Mi comportamiento como manada

sheepherd

Rodrigo Soto Moreno

Según las investigaciones del biólogo evolucionista, W.D. Hamilton, un individuo (animal) en la posición de presa, diluye su riesgo de ser devorado por un predador cuando se incorpora a un grupo mayor, especialmente si se coloca en el centro de esa manada, parvada, cardumen, según sea el caso. Hamilton se refirió a esto como “selfish herd behavior”.

Investigando un poco en Wikipedia, hablamos en este sentido al comportamiento de manada (herd behavior) en donde se describe la forma en que los individuos o seres vivos, dentro de un grupo, actúan en conjunto sin tener un plan preestablecido o dirección planeada. Este término aplica, como dijimos, en la conducta de los grupos de animales, pero también lo encontramos en las escuelas, en las manifestaciones, en las huelgas, en los eventos deportivos, en las reuniones religiosas, así como en episodios de violencia de las turbas sociales y también en las decisiones que tomamos a diario, sobre todo en la formación de las opiniones.

Derivado del punto anterior, los investigadores Raafat, Chater y Frith nos dicen que existen dos variables claves en este sentido: el mecanismo de transmisión o el comportamiento entre los individuos y el patrón de conexiones entre ellos.

Hablando sobre un ejemplo práctico, tenemos lo que nos ofrece el investigador Andrew King del Colegio Royal de Veterinarios de la Universidad de Londres. En un estudio se observó el comportamiento de un perro ovejero (kelpie australiano) y una manada de ovejas, donde claramente estos mamíferos rumiantes se movían constantemente hacia el centro de su grupo, buscando evitar contacto con el kelpie, similar a lo que sucede cuando en la cadena alimenticia vemos que la presa evita la periferia y se enfila hacia el centro, buscando su supervivencia lejos del depredador.

Pero no solamente los animales muestran este tipo de comportamiento, pues otras investigaciones han encontrado que si colocamos un grupo de individuos en un cuarto, con dos salidas similares y equidistantes, en condiciones normales buscarían dividirse para salir de forma calmada y pacífica, pero si agregamos la variable de pánico, observaremos que la gran mayoría de los individuos se amontonará hacia una de las salidas, creando un cuello de botella y una minoría saldría por la otra puerta.

Por otro lado, el investigador Thorstein Veblen explica que el comportamiento de manadas se extrapola a la economía cuando observamos la influencia social en términos de emulación, donde algunos individuos copian a otros de alto nivel socioeconómico. Esto resulta muy claro cuando observamos, casi a diario, a jóvenes buscando a sus “líderes” por su estatus social, la marca de la ropa que usan, el auto que manejan, los clubes sociales a los que pertenecen y enfocan su vida en emular o copiar esos comportamientos. Tristemente hablamos aquí de cómo los jóvenes prefieren el tener (dinero, poder, bienes) sobre el ser (conocimiento, sabiduría, aumentar su tasa de procesamiento neuronal).

De igual forma los banqueros de Wall Street utilizan la influencia del comportamiento como manadas para crear burbujas de acciones, donde las mismas suben estrepitosamente provocando la compra y terminan de igual forma al colapsarse, cuando se rompe la burbuja y los poseedores de esos títulos venden velozmente, lesionando el mercado.

Pero también en nuestra decisiones diarias involucramos las opiniones de otros, la información de la sociedad, del mercado, para tomar una ruta de acción y definir nuestro punto de vista para actuar en consecuencia. Desgraciadamente con el alto índice de analfabetismo funcional, es decir cuando una persona a pesar de saber leer, escribir y contar, no puede sacarle provecho a ese conocimiento de forma eficiente, en las diferentes situaciones que se le presentan en su vida; de forma más simple estamos hablando de aquellas personas que no saben razonar o no tienen ni “dos dedos de frente”, aludiendo a la parte cognitiva prefrontal.

Además si a todo esto le sumamos la falta de lectura en el país y no hablemos de la parte de escritura, así como la gran cantidad de pobreza en México, donde se habla de más de 50 millones de pobres, aunado a que algunos medios de comunicación y líderes públicos y privados que quieren vernos como perros de Pavlov, condicionados y salivando por sus ofertas vacías, sobre todo cuando hablamos de tiempos electorales. Entonces no nos resulta extraño ver comportamientos de manada, en donde el individuo se deja llevar por la corriente y lo que diga la mayoría, cediendo su razón y abandonando su capacidad cognitiva en la toma de decisiones.

Lo cierto es que todos estamos expuestos al incorporarnos a un comportamiento de manada, pues nuestra sabiduría tiene un límite y podemos ser influenciados. Sin embargo la recomendación en este sentido es acercarnos a expertos en el tema, antes de tomar una decisión, es decir informarnos correctamente con fuentes confiables y con escritores, articulistas, periodistas e investigadores probados en la materia, para que formemos ideas sustentadas en pilares del conocimiento, especialmente el científico y tecnológico, evitando cederle nuestra capacidad de procesamiento neuronal y razonamiento individual a un grupo que se comporte como manada dominados por la emoción y que dejando a un lado la mejor arma del ser humano: su razón o cognición.

Todos los días tanto nuestra tasa de procesamiento neuronal, como la capacidad cognitiva, la razón, están siendo puestas a prueba en nuestro encuentro con el gran cúmulo de información que viaja en los diferentes medios de comunicación, pero sobre todo en la web; pero como mentes creativas es nuestra tarea discernir entre la información valiosa de aquella que es solamente basura y no caer estrepitosamente en la sinrazón que muchas veces observamos en los comportamientos de manada.

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