Inteligencia Maquiavélica: El fin justifica los medios

Número 28 , del 17 al 30 de marzo de 2006, páginas 48 y 49.

Rodrigo Soto/ Mercadotecnia Social

El hombre ha recorrido un largo camino, desde su aparición en la Tierra, para mantener su hegemonía sobre las otras especies que cohabita. De acuerdo con una de las teorías darvinistas (supervivencia del más apto), supimos utilizar nuestro dedo  pulgar para manipular herramientas; evolucionamos con una dieta variada, que nos permitió adquirir los nutrientes necesarios (sobre todo el azúcar de las frutas que tiene paso directo en nuestras neuronas; aunque la dieta completa de carne, fruta, verdura favoreció el crecimiento cerebral); pudimos conciliar mejores y más largos periodos de sueño para el beneficio de nuestro desarrollo cerebral y neuronal, entre otros.

La avenida evolutiva nos favoreció en el campo del neurodesarrollo; somos la especie con mayor número de circunvoluciones o pliegues en el cerebro, y de esta forma se destaca la mejor relación de tamaño cerebral y peso del cuerpo. Este diseño de la naturaleza y la biología ingenieril abrió las puertas para que otros factores contribuyeran en el continuo crecimiento y desarrollo de la especie humana: me refiero a la capacidad de modificar nuestro medio ambiente, la capacidad de negociación y la habilidad de inferir lo que otros piensan. Es decir, de acuerdo con la Real Academia Española, el arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado es comúnmente denominado “política”.

TEORIA EVOLUTIVA DE LA SUPERVIVENCIA

Es aquí donde sabemos sumar un nuevo aspecto a la Teoría Evolutiva de supervivencia a través de la inteligencia Desde la perspectiva de las estrategias, estamos hablando de la Ciencia Política. Se aborda la parte mental que trabajo el ser humano para transformar su alrededor y negociar con otros su permanencia en la historia del planeta.

Quizá uno de los personajes más representativos de la Ciencia Política es Nicolás Maquiavelo (1469-1527), con su obra El Príncipe (1521-1522), escrito que fue dedicado a Lorenzo de Medicis, aunque la figura central que se describe es relacionada con Cesar Borgia, hijo del Papa Rodrigo Borgia, mejor conocido como Alejandro VI.

En El Príncipe, el poder es el tema central y Maquiavelo lo considera el único camino seguro de realización del espíritu humano, por lo que debe ser conservado a toda costa por el gobernante; sin temor a realizar actos infames. Uno de los capítulos más llamativos es el XVII, donde se habla sobre la crueldad y la clemencia; y sobre si es mejor ser amado que temido, o ser temido que amado. El argumento de Maquiavelo indica que nada mejor que las dos cosas a la vez (ser temido y amado), pero si es cuestión de escoger, su conclusión es simple: “es más seguro ser temido que amado”.

“EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS”

Para el florenciano, los hombres tienen menos precaución en ofender a alguien amado que a alguien temido. Para él, la perversa naturaleza humana el miedo al castigo no se pierde nunca. Así se justifica que el Príncipe pueda actuar infligiendo temor en sus súbditos, tal vez en beneficio del bien común. De ahí, una de las frases más conocidas, inferida del texto, “el fin justifica los medios”. La inferencia proviene de diversas oraciones; pero un claro ejemplo se encuentra en el capitulo XVIII, cuando el autor comenta: “existen dos formas de combatir: una es mediante las leyes, y la otra mediante la fuerza. La primera es propia del hombre; la segunda, de las bestias. Pero como a veces la primera no basta, conviene utilizar la segunda”.

Mucho de este contexto maquiavélico puede ser ejemplificado en las primeras etapas de la vida de nuestros antepasados, cuando se organizaron en grupos para conseguir el bien común; con la caza y la agricultura como medios para la formación de civilizaciones, definiendo quienes son amigos, aliados o enemigos en el proceso; y justificando en la conocida Teoría de Juegos, en donde la estrategia de negociación es básica para la supervivencia de los involucrados; en calificaciones de premio a los que colaboran con el bien en general, y castigo para aquellos que avanzan sin cooperar con los otros, siempre y cuando sean detectados.

TRABAJO EN EQUIPO

Andrew Whiten y Richard Byrne, de la Universidad de Saint Andrews en Escocia, publicaron lo que han realizado en diversas investigaciones en donde se comenta que efectivamente el trabajo en colaboración con otros trae ventajas competitivas sobre otros grupos; pero también la manipulación de otros, para que se  hagan lo que queremos, es un fenómeno que ellos han llamado “inteligencia maquiavélica”.

Según Whiten y Byrne, los primates manejan esto hasta cierto nivel; incluso podemos tomar los ejemplos estudiados en el comportamiento de los chimpancés primates que trabajan en conjunto para obtener su alimento y mantener la estabilidad de sus grupos; pero también se han caracterizado por despliegues de conducta similares a lo que puede ser la manipulación o el lograr que otros hagan lo que queremos, gracias al mecanismo de detectar las intenciones que tiene otro individuo; es decir, “poder leer la mente”

EL CASO DE LOS CHIMPANCÉS

Es conocido que los miembros de un grupo de chimpancés al ver llegar al macho dominante o “Alfa”, exhiben manifestaciones parecidas a lo que podríamos llamar sumisión, respeto, admiración; es decir, estos animales se acercan cautelosamente al líder, manteniendo la cabeza gacha, buscando obtener la aprobación de éste por medio de una palmada o un ligero abrazo. Esto se debe a que el macho líder es quien presenta las mejores características físicas, al igual que mentales, en este juego de percibir las intenciones. Incluso se ha llegado a suponer que la estrategia neuronal de “leer otras  mentes” contribuyo directamente al crecimiento y desarrollo de nuestro cerebro.

Con esto, el macho Alfa corrobora su posición en el grupo,obtiene el favor de las hembras y puede hacer que otros  hagan algo que necesite; pero hay que recordar que los otros miembros se mantienen como súbditos leales a él, mientras que este príncipe animal no pierda capacidad de maniobra y estrategia con el inexorable paso del tiempo, y sea destronado por uno de los que antes le rendía pleitesía.

De ser esto lo correcto, la inteligencia maquiavélica puede venir dentro de nuestros genes y ser parte de la ecuación de supervivencia de la naturaleza, en donde no solo sobrevive el más apto físicamente, sino también el más apto mental y estratégicamente.

Como sustento a esta teoría mental, el doctor Geoffrey Millar, de la Universidad de Nuevo México, comenta que la mente del ser humano es una demostración de lujo genético. Al igual que una hembra, observa, en su contraparte características de salud y buenos rasgos genéticos en la parte física; también la inteligencia es sinónimo de salud en  nuestros genes. Tanto el físico como la inteligencia maquiavélica resultan ser piezas atractivas para ser seleccionados sexualmente por nuestra contraparte.

En esta odisea de aproximadamente seis millones de años, sobrevivieron los hombres que físicamente fueron elegidos por sus cualidades para pasarlas a las nuevas generaciones, así como aquellos que supieron jugar con la mente de los demás, utilizando estrategias mentales para conseguir que otros hicieran lo que ellos querían, los que utilizaron su inteligencia maquiavélica. Quienes también han difundido esto por medio de los memes (idea pasada de generación en generación) y se han erigido como organizadores y lideres en un juego de competencia evolutiva, que para investigadores de la Universidad de California y de la Universidad de Michigan tiene relación con la característica humana única: “el jugar con las reglas formales”.

LOS JUEGOS MENTALES

Hoy en día no es motivo de asombro que veamos el despliegue de nuestros ancestros, en el comportamiento de diversos miembros y líderes sociales, cuando obtienen su objetivo al manipular a otros, al utilizar juegos mentales, al recurrir a negociación , al aprovechar su rango evolutivo como macho “Alfa” o dominante (a veces por voto social y no por voto de inteligencia), todo dentro de esta interesante inteligencia maquiavélica, pues como pudo haber dicho Nicolás: “el fin justifica los medios”, claro que siempre y cuando el Príncipe pueda conservar su reinado, pues de lo contrario el fin no lo va a justificar en sus actos y tendrá que rendir cuentas.

Pero como dijera Carl Zimmer, científico ensayista que ha investigado esta temática, al enfrentarse a un individuo con mente truculenta que ha logrado engañarnos, no es motivo de enojo, sino de reflexión, porque nos hemos enfrentado al resultado de la evolución biológica del hombre en millones de años.

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