Skiving, estrés y posición social

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Rodrigo Soto Moreno

Partimos de la premisa que cada uno de nosotros cuenta con un cerebro, sin embargo me he dado cuenta que no todos lo usamos de igual forma, pues en algunos casos pareciera que el de ciertos individuos se encuentra fragmentado, diseccionado, carente de comunicación entre hemisferios o lento a la hora de realizar los disparos neuronales y por ende creando escasos momentos eureka que deriven en ideas creativas.

Curiosamente aquellas personas carentes de creatividad, utilizan la vieja táctica, gracias a su posición laboral, de tomar las ideas de otros y hacerlas suyas para explotarlas a su conveniencia. Sumando aquí la premisa de que los líderes públicos y privados se encuentran constantemente agobiados por estrés laboral, lo que los hace más propensos a sufrir problemas del sistema inmunológico y otras afecciones cardiovasculares.

Sin embargo en este último punto debemos recordar aquellos estudios en el escrito: “Social status and health, Misey Index”, publicado en The Economist, donde se señala que aquellas personas con un estatus social bajo, muestran deterioro en su salud versus a los individuos con estatus social alto. Es decir, el estudio nos muestra que aquellos en la cúspide social tienen una vida menos estresante y agobiante que los que se encuentran en la base de la pirámide.

Sorprendentemente estos hallazgos se replican en el mundo animal, pues un  grupo de investigadores de la Universidad de Chicago liderados por Jenny Tung y Yoav Gilad se han dedicado a estudiar la reacción de los macacos rhesus, debido a la capacidad que tienen los mismos de desarrollar sociedades jerárquicas como nosotros. La  experiencia de sus estudios les apunta a señalar que los macacos rhesus que se encuentran en la base de la clase social tienen respuesta bioquímicas que afectan su sistema inmunológico.

De todo lo anterior si bien es cierto que existen líderes empresariales, directores generales, políticos y demás personajes que se encuentran en la cúspide de la toma de decisiones, muy comprometidos con su trabajo y realizando gran cantidad del mismo, al grado de “arrastrar el lápiz” y poniendo el ejemplo en sus subordinados; tenemos por otro lado el común denominador es donde el patrón solamente da instrucciones y no hace realmente nada.

Aunado a todo esto debemos añadir el reciente escrito que leyó el suscrito, también en The Economist, titulado: “A guide to skiving” en la sección de Schumpeter, donde debemos primero definir lo que es “skive”, refiriéndonos a hacer cualquier otra cosa diferente a lo que estoy contratado por hacer o me pagan por hacer, es decir una especie de procrastinación, difiriendo las tareas a las cuales que estoy obligado por contrato o por dinero a cumplir.

La realidad es que, como dijimos, todos contamos con un cerebro pero no todos lo usamos de igual forma y no todos tenemos la misma cantidad de disparos neuronales creativos para el surgimiento de ideas innovadoras y productivas; por lo que no nos extraña que algunos tomen las ideas de otros, especialmente en la relación de jefe – subordinado.

Volviendo al Skiving, tenemos los puntos esenciales para realizar el mismo:

  1. Siempre parecer que estamos trabajando arduamente, aunque realmente no estamos haciendo nada.
  2. Las tecnologías de información y comunicaciones contribuyen al Skiving, pues sino se tiene cuidado resultar ser un mecanismo distractor importante.
  3. Contratados por empresas que no evalúan por resultados, como el sector público que se presta a que los servidores públicos no trabajen.

Ejemplos claros del skiving, presentados por Schumpeter en The Economist, son el del 2004 en Finlandia cuando tomó aproximadamente 2 días determinar que un empleado de impuestos se encontraba muerto en su escritorio. Otro en el año de 2009, cuando algunos empleados administrativos de aviación civil en Suecia, utilizaron ¾ partes de su tiempo para ver pornografía. Y en 2012 un servidor público alemán, en su retiro, escribió que en un período de 14 años realmente no había hecho nada.

No nos sorprenden estas situaciones, pues desde que estamos en la escuela nos encontramos con los tradicionales equipos de trabajo para realizar una tarea o un proyecto y nos damos cuenta que ciertas personas son las que trabajan, mientras que otras no hacen nada pero sin lugar a dudas saldrá su nombre en el producto final.

En este tenor, dentro del mismo escrito de Schumpeter en The Economist, tenemos que David Bolchover dice que la cantidad de trabajo realizado fue inversamente proporcional al tamaño de la compañía en que laboró. Es decir, Bolchover, empezó su carrera sin título profesional y casi sin paga y trabajando arduamente. Contrario a cuando trabajó en una compañía grande, haciendo casi nada y recibiendo cheques gordos.

¿Qué sucede entonces? Resumiendo lo aquí descrito, tenemos que se ha comprobado en macacos que aquellos de baja jerarquía social, sufren estrés y son más propensos a tener problemas con su sistema inmune y padecer enfermedades cardiovasculares versus a cuando estos macacos suben en el peldaño social, disminuyendo su riesgo a enfermedades cardiovasculares y también se fortalece su sistema inmune.

Ahora no debemos olvidar que existe “skiving” en los subordinados, realizando actividades para las cuales no fueron contratados, es decir caen en la procrastinación y se enfrascan en rutinas por las cuales no les pagan, pero también tenemos que reconocer que aquellos que “arrastran el lápiz” reciben poca paga y están expuestos a que sus ideas sean explotadas o robadas por sus jefes, vendiéndolas como propias. Además recordemos que los jefes, sufren de menor estrés y por ende tienen mejor sistema inmune, pues cuentan con un ejército de colaboradores que les hacen el trabajo.

Esto último nos plantea la cuestión de subir entonces rápidamente los peldaños de la escalera socioeconómica o de jerarquía en el trabajo, así como analizar si debo permitir que mis ideas sean secuestradas por otros y vendidas por los jefes, cuando tristemente ellos no hicieron nada.

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