El SNI, buscando salvar la ciencia en México

Revista número 105, 28 de mayo de 2010, páginas 86 y 87

Era una noche especial, pues la temperatura había descendido y corría un aire que pareciera como si los dioses acariciaran el rostro de Itzmin (significado maya de trueno), mientras miraba con detenimiento cada uno de esos puntos de luz que se fijaban con su matiz blanco en el vasto cielo negro.

Aparte de la común curiosidad, a Itzmin le interesaba comprender el porqué esas luces se veían de noche, al igual que el porqué iban cambiando de posición conforme el paso de los días.

Por medio de observaciones detalladas y avanzado conocimientos en matemáticas, sabemos que los mayas tenían un calendario astronómico muy preciso y que realmente su búsqueda de conocimiento era por el simple hecho de deducir el cosmos que les rodeaba y acercarse más a comprender la mente de sus dioses.

Pues hablando de la religión Maya, tomando lo que dice Wikipedia, tenemos que “se preocupaba de entender el por qué de las cosas, lo que nos lleva a definirla como una especie de filosofía precursora de la ciencia moderna”.

Aunque nuestro personaje Itzmin no existió como lo describimos aquí, ciertamente muchos Itzmines debieron de haber observado el firmamento y trabajo en la creación de ese tan conocido calendario astronómico que le dio fama universal a nuestro antepasados.

Si contamos con un valioso Sistema Nacional de Investigadores (SNI), es cierto que nos es imposible rescatar con certeza el pasado de científicos prehispánicos como es el caso de los mayas, entre otros, que tanto aportaron no solamente a la ciencia en México sino en el mundo.

Desde nuestros antepasados hasta los científicos que tenemos en la actualidad, la ciencia en México ha logrado éxitos virtuosos dignos de ponernos orgullosos como mexicanos; sin embargo no debemos repicar las campanas y ponernos a celebrar, pues contamos con bastantes carencias que debemos poner atención.

En primer lugar tenemos la poca cantidad de científicos, registrados en el SNI, en relación a la población total de México. Es decir al año 2010, tomado de Wikipedia, somos 112 millones de habitantes y por otro lado contamos, al 2009, con 15,565 investigadores registrados en el SNI, de los cuales 5,099 (32.75%) son mujeres y 10,466 (67.25%) hombres. Tomando la razón de investigadores por población total, el dato arrojado es de 0.012758% que es increíblemente bajo.

Lo anterior lo ratifica Manuel Martínez Morales, en su artículo Reflexiones sobre la ciencia en México de la Jornada de Veracruz, en donde menciona los datos de que en 2007 el SNI contaba con alrededor de 14,000 investigadores y considera que existen otros 10,000 investigadores activos y no registrados en el SNI, le da un resultado de 2.4 investigadores por cada 10,000 habitantes.

Para Martínez Morales, como lo dice en su artículo, en términos relativos el número de investigadores no ha crecido significativamente en los últimos lustros. Lo anterior debe considerarse como preocupante, pues la competitividad de un país está estrechamente ligada a su capacidad de investigación ligada con las aplicaciones tecnológicas y la comercialización de los productos o servicios terminados.

Otro punto importante es que la ciencia en México carece de importancia en los presupuestos federales y estatales, así como el impulso para que los mexicanos estudien carreras científicas y tecnológicas. Situación que se complica por la carencia de empleo bien remunerado para que los mexicanos se sientan atraídos para estudiar las áreas científicas y tecnológicas.

Pero en artículo de El Universal titulado “Falta de visión frena desarrollo científico en México”, donde el entrevistado, Miguel Galicia ingeniero industrial de la UNAM, comenta: “No es que no haya oportunidades o empleo, es que no siempre los mexicanos cubren el perfil que buscan las empresas; en la parte de desarrollo tecnológico no buscan en México porque las tecnologías son importadas de Finlandia o Alemania, y nosotros simplemente las aplicamos y las vendemos, pero no se desarrollan”.

De aquí vienen las preguntas que se desprenden de lo que ha dicho Gilberto Guevara Niebla, en relación a que la expansión de la escolaridad es una enorme hazaña en términos cuantitativos, pero es una “catástrofe silenciosa” en el aspecto cualitativo; por tanto la pregunta es: ¿educar, para qué? ¿Qué y cómo debe aprender la gente?, preguntas expuestas por Héctor Aguilar Camín y Jorge G. Castañeda en su libro “Un Futuro para México”.

La respuesta la tomo de lo que escuché de un reconocido científico nuevoleonés, mismo que comentaba que con la educación de calidad en la población mexicana conseguimos la verdadera soberanía del país, esto sobre todo haciendo énfasis en las áreas de ciencia y con becas que les permitan estudiar doctorados de investigación científica. Con lo anterior conseguimos aumentar los individuos que seguramente engrosarán las filas del SNI, pero también contaremos con investigadores que aplicarán sus conocimientos al desarrollo de tecnologías para que dejemos de importar tecnologías de Finlandia, Japón, Alemania, etc.

Es necesario que los científicos del país, así como el gobierno, la industria y las universidades, que si bien es importante que se hagan trabajos de investigación para su publicación en journals especializados, es de vital importancia que se hagan publicaciones de divulgación científica en lenguaje más coloquial, para que además de lograr que el grueso de la población entienda y se interese por la ciencia y sobre todo estemos enterados de lo que nuestros científicos nacionales investigan y desarrollan.

La ciencia no vende sola como lo es la farándula, donde vemos que revistas en ese tema son líderes en ventas dentro del país, situación que da mucha tristeza porque mientras la población siga en analfabetismo funcional, es decir el saber leer, escribir y hacer cálculos pero con incapacidad para utilizarlos de forma eficiente y productiva para el país.

Por último necesitamos que tanto las universidades, los centros de investigación, el gobierno y la industria conjunten esfuerzos para que estos científicos e investigadores ya sea que estén dados de alta en el SNI o no, cuenten con los recursos necesarios en instalaciones y equipo para sus investigaciones y desarrollos, así como la divulgación de sus trabajos tanto en materia estricta para los journals especializados al igual que para revistas de divulgación científica para el grueso de la población.

 

Referencias:

Martínez Morales, Manuel. Reflexiones sobre la ciencia en México, La Jornada Veracruz, 22 de Mayo 2010.

La religión maya. http://es.wikipedia.org/wiki/Religión_maya

Falta de visión frena el desarrollo científico en México, El Universal, 20 de Septiembre 2009.

http://www.atlasdelacienciamexicana.org/sni_2010/snitabla12-1.pdf

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