¿Cómo aprender mejor?

Rodrigo Soto Moreno

 knowledgefalling

Existe una amplia gama de investigaciones y escritos en relación a la forma más adecuada para enseñar a los alumnos, dentro y fuera del salón de clase, con miras a mejorar su aprendizaje y así poder subir, de forma más veloz, los peldaños de la escalera del conocimiento.

Sin embargo parece que existe poca documentación cuando hablamos de las mejores prácticas para que un alumno absorba y retenga los bits y bytes de información en la escuela o fuera de ella en su casa.

Por lo anterior, nos permitimos realizar un pequeño recorrido por las páginas de las revista Scientific American MIND, con fecha de septiembre – octubre de 2013, con el objetivo de plasmar aquí lo que algunos investigadores de esa prestigiosa publicación dicen en relación a cómo aprendemos.

Dentro del primer escrito titulado: “What Works, what doesn´t” elaborado por John Dunlosky, Katherine A. Rawson, Elizabeth J. Marsh, Mitchell J. Nathan y Daniel T. Wi-llingham, nos dice que la educación generalmente se en-foca en lo que debemos estudiar, como redacción, inglés, matemáticas, pero se nos olvida que el cómo estudiar puede ser igual de importante y con beneficios a lo largo de toda la vida, según los propios autores.

Con el simple ejercicio de mencionar, no solamente autores y títulos, de los más recientes libros que hemos leído, sino también el tema central de la obra o algún capítulo en especial, nos daremos cuenta realmente de la retentiva del cerebro. Por ejemplo, John Mighton en su artículo “For the love of math”, publicado también en Scientific American MIND, nos dice que la memoria del ser humano es limitada y en promedio puede recordar el equivalente a 7 números en un tiempo determinado. De lo anterior la importancia de aprender a recolectar conocimiento de forma rápida y eficiente que nos permita retener información durante años y no solamente por días u horas.

Entrando en las recomendaciones específicas del escrito, Dunlosky, Rawson, Marsh, Nathan y Willingham, nos dicen que revisaron 700 artículos que exploraban 10 técnicas comunes para aprender, con el fin de identificar aquellas más adecuadas para estudiar y con base en ello realizaron una lista jerárquica.

Los ganadores de la “estrella de oro”

1. Exámenes de autoestudio. El interrogarnos a nosotros mismos, produce altas calificaciones.

Este punto se refiere a que los estudiantes deben practicar con exámenes hechos por ellos mismos, cuando estén fuera del salón de clases. Los métodos pueden incluir el usar tarjetas (físicas o digitales) para recordar cierto tema. También ayuda el contestar las preguntas al final de cada capítulo del libro. En este tenor, los autores nos comentan que los estudiantes toman nota de la clase y posteriormente, en una hoja en blanco, colocan los conceptos en una columna y preguntas en otra, para que después tapen una de esas columnas con el fin de buscar la respuesta correcta a esos conceptos o responder las preguntas planteadas.

2. Distribuir el estudio. Para mejores prácticas, es necesario diseminar el estudio en un período largo de tiempo.

Tradicionalmente los estudiantes masifican su estudio o lo concentran en un par de días, logrando solamente desgastar su mente con la gran cantidad de información que quieren absorber antes del examen. La propuesta es distribuir el aprendizaje, en donde resulta mejor repasar, en casa, lo visto en la clase de forma diaria o por lo menos cada semana, cubriendo todos los tópicos en cierto espacio de tiempo.

Los contendientes y seguidores

3. Interrogación elaborada. Sintonizando a nuestro “niño de cuatro años”.

Los seres humanos somos inquisitivos por naturaleza y siempre estamos buscando explicaciones, para comprender mejor el mundo a nuestro alrededor. En este punto, de acuerdo a los autores, existe un gran cúmulo de evidencia en donde el estimular a que los estudiantes respondan el porqué de cierto respuesta o conocimiento aprendido, facilita el aprendizaje.

4. Autoexplicación. ¿Por qué lo sé?

Los estudiantes deben generar explicaciones de lo apren-dido, haciendo una revisión de su procesamiento mental, con preguntas: “¿Qué nueva información me provee ese enunciado?” y “¿Cómo se relaciona esa información con lo que yo sé? De forma similar al proceso de interrogación elaborada, la autoexplicación puede ayudar a integrar nueva información con nuestro conocimiento previo, dentro de nuestro cerebro y mejorar nuestra capacidad para relacionar unos datos con otros.

5. Práctica intercalada. Mezclar peras y manzanas.

Es común que los estudiantes busquen estudiar en bloques, concluyendo un tópico o problema a la vez, antes de continuar con el siguiente. Sin embargo, recientes investigaciones muestran beneficios, cuando los alumnos alternan su práctica, variando los tipos de problemas a los que se enfrentan.

neuronfiring

Pasando al tema de las matemáticas, también mucho se ha hablado sobre las mejores estrategias para su enseñanza con los alumnos, pero poco en cuanto a la comprensión del mismo por los alumnos; por ello contamos con el escrito elaborado por John Mighton, titulado: “Fort he love of Math” y publicado de igual forma en Scientific American MIND, en donde se habla de un “pequeño” descubrimiento del autor, pero con ecos sonoros, en palabras de Mighton: “Yo creo que la causa de que muchos niños tengan problemas en matemáticas, así como en otras materias, es el creer en jerarquías académicas naturales. Desde el kindergarten, los niños se empiezan a comparar con otros de su edad e identifican, de sus pares, como talentosos o inteligentes en diversos temas. Un niño que decide que no es talentoso, seguramente va a dejar de prestar atención o hacer un esfuerzo por tener buenas notas. Este problema se acentúa en matemáticas, porque como sabemos, si pierdes un paso en el aprendizaje, entonces será im-posible comprender lo que sigue”.

Lo importante es no rendirnos ante cierta adversidad para comprender cierto concepto matemático y por ende, seguir intentando develar la respuesta del mismo, con prácticas constantes, reforzando el dicho de: “la práctica hace al maestro”. El propio Mighton señala que la creencia en jerarquías provoca una mayor diferencia entre el éxito de los alumnos en matemáticas y su brecha de capacidad de aprendizaje. Por ello, continúa Mighton, la confianza que los estudiantes vayan acumulando, al ir teniendo éxito en su aprendizaje de matemáticas, puede tener efectos positivos en otras áreas de aprendizaje y en su vida en general. Esto a razón de que si pueden conquistar a esta ciencia exacta, que se supone difícil, entonces su pensamiento será que pueden lograr cualquier otra cosa que en verdad se propongan.

starisbooks

En otro escrito titulado: “The Science of Handwriting”, elaborado por Brandon Keim, publicado también en Scientific American MIND, se nos recuerda que el gran logro de nuestros antepasados homínidos, no fue solamente el ponerse erguidos, sino el liberar las manos para transformar su medio ambiente de manera sorprendente. A lo largo de muchos millones de años, como nos lo dice Keim, esas manos continuaron evolucionando, adquiriendo destreza, exquisita versatilidad y precisión para elaborar herramientas y posiblemente para moldear nuestro lenguaje.

Siguiendo con la elaboración del punto anterior, para el antropólogo David F. Armstrong existe una clara relación entre las manos y la mente. Por ello, como lo dice Brandon Keim, diversos investigadores argumentan que las gesticulaciones permitieron que nuestro lenguaje evolucionara, gracias a la rica representación necesaria para el surgimiento de la sintaxis.

En este sentido, prosigue Keim, la importancia del enlace mano – mente se observa claramente en niños en desarrollo, para los cuales la capacidad de manipular objetos físicos se encarrila misteriosamente con la adquisición del habla. La justificación a este punto también se encuentra en la literatura clínica, pues existen muchos pacientes con lesiones cerebrales a los que se les dificulta escribir y reconocer letras con la vista.

Para Virginia Berninger, psicóloga educacional de la Universidad de Washington, cada uno de nosotros utiliza sus manos para acceder a nuestros pensamientos. Por ello resulta muy diferente la relación cerebro – manos, cuando escribimos tecleando en una computadora, contrario a cuando lo hacemos con papel y lápiz. Esta misma autora señala que las manos son el final del sistema del lenguaje.

Dentro de este contexto, la profesora Anne Mangen, de la Universidad Stavanger en Noruega, considera una propiedad central de la escritura, pues señala que gracias a ésta, se unifica la mano, los ojos y la atención en un solo punto, dentro del espacio – tiempo. Sin embargo, al utilizar la escritura con el teclado, rompemos esa unidad, según refiere la propia Mangen.

open old book, a rose in a vase and a feather

Reforzando el punto anterior, Marieke Longcamp, científica cognitiva de la Universidad Aix-Marseille, en Francia, publicó un estudio en 2005, donde señala que aquellos niños entrenados para aprender el alfabeto escribiendo las letras a mano, reconocieron las mismas más rápido que otro grupo de niños entrenados a escribir utilizando un teclado. En otro estudio, de la propia Longcamp, en donde se trabajó con dos grupos de adultos para que escribieran o teclearan un conjunto de letras desconocidas del bengalí, los resultados arrojan que ambos grupos aprendieron a escribir en bengalí, pero aquellos que lo hicieron con su puño y letra, recordaron por mayor tiempo su aprendizaje, versus el otro grupo quienes vieron cómo su conocimiento se fue disipando.

Brandon Keim nos recuerda que el reconocimiento de las letras es fundamental para poder leer. Además es crucial para poder deletrear; habilidad que predice otras altas capacidades del lenguaje, como el trasladar ideas a texto o expresar los conceptos claramente. Por ello, este autor remarca que el escribir con nuestro puño y letra, ayuda desde niños, a moldear la forma en que aprendemos, leemos y escribimos.

Entonces el objetivo de la escritura, con nuestro puño y letra, utilizando papel, pluma o lápiz, es estimular nuestra actividad cerebral para aprender mejor y retener por más tiempo nuestro conocimiento. El proceso de aprendizaje no termina al salir de la escuela, sino es continuo a lo largo de nuestra vida; de ahí la importancia no solamente de leer constantemente, sino plasmar nuestro cono-cimiento con ensayos, artículos o escritos para compartir en nuestro blog personal o alguno de la facultad donde estudiemos, aunado a que cuando trabajemos en la construcción y elaboración de texto, recopilemos las notas con la tradicional libreta y una pluma.

Me gustaría mencionar otras recomendaciones para ser mejor estudiante, elaboradas por Sunny Sea Gold, publicadas en Scientific American MIND:

1. Ser visual. El aprender por medio de viñetas gráficas está resurgiendo como un método muy efectivo para transmitir y retener conocimiento en los niños, jóvenes y adultos. Aquí se menciona un estudio realizado por el Business Communication Quarterly, donde el profesor Jeremy Short habla de que los cómics resultaron más útiles para enseñar a estudiantes de negocios a recordar palabra por palabra.

2. Inscribirse a un gimnasio. Existen diversos estudios que señalan que el ejercicio regular mejora la función cognitiva, la memoria y las calificaciones de los estudiantes. Además, el ejercicio cardiovascular envía una cantidad mayor de oxígeno al cerebro y a medida que envejecemos, algunos estudios señalan que este efecto cumulativo puede ayudar a la salud neuronal.

3. Compartir el progreso. En la actualidad resulta importante utilizar el Twitter como herramienta de estudio, al usar esa herramienta para escribir sobre los temas vistos en clase y también buscar a otros usuarios que estén interesados en esa área de conocimiento.

4. Pruébate, con exámenes, antes de estudiar. Diversos psicólogos y estudios señalan que los estudiantes deben probar su conocimiento con exámenes, que ellos mismos diseñen o alguno de ejemplo que venga al final del capítulo del libro de estudio; es decir, los exámenes, al estilo de autoestudio, funcionan mejor que el leer varias veces o por más tiempo cierto contenido.

Cerrando este escrito quisiera mencionar otro método muy interesante y revolucionario, realizado por el licenciado Juan Roberto Zavala, quien me platicó que en sus épocas mozas, cuando era catedrático de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), les permitía a sus estudiantes realizar un “acordeón”, de una pequeña hoja, de cierto capítulo o de todo el libro, según fuese el caso. Ante esta situación, no pude contener mi asombro por tal permisibilidad, y al preguntarle ¿por qué hacía eso? Su respuesta fue clara: “Aquel estudiante que se toma la molestia de sintetizar un capítulo, en una hoja, ya cumplió su objetivo de estudiar, al leer y escribir sus conceptos, pues pocos alumnos tienen la capacidad de condensar la información valiosa”.

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Bibliografía

What Works, what doesn´t. John Dunlosky, Katherine A. Rawson, Elizabeth J. Marsh, Mitchell J. Nathan and Daniel T. Willingham. Scientific American MIND, September – October 2013.

The Science of Handwriting. Brandon Keim. Scientific American MIND, September – October 2013.

For the love of Math. John Mighton. Scientific American MIND, September – October 2013.

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