La naturaleza y su capital intangible

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Rodrigo Soto Moreno

Después de mis múltiples encuentros con pillos, bribones y estafadores representados en familiares, supuestos amigos y personas con las que hace uno negocios; aunado esto a la ineficiencia del sistema legal en nuestro país, resulta complicado volver a confiar y cooperar con miras a fortalecer nuestro capital intangible, que representa aproximadamente el 80.5% del ingreso de los países ricos de la OCDE y es el que más crece al compararlo con los otros capitales, como son el capital natural (2.3%) y el capital producido (17.2%).

Sin embargo, antes de sustentar las anteriores aseveraciones me gustaría analizar brevemente algunos ejemplos en el mercado de la naturaleza, donde las manos del hombre y sus leyes aún no deforman ese equilibrio.

El primer ejemplo lo ofrece el primatólogo Frans de Waal cuando a monos capuchinos, enjaulados contiguamente, se les pide manipular una ficha y devolverla para recibir un premio, que puede ser un pepino o una uva; obviamente favoreciendo a la última por lo dulce en su composición. Lo interesante viene cuando a ambos monos manipulan la ficha, la devuelven y uno de ellos recibe un pepino, mientras a otro se le da una uva por el mismo trabajo realizado. Por ello el mono capuchino que recibió el pepino no lo acepta, pidiendo la uva que le corresponde. Es decir él demanda justicia e igualdad por su labor.

Otro ejemplo, también ofrecido por Frans de Waal, es en relación a elefantes en reservas, quienes razonan que para lograr acceder a una bandeja de comida, que cuenta con dos extremos de una cuerda; debiendo jalar la misma de forma simultánea o de lo contrario ésta se zafará y no podrán degustar del alimento. Es por ello, que en un video se puede observar cómo un elefante llega y toma con su trompa un extremo de la cuerda, y espera la llegada de su compañero elefántido, para que ambos jalen y tengan el ansiado maná.

Por último tenemos el tan mencionado caso de la cooperación entre individuos, división clara de trabajo entre grupos reproductivos, obreros y soldados, así como la eusocialidad (nivel más alto de organización social en ciertos animales), en comunidades de hormigas, abejas y termitas; labor que les ha conferido el ser clasificados por diversos científicos, como E. O. Wilson, como un superorganismo, debido a que cada insecto es parte de un todo, trabajando para el grupo, con una compleja y elaborada estructura y comunicación social por medio de señales químicas, biológicas y físicas.

Podría describir más ejemplos, pero el espacio lo impide; por lo que me decido entonces a concluir este escrito y justificar que lo aquí expresado en relación al capital intangible de la naturaleza de ciertos seres vivos, nos puede servir de ejemplo para, como lo dijimos, fortalecer nuestro capital intangible, con variables que inciden de forma positiva y negativa como la identidad cultural, la confianza en la sociedad, la innovación científica y tecnológica, el derecho de propiedad, el gobierno efectivo, un sistema judicial eficiente y por supuesto la educación y el conocimiento.

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