El cerebro adicto suplica: “Por favor, más dopamina”

Revista número 107, agosto de 2010, páginas 26 a 30

Demetrio meditaba sobre la situación de su país; en ese momento, sumergido en sus pensamientos, entró en un sueño profundo, en el que la imaginación se apoderó de su mente, y soñó lo siguiente:

“Más vale un gramo que un daño”, pensaba Bernard Marx, antes de ingerir su dosis de soma. Todo era con la finalidad de suprimir la promiscuidad sexual y los malos pensamientos. La guerra y la pobreza habían sido erradicadas de nuestro planeta, y todo se encontraba en simbiosis en lo que se definía como “Un mundo feliz”.

Despertó súbitamente y pensó, en su breve lucidez, que las utopías solamente funcionan en los libros, pues en la actualidad veía que “el gramo que no hace daño en el mundo feliz”, no era lo mismo que en la vida real. Ya que un gramo en el mercado crea mucho daño.

Ya despierto completamente, Demetrio recordó las lecturas científicas que señalaban que el disparo neuronal y la fijación de las conexiones entre neuronas derivadas del placer o excitación por descargas de dopamina relacionadas con la ingesta de drogas, principalmente la cocaína, resultan muy satisfactorias para el sistema de recompensa cerebral y sus uniones muy difíciles de disolver. De ahí que una conexión entre neuronas ligadas a las drogas hace que un individuo sea adicto y su cerebro pida más dopamina con desesperación.

Ciertamente, como lo constató Demetrio, las utopías solamente pueden vivir dentro de las páginas de un libro, pues cuando son afrontadas contra la realidad, mueren. Parece fantasioso que exista un mundo dominado por el hombre en donde las adicciones se encuentren controladas y tengamos la capacidad de priorizar la razón versus la emoción y excitación de los sentidos.

COMPORTAMIENTOS ADICTIVOS

Pero es imposible negarlo: todos somos adictos. Ya sea que nos complazca una droga prohibida (cocaína, marihuana) o una no prohibida (la comida, el Internet, la televisión, la cafeína, el sexo, las apuestas, las compras, entre muchas otras), todos los individuos mostramos comportamientos adictivos.

La realidad es que somos homo sapiens sapiens, y aunque usemos diferentes máscaras o plumaje para mezclarnos con la sociedad, todavía somos presa de nuestras emociones, y más de aquéllas en que el placer se potencia con cascadas de dopamina.

Pareciera que contamos con una huella genética en relación con la activación de estímulos que causan comportamientos adictivos. Por ejemplo, resulta interesante saber que, dentro de la comunicación sináptica neuronal, existen químicos naturales que simulan el efecto de algunas drogas. De acuerdo con el doctor Roger A. Nicoll, el cerebro produce su propia marihuana, por medio de compuestos llamados “endocannabinoids” (nombre tomado a partir de la planta “Cannabis”).

Científicos han encontrado receptores (Cannabinoid Receptor, CB1), en el cerebro, que están preparados para recibir señales similares a las producidas por la marihuana, mismas que se piensa están presentes en todos los vertebrados, y su origen data de millones de años.

SISTEMA DE SEÑALIZACIÓN

Para Nicoll, el estudio de este nuevo sistema de señalización entre las células nerviosas puede ser clave para identificar tratamientos relacionados con la ansiedad, el dolor, la náusea, la obesidad, daños cerebrales y otros problemas médicos, ya que este tipo de receptores se asocian con diversas regiones del órgano rector del cuerpo, como el hipocampo, hipotálamo, cerebelo, amígdala, etcétera.

Gran parte de la adicción descansa en el sistema de recompensa, que burdamente consiste en que, cuando experimentamos una de extremo placer en el cerebro, mediante la conexión de ciertos disparos neuronales, como cuando tenemos sexo, buscamos impulsivamente, y en muchas ocasiones irracionalmente, que se repita.

Detallando el sistema de recompensa, y con información de Wikipedia, tenemos:

  1. Todo inicia cuando, dentro del área tegmental ventral (VTA), que consiste en una serie de neuronas dopaminérgicas (relacionadas con la dopamina), que responden al ácido glutámico, siempre y cuando detecten que existe un estímulo de recompensa presente, liberan dopamina por el canal mesolímbico hacia el núcleo accumbens (NAc).
  2. Posteriormente, interviene el núcleo accumbens (grupo de neuronas del encéfalo), que son neuronas ácido gamma-aminobutírico (GABA), neurotransmisor inhibitorio, y se caracteriza por adquirir y evocar comportamientos condicionados.
  3. También entra el cortex prefrontal, que integra información para analizar y evaluar si determinado comportamiento será o no evocado.
  4. Seguimos con la amígdala, parte del sistema límbico, que procesa y almacena reacciones emocionales.
  5. Por último, asociamos el hipocampo dentro del rol de la memoria de aprendizaje.

Pero, para que exista una adicción como tal, tenemos que las sustancias adictivas hacen que exista un exceso de dopamina en las sinapsis, y se crea un desequilibrio en el sistema de recompensa, al igual que una batalla entre razón y emoción, de la cual sale victoriosa esta última.

POTENCIADORES DE LA ADICCIÓN

Existen otros potenciadores de la adicción, como el gen social del bebedor de alcohol. Según un estudio de Hellen Larsen, de la Universidad Radboud University Nijmegen, en Holanda, los adultos que poseen al menos una copia de la forma larga del gen receptor dopamina D4, llamado DRD4, ingieren una mayor cantidad de alcohol cuando están en compañía de otros bebedores fuertes, en comparación con otros adultos que no cuentan con la variante de ese gen y conviven de igual forma con bebedores fuertes.

Los estudios científicos anteriores nos permiten inferir, al igual que lo piensa Kent Berridge, de la Universidad de Michigan Ann Arbor, que el mismo efecto del gen se puede manifestar en otras adicciones. De esta forma, estarían en el vértice de relacionar no únicamente a un gen que tiene cambios o reacciones ante el entorno social, sino el punto de que los memes de Dawkins viven dentro de nosotros y se manifiestan como lo leímos arriba.

A pesar de que se requieren posteriores análisis para comprobar que efectivamente existe una relación de un gen contra las circunstancias sociales a las cuales se les presenten, resulta muy interesante abrir la puerta a que estemos condicionados por los memes.

Por otro lado, como lo dijimos en párrafos anteriores, creo que todos somos adictos a algo, y resulta complicado contradecir esto. Ya sea una droga prohibida o no, la clave para una adicción se encuentra en la cantidad y frecuencia de disparos neuronales que logren y se liguen a fuertes descargas de dopamina y, por supuesto, delirios de placer cerebral.

Sin embargo, es necesario comentar que no podemos ser presa fácil de nuestras emociones, a pesar de que en los breves segundos del mareo excitante, perdemos la razón y nos dejamos llevar. Aunque muchos de los seres humanos quisieran vivir exclusivamente de sus emociones, aumentadas por sus adicciones y gratificadas por el cerebro con la dopamina, no es sano vivir a expensas simplemente de una emoción.

Tal pareciera que muchos individuos que viven de sus adicciones, encontrarían en deleite las siguientes palabras de Honorato de Balzac: “Los sentimientos son necios como criaturas que no saben distinguir lo auténtico de lo falso, la ficción de la realidad; solo piden que se les alimente, sea con experiencias o con sueños”.

Es así como, en la adicción, la persona va alimentando sus emociones, sus sentimientos, hasta el punto en que confunde la realidad con la ficción, con los sueños, con la experiencia y vivencia diaria. Crece en estampida el número de seres humanos que son dominados por sus adicciones, por sus emociones, por sus disparos neuronales y fijación de neuronas para la descarga de dopamina. Pero si el hombre no puede vivir sin su dosis de adicción, entonces tal vez sea hora de que el marco ético y legal de comportamiento rija estos comportamientos.

¿LEGALIZACIÍON DE LAS DROGAS?

En el punto anterior se encuentran opiniones encontradas y, claro, divididas. Para The Economist, su opinión es clara: “The Economist continúa creyendo que la política menos mala es legalizar las drogas”. Desde luego, estamos hablando de las prohibidas, en el caso particular de la marihuana, cocaína, entre otras similares. Pero aclara que “menos mala” no significa buena.

La legalización, para esta revista, según su artículo: Failed states and failed policies: “How to stop the drugs war” se sustenta en que la demanda se ha estancado o “estabilizado”, de acuerdo con los datos duros (2009) de la oficina de las Naciones Unidas, que señalan que alrededor de 200 millones de personas o, lo que es lo mismo, que el cinco por ciento de la población mundial adulta, consume alguna droga ilegal. En el mismo artículo se menciona que ese mercado es aproximadamente el mismo de hace una década.

En otros datos del mismo artículo se muestra que solamente Estados Unidos gasta alrededor de 40 mil millones de dólares para eliminar la entrada de drogas a su país, al igual que arresta a 1.5 millones de personas y encarcela a la mitad de ellas por crímenes relacionados con las drogas.

Pero lo más preocupante, tal como lo dice “How to stop the drugs war”, es la sangre derramada en los países en desarrollo, como en México, a una tasa sorprendente.

MÁS DE 800 SOLDADOS Y POLICÍAS ASESINADOS EN MÉXICO

Incluso, de nuestro país se exponen cifras de más de 800 policías y soldados asesinados desde diciembre de 2006; sin embargo, las cifras de muertes relacionadas con el narcotráfico hasta el 2010 en el país son mayores a los 15 mil, de acuerdo a datos de Wikipedia.

Pero cuando se tiene un mercado estimado en 320 mil millones de dólares anuales, de acuerdo con datos de las Naciones Unidas, es cuando de cierta manera entendemos la violencia que se genera por parte de los cárteles, que quieren tener un mayor pedazo del pastel.

Otro punto a favor de la legislación de las drogas, según The Economist, es que no existe correlación en que se aumente el consumo de droga por parte de personas que no consumen, porque ahora serían permitidas. Incluso comenta que en países muy estrictos, como Suecia, y liberales, como Noruega, se presenta casi la misma tasa de consumo. Incluso se argumenta en el mismo artículo que el tabaco es más adictivo que muchas de las drogas prohibidas.

En lo personal, creo que las adicciones, en su gran mayoría, muestran que los seres humanos todavía nos encontramos en un nivel evolutivo inferior, y que por más que presumamos de estar arriba en la cadena de las especies, vemos que nos dominan nuestras emociones.

Estando presos de una adicción y perdidos en el laberinto del breve placer de cascadas de dopamina cerebral, perdemos la capacidad de raciocinio y nos convertimos en individuos que lesionamos la simbiosis social que el ser humano tanto anhela en sus comunidades, a lo largo y ancho del planeta.

La adicción nace jugando cartas, viendo la televisión, navegando en el Internet, hasta fumando tabaco, marihuana o inhalando cocaína, y todo esto gracias a que vamos entrenando nuestras neuronas a que reaccionen, disparen y se fijen ante cierto estímulo, secretando dopamina para posteriormente repetir la experiencia, sin poder controlarla.

Está en nosotros el impedir que nuestro cerebro se vuelva adicto y nos controle la emoción versus la razón; de lo contrario, seguiremos atrapados en un nivel evolutivo inferior, y no podremos seguir avanzando como especie.

 

Referencias:

Failed states and failed policies. How to stop the drugs war, The Economist, March 5th 2009.

Soto, Rodrigo. El cerebro dice: “Por favor, más dopamina”. Ciencia, Conocimiento, Tecnología, Número 10. Fecha: 8 al 21 de Julio 2005.

Soto, Rodrigo. No soy adicto, simplemente me gustan altos niveles de dopamina. Ciencia, Conocimiento, Tecnología, Número 74. Fecha: 18 de abril al 1 de mayo de 2008.

http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_contra_el_narcotr%C3%A1fico_en_M%C3%A9xico

 

 

 

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