Emergí…

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Pareciera que nos encontrábamos en una especie de letargo, divididos y sin propósito colectivo,  pero está claro que en cierto momento nuestros ancestros unicelulares decidieron cooperar entre sí y fue entonces que surgieron organismos multicelulares y después de un complejo proceso evolutivo de millones de años, emergimos nosotros los seres humanos.

En este sentido hablamos de cómo sistemas simples se puede organizar en sistemas complejos, al igual que sucede en organismos unicelulares que evolucionan en pluricelulares en un increíble proceso de auto organización. Dentro de este tenor también inferimos que nosotros somos sistemas complejos que surgimos entre el orden y el caos, evolucionando gracias a la enorme red neuronal en nuestro cerebro.

También podemos pensar que nuestro éxito aparente ha ido de la mano con la sabiduría adquirida. Es decir, cada uno de nosotros en el constante encuentro con la naturaleza, con la sociedad y por ende con nuestros semejantes, hemos absorbido conocimiento; y esa información ayuda a que nuestro cerebro pueda anticiparse, gracias a los datos almacenados, mismos que siguen siendo utilizados como referencias futuras. Gracias a esa información acumulada en nuestro cerebro, es como reaccionamos ante cierta situación, pues consultamos en nuestra base de bits y bytes, para actuar en consecuencia; pues llegamos al mundo con código genético precargado y fuimos amasando datos, algunos relevantes y otros no, bajo una premisa de sobrevivir en la jungla de asfalto de la civilización actual.

De todo esto, podemos pensar, como lo señala el Steven Johnson, que el poeta y el ingeniero parecen distantes a millones de kilómetros, pero convergen cuando traen nuevas ideas al mundo, con patrones similares de desarrollo y colaboración. Es decir la realzada disimilitud entre poetas e ingenieros, se hace símil cuando ambos utilizan su tasa de disparos neuronales para darle forma a ese viento caótico, y a veces ordenado, de información y como dice Shakespeare: “ponerle una habitación local y un nombre”, o sencillamente ver el nacimiento de una idea creativa.

El punto anterior descansa en que las ideas constantemente surgen o brotan dentro de nuestro cerebro, en donde la comunicación entre las aproximadamente 100 mil millones de neuronas, con 100 millones de millones de conexiones, de acuerdo a datos de Carl Zimmer, son capaces de almacenar 3.5 petabytes (de acuerdo a Wikipedia: un petabyte es una unidad de almacenamiento de información cuyo símbolo es el PB, y equivale a = 1.000.000.000.000.000 de bytes) y realizar operaciones a una tasa de 2.2 mil millones de megaflops (1 megaflop equivale a 1 millón de operaciones por segundo), de acuerdo a datos de Mark Fischetti, sumado a que nuestro cerebro solamente consume alrededor de 20 watts.

Pero al final el objetivo, desde mi perspectiva, es mantenernos alerta al brote desordenado de ideas y aferrarnos a una que prometa ser disruptiva, creativa y con posibilidades de ser abrazada por el mercado y darle entonces la oportunidad de sembrarse en nuestra mente.

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