El doctor Jekyll y mister Hyde en el extraño caso del vino

Revista número 51, del 30 de marzo al 12 de abril de 2007, páginas 43 y 44.

¿Elixir de vida o simplemente deleite del paladar?

Al descorchar una botella de vino nos encontramos con el vértice disruptivo de experimentar por un lado el placer olfativo seguido de un deleite pasional en nuestro paladar, fruto del proceso artesanal de fermentación y añejamiento de la vid, lo que nos transporta a mundos fantásticos y destapa la creatividad cerebral que un par de copas logran; sin embargo, por otro lado también ronda, en ese elixir, el fantasma de mister Hyde (personaje de Robert Louis Stevenson), ése que puede hacernos perder el control y despertar nuestros instintos más primitivos, en contra de nuestros seres queridos y también de nosotros mismos, muchas veces en un proceso de autodestrucción.

A su vez se abre la incógnita-  recordando la alquimia -, de la obtención de la “fuente de la juventud”. Esto sostenido bajo la tesis de lo publicado en artículos de la revista Nature, según los cuales la molécula llamada resveratrol tiene efectos positivos en la longevidad de gusanos y moscas en un aumento del 30 por ciento, peces en un 60 por ciento, y también en el ultimo experimento con ratones obesos, son los cuales los científicos concluyeron que el riesgo de muerte por exceso de calorías de estos mamíferos se redujo en un 30 por ciento. Según lo publicado en la BBC de Londres y de acuerdo con Nature, los ratones expandieron su nivel de vida, pero por otro lado no pudieron eliminar el sobrepeso u obesidad que presentaban. Sin embargo, efectivamente tenían mejores y más saludables corazones e hígados.

PROTECION DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL

Asimismo, en el grupo controlado de peces con resveratrol, estos, a pesar de envejecer tuvieron mayor vivacidad y nadaron más que su contraparte de grupo que no fue tratado con la molécula mencionada. A su vez, en una disección posterior de estos vertebrados, se encontró que las neuronas del cerebro no decayeron tan rápido como normalmente lo harían. Esto llevo a las conclusiones del neurólogo Alessandro Cellerino y sus colegas de la Escuela Normal Superior de Pisa Italia, de que el resveratrol podría proteger el sistema nervioso central. La evidencia en relación con el  resveratrol que se encuentra en el vino, nos dice, según investigaciones científicas, que la respuesta es que la molécula activa el gen denominado “SIRT1”, mismo que según estudios de los doctores David A. Sinclair, de la Escuela de Medicina de Harvard y Lenny Guarente, del Massachusetts Institute of Technology, está ligado con la longevidad. En otro estudio llevado a cabo en Holanda, llamado  Studio Zutphen, intervinieron mil 373 individuos que nacieron entre 1900 y 1920 y a los cuales se monitoreo, analizo y encuesto hasta que fallecieron, incorporando las variables de estilo de vida, hábitos de bebida y comida, índice de masa corporal y si eran fumadores o no. Se encontró como resultado que el consumo moderado de alcohol, particularmente de vino en cantidades relativas a uno o dos vasos al día, se asocia con un 34 por ciento de menor riesgo en muerte cardiovascular y también en un 36 por ciento de menor riesgo en cualquier causa de muerte, según lo publicado en Science Daily.

 

AUMENTA LOS NIVELES DEL COLESTEROL DEL BUENO

También podemos decir que la investigación de Hansen, Marckmann, Dragsted, Finnem Nielsen y Gronbaek titulada: “Efectos del vino rojo y la uva roja en los lípidos de la sangre, factores hemostáticos, y otros riesgos de la enfermedad cardiovascular”, señala que el vino contribuye a aumentar los niveles de lipoproteínas de alta densidad, conocidas por sus siglas como HDL (High Density Lipoprotein) o comúnmente establecidas como “colesterol bueno”. Para una explicación mas ilustrativa, puedo referir lo que dice  mi madre (endocrinóloga), de que el HDL es el “camión de la basura”, que va recorriendo las arterias del corazón, para llevarse aquellos deshechos que pueden obstaculizar el paso del flujo sanguíneo y provocar los tan comunes y peligrosos infartos.

Sin embargo, no nos aboquemos desmedidamente a consumir este producto, pensando que nos dará la vida eterna, o deduzcamos que hemos encontrado el Santo Grial y la solución a la vejez. Es de tener especial cuidado, pues podemos dejar nuestra personalidad de doctor Jekyll y pasar a convertirnos en ese tan temido mister Hyde.

Para lo anterior, podemos recordar la conferencia de la doctora Nicole Leymarie, del Instituto de Investigaciones Científicas de la Bebida de Francia, expuesta en el Congreso Internacional y Exhibición de Biotecnología “BioMonterrey 2006” bajo el título de “Alcohol, Estilo de Vida y Calidad de Vida” en donde se remarco la necesidad de tomar en consideración lo expuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con la recomendación de las mujeres deben beber menos de 14 unidades por semana, mientras que los hombres tenemos que consumir menos de 21 unidades.

Las investigaciones de la doctora  Nicole Leymarie, como se ha dicho, apuntan a que el consumo de una o dos unidades diarias de alcohol, en especial de vino, ayudan a disminuir la tasa de mortalidad, si comparamos a personas que son abstemias. Pero hay que tomar nota que, al pasar de tres a  cuatro unidades, se pierden las propiedades benéficas del alcohol o de este “elixir de la juventud”, y se elimina la relación de la protección que el vino puede brindarnos para controlar las enfermedades coronarias, ataques cardiacos, osteoporosis, y posiblemente la diabetes y al Alzheimer, patologías que abundan en este siglo.

En este sentido, la doctora Leymarie dijo que “beber de manera regular no significa beber mucho al final de la semana, sino hacerlo en forma diaria. Es la mejor manera de evitar la dependencia”. Aquí es de destacar que la raza y la genética juegan un rol especial, pues la absorción, digestión y aprovechamiento de un vino en particular varía de persona en persona. Otra variable de peso, expreso, es la edad, pues el consumo de los jóvenes se centra más en la cerveza que en el vino, y en Francia la comida está relacionada con el acompañamiento de un tradicional vino.

EL VINO, LUBRICANTE SOCIAL

Este lubricante social, como lo llama la doctora, Leymarie, juega un papel trascendental en las relaciones de los seres humanos  desde tiempos remotos de la historia. Podemos recordar cómo fue para los egipcios  un diferenciador de clases, ya que los ciudadanos comunes  bebían cerveza y la clase alta bebía vino. También mencionamos como en Pompeya se descubrió recientemente, de acuerdo con arqueólogos, que las trabajadoras sexuales cobran lo equivalente a ocho vasos de vino por sus servicios. Incluso, como dato curioso, recuérdese que en febrero del presente año se subasto una botella de vino rojo “Fuhrerwein” con una foto de Hitler en la etiqueta, que, según historiadores, fueron dadas a oficiales de alto rango en el cumpleaños de este personaje, en la cantidad de 3 mil 995 libras esterlinas.

Remarco que es correcto afirmar que el vino es un deleite al paladar y que ha acompañado a reyes y mendigos en su paso por este planeta, y que sus propiedades arrojan esperanza, con un consumo moderado, para aquellas personas que quieren proteger su corazón, recordando la expresión que dice el profesor Roger Corder de la Universidad de Londres: “Un hombre es tan viejo como sus arterias”.

Sin embargo y sin quitarle merito a esta bebida artesanal, y tomando las palabras textuales del profesor Corder: “Hay mejores formas de reducir el riesgo: dejar de fumar, comer una dieta saludable con baja grasa saturada y hacer por lo menos 30 minutos de ejercicio cinco veces a la semana, para que el corazón siga latiendo”. De esta forma, tal vez mantenemos, de forma novelada, nuestra personalidad de doctor JekyII sin perder el comportamiento social, y dejamos solamente a mister Hyde como una sombra de nosotros mismos, pendiente y en un rincón en espera de su turno.

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