El Zaratustra que todos llevamos dentro

Revista número 58, del 20 de julio al 2 de agosto de 2007, páginas 44 a 45.

Los  hermanos Reinhold y Günther Messner bajaban de la montaña Nanga Parbat, en Himalaya, según el brillante relato de Caroline Alexander. Era normal que Reinhold, como hermano mayor, se adelantara a veces hasta una hora de distancia a su hermano Günther. Era ya conocida la experiencia y habilidad de ambos montañistas, pero la jornada no había sido sencilla, pues habían pasado una noche durmiendo a una temperatura de menos de 40 grados, y Reinhold se preocupaba por la salud de su hermano, que experimentaba cansancio exagerado, y en la montaña gélida, el no tener los sentidos agudos puede traducirse en tragedia.

En su propia descripción, el hermano mayor de los Messner, moviéndose por instinto mientras continuaba descendiendo, y sin percatarse de la velocidad con que avanzaba, se detuvo al ver un riachuelo para beber agua, después de no haber contado con ese vital liquido en cuatro días.

Ahí pensó que era ideal esperar a su hermano Günther y refrescarse ambos con alivio. Sin embargo éste nunca llegaría.

Perdido en sus pensamientos y desvariando, buscó a su hermano por casi dos días. En ocasiones, se sentía la presencia de su hermano o escuchaba su voz. Aturdido y exhausto, hizo caso a su instinto de supervivencia y bajó de la montaña. En el año de 1970, al regresar de esta travesía que sería para él un punto de inflexión en su futuro, le fueron amputados siete dedos de los pies a Reinhold Messner. Pero la pérdida mayor fue la de su hermano.

EL ENCUENTRO CONSIGO MISMO

A partir de ese momento el alpinismo se convirtió en algo más profesional para Reinhold, y fue cuando se encontró a si mismo y comenzó a probar su propio potencial, lo que le valió convertirse en el mejor montañista del mundo, según lo descrito por Carolie Alexander en su artículo de National Geographic titulado:”Venciendo lo imposible”.

Algunos de sus logros, extraídos de National Geographic son:

a)      Primer ascenso en solitario, en el Nanga Parbat, a 8 mil metros de altura.

b)      Primer ascenso en solitario al Monte Everest.

c)       Primer ascenso sin oxígeno al Monte Everest.

d)      Primer ascenso consecutivo a dos picos de 8 mil metros de altura, en el Gasherbrum I y II.

e)      Primer ascenso en estilo alpino al K2, a 8 mil 611 metros de altura.

f)       Primer ascenso a tres picos de 8 mil metros de altura: Kachenjunga, Gasherbrum II y Broad Peak.

g)      Primer ascenso a la cara sur del Aconcagua, por la nueva ruta, a 6 mil 960 metros de altura.

h)      Primer ascenso al Manaslu, monte de 8 mil 156 metros de altura.

i)        Primer ascenso por la pared Breach del Kilimanjaro, a 5 mil 895 metros de altura.

j)        Primer ascenso a la cara norte por la nueva ruta del Xixabangma Feng, a 8 mil 13 metros de altura.

k)      Primero en cruzar la Antártida a pie, por el Polo Sur, en una travesía de 2 mil 494 kilómetros.

l)        Travesía para cruzar el desierto de Gobi en Mongolia, en un recorrido de 2 mil kilómetros.

m)    Caminata de mil kilómetros al este del Tíbet, en China.

ZARATUSTRA Y LA SERPIENTE

Reinhold Messner nos recuerda al Zaratustra de Nietzsche cuando, estando dormido bajo una higuera  y debido al calor extenuante, se tapo la cara con el brazo, mientras una víbora se acercaba y lo mordió en el cuello. Zaratustra despertó gritando de dolor y, al ver al reptil alejarse, le dijo: “¡No te vayas, que aún no te he dado las gracias! Has hecho bien en despertarme, porque me queda todavía mucho camino por recorrer.

“Poco podrás andar ya – añadió la víbora – pues mi veneno es mortal” Zaratustra sonrió y le dijo: “¿quien ha visto que un dragón sucumba al veneno de una serpiente? Anda toma de nuevo tu veneno, que no eres lo suficientemente rica para regalármelo”. Entonces la víbora se acerco otra vez al cuello y le lamió la mordedura”.

DE LA DESGRACIA SACO FUERZAS PARA SER EL MEJOR

El Nanga Parbat mordió en el cuello a Reinhold con la muerte de su hermano; le infligió una herida grave, pero él supo sobreponerse y canalizar su energía para convertirse en el mejor. Sacó lo mejor de sí, y su potencial le ha ganado ser pionero en la cima de diversas montañas.

Según Jennifer Kahn, el corazón trabaja a un ritmo de cien mil latidos por día, e impulsa 5.6 litros de sangre a través de una red de 96 mil kilómetros de arterias, venas y capilares. En esos latidos los que nos transforman y marcan líneas divisorias entre el ser que éramos y el que somos en la actualidad.

En su libro The Murder of the Impossible, Reinhold, descrito por Alexander, con sus logros y llevando su potencial al máximo “asesinó y echó por tierra todas las nociones tradicionales de lo que construye lo imposible”.

Algunos expertos señalan que las expediciones de Reinhold muestran, estadísticamente, que tenía un 99.9 por ciento de probabilidades de morir; pero, gracias a su potencial físico y su capacidad para tomar las mejores decisiones en situaciones extremas, ha logrado burlar la muerte. Además, él mismo señala que cada obstáculo que se presenta en su vida es sinónimo de motivación en su persona.

ESPIRITU TEMERARIO Y AVENTURERO

Similar a lo sucedido con Nietzsche, en quien se atribuye la sífilis la causa de su locura, otros críticos señalan que este experimentado montañista ha sufrido perdida de neuronas debido a su constante exposición a las alturas y la falta de oxígeno en esos lugares, y que es por esto último que mantiene su espíritu temerario y aventurero, siempre al borde del peligro.

Lo cierto es que, como lo comenta Caroline Alexander, Reinhold cuenta con un metabolismo diferente y altamente eficiente para soportar todas las pruebas a las que se ha sometido. Como ejemplo, al escalar el Everest sin oxígeno, en palabras de Messner: “era comparable a ir a la Luna sin oxígeno”, algo que parecía humanamente imposible.

Al final del día, Reinhold Messner nos dice: “yo hago esto porque soy mi propia patria, y mi bandera es mi pañuelo”. Aquí se sintetiza el pensamiento de Messner: el subir y escalar lo hace para sí mismo y no para un país en particular.

Tal vez caminar sobre la montaña y enfrentar los peligros que ésta representa nos permite comprender lo frágil que es la vida, a pesar de sentirnos la especie dominante, y, al momento de llegar a la cima, vemos que la montaña pacto una tregua con nosotros y nos permitió vivir; en ese momento de soledad también nos encontramos con nuestro y verdadero yo, y podemos esbozar una sonrisa de éxito, que esperamos sea consciente y con buenas conexiones sinápticas, y no un reflejo de nuestra falta de oxígeno en la sangre y sinónimo de locura.

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