¿A quién culpar?: Los genes versus el contexto social

Número 29.  31 de marzo al 13 de abril 2006, páginas 7 a 9.

Imaginemos por un segundo que pudiéramos detectar a los futuros criminales antes de que cometieran su atentado. Esto sería al estilo de Minory Report (película dirigida por Steven Spielberg) donde se ha desarrollado el pre crimen y, gracias a la pre visualización de los “precogs” o videntes, quienes pueden ver el futuro y dar razón de las personas que van a cometer un crimen, ayudan en el objetivo de que la autoridad los atrape antes de que ataquen a su víctima.

A primera vista, suena ilógico poder lograr eso, independientemente de las cuestiones éticas y legales que se tendrían que poner en la mesa a consideración, pues, si no ha cometido crimen alguno ¿Cómo encarcelar a la persona por algo que todavía no hace?

En la actualidad la propuesta de los científicos es diferente a tener “precogs”. Más bien, proponen un método de carácter más científico. Estamos hablando de recurrir al estudio del genoma para descifrar el código de la naturaleza humana.

 

Según estudios de Kings College, en Londres, guiados por la profesora Terrie Moffitt, existe un gen ligado a la enzima monoaminooxidasa A (MAOA). Ésta se encuentra ligada a diferentes aspectos del comportamiento humano, incluyendo la agresión. Es decir, esta enzima analizada ayuda a suprimir la cantidad de excitación que se genera en nuestro cerebro por el exceso de dopamina, serotonina y la norepinefrina (perteneciente a la familia de la dopamina).

ESTUDIO REALIZADO EN 500 HOMBRES

El estudio descrito en forma general analizó a 500 hombres monitoreados desde su nacimiento y hasta la “madurez cerebral” de los 20 años, así como sus tendencias sociales supuestamente trazadas.

Los resultados arrojaron que el 12 por ciento del grupo que obtuvo bajos niveles de MAOA, ligado esto al maltrato y abuso infantil, eran propensos a incurrir en el comportamiento antisocial, al igual que cometer crímenes de alto grado y violentos. Incluso, el 44 por ciento de ellos fue responsable de ese tipo de delitos graves.

En contraparte, es conveniente mencionar que los individuos que tuvieron altos niveles de la enzima MAOA, asociado con maltrato y abuso infantil, fueron menos propensos a desarrollar comportamiento antisocial y mucho menos a cometer crímenes.

 

Para la profesora Moffitt, los resultados del experimento pueden explicar la forma en que los genes actúan en nuestra personalidad, cómo nos pueden hacer más o menos pro civiles a desarrollar cierto tipo de comportamiento.

Es cierto diría el doctor Steven Pinker, psicólogo social del MIT-, que los genes tienen cabida, pero mucho tiene que ver la influencia del medio ambiente para que se disparen ciertas variables y den origen a un hombre iracundo. Para este profesor universitario, la mente se va construyendo entre genes y memes; es decir, como un cuaderno en blanco, que se va llenando de letras conforme tenemos experiencias a lo largo, ancho y alto de nuestra vida y a la carga genética que heredamos. Es precisamente en ese bajar y subir de la rueda de la fortuna de lo que vivimos lo que nos puede marcar y determinar para ser un Stalin o un Gandhi.

PESO DE LA CULTURA EN EL DESARROLLO MENTAL

El doctor Pinker describe que no existe, hasta el momento, un gen para hablar inglés o para ser presbiteriano, pero ciertamente existe una combinación de genes preparados para las habilidades del lenguaje y también para la propensión a la meditación y la religiosidad; sin embargo, la decisión del lenguaje y/o religión está ligada a la cultura a la que cada uno de nosotros está expuesto; de ahí a que tenga un peso importante en nuestro desarrollo mental.

Sería interesante cuestionarse si una pareja de genios en verdad puede tener un hijo genio; es decir, si los genes bastan o también se necesita un ambiente social adecuado para detonar la mente creativa del niño(a) en particular.

Es así como no debemos solamente pensar en que la genética tiene la respuesta; no es solo crear “un mundo feliz” al estilo de Huxley, manipulando seres humanos y teniendo “alfas, betas y gamas”, sino que debemos pensar en que la educación y el entrono socio-cultural tienen un lugar importante en el juego de la vida.

Nosotros los seres humanos somos unas criaturas muy particulares; nos llena de dopamina ver una batalla épica en el cine, nos excita y/o causa morbo una película agresiva, como el caso de la reciente producción de Eli Roth Hostal.

 

La misma sociedad aplaude los contextos violentos, como sucedía en el circo romano con los gladiadores; ahora nos emocionan y desasosiegan las corridas de toros; tenemos ese instinto agresivo inmerso en la sopa genética; incluso podríamos pensar que somos el máximo depredador de este planeta.

Ante lo anterior, el factor de supervivencia darviniano debe estar impreso en un código de genes; la evolución de nuestra especie nos ha llevado a ser lo que actualmente somos; además, ante una situación de peligro, en defensa de nuestros seres queridos o en defensa de nuestra propia vida, podemos despertar instintos altamente agresivos y violentos con tal de salvarnos o defender a ese ser en cuestión, sin importar las consecuencias de nuestros actos.

De igual forma, nos produce placer neuronal (similar al obtenido al tomar una droga) cuando alguien que nos hizo daño recibe su merecido, cuando nos vengamos o se vengan por nosotros o cuando creemos que se hizo justicia al estilo Hamurabi.

INFLUENCIA DEL CONTEXTO SOCIAL

Sin embargo, no debemos olvidar que esta combinación genética  (bajos niveles de MAOA) se puede incrementar si el contexto social nos programa en determinada forma; si fuimos maltratados de jóvenes o si tuvimos un ambiente hostil o si carecimos de una educación adecuada, ciertamente tendremos una pre disposición  a ser delincuentes o criminales violentos.

De esta manera, puede ser que no esté tan errado el concepto de la película Anger Management, protagonizada por Jack Nicholson y Adam Sandler, donde se da terapia a personas que pierden el con trol de su estado emocional y arrancan en ira con situaciones que normalmente pueden ser dialogadas y resueltas en acuerdo para que ambas partes en querella obtengan beneficio.

Tal vez se desarrollen medicamentos o drogas que abatan el exceso de dopamina, serotonina, y norepinefrina o que aumenten los niveles de la enzima MAOA, buscando controlar a quienes sean candidatos a ser violentos.

Pero, sin lugar a dudas, debemos cuidar el ambiente al cual nos exponemos nosotros mismos y en el cual se desenvuelven nuestros hijos, pues a pesar de que los imperios y grandes civilizaciones se forjaron con la espada de personajes como Aquiles, florecieron con todas aquellas manifestaciones intelectuales y científicas de personas como Milan Kundera, Bertrand Rusell, etcétera, al igual que artísticas con Mozart, Da Vinci, Miguel Ángel y muchos otros.

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