Atonía mental

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Constantemente nos encontramos bombardeados por cúmulos de información referente a la gran cantidad de decisiones que frecuentemente tenemos que tomar, en miras de caminar por la ruta “x” o “y”. Derivado de esto no es de extrañarnos que con el firme objetivo de mantener cierta dieta, nuestra rutina de ejercicio, llevar una vida saludable, leer, estudiar, contribuir favorablemente hacia la sociedad, entre muchos otros propósitos similares de voluntad, pretensión e intención, estemos desgastando nuestro poder de voluntad, visto como recurso limitado, pues según expertos, se gesta una batalla entre la aparente razón versus ceder a una necesidad primaria o emoción.

Para explicar lo anterior es necesario recurrir al profesor y experto en economía conductual, Dan Ariely, quien nos dice que cuando constantemente nos estamos reprimiendo hacia cierta tentación, como puede ser el consumir comida rápida o chatarra, rompiendo nuestra dieta tradicional y más sana, resulta más probable que cedamos a ese “antojo”, al irse debilitando nuestra fuerza de voluntad. Aunado a esto Ariely nos explica que diariamente estamos analizando y tomando decisiones en relación a ciertos aspectos de la vida diaria, como el quedarnos tarde en el trabajo para terminar una tarea específica y no dejarla para mañana, el no fallar en nuestra rutina de ejercicio, el no romper la dieta y seguir consumiendo comida saludable, el cumplir en tiempo y forma con un escrito pendiente para su publicación, el limpiar ese clóset y poner los artículos disponibles para la cadena de vacancia, entre otros.

En este sentido resulta claro anotar que debemos ser más propensos a elegir opciones menos razonables cuando estamos cansados y nuestra caja de procesamiento neuronal no quiere batallar con complejas decisiones, a pesar de tener que romper con el propósito perseguido como lo dijimos en líneas anteriores. A este proceso se le conoce más específicamente como “Ego Depletion”, referido a que el autocontrol y la fuerza de voluntad son recursos limitados y se van desgastando o minando conforme nuestra actividad mental se encuentra baja o no contamos con todo nuestro potencial cognitivo en cierto momento. En resumidas cuentas me refiero a esa falta de vigor, fortaleza y energía mental, misma que nos hace ser más propensos a tomar decisiones rápidas y fáciles, no siendo siempre las mejores, y también nos acerca a ser menos honestos en nuestro actuar.

Buscando un ejemplo del propio profesor Ariely, tenemos el caso de dos grupos de personas, en donde a ambos grupos se les aplica el efecto stroop, nombrado así por John Ridley Stroop y que de acuerdo a la Universidad de Washington, se refiere a un experimento donde se pide a cada participante que diga el color de la tinta de una palabra, pero no el color al que se refiere la palabra. Es decir, podemos tener la palabra amarillo pintada de rojo, teniendo que decir rojo en lugar de la primera reacción que obtenemos del cerebro, que sería decir amarillo al leer. Hablamos de que el cerebro tiene que realizar un pequeño, pero tedioso, esfuerzo de razonamiento para decir el color de la palabra y no decir literalmente la palabra.

Entrando de lleno al experimento de Ariely, aplicando una prueba stroop, se tiene que al primer grupo se le pusieron una serie de palabras relativas a colores, donde la palabra y el color pintado en sus letras coincidían, es decir la palabra amarillo tenía letras amarillas. En cuanto al segundo grupo, la palabra amarillo venía de otro color, como puede ser azul, teniendo el participante que decir azul en lugar de amarillo, que es lo que dice la palabra. Para conocer algo más sobre esta prueba, pueden realizarla en:
http://faculty.washington.edu/chudler/java/ready.html

StroopEffect

Después de hacer ambas series de palabras con colores, es claro que la opción donde la palabra escrita no coincide con el color de sus letras resulta más compleja, pues nuestro cerebro tiene que realizar un breve procesamiento para no reaccionar inmediatamente y equivocarse al decir lo que lee en lugar de decir el color que ve. Pero el experimento de Ariely no terminaba ahí, pues según su descripción, a ambos grupos de participantes, al terminar la prueba Stroop, se les pidió realizar ahora una pequeña prueba de historia, donde se tenía una hoja de preguntas con opción múltiple y una hoja con círculos y letras dentro de ellos, correspondientes a las opciones posibles, para llenar las respuestas seleccionadas. Pero la examinadora en cuestión, se había preparado para montar una especie de farsa, donde dijo a ambos grupos que por descuido no había podido traer suficientes hojas de respuestas, pero que tenía unas donde se habían contestado y borrado con goma las respuestas, pero todavía se podía ver un poco la marca respondida. Pero como toda esa situación había sido error de la examinadora, ella les daba la opción a los grupos de examinados que escogiesen la hoja de respuestas que querían, por un lado una normal en blanco y por otra una con las respuestas borradas, pero aún visibles para el ojo humano.

El resultado fue que el grupo que participó en el efecto Stroop donde el color de la tinta no coincidía con la palabra escrita, escogió más veces la hoja donde las respuestas habían sido borradas; esto en contraparte con aquellos donde no habían requerido ese esfuerzo mental para decir el color de la tinta en la palabra, pues ambas coincidían. El punto de Ariely aquí, es que el grupo que hizo un mayor procesamiento mental en donde la palabra no coincidía con la tinta del color, había agotado su poder de voluntad y por ende fueron más propensos a seleccionar las hojas donde se podían ver las respuestas, siendo menos honestos consigo mismos.

Para ir cerrando me gustaría dejarlos con otro ejemplo interesante y referente a los primeros estudios de Roy Baumeister, en donde se demostró en experimentos compartidos con otros colegas, que cuando a las personas se les pedía que resistieran la tentación de comer un chocolate; pues como sabemos el cerebro demanda glucosa como energía para su buen funcionamiento; se tuvo como resultado que no tuvieran un buen desempeño al tratar de resolver un acertijo o problema determinado, pues habían disminuido su poder de voluntad o autocontrol. Pero algo que captó mi total atención fue cuando el mismo investigador, Baumeister, menciona que cuando se le pide a una persona voluntariamente que pronuncie un discurso o hable con ideas contrarias a las suyas, se provoca un fuerte efecto de agotamiento mental o ego depletion, haciendo que no pudieran completar cierto complejo acertijo, pero increíblemente cuando se le obliga a esa persona a realizar o escribir un discurso contrario a sus ideas, el efecto se incrementa considerablemente.

De esto podemos inferir, como se describió, que contamos con una cantidad limitada de auto control o poder de voluntad y que se va mermando cuando nos restringimos ciertos placeres primarios, como fue el caso del postre de chocolate, aunado a la necesidad feroz del cerebro por adquirir glucosa; pero además al realizar tareas o ejercicios complejos, nos hace también ir vaciando el tanque de la fuerza de voluntad; asimismo el ego depletion o atonía mental se potencia ante la terrible y desgastante situación de ser forzados a expresar o elaborar ideas contrarias a las nuestras. Los dejo entonces con este tema para la reflexión…

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