Gula tecnológica

computeraddiction

Rodrigo Soto Moreno

Hace algunos ayeres nos preocupaba más estar en la calle jugando fútbol, aunque fuera en una cancha de cemento, versus a estar constantemente picando la pantalla de un teléfono inteligente. Me refiero a aquellos tiempos más sencillos en donde la vida no giraba en torno a la cantidad de clics en una pantalla, sino en la cantidad de patadas que le dábamos a un balón en la calle.

Para esta colaboración me gustaría hablar sobre la obesidad tecnológica, sobre la gula tecnológica, sobre la adicción a la tecnología. En este tenor pienso que somos criaturas curiosas e inseguras y nos gusta presumir nuestras “plumas” para colocarnos en la cúspide la supervivencia del más sexy o sensual en términos tecnológicos.

Como lo dijimos, hace algún tiempo, cuando el suscrito tenía más pelo en la cabeza y menos en la cara o en la barba, no existía esa presencia o ubicuidad tan notable de los teléfonos inteligentes, de las tabletas, de los lectores de texto, de las computadoras; dispositivos a los que están expuestas las nuevas generaciones.

¿Qué quiere decir todo esto? Si nos dijeran que pensáramos en una adicción, tal vez la primera imagen que procesaríamos en nuestro cerebro sería la de un alcohólico, la de un fumador o la de alguien abusando de cierta droga o sustancia prohibida, como la marihuana y la cocaína; pero muy pocos de nosotros asociaríamos esto a la imagen de un individuo adicto a la tecnología.

En este tenor, una investigación que buscó comprender el efecto adictivo de los dispositivos tecnológicos, cuyo líder fue Martin Lindstrom y se publicó en The Economist, encontró que de los 10 sonidos que más afectan al ser humano o que tienen mayor potencial de captar la atención, el celular vibrando obtuvo el tercer lugar, después del sonido clásico de Intel y el de un bebé riéndose.

Mucho se habla de la epidemia de sobrepeso y obesidad, de la diabetes, de las enfermedades no transmisibles, pero poco se habla de la obesidad tecnológica alimentada por nuestra gula por adquirir ese último dispositivo tecnológico en el mercado, como sucede con los de Apple, con los de Samsung y como nos sucederá con el nuevo reloj de la marca de la manzana mordida. Increíblemente si por alguna razón no podemos comprar ese último “gadget”, sentimos ansiedad e incluso depresión por no estar a la moda.

Por su parte Gary Small, psiquiatra de UCLA, ha catalogado como “techo addicts” a todas aquellas personas que muestran un comportamiento compulsivo y dependiente hacia los dispositivos móviles, especialmente celulares inteligentes y tabletas, incluyendo aquí a las tradicionales computadoras, de escritorio o portátiles, y todos ellos con acceso a internet.

El profesor Small dice que es muy difícil resistirse a las computadoras, al internet, a los celulares, a las tabletas, en donde nuestro cerebro y otros órganos del cuerpo reaccionan al monitor, logrando que nuestro ritmo cardiaco se desacelere, los vasos sanguíneos del cerebro se dilatan y la sangre fluye hacia afuera de los músculos principales. Nuestra estimulación varía, pero después de una larga exposición a estos aparatos tecnológicos, la estimulación mental se traduce en fatiga, según Small. Aunado a esto, Sarah Kessler en Mashable, nos dice que 38% de los estudiantes no pueden estar 10 minutos sin verificar su laptop, celular inteligente, tableta o lector de textos.

Dicen que el primer paso para poder curarnos de una adicción, como el alcoholismo, es reconocer el problema, aceptar nuestra falta de control, nuestra ingobernabilidad y posteriormente solicitar ayuda para salir del “barranco” o “bache” físico o emocional, según sea el caso.

Sería bueno entonces que cada uno de nosotros hiciera una retrospectiva en este sentido. Por mi parte  reconozco que cuento con una adicción a los dispositivos móviles, que pudiera catalogarse en las primeras etapas de una obesidad tecnológica, pero peligrosamente alimentada por esa gula tecnológica; manifiesta en mis celulares y tabletas, especialmente el iPhone y el iPad, donde constantemente estoy presionando el botón central para hurgar en ellos y verificar si he recibido un nuevo mensaje en cualquiera de mis aplicaciones, así como en las redes sociales.

Ya acepté mi problema, ahora la solución desde mi perspectiva, sería desconectarme de esto dispositivos, pues la vida no gira en torno a ellos.

 

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