podríamos decir que es el papel del Derecho en la administración de justicia? Tal vez para contestar a esta pregunta es necesario recurrir a las siguientes posiciones clásicas: por un lado, podemos tomar la posición de Jean Jacques Rousseau, quien afirmaba que el hombre es bueno por naturaleza y no requiere un control totalitario por parte del Estado; o bien podemos izar la bandera de Thomas Hobbes, quien comenta que la maldad humana se debe frenar con el absolutismo y los castigos ejemplares expuestos en su obra titulada Leviatán, con un Estado controlador y regidor total de cada individuo. Pero el tema de la justicia no cuenta con sólo dos aristas, sino con diversas aproximaciones. Por ejemplo, reflexionando, es cierto que pareciese como si la conocida frase de “el hombre es el lobo del hombre”, se hiciera realidad, al recordar las atrocidades que a lo largo de la historia diversos personajes han cometido, al hacer a un lado los preceptos legales de la justicia social. El problema es como el caso de algunas “manzanas podridas” pueden contaminar todo el canasto, característica que proviene de nuestra propia naturaleza agresiva.

El placer de la venganza

Al estudiar el espíritu de agresión, científicos de la Universidad de Zurich, como es el caso de Ernst Fehr, han descubierto que el placer de la venganza, analizado desde el sistema de recompensa cerebral, estimula los mismos impulsos nerviosos que lo que haría en nosotros disfrutar de un postre, el deseo sexual y las drogas. Desde este punto científico experimental, un hombre disfrutará de la venganza debido a su propia naturaleza. Por otro lado, en otra arista, dentro de estos mismos estudios de comportamiento, también se ha detectado que el ser humano cuenta con una característica muy interesante al buscar ayuda no sólo a individuos de su misma familia, sino que esto se amplia con perfectos desconocidos en lo que los investigadores han denominado: “La Paradoja del Samaritano”, recientemente publicado en la revista Scientific American. Apoyados en la conocida “Teoría de Juegos” al igual que con la “Economía de Nash” (Mente Brillante) los seres humanos buscan obtener el mejor beneficio personal, pero cuidan de que no exista una persona que saque provecho extra del grupo de individuos de una comunidad o grupo en particular.

Explicado en términos económicos de Nash, esto quiere decir que cada miembro del grupo toma decisiones que son lo mejor para cada uno de ellos, pero también estratégicamente estables.

Castigos en las primeras comunidades

Explicando este síntoma de ayuda humano al estilo del samaritano, los biólogos evolucionistas convergen en decir que las primeras comunidades de nuestros antepasados que lograron brincar al siguiente nivel evolutivo, fueron aquellos que estuvieron mejor organizados y que castigaron a todo aquél que no comulgaba con los preceptos “legales” que los regían o los violentaba. El castigo consistía en muchas ocasiones en eliminarlos del grupo y buscar condenar su descendencia. Lo anterior nos hace ver el teorema incompleto de la Justicia Social y el Derecho como principal estandarte de su gestión; pues a pesar de grandes pensadores filosóficos han aportado el conocimiento hacia esta disciplina como John Stuart Mill y su frase de “por encima de uno mismo, por encima de su propio cuerpo y de su mente reina el individuo”; así como Spinoza, cuando afirma que “el verdadero objetivo del Gobierno es la libertad”, también en la filosofía de Zenón de Citio (fundador del estoicismo) quien aboga por las leyes y su validez universal, al igual que la frase de Locke cuando dice: “todo en la naturaleza responde a un motivo o finalidad”, entre otros; es necesario tomar precisamente el aspecto de la naturaleza de la frase de Locke. Estamos hablando de la forma incompleta del teorema de la justicia cuando no se incluye el aspecto de la naturaleza humana que, como vimos en párrafos anteriores, va entretejida con la violencia como forma de expresión y mecanismo de supervivencia, al igual que el rasgo de ayuda incondicional a todos nuestros semejantes, como vestigio de esa raza superior que queremos llegar a ser.

Cielo e Infierno dentro del individuo

Es decir, el ser humano vive dentro sí mismo el cielo y el infierno; tenemos la capacidad de ser ángeles o demonios; cada uno de nosotros portamos a nuestro propio doctor Jekyll y mister Hyde (personajes de la novela de Stevenson). La diferencia se puede determinar precisamente en el contexto en que vive cada hombre; como lo expone el experto en lingüística Noam Chomsky en su libro Piratas y Emperadores, donde San Agustín cuenta la historia de Alejandro Magno, que capturó un pirata, al que le preguntó “¿Por qué molestas el mar?, a lo cual el pirata respondió: ¿Por qué tú molestas al mundo entero? Pues yo tengo un pequeño barco y me llaman ladrón, pero tú tienes una flota y te llaman Emperador. Esta historia nos hace ver que como Homo Sapiens somos una mezcla de contexto y naturaleza, en donde la diferencia entre violentar las leyes y los derechos de otros puede ser el tener las tres comidas diarias, o un fuerte lazo de educación familiar, al igual que educación escolar.

Sentido de la justicia en la naturaleza animal

El sentido de la justicia y equidad es entendido por los primates, pues científicos de la Universidad de Emory (EU) han conducido un interesante experimento; el que consiste en tener dos monos capuchinos (especie que se caracteriza por su cooperación e inteligencia) y se les pide que realicen cierta tarea a cambio de obtener su gratificación de pepino como alimento; sin embargo cuando a uno de los monos se le dan unas uvas por realizar la misma tarea y al otro se le mantiene el pepino como recompensa, este último muestra un interesante comportamiento pues realiza la tarea pero no quiere recibir el pepino como pago por su trabajo y si recibe este alimento lo tira en señal de desprecio. Esto ha hecho pensar que el sentido de justicia puede estar incorporado en nuestra genética evolutiva como especie, es necesario seguir investigando en este sentido. Claro, también contamos con personas que tienen todo lo anterior y sin embargo pisotean la legalidad y los derechos de los individuales por su búsqueda insaciable de dinero y poder.

Es probable que hayan visto la película de Al Pacino El Abogado del Diablo donde el actor menciona: “Dios es injusto, pues le dio a los seres humanos sentidos y les dijo: ve pero no toques, toca pero no pruebes, prueba pero no te atragantes…”

En conclusión el hombre – naturaleza (Homo Sapiens) u hombre – contexto social (Homo Economicus) deben incluirse como modelos de análisis dentro de los preceptos de justicia y derecho para completar el teorema. Mientras más incorporemos de forma seria y sistemática las variables que rigen nuestro comportamiento y nuestras características de desarrollo biológico evolutivo al Derecho y sus leyes, así como a la impartición de justicia, más nos acercaremos a la forma en la naturaleza trabaja.

Jean Jacques Rousseau afirmaba que el hombre es bueno por naturaleza y no requiere un control totalitario por parte del Estado

Thomas Hobbes comenta que la maldad humana se debe frenar con el absolutismo y los castigos ejemplares.

El placer de la venganza, analizado desde el sistema de recompensa cerebral, estimula los mismos impulsos nerviosos que lo que haría en nosotros disfrutar de un postre, el deseo sexual y las drogas.

El ser humano vive dentro de sí mismo el cielo y el infierno; tenemos la capacidad de ser ángeles o demonios.

John Stuart Mill decía: “por encima de uno mismo, por encima de su propio cuerpo y de su mente reina el individuo”.

Spinoza afirmaba que “el verdadero objetivo del Gobierno es la libertad”.

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