El nuevo intelectual, el expuesto a leer 10 MB diarios, escuchar 400 MB al día y ver 1 MB por segundo de ceros y unos.

Revista 124, febrero 2012, páginas 48 a 51

Al despertar de nuestro letargo, supimos de inmediato que el camino no iba a ser fácil, y fue así como nos embarcamos en una jornada larga y complicada para llegar a este punto en que podemos escribir y usted leer estas letras. Es innegable que muchos se quedaron en el camino, y muchos más tal vez nos quedemos también, pero si de algo debemos estar orgullosos es de que todo se ha hecho en pro de la evolución del hombre, siempre motivado por su afán inquisitivo de conocimiento.

Nuestra carga genética jugó y juega un papel crucial en la evolución de cada uno de nosotros en general, pero sobre todo en particular; además, a cada paso que dimos y seguimos dando, con nuestro encuentro con la naturaleza, adquirimos nuevo conocimiento que se va sumando al que ya poseíamos en nuestro ADN. Comprendimos entonces que era necesario dejar nuestra herencia genética potenciada con el aprendizaje adquirido, gracias a la experiencia dada, en nuestro andar evolutivo, y así garantizar la supervivencia de nuestros genes egoístas reflejados en nuestra descendencia.

Podemos decir que, gracias a la capacidad de aprendizaje, nuestra estrategia extrasomática (como lo dijo Carl Sagan) de dejar huella o registro escrito para las generaciones futuras, resulta ser pieza clave en el desarrollo de la civilización humana como especie, pues la competitividad entre nuestros antepasados homínidos hizo que hoy seamos el homo sapiens que somos.

INFORMACIÓN GENÉTICA

En palabras del propio Sagan: “La mayoría de los organismos en la Tierra dependen de su información genética, que está ‘pre-cableada’ en sus sistemas nerviosos, en mayor grado que de su información extragenética, que es adquirida durante sus vidas. Para los seres humanos, y de hecho para todos los mamíferos, es al contrario. Aun cuando nuestro comportamiento es aún significativamente controlado por nuestra herencia genética, tenemos, a través de nuestros cerebros, una mucho más rica oportunidad de crear nuevos senderos culturales y de comportamiento a corto plazo. 

Hemos hecho una especie de acuerdo con la naturaleza: nuestros hijos serán difíciles de criar, pero su capacidad para nuevos conocimientos aumentará en mucho la capacidad de supervivencia de la especie humana. Además, los seres humanos hemos inventado, en las más recientes pocas décimas por ciento de nuestra existencia, el conocimiento no sólo extragenético, sino también extrasomático; información almacenada fuera de nuestros cuerpos, de la cual, la escritura es el más notable ejemplo”.

Para ponerlo de cierta forma, así como la constante del universo, para que exista como lo conocemos es el calor, y el día que se enfríe entonces todo cambiará o tal vez deje de ser, la constante que tenemos los seres humanos para seguir evolucionando es el conocimiento, particularmente el de las áreas científicas y tecnológicas, así que el día que el conocimiento se limite o extinga, entonces también limitaremos o extinguiremos a la raza humana.

LOS INTELECTUALES

Solamente puedo estar hablando, entonces, de la simbiótica necesidad de que el conocimiento fluya entre los seres humanos, sobre todo por parte de faros luminosos, como suelen ser los intelectuales, quienes se encargan de estimular las conexiones neuronales de muchos de nosotros que nos “jactamos” de poseer algo de inteligencia y razonar. Por ende, en el momento en que esos supuestos faros luminosos dejen de alumbrar el camino de la razón e inteligencia humana, nos veremos sumidos en períodos de oscurantismo, faltos de la capacidad inquisitiva necesaria para aprender.

Recordando algo de historia, los seres humanos nos hemos visto inmersos en períodos, ya sea largos o cortos, de oscurantismo, donde se nos obligó, en ese momento, a limitar nuestro encuentro con la naturaleza y el cosmos para cuestionarnos lo que vemos, probamos, escuchamos, olemos y tocamos, a través de nuestros sentidos, para formar una percepción más clara de la vida, gracias a las conclusiones que obtenemos después de procesar toda esa información en nuestro cerebro.

BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA

Dentro de este contexto, resulta vital hablar de un ejemplo de lo anterior, con lo dicho por Carl Sagan sobre la Biblioteca de Alejandría. Donde los Ptolomeos se dedicaron a recopilar todo el conocimiento de esa época, aproximadamente en el 323 a. C. Fue el primer centro de investigación en el mundo, donde se estudiaba todo, sobre todo el cosmos, para comprender el orden del universo y la conexión entre todos los seres vivos, según la describe brevemente Sagan.

Pero fue destruido, desgraciadamente, por cuatro posibles eventos que fueron: el fuego causado por la invasión de Julio César, en el año 48 a.C.; el ataque del emperador Aureliano, en 270 a 275 d.C.; el decreto del papa Teófilo de Alejandría contra la sociedad pagana, en 391 d.C., y la conquista musulmana, en 642 d.C., según la información de Wikipedia.

Dentro de la Biblioteca de Alejandría, como lo dice Carl Sagan en su serie Cosmos, los Ptolomeos se dieron a la tarea de copiar el conocimiento en papiros, llevando a cabo una operación de solicitar a los dueños de la información el original de su trabajo para replicarlo, pero no con fines de piratería, sino con el objetivo de respetar los derechos de autor y poner a disposición de los eruditos el conocimiento científico y tecnológico.

Hablando así, de acuerdo a Sagan, había un millón de papiros con información, pero al ser destruida la biblioteca, como lo describimos en líneas anteriores, se perdió todo ese saber y tuvimos que esperar unos dos mil años para redescubrir conocimiento que en su momento ya poseíamos.

NUEVAS AUTOPISTAS DE LA INFORMACIÓN

En la actualidad, a mi parecer, hemos presenciado cómo la capacidad lumínica de los intelectuales tradicionales ha disminuido y vemos cómo los focos, que en su momento fueron brillantes y deslumbrantes guías del pensamiento crítico de la sociedad, ahora son simples luces opacas que tienen dificultad para producir su propia sombra; todo en razón de que no se han sabido incorporar a las nuevas autopistas de información en donde los usuarios modulan, coordinan y operan los datos de información para que del caos se forme orden y el conocimiento viaje y se transfiera de forma más veloz y a un mayor número de personas.

Debido a lo anterior, han surgido nuevos intelectuales que se han subido a la revolución de los ceros y unos, en el universo de internet y de sitios como Wikipedia, YouTube, Twitter, Facebook, y por supuesto Google, así como de muchos otros, donde el conocimiento fluye y es libre para ponerlo a disposición del público que tiene una computadora y acceso a la red de redes.

Solamente para darnos una idea de la fluctuación de conocimiento que transita en este universo, contamos con el estimado de Wikipedia: según la International Data Corporation, se han creado, replicado o capturado 160 exabytes de información digital solamente en 2006. Otros estimados, de igual forma publicados y obtenidos de Wikipedia, nos dicen que de acuerdo al Digital Britain Report, en 2009 se transfirieron 494 exabytes de datos alrededor del mundo. Por su parte, de acuerdo a Cisco, se pronostica que en 2013 el tráfico de redes será de unos 667 exabytes. Con el fin de darnos una idea, de lo que es un exabyte, equivale a 10 elevado a la 18, es decir un 1 seguido de 18 ceros.

NUEVOS INTELECTUALES

Los nuevos intelectuales son aquéllos que tienen la capacidad de absorber, analizar, procesar y sintetizar el gran hidrante de información con que se topan a diario, e incluso cada segundo. Por ejemplo, The Economist señalaba en 2006 que, según diversos estudios, las personas leemos 10 MB de información diaria, escuchamos 400 MB de datos al día y vemos 1 MB por segundo.

Pero no solamente eso. Los nuevos intelectuales no solamente se quedan en el papel, sino que llevan sus ideas a la práctica, además de ser jóvenes, incluso menores de 30 años, pero ya con la capacidad de ser transformadores de su medio y del medio de otros, gracias a como lo dice mi hermano Jorge Soto, que recientemente estuvo invitado como emprendedor menor de 30 años en Davos: la nueva camada de jóvenes que va a cambiar al mundo con sus ideas, son aquéllos que: “piensan globalmente, comprenden la diversidad, están conectados, quieren intentar, fracasar rápido, aprender y repetir”.

ECONOMÍA DE LAS IDEAS

Esos jóvenes han comprendido que en la actualidad vivimos dentro de una economía de las ideas, donde la moneda es el conocimiento y el mercado se sustenta en nuestra tasa de procesamiento neuronal; es decir, 100 mil millones de neuronas con 100 millones de millones de conexiones, de acuerdo a Carl Zimmer, pero ese procesamiento en sintonía con los ceros y unos que deambulan en los navegadores de internet y que con una buena minería de datos para rechazar la información basura, muchos se pueden convertir en nuevos intelectuales desde su trinchera computacional, siempre que fundamenten con datos duros sus ideas y que las puedan llevar al mercado social, económico, político, cultural, entre otros.

Ejemplos claros de esto se están viendo en el mundo; la participación de los jóvenes en el cambio de sus comunidades es más clara; son más participativos y son más los que piensan que su trabajo, sus ideas, su análisis, su capacidad de síntesis pueden transformar su entorno, y tienen la idea clara de que deben mantener una capacidad inquisitiva de absorción de información, comprendiendo que de ese caos surge el orden.

EL MANIFESTANTE

Tal vez por eso, en la revista TIME, la persona del año fue “el manifestante”, quien no solamente ha derrocado dictaduras árabes, sino que también se ha quejado de la desigualdad en Nueva York o de las elecciones compradas en Rusia.

A partir de estos eventos, podemos pensar que dentro del tablero de ajedrez económico, ya no existen individuos inalcanzables, que se sientan reyes o reinas, pues deben recordar que un peón es también capaz de hacer un “jaque mate”.

Con este escrito, no pretendo decir que cualquier persona atrás de un teclado y con conexión a internet es un intelectual; pero puede, en potencia, intentar serlo, los y exhorto a que lo intenten, pero siempre buscando datos duros y que tengan comprobación del método científico, además de la importante aplicabilidad de sus ideas en el mercado social, político, económico, cultural, entre otros según sea el caso.

Seguramente surgirán falsos nuevos intelectuales y parecerá que tenemos enfrente de nosotros la misma tarea de Sísifo, que en la mitología griega fue obligado en el infierno a empujar una piedra enorme cuesta arriba, para que al llegar a la cima esa misma piedra rodara hacia abajo y tuviera que empezar con esa tarea de nuevo.

Sin embargo, estoy seguro de que, después de la lucha entrópica de caos y orden en los datos, en la información, en el conocimiento, de algunos de ellos escucharemos buenas reseñas y su trabajo hablará por ellos.

Al final, esperemos que la frase de Víctor Hugo se vuelva realidad: “Llegará un día en que no habrá campos de batalla, sino la apertura de mercados para el comercio y la apertura de las mentes a las ideas”.

 

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